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Crónicas Marcianas

Carlos Chávarry

Carlos Chávarry

Aunque no solo serán pequeñas crónicas: también se publicarán reportajes y entrevistas sobre personajes y lugares que pasan desapercibidos. Donde lo que importa no es lo más miserable o lo más sensacionalista, sino lo que no necesariamente llama la atención. Sobre lo que hacemos y soñamos: lo que somos.

En otras palabras, lo que ocurre desde lo cotidiano: precisamente lo que casi nunca es noticiable. Pero que cuando se dice, sin embargo, resulta extraño, complejo. Por eso, si tienes alguna historia qué contar –por inactual o banal que parezca–, hazlo aquí. Porque hay cosas que si no se cuentan, nunca las entenderemos.

Yo La Tengo en Lima

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Sus discos son más ensayos que grabaciones preconcebidas. Y sus conciertos, pruebas de sonido para un grupo de amigos íntimos. Si el rock independiente alguna vez significó espontaneidad, esta banda norteamericana todavía lo encarna.

 


            «Los Inrockuptibles: Yo La Tengo nunca se separó ni tomó un receso. ¿Qué piensan de los grupos de su generación que han vuelto a juntarse en los últimos años?
           
YLT: Esas bandas son mucho más listas que nosotros. Porque obviamente la mejor manera de generar excitación es retirarse y luego volverse a juntar. Nosotros nos venimos tomando cerca de tres años entre un disco y el otro. Así que tal vez lo más aconsejable sea anunciar que vamos a separarnos cada vez que lanzamos un álbum y, tres años después, anunciar que volveremos a juntarnos para lanzar el siguiente álbum. Seguro que eso nos traería más éxito.
           
Los Inrockuptibles: ¿En serio les vendría bien ese tipo de maniobras?
           
YLT: Sí, pero no es lo nuestro. Nuestro caso es curioso: no tenemos nada más interesante para mostrar que nuestra música. Somos silenciosos cuando no tocamos. No hay grandes peleas, ni odios internos, ni integrantes que dejan la banda dando un portazo. No somos tan interesantes».

 

                                                                 *****

 

            «Si no te gustan Sonic Youth o Mission of Burma, mejor no nos llames». Eso era lo que decía el anuncio que el vocalista y guitarrista Ira Kaplan publicó en un diario norteamericano en 1984 para formar una banda de rock.
            
Una banda en la que su esposa, Georgia Hubley, también participaría como baterista, tecladista y susurrante cantante que treinta años después aún parece cohibirse ante su público.
            
Ya en esos momentos el nombre castellanizado de la banda, Yo La Tengo, era una expresión con historia: en 1962 un jugador norteamericano de béisbol, cansado de colisionar todo el tiempo con un venezolano que no entendía inglés a la hora de atrapar la pelota ─el término «I got it!» no le sonaba a nada─, la acuñó improvisadamente durante un partido.
           
Aquella vez no se estrelló con el colega latino pero sí con otro norteamericano que no comprendió el idioma extranjero.
           
Por la banda pasaron varios integrantes ─así grabaron sus primeros discos: Ride the Tiger, New Wave Hot Dogs, President Yo La Tengo y Fakebook─ hasta que llegó James McNew al bajo. Los otros diez álbumes oficiales y los quince discos entre soundtracks, colaboraciones y EPs los grabarían solo ellos tres.
           
En el tiempo los ficharía Matador Records: la casa discográfica que también descubrió a Pavement, Cat Power, Arcade Fire y ─por supuesto─ Sonic Youth.

 

                                                                  *****

 

            «Antes que un proceso gradual, nosotros grabamos nuestros discos como una guerra relámpago gradual. Trabajamos lentamente y nos desenfocamos por momentos. Nunca sabemos si una canción será cantada por mí o por Georgia pero tratamos de estar abiertos al cambio en todo momento. Conforme pasamos de canción en canción vamos ensayando. A veces se trata de quién sea la primera persona en cantar. Ya nos ha pasado. Ohm, la primera canción del disco Fade, originalmente estaba cantada por Georgia en una forma muy distinta a como quedó al final. Mientras la producíamos, nos dimos cuenta de que la canción quedaba mejor con los tres cantando al mismo tiempo».

 

                                                                 *****

 

            Ira Kaplan venía de ser crítico de rock en un par de revistas especializadas. Deseaba formar su propio grupo: uno que no repitiera los mismos errores que él encontraba en los grupos que llamaban su atención.
           
De hecho, él mismo considera que recién en su sexto disco ─Painful (1993)─ Yo La Tengo alcanzó el sonido característico que deseaba.
           
«No solemos escuchar los grupos modernos: no nos sentimos muy conectados con ellos. Lo que más escuchamos son los grupos del pasado. Hay una gran cantidad de música de la que nunca hemos oído hablar antes».
           
The Sun Ra Arkestra es uno de los referentes confesos de YLT. Velvet Underground, Marvin Gaye, Grateful Dead, The Kinks, George McRae, Jefferson Airplane, The Byrds, The Beach Boys y Television son otras de sus (disímiles) influencias.
           
Aunque el término «influencia», a decir verdad, no sea del agrado del vocalista.
            
«Siempre me sorprende cuando me preguntan por las "grandes" influencias. Creo que la palabra influencia está mal utilizada: todos nos estamos influenciando todo el tiempo. Tú puedes estar influenciado tanto por cosas que odias como de las que quieres al mismo tiempo. Tú podrías tener la banda más ruidosa y atonal que exista en el mundo, y aún así, las oportunidades de estar influenciada por The Beatles y el sonido Motown siempre serán las mismas que el de otros grupos. En el caso de Yo La Tengo, debo reconocerlo, el Motown es una influencia, pero porque así debió ser con personas que siempre estuvieron escuchando mucha música».

 

                                                                 *****

 

            Un periodista norteamericano le dice a James McNew que YLT merece figurar al lado de nombres como Pixies, Dinosaur Jr. y Built to Spill: bandas que cambiaron el sonido del rock para las próximas generaciones.
            
El bajista le responde: «No creo eso. Preferimos mirar hacia adelante en lugar de estar observándonos el ombligo».
           
Seven Days: Yo La Tengo son muy queridos por los críticos. ¿Le prestan atención a lo que escriben sobre ustedes?
           
JM: Podría decirse que lo consideramos como banda. Pero personalmente me inclino a no prestarles atención. Los leo muy raras veces. Si veo una publicación que utilice algún tipo de sistema numérico o de clasificación para reseñar un disco, entonces dejo de creer en lo que dice. Creo que ese es un sistema insultante para todos.
           
Seven Days: Yo también suelo preguntarme eso. ¿Cómo cuantificar un Pitchfork 8.1 de un Pitchfork 8.3? ¿Cuál es la fórmula?
           
JM: Así es. Y además, yo nunca fui bueno para las matemáticas».

 

                                                     *****

 

            Se les ha tildado de músicos eclécticos: la palabreja es la mejor alternativa cuando en realidad no se sabe cómo clasificarlos.
            
El sonido de Yo La Tengo transita con arbitrariedad ─y sin quedarse en ninguno─ entre la psicodelia, el noise, el rockabilly, el experimentalismo ambient, el jazz, el lo-fi, el punk y el krautrock: lo suyo es una suerte de estilos que se complementan aleatoriamente.
           
A eso hay que sumarles que casi no han registrado videos de sus canciones.
           
De los pocos que tienen, uno es como una declaración de principios: el videoclip de Tom Courtenay, un corto de apenas cuatro minutos en los que ironizan y lucen indiferentes a todo lo que pueda considerarse «la pose del artista».
           
Después de ello, su apariencia como músicos se ha mantenido a lo largo de tres décadas: simples, desgarbados, introvertidos: individuos anónimos. En sus canciones tampoco hay poemas ni mensajes ocultos ni criptogramas a descifrar. Lúcidos pero cautos en las entrevistas, bromistas como niños con un público del que aún no se convencen por qué está allí, su insistente perfil bajo recuerda que la música no siempre necesitó del marketing visual.
            
Lo suyo es una representación sin estridencias y mucho menos glamour: una austeridad que contrasta con la riqueza de matices de su música.
           
Si hubiera que resumir la imagen de Yo La Tengo en una palabra, sería en esta: vulnerabilidad.
            
Una imagen atípica en una banda de rock.

 

                                                     *****

 

            En octubre del año 2010 Yo La Tengo se presentó en Buenos Aires para dos fechas dentro del Pepsi Music. Era la segunda vez que llegaban a Argentina. El escenario semejaba al que ahora les tocará en Lima: una sala pequeña con reflectores en el techo, más parecido a un teatro que a un estadio, solo que sin butacas. El lugar se llamaba La Trastienda. Muchos meses antes allí se había presentado Jarvis Cocker, exvocalista de Pulp, y muchos meses después allí se presentarían los Pavement. Pero en ese momento, siete de la noche de un jueves relativamente frío, la expectativa era YLT, y así resaltaba en la marquesina de luces sobre la puerta. Afuera, dos filas de público no más largas que una cuadra esperaba tranquila cigarrillos en mano: no se trataba de fans típicos obsesivos/maniáticos que hablaran todo el tiempo sobre lo que estaban a punto de ver, nadie llevaba un polo con un logo o un dibujo alusivo a la banda, y menos peinados estrambóticos o botas de cuero. Casi todos parecían profesores o estudiantes universitarios: en edades y en vestimenta.
           
Los mismos integrantes del grupo parecen una mezcla de ambos.
           
No hubo teloneros. Cuando Yo La Tengo apareció en la hora que se suponía debía tocar, a nadie se le ocurrió poguear o tratar de abalanzarse sobre la banda. A lo mucho, solo saltar cantando. Y bailar. El clima, podría decirse, era más bien de respeto. Cuando Georgia Hubley dudaba en si cantar en su particular registro bajo o mejor seguir tocando la batería, el público la animaba con arengas y buenas vibras: a nadie se le habría ocurrido abuchear, silbar o pedir canciones que no fueran propias del grupo.
           
Aunque los músicos nunca se mostraron serios ni formales en absoluto ─Ira Kaplan, con un desgastado polo a rayas rojas horizontales, literalmente corría de la guitarra al teclado de su órgano una y otra vez y bromeaba con su esposa y James McNew mientras inventaba nuevos acordes para viejas canciones─, la perspectiva del público solo parecía reducirse a esto: atención y curiosidad por saber con qué otra canción sorprendería el grupo que tenían por delante.
           
El interés extático que se supone solo genera una banda de culto.
           
Incluso cuando los riffs de las guitarras eléctricas a alto volumen y en espacio cerrado comenzaron a hacer estragos en los oídos, nadie se mostraba incómodo, y más aún, hasta parecía buena idea quedarse sordo después de la experiencia.
           
En mi caso personal, nunca había visto un concierto con lágrimas en los ojos.

 

                                                      *****

 

«Yo no creo que estemos pensando demasiado en conseguir escuchas potenciales y asistentes a conciertos cuando grabamos un disco ─asegura Ira Kaplan─. Solo tocamos el uno para el otro. Desde afuera la gente piensa que nosotros sabemos lo que hacemos, pero la verdad es que solo pensamos en un par de cosas nuevas cada cierto tiempo».
            
Le sorprende, por ejemplo, la aceptación que tuvo su disco And Then Nothing Turned Itself Inside Out (2000), considerando que Yo La Tengo nunca antes había grabado temas minimalistas.
            Q
ueda claro que la improvisación ─en ellos: espontaneidad y juego─ es parte del espíritu de la banda: en el año 2005 participaron en una serie de recitales en el estudio de la radio WFMU para una causa benéfica. El público, por una donación simbólica, solicitó al grupo el tema que se les ocurriera en aquel momento.
           
Así llegaron a tocar, en vivo y fiel a su estilo, canciones de Eurythmics, Big Star, Prince, Cheap Trick, Patty Smith, Billy Joel, The Ramones, T-Rex, Yoko Ono, The Rutles y hasta Tiffany, una candorosa teenage girl rocker de los años ochenta.
           
El disco de esa experiencia se llamó Yo La Tengo Is Murdering the Classics.
            
Tiempo después, uno de los guionistas de Los Simpsons ─también fan de YLT─ les solicitaría un cover del tema principal para el cierre de uno de sus programas.
           
«Este es uno de los placeres de sumergirse en todo proceso de grabación: que solo intentas pensar en cómo hacer que la canción funcione y no en cómo sonará cuando lo toques en vivo», dice el vocalista.
            
Georgia Hubley, por su parte, explica: «En nuestro proceso de composición se trata, esencialmente, de coger diferentes hechos de la vida personal y traerlos hacia el presente de una manera creativa, lo cual es algo que te produce mucho placer, aún si hay tristeza en ellos. Porque crear es la vida afirmándose a sí misma».

 

                                                     *****

 

«¡Estuvo recopado! Estaba tan cerca que si estiraba el brazo le tocaba la pierna a Ira :P A mi me encantó todo :) ».
           
«¡Increíble!!! Cómo entregaron, ver a Ira sudar como lo hizo, a Georgia riendo cuando cantábamos o hacíamos el compás, a James en trance... claro que siempre van a faltar temas, pero mirando las listas, ambas estuvieron muy bien, repitieron More stars than there are in heaven para el momento jam noise, y una estructura si se quiere de show similar en ambas fechas».
            
«No son muchas las bandas que se animan a ir acomodando el recital en el momento, de acuerdo a cómo tengan ganas de tocar los temas».
            
«¿Puede Ira Kaplan dejar de masturbar esa fucking viola?».
            
«Una pregunta a quienes fueron a las dos fechas: ¿puede decirse que hubo una que se destaque sobre la otra? Mi postura es que más que atender a la lista de temas, con Yo La Tengo todo pasa por los climas que logran en el recital (de hecho los dos tienen una estructura parecida: temas arriba, acústicos, con el teclado limpio, sin efectos, y los temas zarpados en onda noise como More stars than..., I heard you looking, Pass the hatchet...)».
            
«See, ¿cuantas púas perdió en I heard you looking?».
           
«¿Cómo hacen para hacer tantas cosas distintas tan pero tan bien? Temas que en los discos son tremendos, sonaron aún mejor y los que me parecen medio embole fueron un cuelgue fantástico. Qué recital perfecto...».
            
Reacciones de un foro sobre los conciertos de La Trastienda.

 

                                                       *****

 

«No sé cuál es nuestra reacción frente a nuestras viejas canciones. Si nos preguntan, no puedo responder por ellas, no sé cuáles suenan mejor ahora que antes. Casi no escuchamos nuestros viejos discos. Cuando eso sucede, en situaciones en las que otra persona pone uno de esos discos, nos sorprendemos muchísimo. "¿Así sonaba esta canción? ¿Y esta parte?". Para nosotros, de algún modo, solo existen las versiones en vivo. Y lo que tocamos, en realidad, no es más que el recuerdo de cómo creemos que sonaba».
            
Para Ira Kaplan, los conciertos difíciles, engorrosos, son los que más gratifican.
           
«Nuestros conciertos son siempre una mezcla de canciones nuevas y viejas, las más famosas y las menos famosas. Y una de las cosas más difíciles es cuando vamos a presentarnos en una ciudad en la que nunca estuvimos. Es un desafío. Sentimos que queremos tocar todo pero no podemos. En esos casos también se mezcla el repertorio, pues elegimos temas que a lo mejor hacía mucho que no tocábamos, y eso lo hace atractivo. Básicamente lo decidimos cada noche, según el lugar donde nos presentemos».
           
Es decir que también de nosotros ─público peruano─ dependerá.


           
Yo La Tengo en concierto.
           
Productora: Montes & Manrique.
           
Fecha: 10 de junio de 2014.
            
Lugar: Noise (Plaza Butters 291, Barranco).
           
Entradas: S/. 128 (general) en Punto Ticket de Ripley y Phantom.


** Con declaraciones reproducidas de revistas Interview, Rolling Stone, Spin, Clash, Pitchfork, Seven Days y Los Inrockuptibles.

1 comentarios

Enterarme que YLT tocará en Lima fue una gran noticia... es más, al enterarme de que girarían por Latinoamérica nuevamente y no sonar Lima como plaza confirmada quise pensar que sería como cuando Sonic Youth confirmó fecha acá: totalmente imprevisto.
Y así pasó, YLT tocará acá... la noticia no terminaba de emocionarme hasta que vi la fecha de la tocada... algo que me temía... no podré estar por motivos de viaje... llegó un día después... UN DÍA DESPUÉS!!!! POR LA PTM... en fin... me queda el recuerdo en la retina de lo vivido en Buenos Aires con Carlos, y tal como lo describe un concierto en el cual no sabías qué iba a suceder, siempre estaba la expectativa por qué mas darían... recuerdo algo que me pareció genial, por lo general uno ve muchos "plomos" arreglando todo, acomodando equipos, moviendo cosas por aquí y por allá y demorándose una eternidad ante un público que espera y se impacienta ante un "espectáculo previo" ... bueno, esa noche el "plomo" (porque recuerdo que fue solo uno) subió, movió dos o tres cosas, dio una repasada visual a todo demorando 5 minutos o menos, salió del escenario y casi instantáneamente Yo La Tengo salía a escena generando esa mística única ante quienes esa noche solo nos tocó disfrutar de un show espectacular y aun creo que esa palabra queda chica.
Escuchar "I heard you looking" fue único, ver la clase de Ira quien iba generando un riff enriquecido progresivamente por el noise, solo generaba una sensación única, un éxtasis casi indescriptible, al término de ese concierto la emoción continuaba... es algo que no se puede olvidar... hasta ahora escuchar ese tema termina por erizarme los pelos al recordar la magistral actuación de YLT esa noche.
Vayan a ese concierto, es recomendable por sí solo.

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