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Crónicas Marcianas

Carlos Chávarry

Carlos Chávarry

Aunque no solo serán pequeñas crónicas: también se publicarán reportajes y entrevistas sobre personajes y lugares que pasan desapercibidos. Donde lo que importa no es lo más miserable o lo más sensacionalista, sino lo que no necesariamente llama la atención. Sobre lo que hacemos y soñamos: lo que somos.

En otras palabras, lo que ocurre desde lo cotidiano: precisamente lo que casi nunca es noticiable. Pero que cuando se dice, sin embargo, resulta extraño, complejo. Por eso, si tienes alguna historia qué contar –por inactual o banal que parezca–, hazlo aquí. Porque hay cosas que si no se cuentan, nunca las entenderemos.

Estereografías

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Hace cien años, en una época en la que aún no existían el cine y los efectos especiales, un anónimo fotógrafo peruano registró escenas en 3D. Hoy su técnica nos recuerda una paradoja de la mente: cuán fácil es engañarnos a través de todo lo que vemos.

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Lo suyo no era reivindicación social ni ganas de ingresar a la historia. No era un intento por llamar la atención sobre ciertas situaciones ni trataba de denunciar nada que le pareciera una injusticia o señalar una naturaleza a punto de desaparecer.
           
Lo suyo era simplemente diversión: diversión con una cámara fotográfica que no todos podían permitirse en aquella época.
           
Su única intención era registrar escenas de la vida diaria: algunas espontáneas y otras armadas por él mismo, como si se tratara de imágenes cinematográficas aún años antes de que las películas se popularizaran en Lima.
            
Lo inspiraba una suerte de costumbrismo vital.
            
Quién lo diría: cien años después se le recordaría solo por lo que en principio fue su entretenimiento.

 

                                                                    *****

 

            ─Esto no es una cámara: es un visor estereoscópico o estereoscopio. Es el equivalente a un MasterView contemporáneo, si quieres.
           
Jokin Aspuru señala hacia una urna de cristal, y dentro de ella, a una caja de madera pulida con dos agujeros vidriados en el centro.
            
Desde esos agujeros se puede observar en blanco y negro y en tres dimensiones las vivencias de ciudadanos peruanos a inicios del siglo XX: un joven lanzándose hacia el mar en el balneario de Chorrillos, un grupo de niños y señoras desfilando sobre un vehículo en una celebración de carnavales en Chincha, una vista de la Plaza de Armas de Arequipa con una catedral todavía no devastada por un terremoto.
           
Por esos años, una imagen tridimensional era casi un milagro.
           
Como ahora, la mayoría de las cámaras fotográficas solo tenían una lente ─un único objetivo─.
            
─La fotografía estereoscópica es una técnica que se inventó a la par que la fotografía, es decir, en 1840 aproximadamente. Utilizaba una cámara de doble objetivo ─de allí el término estéreo, doble─ cuyas imágenes luego podían ser impresas en placas de vidrio también dobles. Lo que resultaba de todo ello eran las mismas escenas solo que con sus elementos ligeramente desplazados entre sí.
           
Jokin Aspuru, el curador de la muestra, es el hombre detrás de la producción de la exposición Estereografías. El mundo en 3D del señor D'Angelo.
           
─Luego estas placas se introducían en este visor llamado estereoscopio. Al mostrar en cada ojo la imagen por separado, el cerebro reconstruía la escena en tres dimensiones. ¿Y por qué hacía esto? Porque el cerebro, al intentar reconocer la distancia entre cada foto para poder analizarla y comprenderla, genera un efecto de movimiento.
           
Un efecto óptico.
            
Un engaño mental.
            
El proceso era similar al que utilizó el cine analógico en sus primeros años: la proyección de 24 fotogramas ─fotos fijas─ por segundo a fin de que el cerebro las «pegase» y generara la sensación de movimiento de los personajes.
            
Una deliciosa confusión.

 

                                                     *****

 

            Según Jokin Aspuru, la estereoscopía fue el primer fenómeno visual de masas en el mundo.
            
La cámara de doble objetivo ─el artilugio─ fue presentada en sociedad durante una feria internacional realizada en Londres a mediados del siglo XIX. La reina británica de aquel entonces, presente en el evento, se entusiasmó tanto con la novedad que ordenó le consiguieran una para su uso privado.
           
Eso fue suficiente para que el modelo se pusiera de moda en Europa y Estados Unidos.
            
Unos años después se podían conseguir placas de vidrio con paisajes exóticos como las pirámides de Egipto o con escenas de catástrofes naturales o con retratos de escritores ilustres, políticos y héroes de guerra.
           
Las placas estereoscópicas se convirtieron en el pasatiempo de la clase burguesa en cualquier fiesta que se preciara.
           
Los hermanos Lumiere y la tecnología de su cinematógrafo no aparecerían sino hasta medio siglo después.
            
─A la hora de documentarnos para esta muestra, nos percatamos de que no había mucha investigación sobre lo que fue la estereoscopía en el Perú. Solo sabemos que llegó relativamente pronto, entre 1860 y 1870, y que Eugenio Courret la utilizaba en el vestíbulo de su estudio de retratos.
           
Allí, el famoso fotógrafo francés había acondicionado seis visores estereoscópicos con diferentes placas de imágenes: eran un entretenimiento adicional para los clientes mientras esperaban su turno para posar en dos dimensiones.
           
Nadie sabe ahora dónde están esas imágenes.
            
El curador español supone ─supone─ que esas imágenes las obtuvo el Centro de la Imagen de Lima al adquirir el archivo Courret.
            
Tras una investigación de varios meses y una serie de entrevistas con especialistas e historiadores del arte y curadores, el equipo de Jokin Aspuru ubicó un lote de fotografías estereoscópicas registradas entre 1918 y 1927 y guardadas en un pequeño armario de madera en la biblioteca de una residencia familiar.
           
Eran las imágenes del misterioso señor D'Angelo.

 

                                                     *****

 

José D'Angelo Gutiérrez fue un gerente de la antigua Caja de Depósitos, una entidad que en el tiempo se convirtió en el Banco de la Nación.
            
Hijo de italianos afincados en Ascope ─un pequeño pueblo a unos cuantos kilómetros de Trujillo─, el señor D'Angelo tenía como labor abrir sucursales por todo el país.
           
Así fue como pudo vivir en Lima, Arequipa, Tacna y Trujillo.
           
En cada una de esas ciudades utilizaba su cámara de doble objetivo.
            
De hecho, se cree que fue en Arequipa donde despertó su particular afición: en 1915 esa ciudad ya era un foco importante de la fotografía: allí se daban cita los hermanos Vargas, Guillermo Montesinos y hasta Martín Chambi, por ejemplo.
           
Hay una anécdota que recrea lo que sucedía en esos viajes: alguna vez D'Angelo compitió con Chambi en un concurso. El primero ganó. Chambi quedó en tercer lugar.
           
En el tiempo se perdería lo que el jurado calificó.
           
Eso, y que D'Angelo era un señor muy cariñoso con su esposa ─cada mañana le preparaba el desayuno y se lo llevaba a la cama antes de ir al trabajo─, que alguna vez publicó sus retratos en la revista Variedades, que tenía su propia habitación de revelado debajo de una escalera de su casa, y que murió de avanzada edad, es todo lo que se sabe de él.
           
Lo demás resulta desconocido incluso por sus descendientes.
            
Algunos de sus nietos creen recordarlo como un hombre introvertido y muy silencioso. Otros, como alguien extrovertido y simpático con todos los que le rodeaban.
            
Nadie sabe dónde están los negativos de sus fotografías.
            
Nadie puede explicar por qué hacía posar a sus familiares y amigos en situaciones casi teatrales al punto de disfrazarlos ─a su hija la retrató vestida de granjera holandesa al pie del Misti, y a sus hijos pequeños los fotografió en una sala donde habitaba un fantasma que él mismo recreó─.
            
Nadie tampoco comprende por qué hizo fotografías durante tan corto tiempo ─no más de una década─: quizá muchas otras se perdieron en las mudanzas o en los traspasos de las herencias.
           
Tampoco dejó escrito sus pensamientos sobre lo que registraba.
            
Su archivo personal de trescientas imágenes circuló entre generaciones de su familia como la simple distracción de algún antepasado romántico y vanguardista.

 

                                                      *****

 

─D'Angelo era un fotógrafo aficionado ─dice Jokin Aspuru─. No era un profesional, pero sus imágenes resultan interesantes más por su sentido documental que artístico: te muestra cómo era el Perú de hace un siglo.
            
Es un viaje en el tiempo y entre regiones pero además en tres dimensiones.
            
─Todo lo que se muestra en esta exposición no lo ha podido ver antes ningún historiador. Nuestra idea es que este sea un comienzo para generar interés desde la sociología y la historia y los académicos empiecen a analizar el contenido de estas fotografías. La estereoscopía misma, pese a la fama que tuvo en su momento, casi está olvidada en el país.
           
De hecho, no se sabe bien por qué desapareció como técnica visual. Se cree que fue por la aparición del cine y la venta de cámaras de filmación a partir de la década de 1930.
            
─En el universo visual de José D'Angelo se encuentran tres grandes temas: los acontecimientos sociales de la época ─como las procesiones religiosas y las competencias hípicas─, la familia como tal y los lugares donde le tocó radicar.
           
Quizá haya un cuarto tema que sirvió de eje para todo lo demás: la posibilidad de desarrollar puestas en escena con sus personajes: muchas veces no los registraba en estado natural.
           
El señor D'Angelo diseñaba sus retratos como lienzos de una pintura.
            
─No creo que el posado fuera tanto por un tema de velocidad de registro con la cámara: lo hacía más bien por su idea de concebir composiciones y contar historias ─dice el curador─. En el caso de la fotografía donde sale un fantasma, por ejemplo, se nota el encuadre y la distribución de los objetos en el espacio. Él mismo recortaba sus escenas para ajustarlas a lo que quería.
           
Algo más llama la atención en sus imágenes: si en el Perú ─y salvo honrosas excepciones─ las élites económicas siempre han buscado alejarse y diferenciarse de las clases populares ─a veces hasta tratar de invisibilizarlas─, ¿por qué el funcionario bancario retrató las costumbres populares de su época?
           
─Quizá era una manera de acercarse a lo popular sin tocarlo, sin interactuar necesariamente con él ─dice Jokin Aspuru─. Tal vez mi perspectiva no sea la más adecuada porque procedo de un contexto distinto al peruano, pero está claro que él fotografiaba solo a gente de su propia clase social.
            
La población autóctona del lugar siempre aparece en los márgenes de las fotografías, explica el curador.
           
─En las procesiones su enfoque está por el lado donde aparecen personas de élite, y así se observa en otras imágenes. Él registraba solo lo que era su mundo y el desplazamiento del tipo de personas de su posición en lo cotidiano.

 

                                                      *****

 

Ya se ha mencionado que el truco de la técnica estereoscópica estaba en la separación entre dos fotografías casi idénticas: una distancia de no más de cinco centímetros que representaba la separación entre ambos ojos.
            
La distancia que forma el puente de la nariz.
           
─Como en nuestro mundo ya casi no quedan visores de doble objetivo, preferimos someter las imágenes a un proceso digital y las introducimos en cajas de luz. Con las gafas tridimensionales en rojo y azul se pueden ver en tercera dimensión.
           
Para ello el equipo de casi diez personas de Jokin Aspuru escaneó las imágenes por separado, las retocó y las unió en dos capas que se superponen: una roja y una magenta.
           
Los lentes tridimensionales ─que se entregan en la puerta de la sala─ reconocen cada uno de esos colores por separado y obliga al cerebro a fundirlos en una sola imagen, generando así la sensación de movilidad y desplazamiento.
            
La mezcla del rojo y el magenta produce un tono de grises: el adecuado para las fotografías en blanco y negro.
            
Son veinte retratos sometidos a este procedimiento: tomó un año entre el proceso de selección, pruebas y producción final para la exposición.
            
─Era la manera que se nos ocurría para dar una visión actual de un trabajo muy antiguo: deliberadamente buscamos huir del tono nostálgico tradicional que suele dársele a este tipo de imágenes ─dice el curador─. Queríamos hacer una presentación mucho más contemporánea, con escenas que parecían desbordarse de los marcos.
           
Y entonces agrega:
            
─No olvidemos que el señor D'Angelo era un fotógrafo de la cotidianeidad y de las costumbres en todo sentido: en los años treinta, con Leguía, la capital fue remodelada por completo y se diseñaron vías principales entre Barranco, Miraflores y el Cercado. Por eso es que en sus imágenes, por ejemplo, todavía se pueden apreciar avenidas enteras casi desiertas. Era una nueva Lima que se estaba gestando como tal.

 

dangelo_044_RETO copia-ed.jpg            Estereografías. El mundo en 3D del señor D'Angelo.
           
Curaduría: Jokin Aspuru.
            
Producción: Getxophoto y Centro Cultural de la Pontificia Universidad Católica del Perú (CCPUCP).
            
Lugar: CCPUCP (Av. Camino Real 1075, San Isidro).
           
Horario: De lunes a domingo de 10 a.m. a 10 p.m.
           
Temporada: Del 24 de febrero al 22 de mayo de 2015.

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