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Crónicas Marcianas

Carlos Chávarry

Carlos Chávarry

Aunque no solo serán pequeñas crónicas: también se publicarán reportajes y entrevistas sobre personajes y lugares que pasan desapercibidos. Donde lo que importa no es lo más miserable o lo más sensacionalista, sino lo que no necesariamente llama la atención. Sobre lo que hacemos y soñamos: lo que somos.

En otras palabras, lo que ocurre desde lo cotidiano: precisamente lo que casi nunca es noticiable. Pero que cuando se dice, sin embargo, resulta extraño, complejo. Por eso, si tienes alguna historia qué contar –por inactual o banal que parezca–, hazlo aquí. Porque hay cosas que si no se cuentan, nunca las entenderemos.

Lima intrarrosa

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Convencida de que la pasarela no es el único espacio donde se fabrica la apariencia, una modelo coge una cámara y retrata a las pocas personas que considera son sinceras consigo mismas: los transgénero. En estas imágenes, ser es trasgredir.

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En una peluquería un hombre de pómulos retocados muestra su gruesa pantorrilla de piel morena: enmarcado en un corazón de tinta roja todavía se puede adivinar el borroso nombre de otro hombre.
           
Del amor de su vida.
            
En otra escena en el baño de una discoteca un hombre de labios abultados y cabello platinado exhibe con orgullo sus largas pestañas cargadas de rimel.
           
Está dispuesto a ganar un concurso de belleza femenina.
            
Una tercera imagen muestra a dos hombres casi adolescentes abrazados con afecto y una sonrisa esperanzada en el rostro.
           
En la siguiente secuencia sus cuerpos ya son de señoritas.
           
Ahora lucen una sonrisa altiva.
           
Tras dos años de recorridos en zonas caóticas de Lima, ciento veinte personajes entrevistados, un intento de asalto y más de cinco mil dólares invertidos en su producción fotográfica, la modelo de alta costura Teresa Bracamonte presenta «Lima intrarrosa», una serie fotodocumental en la que retrata a esos hombres convencidos de que sus cuerpos nunca habrían de determinar sus mentes.
           
Esos hombres que las políticas de género del Estado denominan mujeres culturales.
            
Esos hombres que la sociedad civil llama trans.
           
Esos hombres a los que en la calle les gritan poetas.

 

                                                       *****

 

            ─Llegué a conversar con muchas trans pero no todas fueron fotografiadas. El filtro era sus historias de vida o su manera de ser: por algún motivo debían conmoverme como para intentar acercarme a ellos con la cámara.
            
Y dice:
           
─Con frecuencia solían transmitirme algo muy especial pero inexplicable.
            
Hace un par de años Teresa Bracamonte propuso un proyecto para una clase de su instituto de diseño y artes plásticas: había visto un reportaje de televisión en el que un emocionado travesti menor de edad se coronaba reina de un certamen. Al día siguiente, ese mismo ganador debía prostituirse en las calles de la capital.
           
─Me interesó ese contraste entre el mundo ilusorio del concurso y la realidad que le tocaba vivir en su día a día: esa fantasía de ser la más linda de todas y mostrarte muy dueña de ti misma para luego convertirte en trabajadora sexual.
           
Según un informe de los Derechos Humanos de la Comunidad Transexual del año 2010, el 94% ofrece servicios sexuales.
           
Un 3% se dedicaría a labores de estilismo y maquillaje.
           
Un 2% está desempleado y el 1% restante es vendedor ambulante.
            
Esto ya no lo dice el documento pero es notorio: una buena proporción podría estar alternando la vida de las peluquerías con el sexo al paso.
           
─La mayoría de las trans atraviesa condiciones de vida muy difíciles ─explica la fotógrafa─. Viven en la pobreza, comen poco o mal y no tienen acceso a un sistema de salud que las proteja. De allí que su sueño siempre sea irse del país: aquí no tienen oportunidades de trabajo como para acceder a un empleo digno. Y encima deben soportar humillaciones.
           
Algunas de las chicas le confesaron haber ansiado ser secretarias, por ejemplo, pero que siempre se les cerraron las puertas.
           
O era eso o era acoso por su condición.
           
─Recuerdo mucho la historia del capitán Maricielo: es una de las personas más interesantes que he conocido ─dice Teresa Bracamonte.
            
Se refiere a ese militar que nació dentro de una familia acomodada y que estudió en un colegio alemán y se graduó en una universidad privada como doctor en leyes y que se convirtió en capitán del ejército peruano y a quien todo el mundo solía admirar por su aplomo y su conversación inteligente hasta que un buen día se hizo una cirugía reconstructiva de los genitales y probó a vivir en cuerpo de mujer.
            
─Y con esa decisión todo se le bloqueó automáticamente. Ella ahora tiene 46 años de edad, es una dama muy culta que te puede hablar de filosofía política, de leyes, de arte, y sin embargo vende caramelos en la calle.

 

                                                      *****

 

En un sentido amplio, el transgénero es alguien que reniega de su sexualidad tal como la sociedad espera que la viva: de hecho, puede llegar a sentirse cómodo anulando cualquier género o alternando entre ellos.
           
El transexual es alguien que considera que su identidad está en directo conflicto con su sexo biológico: su convicción es tan fuerte que lo lleva a vivir en el cuerpo del sexo opuesto a través de operaciones y hormonas.
           
El travesti es alguien que goza con llevar la vestimenta del sexo opuesto: no necesita ser homosexual para hacerlo.
           
Incluso lo podría hacer por simple fetichismo.
            
Al fin y al cabo, la televisión muestra actores travestis solo por entretenimiento.
           
─A mí me costó convencerlas de que mis imágenes no eran para burlarme. Que me interesaba retratarlas con una perspectiva distinta, positiva, y que no quería ridiculizarlas como lo hacen en algunos programas televisivos o en foros de Internet. Fui hacia ellas con mucho respeto.
           
Teresa Bracamonte conoció a hombres travestis, transexuales y transgéneros en sectores precarios del centro de Lima, de Villa María del Triunfo, de Comas, de El Callao y de San Juan de Miraflores: pronto se le haría costumbre comprar alimentos para compartir o pagar las cervezas durante las sesiones fotográficas.
           
─Las trans suelen ser muy amables pero la marginación y el hecho de vivir rechazadas hace que estén a la defensiva todo el tiempo ─dice la fotógrafa─. Es natural: es un mecanismo de defensa cuando todo el tiempo te maltratan física y psicológicamente.
           
A algunas las perdió de vista de improviso luego de haberlas retratado. Sus compañeras le decían con naturalidad que se habían ido al extranjero, que se habían mudado, que se habían muerto de sida. Noticias de ese tipo resultan comunes para ellas: varias de las que alguna vez lograron ir a Europa y se prostituyeron adquirieron el VIH. Luego intentan desaparecer para que nadie las vea en desgracia.
           
Un día se enteró de que un joven de 19 años de edad había muerto por cirrosis hepática.
           
─Situaciones así hace que se unan mucho: quizá haya desconfianza pero por lo general se apoyan tanto que hasta llegan a establecer vínculos familiares imaginarios.
           
Algunas se hacen llamar hermanas. O madres e hijas.
           
─Y claro, como sus padres biológicos no pueden hablarles sobre lo que significa una transformación del cuerpo y de la identidad ─porque nunca han vivido algo así─, se buscan una persona mayor que ya haya pasado por todo ese proceso bajo la expectativa de que cuando sea anciana la cuidarán.
            
No es descabellado: hay casos documentados de trans que se enajenaron y suicidaron al extrañar de pronto la parte mutilada de sus cuerpos.
           
En el Perú nadie las prepara para ese drástico cambio de género.
           
La fotógrafa agrega:
            
─A todas luces son métodos de supervivencia ante una sociedad que las margina.

 

                                                        *****

 

El día de la inauguración de «Lima intrarrosa» varias de las espontáneas modelos trans estuvieron presentes.
           
Lucían encantadas con sus fotografías.
           
─Ellas son las personas más divertidas y abiertas que conozco: les puedes hablar de lo que sea ─dice Teresa Bracamonte─. Eso no quita que también tengan sus complicaciones. Si las mujeres tenemos los nuestros, las trans no pueden ser la excepción.
            
Y explica que si bien las mujeres tienen la necesidad de mostrar su femineidad de forma constante, en las trans esto es más marcado porque verse como mujeres involucra una aceptación social.
           
De allí que exageren sus rasgos femeninos ante los demás: necesitan reafirmar que son mujeres y son capaces de atraer al sexo opuesto todo el tiempo.
            
─Las mujeres somos muy competitivas entre nosotras y todo el tiempo estamos comparándonos para saber quién está más regia. Lo mismo ocurre con las trans: a través de su exterioridad y lo visual intentan evidenciar que son mujeres.
           
Y luego dice:
           
─En el fondo piensan «La otra se ve más mujer que yo» o «La otra ha logrado una mejor transformación que yo».
            
Entonces se le pregunta si hay una asociación entre un hombre que se inyecta siliconas y traviste en la calle y una irrefrenable promiscuidad sexual atribuida ─vaya paradoja­─ a todo hombre.
            
─No, no lo creo. Eso es un prejuicio más. De hecho, la necesidad de transformar los cuerpos no es solo una prioridad de los travestis y transexuales: todos los géneros, en la actualidad, apuntamos a modelos de belleza. Más aún, hay una presión para ser parte de esos modelos de belleza, sobre todo entre las mujeres.
           
Y comenta:
            
─También podrías verlo así: cuando una mujer tiene esa necesidad de transformarse y agradar a los demás, no significa que esté tratando de conseguir amantes o clientes por dinero.

 

                                                       *****

 

Si uno camina a lo largo de las tres salas de la exposición y observa con atención las secuencias documentadas notará que las imágenes destilan glamour y pretensiones y expectativas para gustar ante la cámara pero también melancolía.
           
Quizá solo sea simple tristeza.
            
─Sí, yo también me he percatado de eso, y creo que es por las condiciones en las que viven ─dice Teresa Bracamonte─. Y lo más terrible ─sé que sonará terrible─ es que ellas ya parecen estar acostumbradas a esa tristeza. Para las trans todos los días son una lucha por salir al mundo y tratar de sentirse bien y nunca quebrarse. De allí que esa tristeza sea su trasfondo: es su realidad.
            
La fotógrafa explica que al resaltar su dignidad también resaltó su capacidad para sobreponerse a las situaciones adversas, y que tal vez eso es lo que se vislumbra en los retratos.
           
Porque no se trata solo de tener fuerzas para transformarse: también fuerzas para luchar y justificar esa transformación.
           
Voluntad de ser.
           
─Por eso mismo es que me resultan tan admirables: no es solo su sinceridad ante el temor del qué dirán los demás sino también su valentía para enfrentar el cómo se les observa. Esa valentía no puede ser locura. O en todo caso, yo debería estar loca por admirar esa valentía.
           
Y dice:
            
─Una vez el capitán Maricielo me explicó que a las trans se les califica de «los máximos». «¿Los máximos qué?», le pregunté. «Los máximos revolucionarios, los máximos trasgresores», me respondió. «Más punks que nosotras no existen». Y claro, si ellas nacieron con un sexo biológico determinado y la sociedad esperó a que se comportaran con una forma de ser determinada por lo mismo, lo que hicieron fue un acto de rebeldía.
           
Y debe ser por eso que su presencia asusta y molesta a los demás, continúa: las trans nos recuerdan esa rebeldía de la que nosotros ─los «normales»─ no somos capaces.
           
Quizá ese mismo temor es lo que nos hace movernos en un mundo de etiquetas y prejuicios solo para guardar las apariencias.
            
Así como la pasarela produce artificialidad, el mundo también lo produce.
            
─Con frecuencia se dice que el espacio de las modelos es falso, ficticio, inventado. Pero desde el espacio de las modelos también es posible observar que lo que está afuera es falso, ficticio, inventado ─dice Teresa Bracamonte─. ¿Acaso con frecuencia no nos ponemos las etiquetas del empresario exitoso, la etiqueta de la súper mamá, la etiqueta del artista bohemio o la etiqueta de la gente feliz y las intercambiamos según nos convenga?
            
Y dice:
           
─En el fondo todos somos travestis de algo.


            
Lima intrarrosa, exposición fotodocumental.
           
Fotografías: Teresa Bracamonte.
            
Curadoría: Jorge Villacorta.
            
Lugar: Centro Cultural de España (Natalio Sanchez 181, frente a la Plaza Washington, altura de la cuadra 6 de la Av. Arequipa, Santa Beatriz).
            
Horario: De martes a domingo de 12 m. a 10 p.m.
           
Temporada: Del 29 de mayo al 4 de julio de 2014.
            
Ingreso libre.

 

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