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Crónicas Marcianas

Carlos Chávarry

Carlos Chávarry

Aunque no solo serán pequeñas crónicas: también se publicarán reportajes y entrevistas sobre personajes y lugares que pasan desapercibidos. Donde lo que importa no es lo más miserable o lo más sensacionalista, sino lo que no necesariamente llama la atención. Sobre lo que hacemos y soñamos: lo que somos.

En otras palabras, lo que ocurre desde lo cotidiano: precisamente lo que casi nunca es noticiable. Pero que cuando se dice, sin embargo, resulta extraño, complejo. Por eso, si tienes alguna historia qué contar –por inactual o banal que parezca–, hazlo aquí. Porque hay cosas que si no se cuentan, nunca las entenderemos.

Padres de la patria

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En cada hogar peruano se forma un futuro ciudadano: allí el niño aprenderá a creer en su país o a destruirlo. Si esto es así, ¿son nuestros padres los primeros modelos políticos de nuestras infancias?

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           Si solemos juzgar a nuestros padres sin antes juzgarnos a nosotros mismos, ¿por qué no hacer lo mismo cuando nos referimos al Estado, sus instituciones y sus políticos?

─Nuestros políticos son los representantes de lo que somos como personas ─dice el psicólogo y actor Javier Echevarría─. Nuestras ausencias y vacíos familiares los proyectamos en la sociedad, y por supuesto, en la clase política. Muchas veces los ciudadanos no votan por un candidato sino por el padre ausente: ese que tantas veces te ha prometido algo y tantas veces te ha fallado.

Quizá los males políticos nacionales podrían tener una génesis familiar: como por ejemplo cuando el padre envía un guiño cómplice a su hija y le dice: «No comentes nada a tu madre. Yo te doy permiso, anda».

La corrupción en las familias también existe aunque no por dinero sino por afectos.

 

                                                          *****

 

Padres de la patria no es una historia lineal: son varias microhistorias y episodios concretos respecto a cómo los peruanos se formaron en casa y fueron educados incluso antes de ir al colegio.

A veces la división de poderes, la independencia, la autoridad, la equidad y la comunicación ─los principios elementales de toda democracia─ eran la principal carencia entre los padres.

¿Cómo está el Poder Judicial en un hogar cuando el único hijo hombre tiene más privilegios que sus hermanas, por ejemplo?

¿O cómo no admirar el autoritarismo si solo a gritos y órdenes se resolvían problemas en casa que requerían escuchar una explicación por más de cinco segundos?

En la obra uno llega a comprender por qué vota como vota.

 

                                                              *****

 

─En Padres de la patria también demostramos que hay un problema de concepción del Estado, porque no está muy claro cuál es su trabajo realmente: las personas creen que es regalar cosas ─dice el actor.

En una escena, Javier Echevarría menciona que es imposible hablar de un país independiente cuando muchas veces ni siquiera las relaciones amorosas entre hombres y mujeres lo son.

Esa dependencia que impulsa a la mujer a pedirle a su amante que no la abandone podría ser la misma que se evidencia cuando decimos que el Estado no hace lo que debe hacer.

─Muchas personas no pagan sus impuestos porque dicen «A mí no me van a robar los políticos» ─comenta la actriz Marina Gutiérrez─. Pero esas mismas personas son las que a la vez se quejan de que no hay policías y no hay seguridad en sus calles. Son incapaces de notar que su acción influye en el tipo de servicios que el Estado les puede prestar.

─Tal es la ausencia del Estado en el Perú, que los ciudadanos ansían tener una presencia ─agrega Javier Echevarría─. El problema es que es una presencia de cualquier cosa.

 

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Si las familias pudieran ser elegidas por los niños peruanos antes de nacer, lo más probable es que viciarían su voto.

Elegirían no nacer.

─En la obra planteamos un experimento sobre qué pasaría si el bebé fuera capaz de elegir a sus padres ─sus gobernantes─ por los próximos dieciocho años ─dice Javier Echevarría─. Y es un buen ejercicio: tienes un buen plan de gobierno como padre, pero de pronto, cuando tus hijos cumplen dieciocho, quieren derrocarte. ¿Por qué?

En escena se representan los cuatro modelos de crianza que mejor parece representarnos: el autoritario, el que delega la autoridad en los hijos, el sobreprotector y el permisivo ─el que deja hacer y deja pasar─.

Algunos años después se entenderá la dosis de violencia, enajenación y pasividad política que caracteriza a muchos ciudadanos peruanos cuando salen a conducir a las calles, emiten una opinión por radio o televisión o acuden a votar.

Mientras que la democracia es producto de una reflexión y por eso es necesario enseñarla y valorarla, el autoritarismo es instintivo y por eso es irracional y caótico.

─Para hacer las tipologías de las familias nos evaluamos a nosotros mismos ─dice la actriz Carolina Rodríguez─. Nos preguntamos: ¿Cómo eran nuestras familias en la infancia? Ah, así, se comportaban de tal modo. Y listo, ya teníamos las familias peruanas.

En varios rasgos coincidían con la lista de familias psicológicamente disfuncionales que conoce Javier Echevarría por su profesión.

─Pero tampoco es que exista la familia ideal ─aclara el actor─. Incluso la familia democrática, aquella que promueve el diálogo entre sus miembros, nunca es estática en sus principios y valores: siempre está en constante evaluación para lograr un equilibrio.

Y dice:

─Es como ocurre con el equilibrista del circo. Si piensa «Ya he encontrado el equilibrio» mientras está en la cuerda, se caerá. Por eso es que todo el tiempo debe balancearse de un lado a otro hasta cruzar todo el camino.

El equilibrio ─la democracia─ es un ejercicio en constante movimiento.

 

                                                             *****

 

Suele decirse que en toda democracia se necesitan ciudadanos. La paradoja es que para que existan ciudadanos es necesaria una democracia.

¿Qué es primero?

─Quizá por esa contradicción es que no entendemos la idea de la democracia y la petardeamos: no la sentimos, creemos que no la necesitamos, que no sirve de nada ─dice Javier Echevarría─.

El actor a veces se ha cruzado con personas que creen que vivir en democracia es vivir sin instituciones: libertad pura sin regulaciones de ningún tipo.

─Lo curioso es que cuando los ciudadanos no entienden la democracia, hablan de ella hasta desvirtuarla como anarquía o libertinaje y terminan promoviendo el caos ─dice el actor Mario Soldevilla.

Quizá por eso es que de vez en cuando se escucha esta frase de superioridad implícita: «Esta gente no está preparada para la democracia».

─Y eso solo puede interpretarse como que son personas que alguien considera no tienen el poder para tomar decisiones y hacerse cargo de la conducción política: es decir, que están desempoderados.

Javier Echevarría se pregunta:

─¿Y entonces qué haces? ¿Cómo haces para que una persona desempoderada se empodere? ¿Le quitas más poder o la empoderas de a pocos? Si la desempoderas, generarás un círculo vicioso y después pagarás la factura. Solo míralo así: nadie en su sano juicio desempoderaría a alguien de su propia familia. Todo lo contrario.

 

                                                           *****

 

─Una vez me sentí harta de la política tradicional y escribí en mi cuenta de Facebook que lo mejor era empezar por lo más básico: caminar hasta el paradero para tomar un bus, no arrojar desperdicios en la calle, respetar las reglas de tránsito. Es decir, lo elemental ─dice Carolina Rodríguez─. Y entonces alguien me escribió: «Pues eso que dices ya es política».

La actriz agrega:

─Y sí, visto de esa manera, de pronto puedes hacer política: enseñar a tus hijos que tienen derechos y que sus derechos les generan responsabilidades, por ejemplo. No es necesario hablar todo el tiempo de leyes. Si dentro de tu hogar las cosas van bien, ya habrás aportado tu granito de arena para que tu país vaya bien.

 

                                                           *****

 

─Muchas veces criticamos a los padres sin darnos cuenta de que nosotros, como hijos, también pasamos por una especie de prueba ─dice Mario Soldevilla─. Y creo que el mayor reto que tienen los seres humanos es la de ser hijos, porque por más difícil que resulte ser padre, uno debe preguntarse: ¿Realmente mi padre me merece a mí como hijo? Es decir que, antes que cuestionarlo, me cuestiono a mí primero.

Sus compañeras de escena recuerdan que cuando eran niñas no entendían ciertas actitudes de sus padres hasta que crecieron: recién allí entendieron el porqué.

Tuvieron que revisarse a sí mismas dentro de sus familias.

─Ser democráticos no es esperar la perfección sino aceptar lo vulnerable que somos ─explica Javier Echevarría─. En el fondo señalar con el dedo es decir que yo soy mejor que tú y que señalo tus imperfecciones para que no veas las mías.

Y dice:

─Pero cuando estás conectado con tus imperfecciones, no señalas: en vez de eso te das cuenta de que debes mejorar en lo que puedas. Y si te percatas de que has cometido errores, ¿es necesario flagelarte? No, solo pensar en cómo resolverlos.

 

 

 

Padres de la patria de Javier Echevarría.

Dirección: Armando Machuca.

Producción: Javier Echevarría.

Elenco: Marina Gutiérrez, Carolina Rodríguez, Saussure Figueroa, Mario Soldevilla y Javier Echevarría.

Lugar: Teatro Mario Vargas Llosa de la Biblioteca Nacional del Perú (Av. De la Poesía 160, San Borja, altura del cruce con Aviación y Javier Prado).

Funciones: De jueves a lunes a las 8 p.m.

Entradas: En Teleticket y boletería del teatro. Días populares: S/. 35 (jueves en general, viernes femenino y lunes masculino).

Temporada: Del 16 de junio al 14 de agosto de 2016.

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