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Crónicas Marcianas

Carlos Chávarry

Carlos Chávarry

Aunque no solo serán pequeñas crónicas: también se publicarán reportajes y entrevistas sobre personajes y lugares que pasan desapercibidos. Donde lo que importa no es lo más miserable o lo más sensacionalista, sino lo que no necesariamente llama la atención. Sobre lo que hacemos y soñamos: lo que somos.

En otras palabras, lo que ocurre desde lo cotidiano: precisamente lo que casi nunca es noticiable. Pero que cuando se dice, sin embargo, resulta extraño, complejo. Por eso, si tienes alguna historia qué contar –por inactual o banal que parezca–, hazlo aquí. Porque hay cosas que si no se cuentan, nunca las entenderemos.

Las neurosis sexuales de nuestros padres

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¿Qué sucedería si los hijos se mostraran tan libres y honestos con sus impulsos que nos recordaran los que alguna vez fueron los nuestros? Quizá notaríamos cómo la moral, al limitar la naturaleza humana, generó sus propias neurosis en nosotros. Sin opciones.

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Sigmund Freud solía decir que somos una multitud cada vez que nos vamos a la cama con nuestra pareja.
           
A los amantes habría que sumarles las sombras de sus padres y sus madres.
            
Cierta o no, la teoría es algo injusta si se considera que por lo general resulta difícil conjeturar cómo es que los padres ─nuestros padres─ solían tener sexo en la época en que recién se conocieron: imaginar a la madre treinta o cuarenta años más joven, desnuda y soportando los embates corporales de un tipo cuyo rostro se nos parece demasiado, está más cerca del tabú que de una simple curiosidad.
           
Y sin embargo así es como nos concibieron.

 

                                                     *****

 

Un día una joven con un ligero retardo cerebral es devuelta a la vida: su madre ha decidido suspenderle las medicaciones que la mantuvieron sedada durante su infancia y adolescencia.
            
«Bienvenida a la realidad, Dora», le dicen sus padres con mucha ilusión.
            
Poco a poco la joven se va percatando de que posee un cuerpo y que ese cuerpo es capaz de llamar la atención de otras personas y que es posible acercarse a esas personas a través de ese cuerpo y, más aún, que puede interactuar con esos cuerpos de una forma que nunca hubiera podido imaginar en sus adormecimientos.
           
De pronto a Dora los orgasmos se le ocurren tan espontáneos y naturales como dar los buenos días o sonreír.
           
Para horror de sus padres.
            
Llegará un momento en que la hija piense: «Solo soy feliz cuando tengo sexo». Pero para eso todavía deberá descubrir el dolor y la frustración y la posibilidad de perderlo todo: el cariño de sus padres, una pareja, un hijo. Y más todavía cuando tenga la prerrogativa de enfrentar esa moral que le habla de libertad pero al mismo tiempo le ejerce prohibiciones: en especial sobre su propio cuerpo.

 

                                                     *****

 

─Dora es el ejemplo de cómo viviríamos nuestra sexualidad sin un marco cultural de prohibiciones, limitaciones y tabúes, y le llega a encantar el sexo tanto como nos encanta a nosotros, y si por ella fuera, lo haría todo el día y nunca le parecería dañino, tal como también nos parece a nosotros ─dice Lucho Cáceres─. Por eso es que en algún momento le pregunta a su madre por qué no puede tener todo el sexo que desea, o en todo caso por qué su madre sí puede tener sexo con alguien que recién conoce y ella no.
           
El actor interpreta al personaje que se acuesta con la joven retardada y le enseña lo que es tener sexo con golpes, mordidas y humillación: la variante violenta.
           
─Por haber estado alejada del mundo es que Dora no ha aprendido lo que constituyen las normas sociales de lo que se debe y no se debe hacer fuera y dentro de la cama ─dice Wendy Vásquez, la actriz del rol protagónico─. Cuando la joven empieza a experimentar sus instintos sin esas normas es que se le hace imposible la convivencia.
           
─Ella, a pesar de a ser la única persona capaz de observar cada detalle de la vida con naturalidad, es la más afectada por las creencias de otros ─dice Marcello Rivera, el actor que interpreta a su médico.
           
Y agrega:
            
─La falta de prejuicios de Dora disparará las neurosis de quienes la rodean: las mismas neurosis que todos hemos absorbido y de las que estamos hechos en sociedad.

 

                                                      *****

 

En perspectiva, cualquiera podría pensar que el hombre que seduce a Dora está abusando de su ingenuidad. No solo se muestra déspota e indiferente a lo que pueda sentir la joven sino que hasta le ordena caprichos ─como que deje de bañarse─ solo para reafirmar su poder sobre ella. En una escena Dora le pregunta al hombre por qué la golpea cuando tienen sexo y por toda respuesta él la abofetea y le dice: «Yo nunca te había golpeado. La diferencia está en que ahora no te penetro mientras lo hago».
           
Aún así, su maltrato solo podría ser una cuestión de perspectivas.
           
─No, no veo a mi personaje como el tipo aprovechado que se acuesta con una discapacitada y que la somete. Si le quitas lo sórdido al guión, la parte dura, la relación de ambos sería una relación con vaivenes como todas ─dice Lucho Cáceres─. Los personajes se conocen, tienen sexo, no saben si tienen un vínculo real, dudan de sus sentimientos, hay un acercamiento, la joven sale embarazada, el hombre se molesta: es decir, si le quitas el problema mental de Dora sería como el setenta por ciento de las vivencias de todas las demás personas cuando inician una relación con alguien.
           
Al fin y al cabo, explica, su personaje disfruta enseñándole cosas como que de qué está hecho un perfume o un jabón y juega con ella a las mentiras y en un momento dado hasta le dice que ella es un ángel dentro de su vida y que nunca más volverá a echarla de su habitación.
           
De hecho, en otro instante la joven le dice a su madre que nunca le gustaron los cuentos de fantasía que le leía por las noches, pero cuando el hombre le narra un cuento de fantasía la primera noche que se acuestan ella queda fascinada.
           
─Cuando estás en la cama con una mujer puede que hagas ciertas cosas que no harías fuera de ella: le puedes dar un trato agresivo, decirle toma mierda, puta, hija de puta, tra tra tra, pero ni se te ocurra hacer lo mismo fuera de ese espacio. Obvio que si alguien nunca ha vivido algo así se va a alborotar apenas vea esto.
           
Luego el actor dice:
           
─Mi personaje es el más humano y normal de todos los que rodean a Dora. Y es que no la trata como a una retardada: la trata como a una mujer.

 

                                                      *****

 

En el sexo Dora parece encontrar algo más que la imagen que usualmente se tiene sobre el sexo.
            
─Ella asocia el sexo con la vida, con el sentir, con la intensidad, con el disfrute de los sentidos en sí ─dice Wendy Vásquez─. El sexo representa una especie de sensorialidad despierta y eso Dora lo relaciona con la alegría y la felicidad. Es en esos instantes cuando más plena se siente: cuando siente que realmente existe.
            
Nada que no haya experimentado un hombre o una mujer que alguna vez creyó enamorarse solo por tener sexo.
           
─Lo suyo va más allá de la búsqueda del simple placer ─dice Jorge Villanueva, el director de la obra─. El sexo es algo que la hace sentirse acogida y acariciada: una forma de aliviar la tristeza y al mismo tiempo una forma de validarse como persona, pues finalmente el cuerpo es lo único concreto que tenemos y necesita ser rozado, friccionado.
           
Ante ese panorama los padres reaccionarán con medidas extremas. Y en el camino demostrarán que no es solo la hija la que sufre una disfunción.
           
─Cuando el médico le explica a Dora lo que le está permitido y lo que no en materia sexual lo único que hace es contradecirse y evidenciar cuán contaminados están las personas 'normales' de sus propias neurosis ─dice Marcello Rivera.
            
Por ejemplo, el doctor le comenta a la joven que no está bien involucrarse con una persona casada aun cuando el secreto y la posibilidad de ser atrapados pudieran hacer interesante la propuesta.
           
O que no es adecuado tener sexo con una persona del mismo aunque en verdad no hay nada escrito sobre eso.
           
O que está mal saltar una cerca en el jardín del vecino para hacer el amor aun a sabiendas de que hacerlo al aire libre y con apremio resulta muy estimulante.

 

                                                       *****

 

En algún momento Dora sorprenderá a su madre teniendo sexo y su única reacción será decirle a la escandalizada mujer que luce hermosa en el coito y que ella también quiere verse así.
           
─¿Por qué de jóvenes nos molesta pensar en los padres teniendo sexo? Lukas Bärfuss, el dramaturgo de la obra, dice que imaginarlo es desarmar el mito de nuestra existencia ─explica Wendy Vásquez.
           
Y agrega:
           
─Creo que en el fondo es porque a esa edad nos cuesta mucho ver a nuestros padres como seres humanos: a tu padre no lo distingues como un hombre, un señor tal cual, sino como tu papá y tiene que ser perfecto y debe saber cómo tratarte y hablarte y verte, y no le perdonas que se salga de ese libreto idealizado: no lo quieres ver en otro rol. Lo mismo ocurre con tu madre.
           
─Todos los padres tienen sexo y han hecho en su momento o todavía hacen miles de cosas supuestamente prohibidas pero luego le dicen a sus hijos que ellos no deben actuar de ese modo ─dice Lucho Cáceres─. Supongo que es una manera de protegerlos, de hacer que los hijos descubran esas situaciones por sí solos porque de otro modo podría ser peligroso.
           
Hay una línea muy delgada que no se debe atravesar, comenta.
           
─No puedes decir en voz alta que hacer un trío sexual es riquísimo o de lo contrario tu hija se convertirá en una loca ninfómana de mierda que siempre va a sentir placer solo de a tres.
           
Si lo descubres manéjalo bajo ciertas formas: desde una moral, dice.
            
─Y yo a veces converso con mi madre y le digo que su moral no es mi moral y que no hay una definición exacta sobre lo moral y lo inmoral. Ponte: si una mujer se relaciona con un hombre casado yo no la juzgaría: simplemente se enamoró. Otra cosa es que continúe y destruya una familia.

 

                                                         *****

 

Dora ni siquiera es inmoral: en principio porque no adivina la existencia de una moral y, por tanto, no tiene una voluntad de ir contra lo que no conoce.
           
Su conducta solo podría explicarse como amoral.
            
─Lo triste es que cuando uno habla de amoralidad le atribuye de modo automático un valor negativo que no tendría por qué serlo necesariamente ─dice Wendy Vásquez─. Quizá haya muchas otras formas de manifestar la sexualidad y el instinto como el que plantea Dora, y seguramente conservarían su honestidad.
           
─La moral es lo que lo tu ser te dicta al margen de lo que te hayan enseñado y dicen los demás ─dice Marcello Rivera─. Como Dora hay muchas personas: con su propia moral. El problema es que están en una sociedad que las juzga todo el tiempo.
            
Y continúa:
           
─Creo que todos podríamos tener una moral propia y adecuada que sería, además, la más honesta. Supongo que a la larga uno se encamina con la moral que dictamina la sociedad y, a la vez, trata de ser libre dentro de ella: la libertad entendida como lo que te hace sentir bien sin hacerle daño a nadie.
           
─En el caso de los padres tampoco me parece que haya una doble moral ─dice Jorge Villanueva─. Solo reflejan nuestra sociedad neurótica: somos neurotípicos, enclaustrados en nuestras casas, con vecindarios encerrados tras rejas, alejados de los demás, recelosos de todo, sumidos en las drogas o el juego, con neurosis no solo de inseguridad sino de la individualidad misma. Enfermos de nosotros mismos.

 

                                                          *****

 

─Mi personaje me costó mucho trabajo ─dice Lucho Cáceres.
            Y explica que a pesar de sus maneras autoritarias y desapegadas, el hombre de quien Dora se enamora también sufre sus propias neurosis: lo evidencia cuando se enoja al enterarse de que los padres engañan a la joven para que no quede embarazada.
            
─Pese a sus códigos oscuros, él es alguien aislado de la sociedad porque desconfía de los seres humanos. ¿Es un hombre solitario con familia? ¿Un pervertido? ¿Alguien que está intentando comenzar una nueva vida? Llegó un momento en que tuve que dejar de pensar en el personaje porque me obsesioné tratando de comprenderlo.
           
Luego dice:
            
─O dejaba de confundirme o terminaba como Heath Ledger, locazo, suicidándome. Me estaba neurotizando.
           
─A mí me sorprende cuando termina la función y veo al público tan conmovido que quienes me conocen se acercan al escenario y me abrazan y me dicen que sienten mucha pena por mi personaje y me preguntan si para mí ha sido muy duro interpretarlo y les explico que no porque Dora incluso al final de la obra cree, a su manera, que las cosas son posibles, y porque quizá su ingenuidad, su inocencia o su poco aprendizaje social es lo que la hace menos contaminada de prejuicios y le permite mantener lo esencial en ella, lo instintivo.
           
En este punto Wendy Vásquez hace una pausa y agrega:
           
─Sí, quizá todavía le esperan cosas mucho más terribles pero lo cierto es que Dora nunca se victimiza. Ella conserva un poder: una luz.


            
Las neurosis sexuales de nuestros padres de Lukas Bärfuss.
            
Dirección: Jorge Villanueva.
           
Producción: Ópalo Asociación Cultural.
            
Elenco: Wendy Vásquez, Mónica Domínguez, Marcello Rivera, Lucho Cáceres, Juan Carlos Morón, Haydeé Cáceres y Gustavo McLennan.
           
Música en vivo: Magali Luque.
            
Lugar: Teatro de la Alianza Francesa de Miraflores (Av. Arequipa 4595).
           
Horario: De jueves a lunes a las 8 p.m.
           
Entradas: En Teleticket (de Wong y Metro).
            
Temporada: Del 31 de julio al 8 de setiembre de 2014.

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