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Crónicas Marcianas

Carlos Chávarry

Carlos Chávarry

Aunque no solo serán pequeñas crónicas: también se publicarán reportajes y entrevistas sobre personajes y lugares que pasan desapercibidos. Donde lo que importa no es lo más miserable o lo más sensacionalista, sino lo que no necesariamente llama la atención. Sobre lo que hacemos y soñamos: lo que somos.

En otras palabras, lo que ocurre desde lo cotidiano: precisamente lo que casi nunca es noticiable. Pero que cuando se dice, sin embargo, resulta extraño, complejo. Por eso, si tienes alguna historia qué contar –por inactual o banal que parezca–, hazlo aquí. Porque hay cosas que si no se cuentan, nunca las entenderemos.

La metamorfosis de Japón en la posguerra

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Los japoneses no olvidan que dos generaciones se sacrificaron para salir de la crisis y convertir su país en una potencia mundial. En esta muestra fotográfica la memoria se convierte en una necesidad: es un acto de respeto por la vida.

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            El día que Japón reconoció su derrota en la Segunda Guerra Mundial, el fotógrafo Hirosi Hamaya decidió registrar el sol que se elevaba en el cielo: ese sol tan simbólico para cualquier ciudadano japonés acostumbrado a verlo en su bandera nacional.

La fotografía de aquel 15 de agosto de 1945 muestra un sol eclipsado en blanco y negro.

Era un presagio de los días duros que estaban por venir.

─Esa es una fecha muy significativa para nosotros porque fue cuando el emperador anunció por radio que nuestro país dejaba de participar en la guerra. Muchísimas personas lloraron aquel día al escucharlo ─dice Fusae Wada, agregada cultural de la embajada de Japón.

Desde ese momento el país del sol naciente renunció a seguir siendo el imperio que había sido y se vio obligado por Estados Unidos a adoptar una constitución política que, entre otras cosas, lo forzó a despojarse de sus fuerzas armadas.

Hoy Japón solo cuenta con una fuerza especial de autodefensa. No tiene ejército.

Más aún, debe permitir la presencia de bases militares norteamericanas en su territorio.

─Para los japoneses es muy importante recordar todo lo que vivimos ─agrega la funcionaria─. En parte esa es la razón de ser de esta exposición: la nueva generación de jóvenes debe saber y recordar lo que sucedió en aquellos años, como la pérdida de miles de vidas. Porque la memoria es importante.

La metamorfosis de Japón después de la guerra (1945-1964) es la muestra colectiva de once fotógrafos japoneses que recorre el mundo desde hace algunos años: sus más de cien fotografías han sido expuestas ya en Inglaterra y algunos países de Centroamérica y pronto se verán en Indonesia.

Sus tres categorías enfatizan las consecuencias de la guerra, las tensiones de un país que se debate entre la tradición y la modernidad, y la ansiedad por convertirse en un país desarrollado.

 Estas imágenes son la memoria de cómo un país salió de la miseria y se convirtió en una potencia mundial.

El desempleo, los desacuerdos políticos, las protestas callejeras y las represiones no están exentos en el proceso.

 

                                                     *****

 

─Fueron dos generaciones las que participaron en el cambio y la recuperación de Japón: la de nuestros abuelos y la de nuestros padres ─dice Fusae Wada─. El Japón de hoy se basa en el esfuerzo de ellos, y por eso tratamos de mantener vivo esos recuerdos y esos testimonios porque representan mucha experiencia para nosotros.

En una fotografía se puede observar a un niño atado a un poste de luz y jugando con el agua que corre por una canaleta de la calle. Lucía así porque lo más probable es que su padre y madre trabajaban y no tenían dónde dejarlo sin que se perdiera.

Es el año 1949 y el Japón de la posguerra se hunde en una terrible crisis económica.

En otra escena, un grupo de colegiales almuerza mientras otros compañeros leen revistas de mangas para olvidar la vergüenza de que sus padres no tuvieran dinero para enviarles nada en sus loncheras.

La fotografía de 1959 se titula Niños de Chikuho ─Chikuho: una zona minera─.

─Esos niños fueron la generación de los padres de muchos adultos de ahora. Ellos sufrieron porque no había recursos económicos en el país, porque no había mucho comercio y porque no había disponibilidad de comida ─dice la agregada cultural─. Por lo mismo es que tuvieron que apoyar a sus padres desde muy pequeños en el trabajo, sin contar a los que no tenían familiares porque los habían perdido en la guerra o a causa de las enfermedades.

En esos años era común ver a niños y jóvenes trabajando en los campos.

Hoy los japoneses detestan la agricultura, lo cual podría llevar al sector a una crisis: los ciudadanos no están muy seguros de que trabajadores procedentes de otros países con menores recursos deban hacer las tareas que ellos ya no quieren hacer.

Una tercera fotografía muestra a un grupo de niños que se agolpa alrededor de un cuentista de kamishibai ─«historias en láminas de papel», en japonés─, una costumbre que solía practicarse de manera espontánea en parques y calles y que hoy casi se ha perdido.

─Una de las críticas actuales que hacemos a las nuevas generaciones japonesas es que se encierran en sí mismas y dejan de pensarse como colectivo, algo que se ha enfatizado con las nuevas tecnologías como las redes sociales y los videojuegos. Nuestros jóvenes ya no están muy cerca de sus familias ni de sus vecinos ─dice Fusae Wada─. Por eso es importante este tipo de exposiciones donde mostramos cómo se vivía antes y cómo se vinculaban las personas.

Luego agrega:

─Somos muy críticos a esa desconexión. Queremos evitar un mundo frío, inhumano.

 

                                                        *****

 

En Latinoamérica suele decirse que Japón debe su crecimiento a la intervención de Estados Unidos en ese país luego de la Segunda Guerra Mundial.

Nada más equivocado, explica la funcionaria de la embajada.

─La influencia de Estados Unidos sirvió, cuanto mucho, a cambiar la constitución política de Japón y dejar de ser un país bélico. Lo que realmente nos ayudó a resurgir como sociedad fue el esfuerzo de nuestra propia población japonesa. Soy consciente de que quizá haya una dosis de orgullo nacionalista, pero es innegable que Japón siempre tuvo ese carácter de salir adelante y de inventar nuevas tecnologías.

Fusae Wada tiene algunas hipótesis respecto a esto último: que el hecho de que se tratara de una sociedad que se desarrolló geográficamente en una isla durante siglos ─lejos de la influencia cultural y militar de imperios y Estados─ los ayudó a unificarse. Que quizá eso también influyó para que sean muy conservadores y herméticos frente a los inmigrantes de cualquier otro país. Y que el vivir sobre un territorio con constantes terremotos e inundaciones ─el archipiélago de Japón se asienta sobre una cordillera volcánica─ fue lo que los obligó a ser creativos y a innovar de manera constante.

Toyota competía contra Ford y General Motors solo dos décadas después de finalizada la guerra.

Lo mismo ocurría con Sony.

─Ninguna de esas empresas crecieron con apoyo de Estados Unidos. Al contrario, se hicieron a partir de sus propios trabajadores.

Lo más difícil de todo fue que los japoneses se acostumbraran a la presencia de soldados norteamericanos en su país. La convivencia forzada generó muchos conflictos sociales.

En una fotografía de 1954, un par de marines caminan cogidos del brazo con japonesas frente al palacio imperial. Muchas de esas jóvenes fueron consideradas traidoras y despreciadas por sus propias familias. Frases como «Tu padre es un norteamericano» se convirtieron en burlas hirientes en las escuelas. En el tiempo varias de esas mujeres enamoradas viajaron a Estados Unidos con sus esposos. O fueron abandonadas.

En otras escenas los fotógrafos Shigeichi Nagano e Hirosi Hamaya muestran las protestas callejeras contra el Tratado de Seguridad de 1960, con el que prácticamente se forzaba a Japón a ser un aliado militar de Estados Unidos en la región.

Palabras como autonomía y soberanía nacional sonaban muy inaccesibles a los manifestantes. Sobre todo cuando algún soldado norteamericano disparaba contra un civil japonés sin que sea posible juzgarlo con las leyes del país asiático.

Muchas veces esos pactos también encubrieron las persecuciones y muertes de políticos y activistas socialistas.

La tensión a fines de los años cincuenta se sentía en el ambiente. Al fin y al cabo, se trataba de aceptar y coexistir con los verdugos de miles de familias japonesas.

─Dado que somos el único país en el mundo que ha sufrido la bomba atómica, nuestra responsabilidad es transmitir ese hecho ─esa tragedia─ a las siguientes generaciones ─dice Fusae Wada.

Mientras que en Perú una corriente de pensamiento político argumenta que es mejor no recordar y olvidar el pasado para «perdonar» y «curar heridas», en Japón la memoria significa respeto por la vida y las expectativas de toda una población.

Una fotografía de 1946 muestra los rostros de felicidad de soldados japoneses que regresan en tren a sus pueblos, otra de 1948 retrata a un soldado recién liberado que solo encuentra los escombros de su hogar en Tokio, y una tercera de 1960 expone la carta de un kamikaze que agradece a su país la oportunidad de pelear contra el enemigo.

Pocos saben que los kamikazes ─los integrantes suicidas del Cuerpo Especial de Ataque japonés─ eran en realidad niños y adolescentes que solo pensaban en volver a ver a sus padres, tal como anotaban en sus diarios personales que por mucho tiempo permanecieron censurados.

─Nosotros no vemos valentía ni patriotismo en estas imágenes. Para nosotros no es ningún acto heroico haber participado en la Segunda Guerra Mundial ─dice la agregada cultural─. El único aprendizaje que tenemos de todo esto es que nunca más vamos a incurrir en algo así. En aquel entonces Japón seguía un rumbo político que nunca debió y los militares acumulaban demasiado poder.

 

                                                        *****

 

Varias de estas fotografías que se exponen estuvieron ocultas por años. Entre las décadas de 1940 y 1970 hubo mucha censura no solo de los japoneses sino también de los militares norteamericanos.

─La muestra comprende fotografías hasta 1964 porque fue la fecha en que se celebraron las Olimpiadas en Japón ─explica Fusae Wada─. Ese año fue un hito simbólico para nosotros porque significaba que teníamos los recursos y la tecnología que habíamos anhelado.

De hecho, para recibir a las delegaciones de deportistas de todo el mundo es que los japoneses construyeron el tren bala. Y para la transmisión de los juegos se esmeraron en masificar el televisor a color.

Como evento, las Olimpiadas significaron mucho para Japón en el siglo XX. Y ahora se preparan para las segundas de su historia: las de Tokio 2020.

─Eso nos enorgullece pero también nos hace más conscientes de que hay un contexto distinto: la primera vez las Olimpiadas fueron un motivo para desarrollarnos más, y la segunda será para mostrar los avances que hemos generado pensando en el medio ambiente y que es nuestra actual preocupación.

Hoy Japón ya no es la potencia de la industria del acero y textil tal como lo fue antes de la Segunda Guerra Mundial, pero a cambio lo es de la industria automotriz y de la de artefactos electrodomésticos, de la manufactura de computadoras, de la industria farmacéutica y pesquera, y es un líder indiscutible en la producción mundial de tecnologías a cualquier nivel.

 

                                                         *****

 

Una fotografía de Ken Domon de 1953 muestra a un grupo de contrabandistas de tabaco y whisky departiendo en un tren.

El contrabando es el típico delito propio de países en crisis o con economías desordenadas.

La funcionaria japonesa dice que hoy es imposible el contrabando, la piratería y la informalidad en su país.

─El control y la regulación a través de las leyes son muy estrictos. La ley protege nuestra industria y los derechos intelectuales asociados. Van de la mano. Nosotros no podríamos haber hecho todo lo que hemos logrado sin ese apego a la ley ─dice Fusae Wada─. Todos los ciudadanos seguimos las leyes para lograr un desarrollo formal: respetar la ley es respetar a los demás.

Luego dice:

─Por eso también es tan arraigado en nuestro país el sentido del honor, de la moral, de la vergüenza ante la mirada de quienes nos rodean.

Precisamente si hubiera una palabra que atraviesa todas estas fotografías de la exposición, sería esa: el respeto. El respeto por generaciones de japoneses ─por su población─ y el respeto hacia sus costumbres y expresiones ─el amor, el sexo, el arte, las expectativas, la convivencia, el humor─.

─En ese sentido, la corrupción en Japón es considerada como uno de los peores males que se le puede hacer al pueblo: es un daño colectivo. La corrupción se castiga y limita mucho en todos los sectores. Perjudica mucho a la imagen de las empresas, pero en el Estado es mucho más grave aún. Como sociedad estamos muy atentos a este delito. Los corruptos son obligados a pedir disculpas en público y luego se van a la cárcel.

Y entonces en este punto, inmersos en un pintoresco contexto electoral, uno le comenta que en Latinoamérica es todo lo contrario: que con frecuencia personajes corruptos terminan siendo investidos como presidentes de la república.

Fusae Wada no puede evitar sonreír con cierta perplejidad y dice:

─Sí, eso es lo que veo. ¡Y me sorprende!

 

 

 

La metamorfosis de Japón después de la guerra (1945-1964). Exposición itinerante colectiva.

 

Organización: Embajada del Japón, Fundación Japón y Asociación Peruano-Japonesa ─ APJ.

Fotógrafos: Ihee Kimura, Yasuhiro Ishimoto, Ken Domon, Eikoh Hosoe, Hiroshi Hamaya, Kikuji Kawada, Shomei Tomatsu, Takeyoshi Tanuma, Shigeichi Nagano, Ikko Narahara y Tadahiko Hayashi.

Lugar: Galería Ryoichi Jinnai y hall del Centro Cultural Peruano-Japonés (Av. Gregorio Escobedo 803, Residencial San Felipe, Jesús María).

Horario: De lunes a viernes de 2 p.m. a 8 p.m. y sábado de 10 a.m. a 1 pm.

Temporada: Del 26 de enero al 12 de marzo de 2016.

Ingreso libre.

 
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