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Crónicas Marcianas

Carlos Chávarry

Carlos Chávarry

Aunque no solo serán pequeñas crónicas: también se publicarán reportajes y entrevistas sobre personajes y lugares que pasan desapercibidos. Donde lo que importa no es lo más miserable o lo más sensacionalista, sino lo que no necesariamente llama la atención. Sobre lo que hacemos y soñamos: lo que somos.

En otras palabras, lo que ocurre desde lo cotidiano: precisamente lo que casi nunca es noticiable. Pero que cuando se dice, sin embargo, resulta extraño, complejo. Por eso, si tienes alguna historia qué contar –por inactual o banal que parezca–, hazlo aquí. Porque hay cosas que si no se cuentan, nunca las entenderemos.

Padre nuestro

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Cuatro actores rememoran la relación con sus padres para reflexionar sobre su propia paternidad. Al margen de considerarlos héroes o haber sido abandonados desde niños, descubren en ellos una vulnerabilidad que no coincide con la imagen habitual que se tiene de los hombres.

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Razones por las que los hombres suelen sentir temor a ser padres:
           
Porque saben que no han dejado de ser hijos.
           
Porque no saben cómo ser padres.
           
Porque no quieren ser como fueron sus padres.
           
Porque tienen miedo de fracasar frente a sus hijos.
            
Porque no quieren reproducir en sus hijos lo que nunca les gustó de sí mismos.
            
Porque les asusta la idea de hartarse de su propia familia.
           
Porque saben que desde ese momento ya no pensarán solo en ellos.
           
Porque no están seguros de que conseguirán lo suficiente para sus hijos.
            
Porque no quieren que los olviden como quizá hicieron con su propio padre.
           
Con todos esos temores, ¿somos los hombres más frágiles de lo que creíamos?

                                                     *****

            ─Yo crecí sin mi padre. Por eso me enternece recordar que era mi madre quien me contaba cuentos inspirados en mí mismo ─donde yo era el superhéroe─ o cuando jugábamos juntos a peleas de monstruos. Sin hermanos a mi lado, ella, mi madre, era también mi amigo ─dice Diego López, actor.
            
─Una vez escuché decir a mi padre: «Hubiera querido que las cosas fueran de otra manera». Y cuándo le pregunté si ese otro modo implicaba no habernos tenido como hijos, respondió: «No, eso sí» ─dice Giovanni Ciccia, actor.
           
─Yo crecí con mi padre, fue mi héroe de niño. Pero ahora comprendo cuando un hombre abandona su casa, y hasta siento compasión. No se trata solo de juzgar: hay que pensar que cada quien tuvo sus razones para hacer lo que hizo. A veces el miedo puede ser tan fuerte que a uno simplemente lo empuja a hacerlo ─dice Gabriel Iglesias, actor.
            
Pensar en el padre siempre resulta conmovedor. Sea que estuviera presente o ausente. Y más allá de que haya sido bueno o malo, ejemplar o desastroso.
           
─Es que todos hemos tenido un padre en nuestra vida, de alguna manera, así sea de reemplazo ─dice Mariana de Althaus, directora─. Por supuesto, más que el padre biológico, me refiero a aquellos hombres que aparecieron en nuestras vidas como figuras paternas, formadoras, como guías, como soporte y contención: roles que supuestamente cumple un padre y que a veces recae en un profesor, el tío o la madre.
           
Y dice:
           
─O a veces hasta en el mismo padre, con todos sus vacíos y sus fallas.
            
─Definitivamente un padre y una madre te emocionan porque te marcan de por vida: tanto si estuvieron o no a tu lado siempre te dejan algo, y lo mismo con lo que te enseñan ─dice Diego López─. En algunos casos pueden haberte dejado carencias o errores, o generado procesos que no cerraron de manera adecuada o que se resolvieron mal. Todo eso, incluyendo por supuesto las cosas positivas, te conmueve cuando lo recuerdas.

                                                                 *****

            En Padre nuestro, cuatro hombres de más de treinta años de edad recuerdan de manera testimonial a sus padres ─todos vivos y en contacto, aún a la distancia─.
           
De los cuatro, dos crecieron con el padre en casa.
           
De los cuatro, tres ya tienen hijos.
            
Ahora empiezan a experimentar lo que deben haber sentido sus propios padres cuando ellos llegaron al mundo.
           
─Si yo antes me hubiera preguntado si quería tener hijos, habría respondido que no ─dice Gabriel Iglesias─. La balanza tiende a inclinarse por ese lado, uno empieza a preguntarse mil cosas sobre las partes negativas y la respuesta parece obvia.
           
─Cuando tienes hijos aumentan tus temores ─dice Giovanni Ciccia─. Más personas pasan a depender de ti, de tu suerte, de lo que hagas.
            
En la obra llega a decir que desde que nacieron sus hijos ya no se trata de solo él: ahora su cuerpo es un solo bloque de cuatro personas ─incluyendo a su esposa─.
           
Eso, sin considerar que de pronto el sexo conyugal forzosamente debe ser en silencio, que los fines de semana ya no puede quedarse en cama hasta tarde, y que debe acostumbrarse a que los hijos se introduzcan debajo de las sábanas en mitad de la noche.
           
─Sientes que sacrificas un montón de cosas tuyas ─dice─. No hace mucho estuve en un concierto y en un momento dado la gente comenzó a poguear. Yo también hice lo mismo hasta que de pronto me acordé de mis hijos. «¿Y si algo me pasara?», pensé. Me salí de inmediato.
            
Lo curioso es que en esa situación ambos sienten que han ganado equilibrio.
           
─Antes de tener a mis hijos yo andaba un poco perdido con mi vida, y es como si ellos con su presencia me hubieran salvado ─dice Gabriel Iglesias─. Los hijos te liberan de los egos, te bajan al llano, te hacen reconocer el lado frágil que hay en ti, y te aligeran de todos esos cuestionamientos contra ti mismo que están en tu cabeza.
           
─Un hijo te cambia todo, física y moralmente, hasta el humor ─dice Giovanni Ciccia─. Yo ahora sigo teniendo el mismo espíritu de niño y de hijo, pero ha cambiado mi sentido de la responsabilidad: termino la función y voy corriendo a casa, sin tiempo para la flojera.
            
Y agrega:
            
─Mis hijos me hablan del fin del mundo y de la practicidad, y en general me dan una visión mucho más relajada: a veces dicen cosas que son respuestas a las preguntas que te has hecho toda tu vida.

                                                     *****

Alguna vez el padre de uno de estos actores prohibió que existiera una televisión en casa y solo encendían la radio para escuchar canciones de protesta. Y en otro momento un padre militar le dijo a su hijo que en la guerra subversiva la vida dependía de quien pulsara más rápido el gatillo. Un tercer padre solía castigar a su hijo con duchas de agua helada, una práctica que en su familia trascendía generaciones. Y uno más, en un instante de la adolescencia de su hijo, pretendió arrebatarle en la calle el arete que se había colocado en la oreja.
           
En todos esos casos, los padres no necesariamente se mostraban muy comunicativos: no gastaban demasiadas palabras tratando de explicarles a los hijos de qué los protegían.
           
A qué le temían ellos como padres.
           
─Si me preguntas si los hombres somos más frágiles de lo que creemos, te diré que sí, pero nos condicionan a no parecerlo ─dice Diego López─. Solo cuando empiezas a crecer te das cuenta que el hombre no es ajeno a quebrarse, dudar, sentir miedo, equivocarse. O fracasar.
           
Se refiere a esa conducta social aprendida, sin bases reales, de que la psicología masculina es más fuerte y agresiva que la femenina y, por tanto, debe evitar todo sentimentalismo: un abrazo o un beso en la mejilla no se condicen con la imagen distante y autoritaria que supuestamente debería proyectar un padre.
           
─Es decir, se trata de no expresar tus emociones, de no verbalizar lo que sientes por dentro, no indagar en ti mismo como hombre ─aclara Mariana de Althaus.
            
Luego dice:
           
─No romper con ese estereotipo es una terrible forma de silenciamiento y esclavitud.
           
─Yo no lloraba desde hace mucho, desde que era niño. Hasta que nació mi hijo ─se confiesa Gabriel Iglesias─. Tuvo que nacer otro niño para que yo pudiera volver a llorar.
            
Y entonces explica que quizá en eso radique el secreto de la mujer y las madres: que al ser más abiertas con sus emociones, pueden resolver sus conflictos ─personales y familiares─ de una forma más inteligente.
           
Que ellas saben canalizar mejor sus temores y disfrutar más a sus hijos.
           
─En Perú es clarísimo que la imagen paterna es una figura menor: como padre parece estar ausente o ser poco comprometido, mientras que la mujer ─en todos los estratos sociales─ demuestra que es más luchadora ─dice Diego López─. Si una mujer se queda a solas con sus cinco hijos, es muy probable que salga adelante precisamente por ellos.
           
A la inversa el hombre cree que puede eludirse, afirma el actor: quizá por egoísmo, porque no termina de aceptar que ya terminó su juventud, o porque rehúye a más responsabilidades.
           
─Y mira por dónde eso es lo contrario de lo que su imagen proyecta: esa supuesta firmeza, solidez como hombre, no se condice con su comportamiento evasivo.

                                                     *****

Para los hombres tampoco es fácil tener hijos en una época en que las tasas de divorcio se han disparado por todo el mundo.
           
─En estos momentos los padres ─hombres y mujeres─ estamos siendo muy cuestionados en nuestro rol: se dice mucho sobre lo bien y lo mal que puede producir nuestra conducta en los hijos ─dice Mariana de Althaus─. Eso no lo sufrían nuestros padres.
           
La mujer hoy es madre, esposa, profesional y hasta empresaria. Cada vez más siente que puede reemplazar al padre en todo sentido, explica la directora.
            
Hace veinte años uno todavía leía cuentos infantiles y encontraba que el padre era leñador y la madre quien horneaba el pan en casa.
           
No es una queja machista, pero ahora ya nadie sabe quién debería hacer qué.
           
Más todavía cuando el modelo de la familia nuclear de mamá-papá-hijos ha cambiado y ahora hay mamá-hijo, papá-hijo, mamá-abuela-hijo, papá-abuela-hijo, mamá-amante-hijo, papá-amante-hijo.
            
Incluso papá-papá-hijo.
            
─Lo anterior, la crianza de nuestros padres, funcionó durante siglos y ahora que estamos en este cambio de patrones culturales, no sabemos qué hacer ─dice Giovanni Ciccia.
            
Todo el tiempo los medios de comunicación afirman que a los niños no se les puede gritar, llamar la atención o tocar: te puedes ir a la cárcel por eso.
           
─A veces siento que podemos estar equivocados, que podemos estar criando hijos engreídos, sobreprotegidos o todopoderosos ─agrega el actor─. Somos padres preocupados que ignoran si convertiremos a nuestros hijos en héroes o psicópatas.
            
No es una queja machista, pero los roles tradicionales de hace una generación podían ofrecer una idea de lo mínimo que se esperaba de un padre y una madre.
           
─Yo no puedo copiar el modelo de cómo fui criada por mis padres porque no me convence para mis tiempos, pero tampoco me persuade el de ahora ─dice Mariana de Althaus─. Entonces nos inventamos una nueva familia donde la mamá y el papá trabajan en simultáneo, donde los dos crían a los hijos de manera igualitaria, y donde todo se reinventa día a día. Y eso, ciertamente, genera conflictos.
           
A veces hasta llegar al divorcio o el abandono de la familia.

                                                      *****

─Definitivamente los niños siempre van a necesitar de un padre y una madre. Los niños aprecian mucho que ambos estén allí. Es lo que he aprendido desde que soy padre ─dice Gabriel Iglesias.
            
─En las familias hay una imagen materna y una imagen paterna. Ambos roles deben existir ─dice Giovanni Ciccia─. Y es que el niño necesita los dos lados de la crianza: el lado metódico, preocupado, de límites, que representa la madre, y el lado que te dice que no todo te lo tienes que tomar tan en serio, que creo corresponde al padre.
           
Y dice:
           
─La labor principal del padre es no ser la madre. Eso es importantísimo.
           
Al parecer, esa complementariedad entre lo masculino y lo femenino sería lo que produciría un cierto equilibrio dentro del hogar: es decirles a los niños que no son necesariamente iguales a sus padres aunque, al mismo tiempo, son una pequeña versión de sus padres.
            Al inicio e
l niño ─el bebé─ no diferenciaría a su padre de su madre: conforme va creciendo los va diferenciando y descubre que son diferentes e independientes. Esa revelación mejoraría su sensación de seguridad.
           
Al menos eso es lo que postula la psicología moderna.
           
Mariana de Althaus dice:
           
─La figura paterna es importante en el sentido de que debe haber un tercero, una figura mediadora que resuelva ese riesgo de que exista una relación demasiado compleja entre una madre y su hijo. En una familia, el hombre ─el padre─ evita que tengas solo una versión de la historia.
           
Luego la directora agrega que aunque no está muy segura de qué debería hacer exactamente el padre ─de eso, en parte, trata la obra─, sí cree que este tiene una responsabilidad muy importante: no ocultarle a su hijo el mundo real y a la vez mostrarse como una persona vulnerable.
            
En la medida que tu padre admita que él puede fallar y acepta que también tiene miedo, te está diciendo que es como tú.
            
─Yo no conozco a nadie en el mundo que no tenga algo puntual contra su padre ─dice Giovanni Ciccia─. Siempre habrá algo que te joderá de él: es parte del proceso, y se trata precisamente de crecer con eso y asumirlo.
          
─Aún así, tampoco creo que todos los hombres deberían convertirse en padres: hay muchos que no están listos o dispuestos a sacrificarse ─dice Diego López─. En todo caso, la paternidad no tiene por qué ser una ruta impuesta dentro de la sociedad.

                                                      *****

            En instantes en que en el Perú se discute si es viable que los homosexuales puedan casarse y criar hijos, Giovanni Ciccia dice que él es partidario de que accedan al matrimonio civil y que es una falacia la supuesta «mala influencia» que una familia de este tipo podría tener sobre los niños.
           
Al fin y al cabo, casi todos los homosexuales del país provienen de hogares con padres heterosexuales.
           
─Yo creo que las familias con padres del mismo sexo podrían ser un gran aporte para muchos niños que no tienen hogar. De hecho, en una relación homosexual dos hombres o dos mujeres pueden proyectar una imagen masculina y femenina a la vez. Así ocurre en países europeos como España o Finlandia, donde familias con padres del mismo sexo e hijos heterosexuales conversan sin ningún problema. Por lo mismo, habría que darles una oportunidad a los homosexuales, a ver qué pasa.
           
Y luego, cuando se le recuerda que al final de cuentas lo femenino y lo masculino no son más que construcciones culturales, el actor sonríe y concluye:
           
─Por supuesto: yo conozco hombres que son más femeninos que mi madre.



            Padre nuestro de Mariana de Althaus.
           
Producción general: Centro Cultural de la Pontifica Universidad Católica del Perú (CCPUCP).
            
Dirección: Mariana de Althaus.
            
Elenco: Giovanni Ciccia, Omar García, Gabriel Iglesias y Diego López.
            
Lugar: Teatro del CCPUCP (Av. Camino Real 1075, San Isidro).
           
Funciones: De jueves a lunes a las 8 p.m.
           
Entradas: S/.45 (general), S/.30 (estudiantes y jubilados) y S/.35 (jueves y lunes populares).
           
Temporada: Del 11 de octubre al 9 de diciembre de 2013.

 

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