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Crónicas Marcianas

Carlos Chávarry

Carlos Chávarry

Aunque no solo serán pequeñas crónicas: también se publicarán reportajes y entrevistas sobre personajes y lugares que pasan desapercibidos. Donde lo que importa no es lo más miserable o lo más sensacionalista, sino lo que no necesariamente llama la atención. Sobre lo que hacemos y soñamos: lo que somos.

En otras palabras, lo que ocurre desde lo cotidiano: precisamente lo que casi nunca es noticiable. Pero que cuando se dice, sin embargo, resulta extraño, complejo. Por eso, si tienes alguna historia qué contar –por inactual o banal que parezca–, hazlo aquí. Porque hay cosas que si no se cuentan, nunca las entenderemos.

Katrina Kunetsova y el clítoris gigante

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En medio de dobles penetraciones y eyaculaciones colectivas, una mujer llega a sentir que algo falta en lo más profundo de sí misma. ¿Puede una actriz porno alcanzar la redención frente a sus espectadores?

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Oscar Wilde solía decir que «el gran misterio del mundo no es tanto lo invisible como lo visible».
            
Algo de eso debió recordar Patricia Romero, la directora de la obra, cuando Facebook prohibió cualquier anuncio del montaje por llevar la palabra clítoris en el título: para la vasta red social eso solo podía interpretarse como publicidad pornográfica. O cuando se le dificultó conseguir una locación luego de ser una de las piezas elegidas en el festival Sala de Parto 2013, el programa de nueva dramaturgia de La Plaza. O cuando los posibles auspiciadores le respondieron que no, gracias, preferían que su marca no apareciera relacionada con el término en cuestión.
           
Ni siquiera las compañías de preservativos querían promover una historia que hiciera referencia a ese diminuto pero significativo órgano de la anatomía femenina.
           
El clítoris: genitalidad casi ignorada por desconfianza, fascinación o simple envidia: el sexo que nunca se agota.
            
En cierto modo, esa sospechosa censura es lo que ha llevado a que el eje central de esta historia sea un lubricado y bien proporcionado clítoris: de hecho, casi es la estrella de la obra: hasta la protagonista principal siente que está en función a él.
           
Hay otro dicho que pasó a la posteridad, esta vez de Sigmund Freud: «La anatomía es destino». Con Katrina Kunetsova esa frase deja de tener sentido.

 

                                                            *****

 

─El mundo de la pornografía es como el mundo de los futbolistas: solo sabes dedicarte a una sola cosa en cuerpo y alma desde muy joven. Por supuesto, cuando llega la hora de la renuncia, no sabes muy bien qué hacer porque resulta que lo tuyo ─ese ámbito donde estuviste dos o tres décadas─ no necesariamente coincide con muchas otras profesiones.
           
Sergio Paris resume el dilema que enfrenta su musa, la actriz checa Katrina Kunetsova, cuando decide retirarse de la escena triple x.
            
En la obra él es un veterano actor y productor porno que intenta convencerla de que siga grabando sus célebres prácticas de gang bang, golden shower y ATM ─ass to mouth─.
           
─Entonces, ¿cómo despegas a sabiendas de todo eso? ¿Cómo enfrentas ese miedo de saltar a un vacío sin herramientas? Abandonar el mundo porno no es solo un simple cambio de trabajo: te juegas algo mucho más importante.
            
Sin embargo, ella insiste: desde que cumplió los treinta años siente que ya no encuentra placer en su trabajo. Que todo se le ha vuelto monótono y predecible, incluso el dinero que recibe por las sesiones. Y que la industria pornográfica, con todo el glamour y la admiración que despierta, no reemplaza una cena o un paseo por las orillas del mar de la mano de una pareja.
           
Hasta ese momento ella solo ha compartido cámaras con sementales hipnotizados por la voluptuosidad de su clítoris.
            
Nadie la ha besado nunca en los labios con la misma pasión con la que lo han hecho en su vientre.
           
Extraña el amor.

 

                                                          *****

 

─Katrina Kunetsova podría ser una especie de antihéroe ─dice Claudio Calmet─. Ella está sumergida en un ambiente del que supuestamente no se espera nada bueno.
            El sexo frente a la pantalla
estigmatiza.
           
─A mí me parece que la industria pornográfica está muy satanizada ─dice Kareen Spano, Katrina Kunetsova en la obra─. Se dice que los que trabajan en ella son individuos perversos pero, ¿cuál es la diferencia? Los actores tendrán la lujuria a flor de piel, pero otros tienen la codicia a flor de piel, y otros tienen el egoísmo a flor de piel, y otros la envidia a flor de piel, y otros la avaricia a flor de piel y así todos los pecados capitales a flor de piel: lo podemos ver absolutamente todos los días, en la calle y en nuestras casas. Y sin embargo, como seres humanos, tenemos la posibilidad de no ser todo eso: de ser personas capaces de darnos cuenta de lo que hacemos y lo que somos.
            
─Somos nosotros mismos los que con nuestras mentes ensuciamos todo ─dice el primer actor Hernán Romero─. Todavía ahora aparecen científicos tratando de atribuirle efectos negativos a la pornografía, de los posibles efectos que deja el verlo y la masturbación frente a la pantalla: eso no es más que una prolongación de los prejuicios del siglo XVIII.
           
─Yo tuve que hacer una investigación sobre la industria pornográfica ─dice Patricia Romero─. Allí encontré que sus dificultades son bastante parecidas a las que hay en cualquier otra profesión. Aparte, de forma constante deben estar haciéndose pruebas contra enfermedades como el VIH, la hepatitis y las ETS, y normalmente las mujeres se retiran jóvenes porque son desplazadas por otras mucho más jóvenes. Ah, y también desean enamorarse y casarse y formar familias.
            La directora
 inclusó revisó varios documentales sobre pornstars: le divirtió mucho el de Sophie Evans mientras que el de Ron Jeremy le pareció triste por su grado de aislamiento.
            
Katrina Kunetsova, no obstante, no solo logra demostrar que puede mantener sus valores y expectativas como persona sino que también es capaz de progresar sin ocultar su pasado.
            
Un tanto como en la vida real ha sucedido con Sasha Grey: la sinuosa exactriz porno que ahora escribe novelas y labora en Hollywood.
            
El problema son los hombres que la rodean: sus compañeros de rodaje quienes, a simple vista, parecen no comprender sus aspiraciones.
           
En parte se asumen como cuerpos exclusivamente eyaculadores y penetrables.
            
─Pero más que eso, no le prestan atención: solo tienen un cierto interés en lograr algo con ella ─dice Sergio Paris─. El trabajo de su clítoris ─y por extensión, su vagina─ es lo que les permitirá ganar dinero y fama y mantenerse en el espectáculo.
           
Y agrega:
            
─Para mala suerte a Katrina Kunetsova le toca enfrentarse a las tres mierditas de la manipulación: al que manipula desde la violencia, al que manipula desde la mentira y al que manipula desde la soberbia: todos manipulan su relación con una mujer jodida.

 

                                                            *****

 

A Patricia Romero, semanas antes de que estrenara la obra, solían preguntarle si no era posible eliminar la referencia a la palabra clítoris.
           
Le decían: «Quizá genere curiosidad y tal vez los niños, cuando vean ese título donde sea que estén, le pregunten a su madre qué cosa es un clítoris».
           
─Y entonces yo decía perfecto, por qué no podrían responder a eso ─dice la directora─. ¿Dónde está lo difícil, cuál es el problema de hablar de la razón de ser de un clítoris? La única función del clítoris es generar placer. Y yo me pregunto: ¿Una mamá no le puede decir a su hija que si se toca el clítoris se lo va a pasar bien? ¿Dónde está el problema? ¿Se van a embarazar o enfermar si se lo frotan?
            
Ahora mismo no hay muchos lugares donde se escuche hablar del clítoris: quizá solo en la consulta del ginecólogo. En la escuela no es un tema que se mencione entre alumnos y profesores. Tampoco en casa.
            Resulta i
rónico que las vivencias de una actriz porno sirvan para hablar de sexo y ciertas partes inexploradas de la anatomía femenina.
           
─El clítoris, aún hoy, es una zona del cuerpo humano que permanece sellada, sepultada y vedada ─dice Hernán Romero─. ¿Y por qué debe ser así si nosotros nacimos con nuestros órganos y moriremos con nuestros órganos? ¿Por qué entonces no hablar de nuestro cuerpo como tal? ¿Qué es lo que nos lo impide?
           
Luego el actor dice:
           
─Creo que todavía persiste una cuestión religiosa mal entendida: se cree que el placer es dañino en sí.

 

                                                       *****

 

Pese a que en su soledad trata de encontrar el amor con desesperación y fracasa una y otra vez, Katrina Kunetsova nunca pierde sus convicciones: incluso se encomienda a Juan Nepomuceno, un santo bastante popular en Europa del Este.
           
Ella cree reconocer su barbado rostro en las manchas de su ropa interior.
            Hasta que e
n algún momento logra conseguir lo ansiado en el lugar más insólito. Para algunos podría ser una medida desesperada. Para otros, un acto de fe.
           
Un milagro.
           
O una locura.
            
─Llega al estado anhelado del romance ideal sin importar el cómo: sus certidumbres la conducen a lo que necesitaba para ser feliz ─dice Kareen Spano.
           
Su clítoris le demostrará que el secreto estaba primero en quererse a sí misma, explica la actriz.
            
─Y eso, aunque no lo creas, genera empatía con el público: porque ella es alguien que está sumida en un infierno y busca la luz y la encuentra. ¿Quién no ha estado en una situación así en algún momento y de alguna forma? Ese infierno que para algunos son las deudas y para otros el alcohol o la enfermedad o las drogas o la falta de autoestima.
           
─Yo diría que es un drama vaginal ─dice Patricia Romero, recordando las risas que su historia arranca en el público de manera involuntaria.
            
Solo la mención de la palabra clítoris ya provoca carrasperas y sonrisas discretas y miradas distraídas entre los espectadores. En especial las mujeres.
            
─A mí me gusta que el público se divierta y se sienta libre de reírse de lo que le sucede a mi personaje ─dice Kareen Spano─. Siento que cuando lo hace se conmueve de alguna forma: porque reírse implica un atreverse, un ir más allá de lo que estás acostumbrada.
            
Si tuviera que resumirla diría que esta obra es una tragicomedia, dice.
           
─Una tragicomedia como todo en la vida. Porque en sí el drama y la comedia están en varios momentos de tu existencia: la tragicomedia es la suma de esos instantes.
           
El clítoris solo es la excusa para pensar en ello.
           
La metáfora.
           
─Sí, en la historia el clítoris es un personaje independiente hasta de la misma Katrina Kunetsova ─dice Sergio Paris.
           
Y agrega:
            
─El clítoris es el protagonista y antagonista: Otelo y Yago.


           
Katrina Kunetsova y el clítoris gigante.
            
Dirección: Patricia Romero.
           
Producción: MagnoTeatro.
           
Elenco: Kareen Spano, Hernán Romero, Sergio Paris, Luis Baca, Gianni Chichizola y Claudio Calmet.
            
Lugar: Teatro de la Alianza Francesa de Miraflores (Av. Arequipa 4595).
           
Horario: Jueves, viernes, sábado y lunes a las 8 p.m. Domingos a las 7 p.m.
           
Entradas: S/. 40 (general) y S/. 25 (estudiantes y jubilados). De venta en Teleticket (de Wong y Metro) y boletería.
           
Temporada: Del 24 de octubre al 17 de noviembre de 2014.

1 comentarios

Pueden leer y descargarse gratuitamente mi desmitificador libro sobre la masturbacion femenina en mi blog.
TODO lo que creemos saber sobre ella es FALSO.

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