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Crónicas Marcianas

Carlos Chávarry

Carlos Chávarry

Aunque no solo serán pequeñas crónicas: también se publicarán reportajes y entrevistas sobre personajes y lugares que pasan desapercibidos. Donde lo que importa no es lo más miserable o lo más sensacionalista, sino lo que no necesariamente llama la atención. Sobre lo que hacemos y soñamos: lo que somos.

En otras palabras, lo que ocurre desde lo cotidiano: precisamente lo que casi nunca es noticiable. Pero que cuando se dice, sin embargo, resulta extraño, complejo. Por eso, si tienes alguna historia qué contar –por inactual o banal que parezca–, hazlo aquí. Porque hay cosas que si no se cuentan, nunca las entenderemos.

Kamasutra

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Un grupo de conferencistas ponen en práctica las enseñanzas de esta proverbial guía sexual a casi dos mil años de haber sido escrita. ¿Puede el sexo significar algo más que placer inmediato?

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Cinco especialistas del sexo se reúnen en una conferencia para hablar sobre un libro canónico de la sexualidad humana en Oriente: el Kamasutra.

Una es practicante del slow sex: el coito que se hace más placentero conforme se toma más tiempo para practicarlo. Otra es estudiosa de la erotolalia o dirty talk: el orgasmo provocado por las palabras más sucias o poéticas que le puedas susurrar a alguien en la cama. La tercera es una experta en mantener la pasión entre parejas que copulan solo bajo las reglas de la monogamia.

De los hombres, uno es un ardoroso psicolingüista que no duda en comparar al Kamasutra con la Biblia, el Tao y los libros de Freud, y el otro es un impasible traductor que coquetea con la idea del bestialismo en varias lenguas.

Por supuesto, en sus charlas mostrarán más de ellos mismos de lo que son conscientes: la conferencia solo será un pretexto para descubrir muchos más ángulos ─ilusiones, histerias, expectativas y pesadillas─ de sus propias sexualidades.

 

                                                      *****

 

El Kamasutra es un antiguo tratado hindú con reglas sobre el sexo escrito alrededor del siglo III d.C.: quien lo publicó lo hizo de tal modo que aquello que no menciona sea considerado una depravación.

Ahora bien, ¿una obra basada en ese libro nos dice que seríamos mejor sociedad con más sexo? ¿O significa que lo hacemos mal?

─Yo creo que ambas cosas ─responde la actriz Lizet Chávez entre sonrisas─. En realidad, pienso que nos haría mejor sociedad hablar de nuestra sexualidad de manera natural precisamente porque es natural.

No querer hablar de nuestra sexualidad nos motiva a rechazar que otras personas sí lo hagan, como si fuese algo malo, agrega.

Es una paradoja: solemos pensar que se habla muy poco del sexo tal cual es, pero al mismo tiempo parece que vivimos en una sociedad hipersexualizada, donde se ven alusiones sexuales todo el tiempo en la publicidad mediática, en los noticieros y en las conversaciones de la calle.

Para la actriz, eso no es más que una banalización del sexo.

Una ficción dentro de la vida real.

─Consideremos el caso de la masturbación: siempre se le ve con mucha vergüenza, y una se pregunta por qué no tener placer consigo misma. ¿Acaso la masturbación no es tu momento personal de intimidad? ─dice Lizet Chávez─. Banalizamos el sexo porque en el fondo no queremos hablar realmente del sexo tal como es. ¿Cuántas veces lo disfrutamos en la intimidad de verdad? Por las investigaciones que hemos hecho para esta obra, he podido notar que reprimimos bastante, incluso en nuestro momento a solas.

Y dice:

─Estuve leyendo varios blogs y foros sobre masturbación en internet, y me sorprendí de encontrar a mucha gente con mucho miedo a masturbarse. ¿Cómo es posible? ¿A qué le temen realmente?

 

                                                      *****

 

Contra lo que se suele dar por sentado, el Kamasutra no es un mero libro de posiciones sexuales.

El documento original ni siquiera tenía ilustraciones: estas se agregarían después.

─El Kamasutra es un libro bastante poético que tiene una filosofía sobre una manera de vivir que toca a todos: jóvenes, adultos, ancianos ─dice Gilbert Rouviere, el director de la obra─. Para mí se trata de una publicación con referencias sobre cómo se hablaba del sexo y el amor en otra época, en otro mundo y otro contexto. He allí su encanto.

─El Kamasutra, en sí, es un texto que habla sobre la plenitud y de cómo alcanzarla con una práctica saludable y efectiva de nuestra sexualidad ─dice el actor Roberto Ruiz.

─El Kamasutra es un tratado que te indica cómo comprender lo que le interesa a cada quién en el sexo y, por tanto, ser más feliz ─agrega Norma Martínez.

Luego, ya en una escena de la obra, la actriz también dirá que el Kamasutra es una guía que hoy podría ser considerada machista.

Se refiere a la dominación necesaria en todo acto sexual que se insinúa entre sus páginas.

Eso, sin olvidar las recomendaciones que el anónimo autor hace sobre la cópula entre las diferentes castas hindúes sin cometer sacrilegio, el reconocimiento de cinco sexos distintos con los cuales uno se puede emparejar, y el placer que se obtiene de gozar el sexo sin amor.

─Y bueno, el sexo sin amor también es parte de la vida sexual: a veces yo mismo he hecho el amor sin tener amor, y supongo que mucha gente lo ha hecho así ─dice el director antes de estallar en risas.

─Pero en esto precisamente radica lo mejor del Kamasutra: habla de realidades en la vida del ser humano: no es romántico ni idealista ─dice Lizet Chávez─. En otras palabras, no encubre el sexo con una intención o una moralina como lo hacen muchos libros occidentales.

 

                                                     *****

 

Gilbert Rouviere propuso a un grupo de cinco actores que leyera el famoso texto y cada uno profundizara en un tema específico: cualquiera, el que les provocara. Luego, cuando conversaron con el director todo lo que habían podido averiguar ─la ingesta de fluidos corporales, la conexión entre duración y satisfacción, la potencia de la imaginación verbal─, este les dijo por dónde enfatizar el discurso de sus conferencias.

Así, como jugando, cada hombre y mujer propuso para el teatro lo que siempre había querido saber sobre el sexo y nunca se había atrevido a explorar. Los datos, citas y referencias que consiguieron fueron verificados, en lo posible, con fuentes científicas y médicas.

Toda la obra se reescribió conforme se ensayaba. Los sonrojos y las risas fueron parte del proceso conforme caían las barreras del pudor.

Esas barreras son las que delatan las inclinaciones particulares sobre el sexo que cada personaje muestra en escena.

─Yo no los llamaría perversiones sino más bien especificidades: son los fantasmas, las ganas de abordar el sexo por determinado lado ─dice Lizet Chávez─. A mí, por ejemplo, se me evidenció más por el lado de la libertad.

En algún momento, su personaje proclama en escena: «¡Seamos más libres! ¡Tengamos el sexo que deseamos!». Y luego huye tras bambalinas a liberarse de un orgasmo espontáneo.

─Por supuesto, en ello hay implícita una dosis de histerismo o un rasgo neurótico, producto, claro está, de cierta represión sexual y producto también de miedos que se han ido acumulando en el tiempo ─dice ahora con más sonrisas.

Aplicarse a sí mismo el Kamasutra es más complejo que leerlo.

─Todo el tiempo se pueden ver las fisuras de los personajes: se percibe cómo el inconsciente los va traicionando a lo largo de la charla ─agrega Norma Martínez─. Pero de ese se trataba: de investigar qué producen ciertos temas en nosotros y así desprejuiciarlos y quitarles un aire de formalidad que no tienen por qué tenerlo.

Y en este punto baja la voz.

─Porque a veces el sexo es tocado de una manera muy solemne entre nosotros.

 

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Si hay algo en el que los actores parecen coincidir es que el Kamasutra los ha ilustrado, sobre todo, en el respeto hacia el placer ajeno: el libro hace referencia hasta del goce de la mujer, una curiosidad considerando que en la India la mujer ahora mismo está reprimida en sus experiencias y en muchos lugares no se pueden despojar de sus trajes de manera deliberada.

A nadie parece interesarle gran cosa las sugerencias sobre las posiciones sexuales: un capítulo del texto que, por lo demás, está representado con ingenio en la obra: los personajes semejan piezas de Lego a encajar.

─El Kamasutra te dice que el objetivo del ser humano es alcanzar el poder, la espiritualidad y el placer ─son las tres bases de plenitud─ y te da las recomendaciones para alcanzarlos ─dice Roberto Ruiz─. Incluso te aclara que si no logras alcanzar los tres puntos al mismo tiempo, debes fijarte solo en dos o en uno.

─Visto en perspectiva, el sexo en esta obra trata sobre la comunicación entre nosotros: como una forma de establecer vínculos profundos ─dice Norma Martínez─. Y mira: ahora entiendo el sexo como un proceso personal y colectivo a la vez, porque todos lo practicamos de alguna manera pero también es una de las cosas más íntimas que tenemos.

La actriz finaliza:

─Quizá el sexo sea una forma, aunque breve, de encontrarle sentido al mundo y sentir que, al final de cuentas, no estamos tan solos.

 

 

 

Kamasutra de Gilbert Rouviere.

Producción: Centro Cultural de la Universidad del Pacífico.

Dirección: Gilbert Rouviere.

Elenco: Norma Martínez, Jimena Lindo, Lizet Chávez, Miguel Iza y Roberto Ruiz.

Lugar: Teatro de la Universidad del Pacífico (Jr. Sánchez Cerro 2121, Jesús María).

Funciones: De jueves a lunes a las 8.30 p.m.

Entradas: S/. 50 (general), S/. 25 (estudiantes y jubilados) y S/. 35 (lunes populares) en Teleticket (de Wong y Metro) y boletería del teatro.

Temporada: Del 15 de octubre al 21 de noviembre de 2016.

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