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Crónicas Marcianas

Carlos Chávarry

Carlos Chávarry

Aunque no solo serán pequeñas crónicas: también se publicarán reportajes y entrevistas sobre personajes y lugares que pasan desapercibidos. Donde lo que importa no es lo más miserable o lo más sensacionalista, sino lo que no necesariamente llama la atención. Sobre lo que hacemos y soñamos: lo que somos.

En otras palabras, lo que ocurre desde lo cotidiano: precisamente lo que casi nunca es noticiable. Pero que cuando se dice, sin embargo, resulta extraño, complejo. Por eso, si tienes alguna historia qué contar –por inactual o banal que parezca–, hazlo aquí. Porque hay cosas que si no se cuentan, nunca las entenderemos.

Cuerda

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En divertida unipersonal, Wendy Ramos logra convertir temores, dependencias y malos recuerdos en todo lo contrario. Su secreto: jugar con aquello que preferimos no observar de nosotros mismos. ¿Puede un claun enseñarnos a ser más humanos?

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            Cuando niña, Wendy Ramos decidió abandonar su casa. A su corta edad ya estaba aburrida de su habitación y quería explorar otros mundos y conocer cualquier otra parte que no le recordara las órdenes de sus padres y unos hermanos demasiado adultos como para jugar con ella.
           
Se mudó a la azotea de su casa.
            
Utilizaba lo que encontraba desperdigado: alfombras raídas, palos de escobas, muebles viejos. Todos los días improvisaba un pequeño campamento y se dedicaba a jugar consigo misma, solitaria, imaginando que un simple sillón era un barco e inventándose canciones o rituales para hacer que una mañana soleada se convirtiera en una lluviosa. De la cocina de su madre se agenciaba limones, agua y azúcar y se hacía la idea de que viviría años bebiendo solo limonadas. Y cada día que pasaba Wendy Ramos se juraba que nunca más volvería a descender a una realidad que le parecía formal y rutinaria: que se las arreglaría para vivir despreocupada allá arriba, lejos de todo.
            
Hasta que sentía hambre y bajaba a cenar.
           
─Lo importante de esa experiencia es que se trataba de un juego y yo creía en ese juego: no fingía jugar ─dice ahora entre risas.
           
Y agrega:
           
─Porque jugar hace que te abras a lo que más quieres.

 

                                                      *****

 

Un folleto de la productora publicita la obra de esta manera: «Un espectáculo sin precedentes con doscientos actores y bailarines en escena. Un impresionante despliegue de fuegos artificiales importados. Un equipo cuadrafónico y cuatro escenarios giratorios. Y una piscina de chocolate con galletas. Y piratas. Y buffet internacional.
           
¡¡¡Mentira!!! Soy solo yo atada a una cuerda :o) ».
            
Y en verdad así es el escenario de Cuerda: un cielo cubierto de estrellas, un armario de dos cuerpos de madera en el centro y una claun enredada en una larga soga roja que no se sabe quién la sostiene ni por qué está allí ni hacia dónde la une.
           
─Y es una soga con la que el personaje parece sentirse muy cómoda ─dice Nishme Súmar, la directora─. Sabe que la tiene y la limita pero no le pesa, casi no la siente, flota a su alrededor, la contiene: vive acostumbrada y feliz a ella.
           
─Una soga que te liga a algo ─dice Wendy Ramos─. Sea una situación, un sentimiento, una emoción o un recuerdo. O quizá a alguien.
            
Porque siempre habrá una buena excusa para estar atado a alguien.
           
Una soga entretejida de sueños y dependencias.

 

                                                       *****

 

Cuerda se inicia cuando Wendy Ramos ─su personaje claun─ le dice al público que le va a hablar de un tema muy importante, de un tema del que conoce mucho, de un tema en el que es toda una experta: de ella. Y es su tema porque desde hace 47 años viene siguiendo todos sus pasos, desde hace 47 años ha ido a todos los sitios donde ha estado, y porque desde hace 47 años ha escuchado todo lo que ha dicho, ha leído todo lo que escrito y ha sido la protagonista de todos sus sueños.
            
Y no solo tiene fotografías y videos que confirman su paso por el mundo: también radiografías.
           
─Y en ese momento, cuando el claun afirma que ha probado toda la libertad posible y que se siente muy a gusto, es que empieza a recapacitar ─dice Nishme Súmar─. Y se hace varias preguntas hasta que se percata de que no se conoce tanto como creía. Y no tiene una respuesta para ese vacío que todavía siente en su pecho.
           
Entonces se enfrenta al armario.
            
En el armario encontrará pequeños fragmentos de su vida que esperan ser redescubiertos. Y los revisará y volverá a rememorar la forma en que aparecieron esas historias congeladas en el tiempo y sonreirá pero también sufrirá.
            
Como un frasco de vidrio del que sale la canción de Candy y que le hace añorar volver a sentirse abrigada en el forro de la casaca de Terry.
           
Como el poema indescifrable que escribió a los dieciocho años y que todavía continúa indescifrable.
            
Como el velo de novia que alguna vez usó sobre el cabello y que ahora la lleva a preguntarse cuándo fue la última vez que estuvo enamorada.

 

                                                           *****

 

─El claun alude siempre a esa tragedia de ser imperfectos, de que con frecuencia las cosas no salgan como queremos, de que tenemos carencias y fragilidades por más que nos esforcemos en mostrarnos fuertes, exitosos, felices o muy queridos en Facebook ─dice Wendy Ramos.
           
Al claun solo le basta abrir una puerta y sincerarse con sus fortalezas y debilidades, con sus secretos y temores, con su lado bueno y malo, y ponerlos a disposición de los demás desde el juego, explica.
            
─Y eso es convertir la tragedia en poesía ─anota la actriz.
           
─Esa ambivalencia es típica del mundo de los clauns ─dice Nishme Súmar─. Ellos suelen representar esa dualidad: por un momento son tan agradables al punto de generarte una enorme ilusión y al otro te están provocando ganas de matarlos.
            
Toda la complejidad del ser humano en un solo personaje: el claun como un espejo para que el público se reconozca y perciba su vulnerabilidad. Una referencia similar ocurre con el armario: evidencias de todo aquello de lo que es imposible desligarnos y que siempre están en el fondo de nuestros recuerdos ─como el oso de peluche que alguna vez te regaló tu padre o las tortas de cumpleaños que solía prepararte la abuela cuando niño─.
           
De pronto toda esa autonomía que crees poseer se desvanece cuando notas que hace mucho tiempo que no miras atrás de lo que haces y dejas.
            
─Como personas estamos formados de alegrías y sufrimientos ─dice la directora─. Y la metáfora del armario es la de ofrecerte un momento y un espacio para volver a conectar y ser parte de todas esas historias tuyas que quedaron rezagadas. Porque sumados, esos fragmentos te dan más poder y seguridad sobre quién eres.

 

                                                            *****

 

Conforme el claun explora su pasado descubrirá de qué está hecha su soga. Luego se da el lujo de bromear con ella: a alguien del público se la entrega en las manos y le dice que finja ser su madre. A otro le dice que finja ser su esposo. A un tercero le dice que finja ser su hijo. A uno más, su jefe.
           
Y juega.
            
─Es que solemos estar amarrados a una serie de cosas que nos gustan y no nos gustan, a relaciones sanas y no sanas ─dice Wendy Ramos─. Nos atamos tanto que llegamos a sentir que sin ellas cosas no podemos estar: sientes que esas relaciones te dan fuerzas y al mismo tiempo te desequilibran, te hacen feliz y a la vez te preocupan.
            
Y cree que es natural que sea de ese modo: es la ambigüedad humana.
           
Como esa escena en la que revisa las fotografías de su matrimonio y evoca con humor los instantes en los que se sintió dominada hasta el momento de su divorcio, para luego decir que en el fondo le provoca volverse a casar. O como cuando deja de fumar para ponerse a comer como loca por la ansiedad.
           
Saltar de una cuerda a otra con todas las contradicciones que eso implica.
            
─A decir verdad, reconocerse como individuo es un ejercicio inevitable que ha trascendido todas las épocas y todas las culturas y religiones ─dice Nishme Súmar─. Es el mito originario. Es el viaje del Odiseo, el griego, el héroe, el sujeto que un buen día es empujado a buscar algo en medio de parajes peligrosos.
            
Un viaje en el que se pondrá a prueba y en el que a veces ganará y a veces será vencido, pero en el que siempre estará en movimiento: siguiendo cualquier camino.
            
─Es cierto que en la obra está el temor a volver a comenzar una y otra vez ─dice Wendy Ramos─. Pero si lo observas en perspectiva, tras un caos horroroso en tu vida siempre ha habido el comienzo de algo genial. Y eso es un juego. El mundo en sí es un gran juego donde arrojas los dados y un día caes en la casilla del divorcio o algo así y te lamentas, pero al final no queda más que seguir con los dados. No vas a esperar que alguien te diga «¡Tira, huevón, que vas a ir a dar a otro sitio!». Si solo permaneces en la duda del «¿Y ahora?», ten la certeza de que no estás conectado contigo mismo.
           
─Definitivamente la obra es un viaje heroico personal, un viaje de autodescubrimiento y perdón consigo mismo para poder seguir adelante, de repente sin cuerda, o por último, para aferrarse a otra cuerda.
           
Y luego Nishme Súmar agrega:
            
─Porque quién sabe, quizá esa nueva cuerda sea algo más.

 

                                                            *****

 

En su taller de Bola Roja ─de donde procede toda la técnica claun de Cuerda─, Wendy Ramos suele explicar a sus colegas la manera más natural para jugar.
           
«No juegues desde aquí», les dice, señalándose el cerebro.
            
«Juega desde aquí», les dice, y a continuación se señala el corazón.
           
─Mi propuesta ─la propuesta de todo claun─ es creer en el juego. Es decir, no me hago que juego: juego. Como un niño.
            
Los niños no fingen jugar.
           
Los adultos suelen suponer que si realmente juegan se verán tontos.
            
─Y eso es muy común en el Perú ─dice Wendy Ramos─. Debe ser porque aquí todavía está muy arraigada la idea del qué dirán de nosotros. Ese temor a lo que piensen los demás es tan fuerte que muchas veces no solo nos cohíbe de jugar, sino también de bailar, llorar, reír, vestir como quisiéramos. No jugar nos hace menos arriesgados.
            
Una posible solución desde su experiencia: acallar esa subrepticia voz que te dice no seas idiota, qué estás haciendo, estás viéndote terrible, todos se están riendo y burlando, por qué no haces lo que hacen los demás y tranquilo.
            
─Es allí cuando te empiezas a dar cuenta de qué es lo que deseas y qué es lo que te provoca placer. Eso es lo que te enseña el juego: a sincerarte frente a ti mismo.
           
Y dice:
            
─Una vez que logras ese estado ya no puedes negar lo que no te gusta o lo que no quieres hacer.


           
Cuerda, unipersonal de Wendy Ramos.
           
Producción: Los Productores.
            
Dirección: Nishme Súmar.
           
Idea original: Wendy Ramos.
            
Lugar: Teatro Pirandello (Av. Petit Thouars cuadra 10, Lima).
            
Horario: De jueves a sábado a las 8.30 p.m. y domingos a las 7 pm.
           
Entradas: De venta en Teleticket (de Wong y Metro) y boletería del teatro.
           
Temporada: Del 25 de abril al 1 de junio de 2014.

 

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