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Crónicas Marcianas

Carlos Chávarry

Carlos Chávarry

Aunque no solo serán pequeñas crónicas: también se publicarán reportajes y entrevistas sobre personajes y lugares que pasan desapercibidos. Donde lo que importa no es lo más miserable o lo más sensacionalista, sino lo que no necesariamente llama la atención. Sobre lo que hacemos y soñamos: lo que somos.

En otras palabras, lo que ocurre desde lo cotidiano: precisamente lo que casi nunca es noticiable. Pero que cuando se dice, sin embargo, resulta extraño, complejo. Por eso, si tienes alguna historia qué contar –por inactual o banal que parezca–, hazlo aquí. Porque hay cosas que si no se cuentan, nunca las entenderemos.

Casa ajena

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Un joven soldado deserta de su ejército para buscar a un viejo revolucionario: pronto descubrirá que entre la turbiedad de las guerras y los pasados legendarios no hay mucha diferencia. ¿Es el heroísmo un espectáculo que solo debe verse desde lejos?

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El zar, protegido en su elevada e inexpugnable fortaleza, decidió ampliar sus dominios sobre Bizancio: envió un descomunal ejército para la conquista. Sus soldados, tras pelear entre las accidentadas montañas de la región, fracasaron. Sobrevivieron quince mil hombres: a casi todos les fueron arrancados los ojos. Durante días los vencidos no hicieron más que pisotear sangre coagulada y oler sus córneas chamuscadas en el fuego. Solo un contingente de cien combatientes ─dirigidos por uno al que a propósito se le había cegado de un ojo─ fue enviado de regreso a las tierras del zar.
           
Cuando este los vio desfilar desde su elevada e inexpugnable fortaleza se le rompió el corazón. Y murió.
            
Este es uno de los relatos que no guardan relación alguna con Casa ajena.

                                                      *****

─En toda historia de heroísmo siempre subyace un horror ─dice Sofía Rocha.
           
La actriz se refiere a lo que se puede encontrar si se insiste en averiguar demasiado en el pasado: en esos orígenes oscuros y turbulentos que se creen superados en el tiempo: en esas identidades que se tuvieron que establecer a partir del enfrentamiento con otras sociedades preexistentes: en la negación de lo que hubo al principio para plantear una cultura diferente y una civilización quizá mucho más justa.
           
Aunque para ello se haya tenido que aniquilar a hombres que a su vez creían tener la razón.
            
En la obra, un joven soldado abandona a su ejército en plena guerra y busca a un legendario aventurero que participó en una histórica revolución de su pueblo. Cuando lo encuentra no hace más que hacerle preguntas de esa época que él admira e idealiza. El viejo, sin embargo, solo guarda silencio como si se avergonzara de su vida.
            
Su esposa es una prostituta de edad que atiende a clientes en su propio hogar.
           
Su hija es una inválida que tuvo que casarse con el hombre que la atropelló casi en compensación a su desgracia.
           
Con ayuda de ambas mujeres el joven empezará a reconstruir el mito fundacional de su pasado solo para descubrir que no hay mucha diferencia entre esos tiempos y el suyo: sobre todo en lo que se refiere a las traiciones y los cadáveres.
            
─Y ese es el río negro que siempre correrá debajo de nuestros pies: el horror que persiste en cualquier narración primigenia ─dice Sofía Rocha─. Una narración mítica que, si la llegáramos a conocer en toda su extensión, nos quebraría.

                                                                 *****

─Hay algo que constantemente te impulsa hacia atrás: tratar de encontrar tu lugar en cierta realidad, por ejemplo ─dice Joaquín de Orbegoso, quien encarna al joven protagonista─. Mi personaje tiene muchas dudas sobre la vida y la muerte a partir del conflicto que sufre su país e intenta proyectarse en el antiguo revolucionario como un posible camino a seguir.
           
El problema radica en que al sufrir el rechazo del viejo pondrá en aprietos a la esposa y la hija y a quienes lo rodean.
            
Los impulsará a tomar decisiones que podría llevarlos a la soledad y la muerte.
           
─Él no lo hace por maldad: es el efecto de su idealismo y vehemencia por conseguir una identidad y una libertad personal ─dice el actor─. Hasta que se convierte en un cínico.
           
Llega un instante en el que el protagonista se cuestiona por qué toda nuestra vida debe estar basada en negociar las ilusiones y las expectativas individuales.
           
En por qué hay que claudicar ante el futuro.
            
─Y ser cínico no es malo ─dice Joaquín de Orbegoso─. Incluso puede ser necesario para sobrevivir. Lo que pasa es que tiene una mala connotación, pero si uno no lo es, no llega a procesar la realidad como tal y por tanto no se puede vivir.
           
Y dice:
            
─El soldado descubre la contradicción entre su libertad y la vida como un negocio y, con ello, descubre en que hay momentos en que uno debe transar un poco.
           
─No hay espacio para todo lo que él quiere ─dice Sofía Rocha─. Sobre todo cuando se percata de que las personas se unen más por razones terrenales y pragmáticas.
            
─Sí es verdad que en apariencia el joven parece perder su libertad y sus creencias, pero también hay que reconocer que aterriza en otro campo de libertades ─dice Jorge Villanueva─. En otras palabras: dejando de lado el escepticismo, es posible hallar muchas otras maneras de encontrar la libertad individual.
           
Esa libertad que da forma a una personalidad específica y no la Libertad en mayúsculas: la colectiva.
            
El director agrega:
            
─Porque quizá de eso se trate la vida: de perder el idealismo que al principio nos caracteriza.

                                                     *****

«A mí no me interesa pensar en cómo transformar mis guiones a montajes de teatro ─dice Dea Loher, la dramaturga alemana de Casa ajena─. Por el contrario, muchas veces pienso en cómo hacerlas imposibles. Porque yo no escribo para el escenario: yo escribo en contra del escenario».
           
En teoría el relato del zar y sus soldados ciegos aparece de manera gratuita en la obra. Ni ese ni las historias de un niño ahogado y el de un hombre que salvó la vida de un halcón son parte de su argumento. No obstante, están allí.
           
─Son mitos en clave de monólogos que interrumpen la historia porque aparentemente no tienen nada que ver con la historia ─dice Jorge Villanueva─. Cuando menos, no la hacen avanzar.
           
Muchas veces esos relatos detienen la obra: la desarticulan.
            
Solo al final se entiende el porqué: Casa ajena es una multiplicación de sentidos fragmentarios que encierra, paradójicamente, una especie de circularidad.
           
En parte eso es lo que propone la escenografía: elementos dispares dispuestos en un universo que los mantiene cercanos.
            
─El protagonista de la obra es como el protagonista de El último fuego: ambos vienen de lejos, de una guerra que les ha dejado traumas. Y en ambos se hacen referencias a los mismos personajes: se habla de Nelly y su bar, y se habla de una villa donde se refugian ─dice el director─. En cierto modo, el trabajo de Dea Loher también muestra esa recurrencia a lo fundacional: a aquello que estaba antes de.

                                                        *****

Hay otros mitos detrás de esta historia sobre los orígenes.
           
Uno es el del héroe valiente y noble que con esfuerzo llega a un mundo que no era lo que esperaba.
            
Otro, el Génesis de la Biblia: la referencia del árbol del bien y el mal: la maldición del conocimiento.
            
Si evitas la verdad evitas el sufrimiento.
            
─El problema de ahondar en el pasado ─individual y colectivo─ es que en algún momento te percatas de cuán inventado está ─dice la actriz Patricia de La Fuente.
           
Y agrega:
            
─Nunca hay un pasado verosímil por completo. Desde el momento en que el pasado es una construcción cultural de los seres humanos, no debemos pretender que carezca de matices o de contradicciones.
           
Más aún si se han heredado mundos agobiantes: la idea de un pasado que se renueva una y otra vez en el presente y la idea de la inutilidad de la memoria.
            
─Hablamos de un pasado que se repite constantemente, como si aprendiéramos muy poco: quizá por lo inabarcable e infinito que es la historia ─dice Sofía Rocha.
           
─Por eso los personajes de la obra se muestran incapaces para saber de dónde vienen y hacia dónde van: un tanto como nos sucede a nosotros ─dice Joaquín de Orbegoso─. Y sin embargo allí estamos, insistiendo: seguimos en movimiento impulsados por una fuerza de inercia, una energía que probablemente no es nuestra.
           
─Y no sirven de nada las negaciones ─dice Sofía Rocha─. A veces pretendemos alejarnos físicamente de lo que nos persigue pero nos lo encontramos en cualquier lugar: porque en realidad no está fuera de nosotros sino dentro.
           
Y dice:
            
─El pasado forma parte de nosotros y nosotros mismos hacemos ese pasado. Por eso es imposible huir de él.



           
Casa ajena de Dea Loher.
            
Dirección: Jorge Villanueva.
           
Producción: Ópalo Asociación Cultural.
           
Elenco: Patricia de La Fuente, Joaquín de Orbegoso, Marcello Rivera, Sofía Rocha, Javier Valdés, Wendy Vásquez, Emanuel Caffo y Alfredo Carreño.
            
Lugar: Teatro del Centro Cultural de la Universidad del Pacífico (Jr. Sánchez Cerro 2121, Jesús María. Altura del cruce de las avenidas Salaverry y Canevaro).
           
Horario: De jueves a lunes a las 8.30 p.m.
            
Entradas: En Teleticket (de Wong y Metro) y boletería del teatro.
           
Temporada: Del 11 de octubre al 10 de noviembre de 2014.

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