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Crónicas Marcianas

Carlos Chávarry

Carlos Chávarry

Aunque no solo serán pequeñas crónicas: también se publicarán reportajes y entrevistas sobre personajes y lugares que pasan desapercibidos. Donde lo que importa no es lo más miserable o lo más sensacionalista, sino lo que no necesariamente llama la atención. Sobre lo que hacemos y soñamos: lo que somos.

En otras palabras, lo que ocurre desde lo cotidiano: precisamente lo que casi nunca es noticiable. Pero que cuando se dice, sin embargo, resulta extraño, complejo. Por eso, si tienes alguna historia qué contar –por inactual o banal que parezca–, hazlo aquí. Porque hay cosas que si no se cuentan, nunca las entenderemos.

El dragón de oro

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En un país europeo, inmigrantes ilegales intentan conseguir fortuna pero la indiferencia de sus nuevos vecinos y clientes los llevará por el camino contrario: ellos también están ocupados tratando de no ser quienes son.

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Alguna vez el dramaturgo alemán Roland Schimmelpfennig se preguntó por qué los europeos conocían tan poco sobre los inmigrantes que los visitaban.

No sabían de dónde venían, cómo eran sus países ni los motivos por los que los habían abandonado. Tampoco comprendían qué era lo que buscaban en esas patrias ajenas ni sus historias ni las tradiciones de sus culturas, e ignoraban si en sus lugares de origen todos tenían la misma mirada nostálgica, cuando no de recelo.

Le parecía que se preocupaban tan poco en saber de ellos que casi resultaba una forma de desprecio.

Entonces se imaginó una historia en la que actores alemanes jugaban a ser chinos o vietnamitas o tailandeses, y en la que los hombres actuaban como mujeres y las mujeres como hombres, y en la que los personajes de mayor edad eran representados por los más jóvenes y viceversa.

A Schimmelpfennig le parecía que algo así no solo era una manera de experimentar lo que siente alguien que es explotado, esclavizado y violentado y no tiene a nadie a quién recurrir: también le resultaba un ejercicio eficaz para entenderse a sí mismo.

 

*****

 

─La obra tiene escenas muy fuertes, es verdad, pero allí uno advierte ciertas vivencias, como trabajar dieciocho horas en la cocina de un restaurante sin poder salir siquiera a un dentista ─dice Graciela Paola.

En una parte de la historia, un joven migrante asiático sufre un terrible dolor de dientes y no puede abandonar su puesto de trabajo por temor a quedar desempleado.

Serán sus amigos quienes le pondrán remedio a su padecimiento con una tenaza para desatascar tuberías.

Pronto se desangrará sobre una de las mesas de picar carne.

─El cambio de los roles de género también te ayuda a entender lo que es ser mujer ─lo que vive una mujer─ y lo que le ocurre cuando se equivoca con alguien a quien ama ─agrega la actriz.

En otra parte de la historia, una mujer le confiesa a su esposo que tiene un amante. Ella está vestida como él y él como ella.

«Si viéramos esta escena tal cual, una mujer con un vestido rojo de tirantes y un hombre con una camisa a rayas y corbata, la seducción con el espectador sería menor porque parecería algo de todos los días, cotidiano ─explicó alguna vez Jorge Villanueva, el director de la obra─. Con esta propuesta, por el contrario, el espectador aprecia más lo que se dicen los personajes: observa todo de manera distinta».

Hay más posibilidades de que el espectador repare en los sentimientos de esa mujer que llora y que en realidad es un hombre.

 

*****

 

─Hay una frase recurrente a lo largo de toda la historia: «Si pudiera pedir un deseo» ─dice el actor Carlos Victoria─. Y sí, ¿acaso no hay momentos en la vida real en la que uno no se dice eso? Es algo inmanente a todos nosotros: es un deseo de que algo malo no suceda y, por el contrario, tu suerte cambie para bien: que la fortuna llegue.

En la obra, una joven juguetea en la cama con su compañero de trabajo y se pregunta por qué le encanta tanto que él se refiera a ella como su Barbie y que sexualmente la trate como a una muñeca de plástico: que no parezca existir sentimientos entre ambos.

La mujer se cuestiona si también actuaría de la misma manera si ella fuera hombre.

En otro momento, un muchacho le reprocha su embarazo a su pareja porque el dinero no alcanza y descarga su frustración en una joven prostituida.

En una tercera escena, una aeromoza encuentra en su sopa el diente arrancado del cocinero asiático y, con una mezcla de curiosidad y horror, se lo lleva en su bolso solo para luego poder paladearlo con tranquilidad en su casa.

Su lengua aún encuentra rastros de sabor a sangre y sopa de verduras.

La actriz Laura Aramburú dice:

─En algunos casos esa frase de pedir un deseo te indica que uno quiere ser distinto a lo que ya es. Y en otros, expresa querer comprender a los demás: un intento de aproximarse a esa realidad que no puedes entender y te incomoda.

 

*****

 

Como en una fábula, el guion de Schimmelpfennig también plantea que en algún momento de la obra los insectos representen a seres humanos.

Algunos nunca recuperarán su forma.

─En esta historia todos los personajes están en una encrucijada de expectativas: eso es lo que desencadena los desencuentros ─dice Laura Aramburú.

Aun sin pretenderlo, el dolor se convierte en una terapia: les recuerda que todavía están vivos.

El dragón de oro, una imagen que en los países de los inmigrantes asiáticos representa la prosperidad y la abundancia, se convierte en la mortaja de uno de ellos.

Incluso el cadáver se aferra al símbolo: confía en que a partir de ese momento será feliz.

«Los migrantes no la pasan bien en ese país europeo, pero tampoco los ciudadanos nacidos allí ─anotó Jorge Villanueva─. Allí es cuando la frase de pedir un deseo cobra sentido: nadie quiere tener lo que tiene ni estar donde está. Todos buscan algo distinto».

─Entiendo que si no comprendes la realidad, esta se distorsiona y por momentos embrutece ─dice ahora Laura Aramburú.

Y luego agrega:

─Quizá por eso es que en esta historia, mientras algunos personajes buscan humanizarse, otros buscan lo contrario y casi lo logran: irremediablemente están en un proceso de dejar de ser personas.

 

 

El dragón de oro de Roland Schimmelpfennig.

Producción: Ópalo Asociación Cultural.

Dirección: Jorge Villanueva Bustíos.

Elenco: Laura Aramburú, Claudio Calmet, Carlos Victoria, Marcello Rivera y Grapa Paola.

Lugar: Teatro Ensamble (Av. Bolognesi 397, Barranco).

Funciones: De jueves a sábado a las 8 p.m. y domingos a las 7 p.m.

Entradas: En boletería del teatro.

Temporada: Del 2 al 26 de junio de 2016.

 

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