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Crónicas Marcianas

Carlos Chávarry

Carlos Chávarry

Aunque no solo serán pequeñas crónicas: también se publicarán reportajes y entrevistas sobre personajes y lugares que pasan desapercibidos. Donde lo que importa no es lo más miserable o lo más sensacionalista, sino lo que no necesariamente llama la atención. Sobre lo que hacemos y soñamos: lo que somos.

En otras palabras, lo que ocurre desde lo cotidiano: precisamente lo que casi nunca es noticiable. Pero que cuando se dice, sin embargo, resulta extraño, complejo. Por eso, si tienes alguna historia qué contar –por inactual o banal que parezca–, hazlo aquí. Porque hay cosas que si no se cuentan, nunca las entenderemos.

Dúo

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A veces puede ser bueno mirar hacia atrás: no para lamentar lo que tuvimos que dejar, sino para revalorar aquello que sucedió y todavía vive en nosotros. Con esta obra de Alberto Ísola y Gianfranco Brero, Plan 9 celebra su aniversario número 11.

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Un hombre acude a un mirador para honrar la promesa que le hizo a otro hombre en su adolescencia: encontrarse en ese lugar luego de sesenta años.
           
Allí debían redescubrir sus rostros y cuerpos y narrarse cómo los había tratado la vida: indagar si habían logrado lo que quisieron, si pudieron ser lo que desde niños añoraban, y sobre todo, reconocer si todavía seguían compartiendo esa pasión que los empujó a recordarse durante más de medio siglo.
           
Mientras espera sentado en una banca, el hombre, ya casado y convertido en un respetable juez de la ciudad, reflexiona: «Tu amor permaneció en mí durante sesenta años. Y nadie lo supo nunca. De hecho, creo que ni yo mismo lo supe».
           
Todos esos pensamientos se enredan aún más en su cabeza cuando ve aparecer a su antiguo amante.
            
Esa es una de las historias de Dúo.
           
La otra: un anciano que ha decidido vivir encerrado en su habitación de su propia casa, aislado de toda su familia, afina su áspera voz con clara de huevo y limón para tratar de cantar como Carlos Gardel.
           
Uno de sus amigos le ha bromeado con darle una oportunidad en un bar ─como en los viejos tiempos─ y el pobre hombre ha terminado creyendo la oferta.
            
Incluso ya ha colocado sobre su cama el traje y sombrero con los que tratará de imitar al mítico porteño, y ensaya frente a un oblicuo espejo.
            
Se siente entusiasmado de poder retomar un sueño que siempre tuvo.
            
Ahora le corresponde a otro amigo ─uno viejo y leal─ decirle que en realidad nadie está esperando a escucharlo.

                                                     *****

            ─¿A quien no le ha pasado aferrarse a un momento del pasado no tanto por nostalgia sino como una forma de volver a algo, hacia algo que nos sucedió y nos dejó un cierto gusto? ─dice Alberto Ísola.
           
Y agrega:
           
─¿Entonces no es común pretender regresar a esa situación cuando en el fondo sabemos que ya no será igual?
            
Las historias, escritas por dos argentinos del movimiento cultural Teatro Abierto en los años ochenta, fue una manera de enfrentar la dictadura militar en la que estaban sumidos en aquella época: hablan de las aspiraciones y la libertad, de la coherencia de los deseos y los límites que impone la realidad, de la voluntad y las traiciones en las que uno puede incurrir consigo mismo.
            
O de cómo a veces se internalizan los miedos y prejuicios y las personas se convierten en sus peores represores.
           
─En cierto modo, las dos historias hablan sobre la búsqueda del tiempo perdido ─dice Giovanni Ciccia, el director─. Pero, al mismo tiempo, es el reconocimiento de que el tiempo perdido ya no se recupera.
           
Historias que enfatizan que no es tan irracional que lo bueno ─y lo malo─ que nos haya ocurrido en el pasado se quede donde está, no sin antes habernos asegurado de una certeza: que de verdad hayan valido la pena.
            
Que lo que se quedó atrás no se nos escape sin pena ni gloria.

                                                     *****

─Tu pasado es un trampolín: es el pie donde te apoyas, el punto del cual partes ─dice Gianfranco Brero─. Tú eres un conjunto de experiencias y un conjunto de habilidades que de manera inevitable has ido adquiriendo en tu relación con el mundo. Pero si ese pasado se convierte en un condicionante para todo lo que haces, se convierte en un obstáculo.
           
La nostalgia ─uno de los temas que atraviesa las dos historias─ puede ser un arma de doble filo: no solo seduce por su lado evocativo o por ser un acicate para evitar que ciertos problemas se vuelvan a repetir.
           
Puede ser un peldaño pero también un condicionante: sobre todo si se cree que no se hizo lo suficiente o lo que más se ansiaba.
            
─No ha de haber muchas personas en este mundo que puedan mirar hacia atrás y decirse: «Lo hice todo en esta vida». Por lo mismo, es normal que exista esa extraña sensación de que algo faltó, que nos equivocamos, que perdimos una oportunidad ─dice Alberto Ísola─. El problema está cuando ese cuestionamiento se convierte en una constante.
          
─Si te quedas en ese pasado, tu presente también se deshace ─advierte Gianfranco Brero─. Por estar atrapado en el pasado te puedes perder el hoy y el mañana. Y el presente es lo que estás viviendo: no hay más. Vivimos eternos presentes.
            
Esos presentes que dan como resultado lo que somos.
           
─Cuando escucho esa famosa frase de «Recordar es volver a vivir» me pongo tenso ─dice Alberto Ísola─. Estoy en la calle, en un taxi, y de pronto escucho por la radio esos programas y pienso: «¡Pero no, no es así! ¡Hay que vivir! ¡No es necesario recordar solo para vivir!».
            
─Yo soy una persona muy nostálgica y aunque suelo llorar con las cosas bonitas del pasado, no sufro, no necesariamente sufro ─dice Giovanni Ciccia─. Por el contrario, me emociono, y eso no es malo sino más bien agradable.
           
Y dice:
            
─No lloro porque no pasaron sino más bien porque precisamente pasaron.

                                                     *****

¿Por qué los personajes de la obra agregan tantas expectativas a sus ideales y promesas casi al final de sus días?
           
Quizá porque sospechan que se sometieron demasiado a lo que la sociedad les demandaba en cierto momento: perdedores a su mejor estilo. O porque nunca escucharon esa vieja frase de «Preferible es pedir disculpas que pedir permiso».
            
Gianfranco Brero dice:
           
─Si no tienes la suficiente claridad como para saber qué quieres, y si los condicionamientos externos se vuelven demasiado fuertes ─como cuando la familia decide por ti y quiere que seas abogado, y te desempeñas como abogado y vives como abogado cuando en el fondo querías ser marinero─, todo eso se convertirá en un pendiente dentro de ti.
           
─Si vives con una duda por el resto de tu vida, nunca vas a saber si esa duda más bien no debió ser un acto concreto ─dice Giovanni Ciccia.
            
Tal vez si esos antiguos amantes que se vuelven a reencontrar se hubieran sentido lo suficientemente satisfechos con sus vidas, jamás habrían recordado siquiera su promesa de juventud.
           
Por el contrario, se aferran a algo que murió en su momento. Y no lo saben.

                                                     *****

─Un espectador de veinticuatro años vio Dúo y nos dijo: «Tengo que regresar a Alemania. Debo resolver un asunto pendiente» ─dice Gianfranco Brero─. Para mí eso significa que la obra funciona: que de alguna manera hacemos que el público ponga el pie en el acelerador para que haga lo que tiene que hacer.
            
─Quizá debiéramos recordar más seguido esa famosa canción de Frank Sinatra: The best is yet to come: lo mejor está por venir. O quizá solo sea que me quiero sentir así porque los años ya se me vinieron encima, no lo sé ─dice Alberto Ísola─. Pero con todo, me resulta mucho más interesante decir «Va a venir esto» o «Probemos esto, qué sorpresa».
            
Luego el actor comenta que ha aprendido a encontrarle el lado positivo a sus propios cuestionamientos: le ayudan a reafirmarse en lo que él es y cree.
           
─Con los años aprendes que la vida es el arte de mantener el equilibrio entre lo que te gusta y lo que la realidad te va imponiendo. Y ese equilibrio es constante: debe serlo.
            
Alberto Ísola finaliza:
           
─Por eso mismo, cuando por ejemplo algún joven e ilusionado alumno de actuación teatral me afirma que nunca se venderá a la televisión, yo tengo que decirle: «Qué bueno, pero de todos modos prepárate. Prepárate, porque por esas cosas que tiene la vida probablemente tengas que cambiar de opinión, y ese cambio de opinión no significará que te estés traicionando a ti mismo».



           
Dúo de Giovanni Ciccia.
           
Producción: Plan 9.
            
Guiones: El acompañamiento de Carlos Gorostiza y Príncipe azul, de Eugenio Griffero (Teatro Abierto-Argentina).
            
Dirección: Giovanni Ciccia.
           
Elenco: Gianfranco Brero y Alberto Ísola.
           
Lugar: Teatro Larco (Av. Larco 1036, Miraflores).
           
Funciones: De jueves a domingo a las 8 p.m. y domingos a las 7 p.m.
           
Entradas: S/.50 (general) y S/.25 (estudiantes). Lunes populares (S/.40 y S/.20). De venta en Teleticket y la boletería del teatro.
           
Temporada: De octubre de 2013 a enero de 2014.

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