RSS

Crónicas Marcianas

Carlos Chávarry

Carlos Chávarry

Aunque no solo serán pequeñas crónicas: también se publicarán reportajes y entrevistas sobre personajes y lugares que pasan desapercibidos. Donde lo que importa no es lo más miserable o lo más sensacionalista, sino lo que no necesariamente llama la atención. Sobre lo que hacemos y soñamos: lo que somos.

En otras palabras, lo que ocurre desde lo cotidiano: precisamente lo que casi nunca es noticiable. Pero que cuando se dice, sin embargo, resulta extraño, complejo. Por eso, si tienes alguna historia qué contar –por inactual o banal que parezca–, hazlo aquí. Porque hay cosas que si no se cuentan, nunca las entenderemos.

Cómo posar [y verse a uno mismo haciéndolo]

Compartir:

¿Es verdad que en todo retrato hay una dosis de enajenación?

susan-sontag-mapplethorpe.jpg

En 1985 Robert Mapplethorpe le propuso a Susan Sontag, una reconocida intelectual neoyorquina, que fuera su modelo para una sesión que luego publicaría en un libro. Ella ─hosca, desconfiada, inquisitiva─ aceptó. Pero mientras el célebre fotógrafo hacía su trabajo, la también activista antibélica sucumbió a una incertidumbre: confrontar su propia imagen.
            En esta época de selfies y tecnología digital, la pregunta que la ensayista se hizo se mantiene vigente: ¿a quién vemos cuando nos vemos?

                                                                 *****
            
            «Aunque la razón me dice que la cámara no apunta a mi cabeza como el cañón de un fusil, cada vez que poso para un retrato fotográfico siento aprensión. Y no se trata del conocido temor, manifestado por muchas culturas, al robo del alma o de un aspecto de la personalidad.
            
Por lo general me siento coextensión de mi cuerpo, sobre todo del puesto de mando de mi cabeza, cuya orientación hacia el mundo es mi rostro, en el cual hay ojos que miran al mundo y su interior: es mi fantasía ─y mi privilegio─ sentir que el mundo espera mi mirada. Pero cuando me fotografían esta habitual conciencia ─extrovertida y ferviente─ se traba: me rindo a otro puesto de mando de la conciencia que se 'enfrenta' conmigo si es que estoy dispuesta a cooperar con el fotógrafo.
           
Oculta, impedida, sometida, ante la cámara mi conciencia abdica de su función normal, que es suministrarme amplitud, darme movilidad. No me siento amenazada. Sí desarmada.
           
Mientras me fotografían me siento paralizada, atrapada. La acción de mirar idealmente debería ser recíproca. Pero la mirada del fotógrafo no puede responder con algo equivalente: la mirada del fotógrafo es el acto de mirar en estado puro.
           
Mientras él me mira desea aquello que yo no soy: mi imagen.

 

                                                     *****

 

Los modelos suelen parecer dignos de una fotografía porque el fotógrafo siente lujuria o atracción romántica o admiración: cualquiera entre una inmensidad de sentimientos positivos. Pero en cuanto se hace la fotografía, la mirada puesta sobre el modelo es ciega, genérica: una mirada que solo distingue la forma.
           
Yo me vuelvo lo observado. Dócil, con avidez, sigo las instrucciones del fotógrafo. Pues aunque yo sea una voyeur profesional, soy un objeto de visión incorregiblemente novata. Eterna virgen fotográfica, cada vez que me fotografían siento la misma perplejidad: olvido cómo maquillarme, qué color de blusa es más fotogénico, qué perfil de mi rostro es el adecuado. No sé qué hacer con mis manos.
            
¿Es que soy demasiado observadora como para sentirme cómoda siendo observada? ¿Es una preocupación puritana el hecho de aparentar y posar? ¿Se trata de mi narcisismo moral que ha erigido un tabú contra cualquier narcisismo común al que podría ser proclive?
            
Mientras el noventa por ciento de mi conciencia supone que estoy en el mundo, que yo soy yo, un diez por ciento considera que soy invisible. Y esa parte está siempre horrorizada cada vez que veo una fotografía mía.
           
La fotografía deviene en una especie de censura a la fatuidad de mi conciencia: Ah, así que allí estoy 'yo'.

 

                                                    *****

 

Ahora contemplo mi propia fotografía de manera distinta a la de otros retratos de Mapplethorpe. No puedo fantasear nada sobre la persona que está en esa fotografía. Siento la diferencia entre la imagen y yo.
           
La expresión que aparece no es en realidad mi aspecto: es un aspecto inventado para la cámara: un frágil acuerdo entre el intento de cooperar con un fotógrafo al que admiro y el intento de preservar mi propia dignidad, la cual está ligada a mi ansiedad.
            
Cuando miro mi retrato leo en él obstinación, vanidad frustrada, pánico, vulnerabilidad. Dudo que alguna vez yo haya tenido la precisa apariencia de la fotografía de Mapplethorpe.

 

                                                     *****

 

Con todo, reconozco en este retrato otro reflejo del modo en que me siento mientras me fotografían. Mapplethorpe vio algo que nadie había visto.
           
Casi toda la fotografía suele presentarse con una pretensión cognitiva implícita: que transmite una verdad acerca del modelo, que la fotografía es un modo de conocimiento. Así, algunos fotógrafos hasta han llegado a afirmar que fotografían mejor a aquellas personas que no conocen.
           
Todas esas pretensiones solo desean ejercer poder sobre los modelos.
            
Las pretensiones de Mapplethorpe son más modestas. Él no busca el momento decisivo. No practica una relación depredadora con sus modelos. No es un voyeur. No intenta atrapar a nadie con la guardia baja. Él solo quiere registrarlo todo: todo aquello susceptible de posar. Lo que busca es el quid o la esencia de algo.
           
No la verdad de algo sino su versión más vigorosa.
            
Una vez le pregunté a Mapplethorpe qué hacía consigo cuando posaba ante la cámara. Y me respondió que solo intentaba encontrar esa parte propia que está segura de sí misma».


selfportraitapp.jpg                                    * Fragmentos editados del artículo «Algunos Mapplethorpes» publicado en Cuestión de énfasis, 2001, Editorial DeBolsillo.
                                    ** Fotografía 1: Susan Sontag por Robert Mapplethorpe.
                                    ***Fotografía 2: Autorretrato por Robert Mapplethorpe.  

Escribir un comentario


Introduzca los caracteres que ve en la imagen de arriba.