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Crónicas Marcianas

Carlos Chávarry

Carlos Chávarry

Aunque no solo serán pequeñas crónicas: también se publicarán reportajes y entrevistas sobre personajes y lugares que pasan desapercibidos. Donde lo que importa no es lo más miserable o lo más sensacionalista, sino lo que no necesariamente llama la atención. Sobre lo que hacemos y soñamos: lo que somos.

En otras palabras, lo que ocurre desde lo cotidiano: precisamente lo que casi nunca es noticiable. Pero que cuando se dice, sin embargo, resulta extraño, complejo. Por eso, si tienes alguna historia qué contar –por inactual o banal que parezca–, hazlo aquí. Porque hay cosas que si no se cuentan, nunca las entenderemos.

1968: historias en soul

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Un grupo de jóvenes recorren su país impulsados por distintos ideales pero la realidad los hará considerar otras opciones. ¿Vivir en paz consigo mismo consiste en alcanzar las metas a cualquier precio o en saber sacrificarlas sin remordimientos?

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Las vibras empezaron a sentirse desde mucho antes: el rock and roll, la muerte de John F. Kennedy, la guerra de Vietnam, el flower power del movimiento hippie, la lucha por los derechos civiles de los afroamericanos.
           
Pero en 1967 falleció Otis Redding, el rey del soul, a los veintiséis años.
           
En 1968 el activista negro Martin Luther King fue asesinado de un tiro en la cabeza por un hombre blanco.
           
Y en 1969 el hombre llegó a la Luna.
           
─En general, los años sesenta conformaron una época muy vertiginosa, con propuestas de todo tipo que iban desde la liberación sexual hasta los derechos humanos: había la sensación de que se podían cambiar las cosas a nivel de todo el planeta.
           
Mateo Chiarella Viale, el director de la obra, dice:
           
─En ese sentido, 1968 representaba para mí el periodo de maduración de esa década: 1968 era un buen año para hablar de lo que fueron varios procesos en simultáneo, procesos donde influyeron muchos ideales, y en los que se podía observar la suerte de esos ideales.
           
Porque esos ideales, explica, si bien significó la muerte para muchos, también implicó grandes logros para la humanidad.
           
─De allí que un personaje mencione: «Queríamos ser hippies, queríamos hablar de liberaciones, pero yo no quería que el otro se acostara con mi esposa». De eso se trataba: de experimentar hasta qué punto esas libertades nos tenían contentos o podían llevar a perdernos a nosotros mismos.
           
«1968: Con toda su libertad y todo su sexo», dice alguien más durante la obra.

 

                                                      *****

 

Un granjero negro decide ser el sucesor de Otis Redding. Para ello debe abandonar a su mujer y su corral de gallinas por unos meses y dirigirse hacia Memphis, la capital del soul. Su esposa, en desacuerdo con su sueño, no lo ve marchar.
           
Una pareja de jóvenes que llevan ocho años juntos deciden hacer un viaje por carretera para distraerse y reencontrarse. Una de sus paradas obligatorias ─y decisivas─ será Memphis.
           
Tres amigos saben que agentes federales de su país los persiguen y se desplazan de ciudad en ciudad sin dejar de organizar manifestaciones activistas contra la guerra de Vietnam. Ninguno sabe que en Memphis tendrán que separarse.
            
Cada uno de ellos tiene sus propias ilusiones y esperanzas. Y en su trayectoria tendrán que luchar por ellas o ver cómo la realidad las modifica.
            
─Son las tres utopías que a mí siempre me han interesado ─dice el director─: la utopía en el lado artístico, la utopía en el lado íntimo y la utopía en el lado social. Y digo ideales utópicos porque esos personajes están intentando generar circunstancias que en verdad son muy difíciles de conseguir.
           
Es el caso del joven optimista que aspira a obtener fama solo por cantar y bailar bien, por ejemplo. O de la pareja sin hijos que cree que la estabilidad depende solo del amor. O de los activistas que no saben cuánto tiempo más podrán soportar la represión y dudan en utilizar la violencia para conseguir la paz.
           
Vivencias que más parecen basadas en una fe.
           
─La utopía de por sí implica tratar de alcanzar aquello que sabes es imposible o, en todo caso, aquello que no conoces. Es decir, tú no sabes cuándo van a terminar las crisis o las malas rachas, y ese no saber lo hace utópico porque podrían no acabar nunca ─dice Mateo Chiarella─. Es esa incertidumbre sobre lo que te depara el destino lo que provoca la utopía, pero no por eso dejas de intentarlo.

 

                                                            *****

 

─¿Uno no es lo que quiere ser sino lo que puede ser?
           
Emilia Drago se repite la pregunta y guarda silencio por un momento.
            
─Uno es lo que es pero tiene la potestad de cambiar: uno tiene la habilidad de modificar ciertas cosas en el tiempo. Creo que en ello están presentes las dos posiciones en simultáneo: eres lo que eres, y por ser así, tratas de transformarte hacia algo mejor.
           
La actriz interpreta a la hippie que viaja con su amante buscando crear nuevos espacios y momentos para ambos.
            
En el trayecto comprenderán que a veces es necesario dar un paso atrás para seguir adelante.
            
Mateo Chiarella dice:
           
─Uno debería intentar lo que quiere ser y aceptar en ese camino lo que puede ser. Creo que esa es la mejor forma. De lo contrario, si no aceptas lo que puedes ser, te lamentas, y sería un sufrimiento perpetuo. Uno debe aceptar lo que se es, reconocerlo, y luchar para ser mejor.
            
Luego dice:
            
─Yo creo que en caso no logres lo que querías ser siempre hay caminos para reengancharte a la felicidad.
            
Y entonces describe una situación muy personal: hasta hace tres o cuatro años su felicidad perfecta habría sido montar una obra en una sala enorme y abarrotarla de público. Pero hace un año nació su hija y sus expectativas se replantearon.
           
─Cuando eres padre, toda la felicidad es tu familia. Y sí, claro que me gustaría llenar de espectadores el Teatro Nacional, pero ya no tengo esa urgencia: ahora mi urgencia es ver feliz a mi hija, pasar el tiempo con ella y verla crecer.

 

                                                              *****

 

─El sufrimiento de la guerra de Vietnam hizo madurar a generaciones en la vida real, y lo mismo debió haber sido con el drama de la discriminación hacia los negros. Eran familias enteras viendo lo que vivían sus hijos: todos debieron haber madurado a golpes, debió haber sido brutal.
            
Andrés Salas protagoniza al líder del movimiento antibélico: es el joven idealista que insiste en continuar con sus protestas por todo Estados Unidos, aún cuando eso comprometa a sus demás compañeros.
            
En la obra cada quien enfrenta una pena que lo hará recapacitar sobre sus deseos.
           
─A veces evitamos el dolor sin saber que, de alguna manera, este nos hace más fuertes ─dice Edson Dávila, el actor que interpreta al músico─. Sufres y si bien en ese lapso crees que el mundo se acabó luego te percatas de que no es así: avanzas con ese dolor a cuestas y ya sabes qué es lo que hace daño.
            
Su personaje solo podrá crecer cuando su voz transmita el alma de un verdadero negro. Y para eso primero deberá ser consciente de la historia de sus predecesores.
            
Aprenderá a pasar de la forma al fondo.
           
─No es necesario que uno deba ir por allí estrellándose contra todo deliberadamente: también puedes aprender de observar lo que causa dolor en los demás ─dice Emilia Drago.
           
─El mundo implica, de manera intrínseca, formas dolorosas, y negarlas es no comprender el mundo en su verdadera magnitud ─dice Mateo Chiarella─. Solo queda aceptarlas y endosarlas tal como lo hacemos con la idea de la muerte: conocerla te impulsa a ser provechoso con tu vida y a hacer algo que inspire a los demás. A trascender.

 

                                                               *****

 

En 1968: historias en soul, la música es algo más que una forma de expresar lo que sienten los personajes en instantes cruciales: genera texturas, ayuda a estructurar desenlaces, profundiza la sensibilidad en los espectadores, desdramatiza ciertas escenas y dinamiza los cuerpos.
           
El director calcula que debió haber escuchado cerca de trescientas canciones de soul antes de decidirse por las que al final tradujo para el repertorio.
           
─El soul se inspira en el gospel, solo que rompe con su esencia sagrada y divina para hablar de temas mucho más terrenales, incluyendo el sexo ─dice Mateo Chiarella─. Con todo, el soul conserva el sentido de mística colectiva. 
            
Eso se puede notar en la enorme carga de teatralidad que Marvin Gaye le daba a sus canciones, por citar un caso.
           
En el soul, un solfeo que en el gospel podía ser dedicado a Dios se convierte en la invocación a una mujer que se ha marchado con otro.
           
─El jazz también es muy interesante pero a nivel intelectual y, por ende, más individual: tiene que ver con el virtuosismo personal y, por lo mismo, es más frío y menos emocional. El soul, en cambio, sintoniza con públicos más amplios no solo por su estilo popular sino también porque transmite ese puntito de dolor, de nostalgia, de memoria del pasado en común.
           
El soul conserva una espiritualidad, podría decirse, secularizada.
           
En la obra, la música impulsa a celebrar la vida por encima de las circunstancias que viven los personajes: exalta el hoy.
            
─Y sí, la obra es muy optimista pese a que habla de utopías: te percatas de que no puedes dejar de tenerlas. Puedes atravesar ciertas situaciones, perder algo en el camino, pero de otro modo no te podrías dirigir hacia lo inimaginable.
           
Y agrega que por miles de años el hombre observó la Luna y se maravilló de lo imposible de su distancia hasta que llegó el siglo XX.
            
─Se trata de eso: de tener fe, de tener ilusiones, de tener esperanzas y, al mismo tiempo, de entender lo que es la vida. Es un poco como ocurrió con Camus: cuando escribió El mito de Sísifo, muchos lectores se suicidaron por su discurso existencialista y creyendo que no había salida. Preocupado, el autor luego escribió El hombre rebelde. ¿Qué decía allí? Algo así como «Tranquilo, te estoy diciendo esto no para que te mates sino para que te insubordines y encontremos juntos la forma de vivir mejor».



            1968: historias en soul de Mateo Chiarella Viale.
           
Producción: Aranwa Asociación Cultural.
            
Dirección: Mateo Chiarella Viale.
           
Coreografía y asistencia de dirección: Karlo Luyo Echevarría.
            
Elenco: Miguel Álvarez, Andrés Salas, Janncarlo Torrese, Joaquín de Orbegoso, Emilia Drago, Edson Dávila, Laly Guimarey, Martín Velásquez y Santiago Suárez.
           
Lugar: Teatro Ricardo Blume (Jr. Huiracocha 2160, altura de la Cámara de Comercio de Lima y Residencial San Felipe, Jesús María).
            
Funciones: Jueves, viernes y lunes a las 8 p.m. Sábados y domingos a las 7 p.m.
            
Entradas: En Teleticket (de Wong y Metro) y boletería de la sala.
            
Temporada: De marzo a mayo de 2015.

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