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Crónicas Marcianas

Carlos Chávarry

Carlos Chávarry

Aunque no solo serán pequeñas crónicas: también se publicarán reportajes y entrevistas sobre personajes y lugares que pasan desapercibidos. Donde lo que importa no es lo más miserable o lo más sensacionalista, sino lo que no necesariamente llama la atención. Sobre lo que hacemos y soñamos: lo que somos.

En otras palabras, lo que ocurre desde lo cotidiano: precisamente lo que casi nunca es noticiable. Pero que cuando se dice, sin embargo, resulta extraño, complejo. Por eso, si tienes alguna historia qué contar –por inactual o banal que parezca–, hazlo aquí. Porque hay cosas que si no se cuentan, nunca las entenderemos.

José Gil de Castro

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El artista que retrató a los héroes y próceres de la independencia de Perú, Chile y Argentina permaneció en el más absoluto anonimato durante dos siglos. ¿Por qué un hijo de esclavos inmortalizaría en lienzos a la élite que lo ignoró?

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Alguien lo llamó alguna vez «el retratista sin rostro». Bolívar hizo un elogio de él sin mencionar su nombre. Los textos académicos reprodujeron algunas de sus obras sin preocuparse en señalar sus créditos como autor. La historiografía del país donde nació lo olvidó casi durante doscientos años. El mismo Congreso de la República ─uno de sus clientes de la época─ se preocupó más en conservar sus obras que en rescatar detalles de quien las hizo posibles, aún cuando su fama alcanzara nivel continental en el siglo XIX.
           
Eso, a pesar de que el artista solía firmar sus lienzos como «Ciudadano José Gil».

 

                                                      *****

 

─José Gil de Castro es un artista peruano que si bien tuvo reputación en su momento, cayó pronto en el olvido. De hecho, el interés que suscitó en su momento no fue tanto por su obra como por el interés iconográfico de las personas a las que había retratado.
            
Natalia Majluf, directora del Museo de Arte de Lima (MALI), es la curadora de la exposición José Gil de Castro, pintor de libertadores, la cual reúne lienzos de colecciones privadas, museos y Parlamentos del Perú, Argentina y Chile.
           
Los tres países que se independizaron de España casi en la misma época.
            
─Él hizo cierta fama de retratista en el Perú en un momento de tránsito entre el antiguo régimen colonial y el periodo republicano, pero fue en Chile donde realmente ocupó un lugar privilegiado desde 1813: allí llenó un vacío muy grande porque en ese país no había artistas que se dedicaran al retrato.
           
Y dice:
            
─Es en Chile donde se vinculó con el ejército libertador de San Martín ─es decir, con toda su plana militar mayor─ y con las nuevas figuras del régimen republicano sureño. A partir de allí es que empezó esta producción intensa de imágenes de las principales figuras históricas de la región.
            
Así fue como llegó a estar delante de Don José de San Martín, Simón Bolívar, Bernardo O'Higgins, José Bernardo de Tagle ─el marqués de Torre Tagle, segundo presidente del Perú─ y Ramón Freire Serrano, presidente de Chile.
           
O más bien dicho, ellos frente a él. Posando.

 

                                                         *****

 

De la escasa información que hay sobre su vida, se sabe que José Gil de Castro era conocido como un pintor «pardo»: así se le designaba a los mestizos afrodescendientes en aquella época.
           
De hecho, su madre y su hermano mayor eran esclavos.
            
─Era, por tanto, un artista surgido de la plebe pero que por su profesión había logrado un estrecho contacto con las clases más altas de la sociedad ─dice Natalia Majluf.
            
En ese entonces los retratistas solían provenir del pueblo: salvo excepciones, era impensable que alguien de la nobleza se dedicara al arte.
           
La pintura todavía se consideraba un oficio mecánico propio de las clases populares: los miembros de la élite criolla y peninsular nunca debían ensuciarse las manos.
           
Se despreciaba el trabajo artesanal.
            
─Esa es la razón por la que en el Perú tardo-colonial los pintores solían ser indígenas o pardos ─dice la historiadora del arte─. Esa situación cambió a inicios del siglo XIX y se hizo más notorio tras las independencias republicanas, pues desde Europa comenzaron a llegar nuevas ideas acerca de la práctica artística.
           
Esas ideas estarían asociadas a la Ilustración y la manera de percibir el arte: una expresión más cercana a la razón, el placer y la libertad.
           
De pronto la pintura alcanzó cierto prestigio.
           
De esas tendencias provendría la siguiente generación de artistas como Francisco Laso, Ignacio Merino y Luis Montero.
           
─Y en ello también radica parte de la enorme importancia de José Gil de Castro: porque fue un pintor de transición. Él vivió y ejerció su arte entre dos momentos coyunturales: uno político y otro cultural.
            
La curadora agrega:
            
─Y quizá hasta un momento social.

 

                                                         *****

 

En su columna en el diario La República, el historiador Antonio Zapata explica cómo el arte de José Gil de Castro se fundía con las expectativas que había sobre la nueva clase dirigente del país:
            
«Ya no era pintura fundamentalmente religiosa cuyos clientes eran los conventos e iglesias. Por el contrario, los clientes de sus días eran generales victoriosos, burgueses satisfechos y sus respectivas esposas. La relación era distinta: ahora el pintor era un profesional liberal, casi como un médico o un abogado que trataba personalmente con una clientela particular».
           
Más adelante anota:
            
«La sociedad que estaba surgiendo era dominada por una nueva clase, los caudillos militares, quienes vinieron a reemplazar a los funcionarios imperiales».
           
Con todo, que su talento le llevara a posicionarse en ciertos círculos privilegiados no necesariamente significa que modificara su estatus en la sociedad.
            
La directora del MALI no estaría muy segura de afirmar si el artista compartía los ideales de independencia de esos años de no ser por el trazo de las firmas que imprimía sobre sus cuadros.
           
La palabra ciudadano aparece escrita con orgullo y firmeza.
            
─Hay que entender que como todo artista que debe vivir de su profesión, él pintaría a quien le comisionase un retrato, y así es que retrató tanto a personajes aristocráticos del antiguo régimen como a los principales héroes de la independencia.
           
Luego Natalia Majluf dice:
            
─¿Ganó mucho con ese trabajo? Tal vez, pero no cambió su condición social: en esos años no existía mucha flexibilidad para ello. Al final Gil de Castro seguía siendo un pintor pardo cuyo ascenso en la sociedad tenía límites. Lo más probable es que él haya sido visto solo como un maestro.
           
Un maestro, explica, como cuando ahora se habla de un maestro de artes o de albañilería.

 

                                                      *****

 

De no haber sido por José Gil de Castro, es posible que hasta nuestros días solo hubieran llegado los retratos de José de San Martín y Bolívar.
            
De los otros oficiales de alto rango y héroes peruanos, argentinos y chilenos quizá no quedarían imágenes. O tal vez habría otro tipo de retratos de ellos.
           
─En sus pinturas se evidencia un corte naturalista de época mezclado con cierta estética personal: solía innovar todo el tiempo y así lo puedes constatar cuando recorres la exposición ─dice la curadora─. En cada lienzo verificas que es un artista que produce composiciones originales, con un estilo muy marcado por el interés en el detalle de las ropas a la vez que hace contraste con las superficies planas y pulidas, por ejemplo.
           
En parte los personajes importantes que allí aparecen se hacían retratar porque su precio garantizaba que fuera inaccesible a las mayorías.
            
Poseer un retrato al óleo en la sala o comedor era un símbolo de jerarquía y autoridad.
            
El pescador chorrillano José Olaya Balandra solo obtuvo su famoso retrato después de ser fusilado y por encargo del Congreso de la República.
           
─En otras palabras, el elevado costo de estos cuadros ya era sinónimo de prestigio ─dice Natalia Majluf─. Pero sobre todo se hacían retratar porque eran parte de la nueva clase que ascendió al poder con la independencia: era otra manera de afirmar su naciente estatus social, su presencia.
            
Las pinturas de José Gil de Castro se convirtieron en una forma de dar rostro a las nuevas ideas y corrientes del pensamiento republicano en el país.
           
Se les quiso ver como imágenes de una esperanza por tiempos mejores.

 

                                                    *****

 

─Por la calidad y cantidad de obras que tenemos de Gil de Castro te puedo asegurar que no hay un retratista comparable a él en esa etapa histórica en Sudamérica ─dice la directora del MALI.
            
A pesar de eso y la admiración que suscitó, no hubo continuadores de su tradición: el artista mulato no tuvo seguidores.
            
El haber vivido en un periodo intermedio fue una ventaja pero también una desventaja.
            
─Influyó el hecho de que la república rompiera con una costumbre plástica local desarrollada en el virreinato y abriera las puertas a artistas extranjeros. Con estos llegaron modelos nuevos y una notoria visión cosmopolita del arte que se instaló en la siguiente generación de pintores. De pronto hubo dos formas distintas de pensar y hacer el arte: solo basta comparar a Gil de Castro con Francisco Laso, por ejemplo.
            
Tampoco ayudó que en los libros escolares y láminas didácticas de historia sus retratos aparecieran desligados de quien los produjo: aún ahora los editores y profesores no se interesan tanto por las imágenes en sí mismas y su procedencia como por aquello que supuestamente representan.
            
Su olvido quedó garantizado.
            
─En lo que restó del siglo XIX José Gil de Castro incluso pasó a ser considerado un artista poco hábil. Se perdió de vista la importancia de haber desarrollado un lenguaje propio del género del retrato a partir de algunos elementos de la tradición europea. Eso recién se revaloró a mediados del siglo XX.
           
Natalia Majluf finaliza:
            
─¿Y por qué se le llegó a considerar un artista poco hábil? Porque aparecía como alguien alejado de los preceptos académicos de su momento. 


José Olaya por Gil de Castro-ed-1.jpg
            José Gil de Castro, pintor de libertadores.
Exposición de arte.
           
Curadoría: Natalia Majluf.
           
Producción: Museo de Arte de Lima (MALI).
            
Auspicio: AFP Habitat. Colaboración de los Ministerios de Relaciones Exteriores de Argentina, Chile y Perú, PromPerú, LAN Cargo y RPP.
            
Lugar: Salas 1 y 2 del MALI (Paseo Colón 125, Parque de la Exposición, Cercado de Lima).
            
Horario: De martes a domingo de 10 a.m. a 8 p.m. Sábados hasta las 5 p.m.
            
Temporada: Del 22 de octubre de 2014 al 22 de febrero de 2015.

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