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Crónicas Marcianas

Carlos Chávarry

Carlos Chávarry

Aunque no solo serán pequeñas crónicas: también se publicarán reportajes y entrevistas sobre personajes y lugares que pasan desapercibidos. Donde lo que importa no es lo más miserable o lo más sensacionalista, sino lo que no necesariamente llama la atención. Sobre lo que hacemos y soñamos: lo que somos.

En otras palabras, lo que ocurre desde lo cotidiano: precisamente lo que casi nunca es noticiable. Pero que cuando se dice, sin embargo, resulta extraño, complejo. Por eso, si tienes alguna historia qué contar –por inactual o banal que parezca–, hazlo aquí. Porque hay cosas que si no se cuentan, nunca las entenderemos.

eCLIPse

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Concebidos con fines comerciales, los videoclips terminaron convertidos en obras de arte: hoy son parte de una poderosa industria cultural que se refleja hasta en el cine. ¿Por qué la música parece necesitar tanto de la imagen?


            En 1995 Michael Jackson desembolsó 53 mil dólares en un lote de guitarras eléctricas para ser destruidas en su videoclip de Scream.
           
Para iluminar su performance de baile con todo tipo de luces y desde todos los ángulos posibles invirtió cerca de 175 mil dólares. Y en coreografía, 40 mil dólares. Alquilar la pantalla gigante de alta tecnología que aparece en el videoclip le costó 80 mil dólares. Y diseñar en formato digital la nave en la que viviría sus aventuras intergalácticas, 65 mil dólares.
            
Para el maquillaje de su hermana Janet ─quien también aparece en el video─ pagó 8 mil dólares.
           
Fueron 11 días de rodaje en los que en total gastó 7 millones de dólares por un videoclip en blanco y negro de 4 minutos y 47 segundos: el más caro de la historia hasta el momento.
           
Pero aún ahora hay quienes se preguntan qué sentido tuvo todo eso.
           
─De pronto se llegó a una época en la que lo llamativo era hacer videoclips muy costosos como garantía de calidad: al fin y al cabo, es lo que hoy sucede con las películas ─dice Carlos Navarro.
           
Y agrega:
            
─La verdad es que en el caso de Scream sigo preguntándome en qué se destinaron todos esos millones: no se justifica. A menos, claro, que lo piense como una campaña de marketing para que todos vayan corriendo a ver el videoclip con el título de «el más caro de la historia».
            
A ver qué es lo que sucede en la pantalla.

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            eCLIPse
es el nombre de la exposición retrospectiva del videoclip en el Espacio Fundación Telefónica de Lima: la componen cincuenta videos que ayudan a comprender la evolución de este arte por todo el mundo en las últimas cuatro décadas ─y aún desde mucho antes─.
           
Carlos Navarro ─productor, guionista y realizador audiovisual español─ es el curador de la muestra itinerante.
            
En ella se puede visualizar desde el primer videoclip registrado de manera oficial ─«oficial en el sentido de tener autoconsciencia de serlo», precisa el curador en referencia al Bohemian Rhapsody de Queen─ pasando por Kraftwerk, The Cure, Smashing Pumpkins, Radiohead, Depeche Mode, REM y Pearl Jam hasta llegar a la actualidad con Justice, Alva Noto y Sigur Ros.
           
En total son más de dos horas y media de arte audiovisual que se puede disfrutar en pantallas planas o en cámaras oscuras con proyecciones del tamaño de una pared.
           
Ni los artistas ni los estilos ni los realizadores se repiten: hay heterogeneidad.
            
─Si queríamos plantear una cronología del videoclip definitivamente debíamos vincularlo al rock, pues fue allí donde nació como industria ─dice Carlos Navarro.
           
Y confiesa:
           
─Hay videos que por un sentido estético nunca hubiera agregado, pero que son válidos desde una perspectiva histórica.

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            ─¿Por qué venir a esta exposición cuando en YouTube puedes elegir los videos que quieras? ─dice Ana María Gastañeta, jefe del Espacio Fundación Telefónica─. Porque aquí están agrupados a través de hitos que te permite entender la evolución y las tendencias del videoclip como arte.
           
Por ejemplo, uno se entera que varios años antes de que MTV existiera, el músico peruano Gerardo Manuel ya había estrenado Disco Club, un programa televisivo dedicado a difundir videoclips en pleno régimen militar.
           
O que el videoclip, como idea abstracta, nace a fines del siglo XIX, cuando en salones de baile de élite se proyectaban diapositivas mientras sonaba la música.
            
Que a inicios del siglo XX, compositores vanguardistas como Schönberg y Satie se reunían con artistas plásticos vanguardistas como Kandinsky y Picabia para que presentaran sus óleos con música tocada en vivo. O que Fantasía, registrada en 1940 por Walt Disney, en realidad era un videoclip de animación con música clásica. En los años sesenta, The Beatles ya hacían puestas en escena para videoclips como A Hard Day's Night. Y en 1971 Frank Zappa estrenó la cinta 200 Motels, que también puede considerarse como un videoclip de hora y media.
           
Un dilema similar dejaría Pink Floyd The Wall: ¿película o largo videoclip?
           
─Nadie en su sano juicio creería que Bohemian Rhapsody, grabado en 1975, fue el primer videoclip de la historia ─dice Carlos Navarro─. Sin embargo, existe esa convención quizá porque fue la primera vez en la que una compañía discográfica estuvo consciente de que el videoclip era parte de una estrategia industrial para vender más discos.
           
Pat Benatar, Rod Stewart, The Who, The Pretenders, Phil Collins, Split Enz, Blondie, Iron Maiden, The Cars y Robert Palmer serían algunos de los nombres que aparecieron en la parrilla de MTV durante su primer día de transmisión, iniciada a la medianoche del 1 de agosto de 1981.
           
Desde ese canal Madonna construiría una imagen mediática con su calculada fórmula de rebeldía adolescente, guiños sexuales y sacrilegios religiosos. Lo mismo sucedería con Michael Jackson: en 1986 el «rey del pop» contrató a uno de los maestros cinematográficos del terror ─John Landis, el mismo de Un hombre lobo americano en Londres para su videoclip de Thriller. Tras su estreno en MTV, ningún grupo o solista creía poder acceder a la fama sin un video a emitir: se convirtió en una necesidad.
            
En 1992 MTV emitiría el mítico concierto donde Kurt Cobain y compañía se besarían y destrozarían sus instrumentos. Y luego vendrían los unplugged.
           
Y después Britney Spears y Lady Gaga.
            
No es arriesgado decir que MTV contribuyó a cimentar carreras e industrias discográfica y audiovisual por igual.
            
─Pero Internet se cargó a la MTV ─dice ahora el curador.
           
─Internet modificó el sentido de los videoclips como propuesta ─dice Ana María Gastañeta─. Ahora en la web no solo puedes ver los trabajos de tus realizadores favoritos, sino que incluso puedes interactuar con ellos, como en el caso de Praise you de Fat Boy Slim: un videoclip grabado caseramente por varias personas. O hasta puedes hacer tu propia interpretación audiovisual de una canción y compartirla por la red.
           
Y dice:
           
─Gracias a Internet el videoclip terminó de convertirse en una forma de arte, en un lenguaje que puede ir de manera independiente o paralela a la propuesta musical de una banda o artista.
            
Tal sería el impacto que en 2011 MTV decidió cambiar de rubro y dedicarse a reality shows de todo tipo: ya no era rentable ser un canal de música en la época del YouTube.

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             Borges, quien detestaba la letra en las canciones ─le parecía innecesaria y redundante─, solía afirmar que todas las artes no hacen más que aspirar a la condición de música.
            
Decía: «En la música la forma se confunde con el fondo».
           
No es secreto que una canción gusta más cuando su videoclip resulta atractivo. Y viceversa: un videoclip puede traicionar a la canción y hacerla insoportable. Eso sí: nunca deja indiferente.
           
─Es una contradicción: por un lado el videoclip limita tu imaginación y capacidad creativa porque te define unos parámetros ─dice Carlos Navarro, también director de un programa de televisión en Asturias─. Por el otro, te ofrece nuevas versiones y te invita a seguir explorando y encontrar matices o detalles que quizá habrían pasado inadvertidos.
           
Y dice:
           
─Con el videoclip puedes descubrir que una canción tiene más interpretaciones y más lecturas y, por tanto, se hace más rica y compleja.
            
Ana María Gastañeta recuerda que solía sentirse hastiada del I want to break free de Queen cuando la escuchaba en las monótonas radios limeñas. Hasta que vio el video. Ahora sonríe cada vez que la escucha por casualidad.
            
─A veces las imágenes te cuentan una historia, te relatan las letras de la canción o simplemente te refuerzan un sentimiento que el músico quiere transmitir ─dice.
           
─La música es el arte que va al cerebro y al corazón al mismo tiempo: de allí su enorme capacidad para emocionar e influenciar ─dice el curador─. Y el videoclip puede darte unas resonancias fílmicas que a la vez serán resonancias emocionales que provocarán que esa canción te suene mucho mejor.

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            En eCLIPse dos realizadores vinculados al mundo de la publicidad tienen sus propios espacios reservados. Uno es el francés Michel Gondry ─también cineasta─ y el otro es el británico Chris Cunningham ─también video-artista─.
           
El primero es el responsable de los videoclips de Bjork, Massive Attack, Radiohead, Kylie Minogue, The Chemical Brothers y Cibo Matto.
           
El segundo, de los de Madonna, Portishead, Aphex Twin y también Bjork: All is full of love es de su autoría.
            
Ambos se oponen: Gondry es luminoso y onírico: le encanta trasponer los sueños a la realidad. Cunningham, por el contrario, se muestra bizarro y enfermizo ─cuando no perverso─: suele explorar todas las texturas de la oscuridad.
           
Uno observa sus trabajos y sabe que van más allá de la canción que representan.
            
─Lo fascinante del videoclip es que a pesar de haber nacido con una intención absolutamente mercantilista terminó convertido en arte ─dice Carlos Navarro─. Es decir, el videoclip hizo el camino contrario de lo que suele ocurrir con otras artes, que nacen con una voluntad artística y luego terminan volcadas hacia un mercado.
           
─El videoclip es un género visual por sí mismo, como ocurre con el videoarte ─dice Ana María Gastañeta─. Su aporte es tal que incluso ha influenciado al cine.
            
Se refiere a la velocidad de las secuencias, el ritmo entre los fotogramas, el contraste entre los planos, los ángulos aberrantes, la profusión de colores o el uso del blanco y negro, la recurrencia a efectos digitales.
            
No es fácil que las imágenes sugieran un guión o un sentimiento por sí solas.
           
Sofía Coppola ─The virgin suicides, Lost in translation, Marie Antoinette─ podría ser un buen ejemplo de una narrativa cinematográfica basada en el videoclip. No es casual que en cierto momento ella interpretara y dirigiera un video musical para The Chemical Brothers.
            
Robert Rodríguez también sería otro ejemplo: pero del exceso.
           
─Aunque sus películas, más que videoclips, parecen videojuegos ─agrega el curador.

                                                    *****


            Que un artista o grupo tenga o no videoclips no lo hace mejor o peor: dependerá de cómo defienda su música ante el público. Sin embargo a estas alturas, con una creciente industria cultural basada en las tecnologías de la información, ¿quizá sea recomendable pensar en grabarlos?
           
A las compañías discográficas ahora les resulta hasta ilógico lanzar un tema ─o un disco─ sin un video que lo respalde.
            
─Desde el punto de vista de la mercadotecnia el videoclip es fundamental: afortunadamente y desgraciadamente el 90% de la información que recibimos es audiovisual ─dice Carlos Navarro─. Ahora bien, otra cosa es cómo se realicen esos videoclips, qué sentido se le den y cómo se evita que resulten contraproducentes con la imagen que se quiere proyectar.
           
Nadie se imaginaría un video de Radiohead con jóvenes en bikini en la playa.
            
─Con todo, la esencia de la música siempre estará al margen de la imagen, no necesariamente la música necesita de ella: puede complementarla pero no la reemplaza ─dice Ana María Gastañeta─. No olvidemos que hay artistas que solo son artistas para pertenecer a una esfera comercial y vender, y otros que tienen una inquietud y una propuesta para transmitir. Que ciertos músicos no tengan videos no desmerece su calidad como tales.
           
─Yo diría que Internet, al cambiar nuestra forma de comunicarnos, también cambió los formatos de apreciación de la música. Y eso no es algo que me alegre por completo ─dice el curador.
            
Porque ahora hay un batiburrillo preocupante de posibilidades para que cualquier individuo haga el videoclip de una canción sin preocuparse necesariamente de la estética, explica. O porque cuando alguien ingresa en YouTube a buscar una canción, es probable que se encuentre con doscientos videos de aficionados que han desplazado al videoclip oficial.
            
Esto ya no lo dice, pero quizá se trate de una comprensión distorsionada de la democracia. De elegir. Y de ser elegido.
           
─Y es alarmante ─finaliza Carlos Navarro─, porque si bien es cierto que Internet abre enormes posibilidades de difusión y te brinda libertad de elección, también es verdad que ha desplegado una pantalla del todo vale que te hace recordar esa clásica teoría de la comunicación que dice: «Demasiada información es tan preocupante como la carencia de ella».



           
eCLIPse: [Retro]Perspectiva del Videoclip.
           
Curador: Carlos Navarro.
           
Producción: Laboral-Centro de Arte y Creación Industrial de España.
            
Lugar: Espacio Fundación Telefónica (Av. Arequipa 1155, Lima)
           
Horario de visita: De martes a sábado de 12 m. a 8 p.m. y domingos de 12 m. a 7 p.m. Lunes y feriado cerrado.
            
Ingreso libre.
            
Temporada: Del 24 de octubre de 2013 al 12 de enero de 2014.

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