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Crónicas Marcianas

Carlos Chávarry

Carlos Chávarry

Aunque no solo serán pequeñas crónicas: también se publicarán reportajes y entrevistas sobre personajes y lugares que pasan desapercibidos. Donde lo que importa no es lo más miserable o lo más sensacionalista, sino lo que no necesariamente llama la atención. Sobre lo que hacemos y soñamos: lo que somos.

En otras palabras, lo que ocurre desde lo cotidiano: precisamente lo que casi nunca es noticiable. Pero que cuando se dice, sin embargo, resulta extraño, complejo. Por eso, si tienes alguna historia qué contar –por inactual o banal que parezca–, hazlo aquí. Porque hay cosas que si no se cuentan, nunca las entenderemos.

Nuevos aires en la industria editorial

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Penguin Random House Grupo Editorial oficializa sus operaciones en el país esta semana. Con sus más de treinta sellos editoriales en castellano, la compañía promete renovar el monolítico mercado peruano del libro. Bienvenida sea la competencia.
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─El mercado latinoamericano es muy dinámico, y lo es porque si bien es un mercado que está muy cerca de las tendencias internacionales en cuanto a modas y gustos, todavía es muy tradicional en lo que se refiere a la comercialización. Pongo un ejemplo: mientras que en otros países del mundo se cierran librerías, en el Perú se abren. Eso se debe a que el país tuvo un retraso en la oferta: no existía la suficiente cantidad de librerías según su cantidad de habitantes. Por supuesto, esto está relacionado con la situación económica que se vivió hace unas décadas.
           
Mercedes González Cuenca, la directora general de Penguin Random House Grupo Editorial, sonríe y agrega:
           
─Pero conforme mejoró la situación económica y aumentó el consumo en los últimos años, se elevó también la demanda por el libro. De hecho, si bien inaugurar una librería no es lo mismo a inaugurar una tienda de ropa, ahora en la mayoría de centros comerciales de Lima y provincias por lo menos existe una. Y eso, solo ese detalle, es extraordinario: ¡antes no había tantas librerías en el Perú!

 

                                                    *****

 

A ciencia cierta, Penguin Random House es una empresa joven: fue formada en julio de 2013. Su experiencia proviene, más bien, de las dos multinacionales que se unieron en un joint venture: la alemana Bertelsmann ─dueña de la compañía de servicios editoriales Random House─ y la inglesa Pearson ─dueña del sello literario Penguin─.
           
Ambas conforman el grupo editorial más grande del mundo.
           
Ocho meses después las fusiones continuaron: Penguin Random House adquirió Santillana Ediciones Generales, propiedad de Prisa ─grupo que comprende varios medios de comunicación en España─, y con ello se hizo de sus conocidos sellos literarios: Alfaguara, Aguilar, Taurus, Suma de Letras, Punto de Lectura y Altea, Objetiva, Foglio y Fontanar.
           
Las negociaciones demoraron tres años.
            
En julio de 2014, Penguin Random House pasó a llamarse Penguin Random House Grupo Editorial (PRH GE) para todo el mercado en idioma castellano ─incluso en Miami─.
           
Con su última compra, PRH GE se hizo cargo de 31 sellos editoriales, un catálogo de títulos de 73 narradores galardonados con los premios Nobel, y una capacidad de lanzamiento de novedades literarias de 1,500 títulos al año.
           
En el Perú, PRH GE ocupó la plaza de Santillana y pasó a ser competencia directa de Planeta.

 

                                                      *****

 

─Con nuestra presencia en el país, el lector resultará beneficiado: cuando una empresa es monopólica, en cualquier sector, impone condiciones. Pero cuando la obligan a competir, busca la manera de poder hacerlo ya sea trayendo mejores productos o tratando de colocar los libros al mejor precio.
           
─¿Cuál sería el mayor aporte de PRH GE en el país?
           
─Con nosotros se multiplica por cinco la cantidad de títulos de libros que existe en la actualidad, pues entre Santillana y Random House aportamos varios sellos editoriales. La idea es que haya más libros en el mercado con una mayor variedad de títulos.
           
─¿Y cómo se logra eso según su modelo de negocio?
           
─Cuando no estábamos aquí los distribuidores preferían ir sobre seguro para abastecer las librerías: solo compraban los libros de los que tenían la seguridad se iban a vender. No apostaban por títulos con los que no ganaran gran cosa. En cambio ya con la editorial instalada, y dado que su negocio fundamental es «colocar» libros en el mercado y venderlos, los cederemos en consignación a todos los puntos de venta. Así no habrá quién no los quiera. De este modo abarcaremos una buena parte de lo que el mercado puede demandar.
            
─¿Y los escritores que aún no han podido publicar tendrán más oportunidades?
           
─Por supuesto que quisiéramos publicar a muchos autores, pero ahora mismo, sinceramente, nuestro objetivo principal está en absorber toda la parte internacional. En una empresa grande como esta es de imaginar que hay grandes apuestas comerciales para todos los meses. En ese sentido, tenemos que medir los lanzamientos porque finalmente este mercado no es muy grande y no puede adquirir tanto como sí lo hacen Argentina, México o España. Lo internacional, no nos engañemos, es lo que más beneficios nos proporciona: el mercado se mueve por modas y es algo viral. Es como lo que ha sucedido con Cincuenta sombras de Grey y Juego de tronos.
            
─¿El hecho de que existan tantas pequeñas editoriales en Perú expresa el interés de nuevos lectores o una demanda insatisfecha?
           
─Ambos. Una pequeña editorial normalmente busca un pequeño nicho, y es un nicho al cual la editorial grande no necesariamente llega porque ya tiene una enorme cantidad de compromisos de publicaciones de autores internacionales. Eso es lo que hace que para nosotros sea mucho más complejo apostar por lo desconocido. Para la pequeña editorial, en cambio, ese puede ser su negocio.
           
─Y de alguna manera la demanda de una editorial pequeña también les permite medir como un termómetro la calidad de los nuevos autores...
           
─Por supuesto, y eso es muy bueno: todo lo que dinamice el mercado literario es estupendo.

 

                                                                      *****

 

Si algo le preocupa del país a la directora es la piratería de libros: es la competencia más desleal que pueda existir y el desprecio absoluto a la propiedad intelectual y el trabajo editorial, en sus propias palabras.
           
La exgerente de Prisa Ediciones dice que si bien han cambiado en parte las actitudes de los lectores peruanos respecto a los libros piratas, no le consta que las autoridades hayan hecho mucho por perseguir y sancionar a los responsables: la comercialización todavía se ve en las calles con impunidad.
            
Aún así, lo más alarmante para PRH GE es lo que está por suceder en los próximos meses con la Ley del Libro.
            
«Esa ley caduca en octubre de este año. Si estuviéramos en igualdad de condiciones ─es decir, si no existiera el libro pirata─ quizá no sería tan apremiante, pero si el panorama no ha cambiado, si todavía con la piratería ganan muy pocos en el país y se perjudica al Estado por no pagar los impuestos correspondientes, y en ese contexto se grava al libro, a la producción del libro y a la venta del libro con el 18% del IGV, lo único que se logra es perjudicar al consumidor, porque los precios necesariamente subirán, y ni las librerías ni las editoriales podrán hacerse cargo de ese monto».
            
Acto seguido, Mercedes González da una buena noticia: no es tan cierto eso de que en el Perú contemporáneo se lea menos.
            
«En realidad se lee menos con respecto a otros países, sí, pero no se lee menos que antes: al contrario, se lee más».
           
Que el peruano promedio tenga problemas con la comprensión lectora tampoco afecta a la industria editorial, dice.
           
A su parecer, el modesto resultado de los escolares en las pruebas PISA estaría más relacionado con los esfuerzos en la educación: a la educación considerada como la creación de conocimiento y competencias para el futuro.
            
De allí, explica, que la comprensión lectora no debería ser enfocada como el mero acto de saber leer y escribir: si fuera así, no se consideraría a los analfabetos funcionales, esos individuos que saben leer y escribir pero que, al no utilizar con regularidad esas habilidades, pierden la capacidad de entender todo lo que pueda estar por escrito.
           
Esos individuos que solo saben descifrar líneas.

 

                                                           *****

 

─En Perú, Estados Unidos y Europa en general preocupa la concentración de los medios de comunicación, que puede derivar en una suerte de monopolización de la información. ¿No existe ese mismo temor con las grandes editoriales?
           
─Más que de monopolización, yo hablaría de especialización. Al final el mundo es tan competitivo en todos los sectores que, como no te especialices, tienes menos posibilidades de hacer bien las cosas o de invertir tus recursos con efectividad.
           
─En cierto modo, es lo que sucedió con las empresas que se fusionaron con Random House, que eligieron qué sellos vender...
            
─Así es. Santillana, que lleva más de cincuenta años de funcionamiento, decidió vender sus sellos literarios y centrarse solo en el desarrollo de material educativo. Por el contrario, Random House prefirió ampliar su espectro de narrativa para competir en el mercado de habla castellana.
           
─¿Entonces esos sellos seguirán existiendo sin problemas?
            
─Sí. Penguin Random House Grupo Editorial no compró los sellos para desaparecerlos sino para mantener su personalidad y unirlos bajo una sola organización. De hecho Lumen, Debate y Grijalbo ─que es muy antigua, además─ siguen muy vigentes y con su mismo programa editorial.
           
─Pero a veces se dice que en otras épocas ciertas editoriales o sellos publicaban libros de mejores contenidos...
           
─Es que también las épocas cambian. Lo importante es que se mantenga la calidad de los contenidos, y en ese sentido hay un espectro amplio. Pongo el ejemplo de la literatura comercial, que es muy digna y está muy bien que exista, pues no todo el mundo tiene que leer pensando en cuestiones existencialistas o de que la vida entera es un drama: debe haber de todo. Lo importante es lograr que cada público encuentre su libro. Además, hay otra gran veta que se ha encontrado en el mundo editorial y que se creía impensable hace tan solo unos años: los jóvenes. Antes se decía que los adolescentes no leían. Ahora sabemos que sí, y forman públicos cautivos impresionantes. Solo hay que darles los temas que les interesan. ¿Cuántas sagas han aparecido a raíz de Harry Potter, que tiene ya casi quince años? ¡Y se trata de libros voluminosos!
           
─¿Cómo selecciona una editorial a sus autores? ¿Cualquiera puede publicar?
           
─Los criterios de selección son muy complejos: no es fácil «levantar» a un autor de la nada, que no sea conocido en absoluto, en un momento en que hay miles de títulos en el mercado y en el que además uno se superpone a otro ─porque estarán los tuyos pero también los de otras editoriales, y así─. Las editoriales, aun siendo grandes, solo podemos permitirnos pocos casos de publicaciones de autores noveles al año porque, si bien la calidad narrativa puede ser excelente ─y normalmente lo es porque para eso se han pasado todos los filtros─, no necesariamente acompaña a las ventas.
            
─¿El público compra solo lo conocido, lo promocionado?
           
─En general es así. Nosotros no podemos editar un libro para vender doscientos ejemplares. Tenemos cierta experiencia en eso, nos ha sucedido: la crítica del título podría haber sido excelente, pero solo lo compran los doscientos lectores que de verdad entienden de libros: el público en general, no. Y es que muchas veces el público no lee lo que compra. Cuando un libro es masivo y tan de moda, se compra por la moda más que por la calidad.
            
─En ese contexto, ¿el marketing de autor es muy importante?
           
─Sí, mucho, aquí y en todas partes.
           
─Pero en el mercado local es caro costear eso y un agente literario...
           
─Así es, pero para eso está la editorial, que es la que se encarga de «levantar» a un autor y ponerlo de moda.
           
─¿O sea que la mayoría de narradores en el país lo tienen complicado para hacerse conocidos?
            
─Y por eso es bueno que existan las pequeñas editoriales: porque los publican, hacen buenas ediciones, canalizan sus objetivos, los llevan hacia sus públicos y les dan un nombre. Entrar a publicar directamente a Alfaguara, te digo, es muy difícil.
           
─Entonces, más que un elitismo literario, esto es la realpolitik de los negocios de la industria editorial...
            
─Sí, y es muy similar a lo que ocurre en el mundo de la música: hay tantos grupos que podrían tener la oportunidad ─y seguro que muchos se lo merecen por su calidad─ y no lo logran.

 

                                                          *****

 

PRH GE imprime sus libros en el país. Lo hace con su nombre desde enero de 2015.
           
Antes lo hacía como Santillana.
           
Fundamentalmente se trata de los libros de la colección de De Bolsillo: están las célebres publicaciones de Ana Frank, García Márquez, Jorge Luis Borges, por citar algunos.
            
También está Cincuenta sombras de Grey.
           
Fue impreso a raíz de la película, precisa la ejecutiva.
            
De Alfaguara ─la casa de Mario Vargas Llosa, Julio Cortázar y Arturo Pérez-Reverte─ hay algunos títulos impresos en el Perú. Su producción nacional depende de un solo factor: si el grupo editorial presume que va a vender menos de mil libros, prefiere importarlos.
           
Imprimir el libro en el país lo hace más accesible.
           
«Producir el libro aquí resulta más barato que importarlo: eso hace que el precio al público disminuya ─dice Mercedes González─. Por eso es que no es igual el precio de un libro del que has importado solo doscientos ejemplares de uno del que has impreso tres mil ejemplares».
           
De hecho, algunas veces estos libros tienen la suerte de salir del país: cuando necesitan completar con urgencia el stock de otro país como Chile y Colombia, y en el que se suelen pedir solo autores peruanos de los internacionalmente conocidos.
           
Lo que sí no cambia ─es humanamente imposible decretarlo─ es el hecho de que un libro de ensayos o de crónicas cueste menos que un libro de ciencia ficción o gótico.
           
No puede cambiar por la ley de la oferta.
           
El consumo de publicaciones de este tipo de géneros siempre será menor.
           
El mercado decide.

 

                                                          *****

 

            ─En el año 2012, un directivo de Random House dijo al New York Times que uno de los retos de su compañía sería el mercado digital y la competencia con Amazon, Google y Apple. ¿Qué tan importante es para la multinacional el mercado digital de América Latina en estos momentos?
           
─En Estados Unidos y España el mercado digital es muy importante, pero en Latinoamérica todavía es muy pequeño: proporcionalmente es mínimo comparado con la venta de los libros impresos. Con todo, sí estamos preparados: hemos digitalizado nuestro catálogo. Ahora se puede comprar todos nuestros libros de las dos maneras.
            
─¿Y a qué se debe esa situación en Latinoamérica?
            
─Lo que pasa es que las plataformas tecnológicas de compra en esta parte del mundo no están muy difundidas y aceptadas: no se han terminado de instalar.
           
─¿Y no se puede prever cómo será el mercado editorial digital en el futuro?
           
─No, nadie sabe cómo va evolucionar. Aclaro: sí sabemos que en el futuro lo editorial tiende hacia allí, hacia lo digital. ¿A qué velocidad? Eso es lo que no sabemos. Hace cinco años se creía que su expansión sería más rápida pero en este continente, al menos, no ha sido así. Una cosa es Estados Unidos y todo su consumo en tecnología, y otra es nuestro mundo. Quién sabe: quizá en algún momento el mercado digital pueda explotar aquí.
           
─Un e-book es un producto muy barato ─cuesta menos de diez dólares, a veces dos─ pero, ¿habría alguien que pueda leer uno de seiscientas páginas sin incomodarse?
           
─La tendencia debería ser que sí porque, entre otras cosas, tampoco es sostenible en términos ecológicos para el planeta que cada vez haya más lectores consumiendo libros de papel con esa cantidad de páginas. Pero lo cierto es que en América Latina la tecnología no ha tenido mucha penetración y su uso es más de corte minoritario y limitado porque está relacionado con lo que ha sido la situación económica por muchos años.
           
─¿Convivirá el libro electrónico con el de papel?
           
─Ya lo está haciendo en estos momentos. Pero eso sí, hay otro fenómeno que en estos países ocurre mucho: creer que todo lo digital es gratis, y allí volvemos nuevamente al tema de la piratería: mucha gente que tiene tablets lee lo que cree son libros digitales que no son más que PDF colgados por piratas.
           
─Es verdad: hay mucha confusión entre un PDF y un e-book programado...
           
─Sí, y no es igual: el libro digital te ofrece miles de alternativas.
           
─Lo que sí parece claro es que por ahora el libro electrónico no podrá desplazar o complementar al libro de papel...
           
─Lo complementará, pero la lógica te dice que será en el futuro ─no sabemos si dentro de diez, veinte o cincuenta años─ por consideración a los recursos sostenibles del planeta. El libro, tal como lo conocemos, no va a desaparecer: en todo caso, si desapareciera alguno, será el libro de bolsillo. ¿Para qué vas a comprar un libro de bolsillo si podrías tenerlo digitalmente a menor precio?
           
─¿La autopublicación también podría tener éxito en el mundo editorial?
            
─Eso es algo distinto. Los editores no estamos tan preocupados por el libro digital ─en el que solo cambia la plataforma donde se soportan los contenidos─ como por la autopublicación. Un editor es fundamental para hacer una publicación con todas las garantías de cuidado. Eso es algo que proporciona la editorial. Pero si vas publicar tu texto en Internet sin una revisión formal, sin el trabajo que pule los textos, ¿qué resulta?
            
─¿La autopublicación tendería a disminuir la calidad de la narrativa en sí?
           
─No tanto en la parte literaria sino en la formal: una persona puede escribir muy bien pero nadie puede corregirse a sí mismo, por ejemplo. Siempre se necesita un editor que ajuste la forma y limpie los errores.
           
─¿Piensa que la autopublicación podría deformar el concepto de lo que se cree es el libro y el trabajo editorial que hay en él?
           
─Exacto. Y eso va en desmedro de la misma obra, que con un trabajo editorial podría alcanzar una mayor perfección: uno no puede ser juez y parte de su propia obra.
            
─Pero ustedes mismos tienen un sistema de autopublicación digital...
           
─Lo que pasa es que la editorial tiene que diversificarse y, por tanto, debe ofrecer ese servicio. Pero ese sistema no está instituido en el Perú. Sé que en algunos países el grupo lo ha implementado pero no aquí. En este país iremos por partes, y el objetivo primordial es posicionar los libros de papel.

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