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Crónicas Marcianas

Carlos Chávarry

Carlos Chávarry

Aunque no solo serán pequeñas crónicas: también se publicarán reportajes y entrevistas sobre personajes y lugares que pasan desapercibidos. Donde lo que importa no es lo más miserable o lo más sensacionalista, sino lo que no necesariamente llama la atención. Sobre lo que hacemos y soñamos: lo que somos.

En otras palabras, lo que ocurre desde lo cotidiano: precisamente lo que casi nunca es noticiable. Pero que cuando se dice, sin embargo, resulta extraño, complejo. Por eso, si tienes alguna historia qué contar –por inactual o banal que parezca–, hazlo aquí. Porque hay cosas que si no se cuentan, nunca las entenderemos.

Contracciones

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Muchas compañías suelen manejar dos estrategias ante sus colaboradores: el del ascenso o el miedo al despido en una época de desempleo masivo. ¿Pero qué ocurre cuando empiezan a controlar la vida privada del personal?

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La empleada se dirige hacia la oficina de recursos humanos de la compañía en la que labora. Ha recibido una llamada de la misma gerente.

Mientras camina por el pasadizo, la joven se siente eufórica: no solo tiene un buen desempeño en las ventas del producto a su cargo, sino que desde hace unos días la relación con su compañero de trabajo parece haber evolucionado a algo que va más allá de las simples caricias sexuales.

Tras los saludos y sonrisas de cortesía, la gerente la invita a sentarse y le pregunta por su rendimiento y el clima laboral del departamento ─nada que no pueda interpretarse como las formas clásicas de toda entrevista entre un colaborador y su jefe─ hasta que, en un momento dado, y como quien piensa en voz alta, la ejecutiva coge su tablet y lee un párrafo que se encuentra estipulado en el contrato de la empleada.

Es una de las cláusulas que prohíbe precisamente las relaciones amorosas dentro de la compañía.

Así comienza la historia de una mujer que buscará conservar su empleo hasta la enajenación.

En el proceso la gerente ni se inmutará. Confía en que la amenaza del desempleo siempre resulte peor que cualquier otra humillación.

 

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─En estos momentos los trabajadores, para las empresas, son simples números, piezas, máquinas, que no deben tener sentimientos ni mezclar sus emociones en el trabajo ─dice Lucho Tuesta, el director de la obra─. Por supuesto, no niego que nosotros también tenemos una cuota de responsabilidad al permitir algo así.

Luego agrega:

─Permitimos la existencia de sistemas corporativos abusivos al igual que permitimos la existencia de personajes políticos corruptos.

El sentido común podría indicar que la obra es la consabida crítica a las empresas como espacios de deshumanización en aras de la productividad.

En el escenario, las letras paranoicas y lúgubres de ciertas canciones de Radiohead complementan el sentimiento de angustia de la empleada.

Pero hay algo más.

El dramaturgo inglés Mike Bartlett escribió esta historia en el año 2008 al enterarse de que algunas empresas de su país y del continente europeo obligaban a sus trabajadores a informar si mantenían alguna relación amorosa entre ellos. Si la tenían, las compañías evaluaban medidas a tomar.

La reubicación en una filial lejana era una de ellas. El despido, otra.

─Siempre ha habido este tipo de preocupaciones porque se piensa que las relaciones entre empleados influyen directamente en el trabajo, pero Bartlett hizo un ensayo extremo sobre hasta dónde podría llegar la intromisión de una corporación en las vidas de sus colaboradores ─dice Lucho Tuesta.

Quizá el ejercicio tenga un asidero no tan hipotético: que un jefe te desvincule de tu puesto porque no le gusta lo que publicas en tu cuenta de Facebook ya es una realidad en todo el mundo.

 

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─Yo creo que las políticas de control de las empresas sobre las relaciones existen porque el aspecto emocional de los individuos influye muchísimo sobre su desempeño y comportamiento laboral. Hay personas que lo manejan de maravilla y saben estar con alguien de la empresa sin que nadie lo note. Pero la mayoría no es así: mezcla lo privado con el ambiente profesional ─dice la actriz Fiorella Pennano.

Ella representa a la colaboradora de la compañía.

─La obra critica un sistema y a las personas que se dejan atrapar en ella solo porque creen que le pueden «dar la vuelta» y al final son engullidas ─dice Sandra Bernasconi.

Ella representa a la gerente imperturbable.

─En ese sentido, las responsabilidades sobre cómo les va a los empleados son de ambas partes: tanto de las empresas como de los mismos trabajadores. Nadie obliga a uno u otro a aceptar lo que sabe le hará daño.

La trampa quizá radique en las aspiraciones personales no medidas: crees que necesitas una cierta cantidad de dinero al punto de vender tu vida por él.

Ahora un embarazo o una licencia de maternidad tal vez ya no puedan significar una desvinculación directa pero sí un obstáculo para un aumento de sueldo o un ascenso en el cargo.

─Tal como yo lo veo, para las empresas todo lo humano y natural interfiere con el hecho de que seas un agente productivo ─agrega Sandra Bernasconi─. Muchos de estos gerentes no están buscando el desarrollo del equipo: el desarrollo natural consiste en que primero evoluciones como ser humano y como tal puedas producir, en función a tus capacidades. Pero con estas fijaciones solo limitan tu creatividad y las ganas de proponer algo distinto.

Y dice:

─Allí es cuando tú como trabajador te enfrentas a un dilema: sacrificas tus sueños y anhelos y te conviertes en una máquina de producir dinero para tus comodidades o llevas una vida con altibajos, sí, pero con sentidos profundos: aquellos que más necesitas.

Por cierto, ante esa disyuntiva las compañías nunca parecen perder.

 

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Si estás de acuerdo con la empresa, puedes seguir dedicándole muchas más horas para que esta consiga sus beneficios y lo que será tu sueldo de fin de mes.

Si no estás de acuerdo, puedes renunciar e ingresar al nebuloso mundo de los desempleados. La empresa, mientras tanto, contará con una gran cantidad de candidatos dispuestos a hacer lo tuyo a veces por un sueldo menor ante la incertidumbre de seguir en la calle.

La gerente le recuerda esto a la joven empleada en cierto momento de la obra.

─La ejecutiva sabe que tiene el poder y lo utiliza cuando le dice a la colaboradora que no hay muchos empleos afuera de esa oficina o que si se va la denunciarán por abandono de cargo o que si no rompe su relación amorosa la desvincularán porque está haciendo algo no estipulado en su contrato ─dice Lucho Tuesta─. En otras palabras, es como si las compañías tuvieran mecanismos para blindarse ante sus trabajadores.

En parte es un mundo laboral que cuando no es alimentado con el discurso del éxito lo es con el de los miedos y fracasos.

─De eso nos habla Contracciones: por un lado de esa oportunista asociación de productivismo con superación personal, y por el otro de esa realidad de incertidumbre laboral que te obliga a aceptar cualquier puesto, bajar la cabeza y aceptar todo lo que tus jefes te digan hasta por simple capricho ─dice el director.

Tal vez influya en esto la creencia generalizada de que las compañías no cometen desaciertos: ahora mismo en el Perú son conocidos los casos de corporaciones en problemas que, para seguir pagando los enormes sueldos de los gerentes principales ─precisamente los que erraron en sus decisiones─, despiden a los mandos medios o colaboradores que nunca habrían pensado en ganar lo mismo.

Parece común entre las empresas hacer redundar sus fallos en la planilla del personal o en el racionamiento de servicios de la oficina como el papel higiénico de los baños o las bolsitas de azúcar para el café.

─Es una de las grandes falacias de esta época: pensar que las empresas nunca se equivocan ─dice Lucho Tuesta─. Hace unos días un amigo que labora en una cervecera transnacional me comentó una de sus políticas de austeridad: que su área imprima doscientas páginas mensuales como máximo en la fotocopiadora de la oficina. Y aquí es donde uno se pregunta: ¿En esa compañía habrán pensado si estas regulaciones afectan a sus propios colaboradores para hacer mejor su trabajo?

 

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¿Por qué una obra que habla de estos temas se denomina Contracciones?

El director dice que algunos espectadores piensan que es por las contracciones «del corazón» que debe sufrir la empleada cada vez que se entrevista con la gerente, o por las contracciones que la joven siente en el vientre al salir embarazada de su compañero.

─El idioma inglés tiene la particularidad de que con solo un término puede hacer todo un juego de palabras que en castellano es difícil traducir ─dice Lucho Tuesta─. En este caso, el título en realidad hace referencia a contrato ─contract─ y a acciones ─actions─, es decir, a la asunción de un contrato o compromiso y hasta dónde puedes ir por ella.

Luego el director explica que en inglés también podrían haber otras interpretaciones para la misma palabra: individuos o asuntos que se contradicen ─contra-acciones─ o sometimientos voluntarios ─acciones a favor de la contratación─.

Lo cierto es que al final todos esos sentidos se conjugan en el escenario. Y todos resultan familiares.

 

 

Contracciones de Mike Bartlett.

Dirección: Lucho Tuesta.

Producción: Asociación Cultural Artes Unidas.

Elenco: Sandra Bernasconi y Fiorella Pennano.

Lugar: Teatro de Lucía (Calle Bellavista 512, Miraflores).

Funciones: De jueves a lunes a las 8 p.m. y domingos a las 7 p.m.

Entradas: En Teleticket y boletería.

Temporada: De julio a setiembre de 2016.

 

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