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Crónicas Marcianas

Carlos Chávarry

Carlos Chávarry

Aunque no solo serán pequeñas crónicas: también se publicarán reportajes y entrevistas sobre personajes y lugares que pasan desapercibidos. Donde lo que importa no es lo más miserable o lo más sensacionalista, sino lo que no necesariamente llama la atención. Sobre lo que hacemos y soñamos: lo que somos.

En otras palabras, lo que ocurre desde lo cotidiano: precisamente lo que casi nunca es noticiable. Pero que cuando se dice, sin embargo, resulta extraño, complejo. Por eso, si tienes alguna historia qué contar –por inactual o banal que parezca–, hazlo aquí. Porque hay cosas que si no se cuentan, nunca las entenderemos.

Lo que sabemos [In on it]

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Reescribir el pasado buscando lo que creemos nos hará más felices suele ser bastante común: se nos va la vida en ello. Pero, ¿hasta qué punto lo que inventamos y ficcionamos define nuestro presente?

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Si uno se lo piensa en frío, solemos estar siempre al final de algo. Y no lo sabemos. O en todo caso, no somos muy conscientes hasta que sucede.
           
Un proceso que es parte de esa ─a veces no tan larga─ marcha hacia el fin de todo.
            
Pero tampoco es para preocuparse demasiado. Porque puede que saberlo no importe para vivir. O siquiera ayude a modificar algo. Da igual pensarlo. Sobre todo cuando tu relación de pareja va muy bien, si tu doctor confirma que estás bastante saludable para tu edad, si tus hijos te prestan atención cuando quieres abrirte a ellos, si en el trabajo tus colegas te admiran y si en la calle los autos nunca amenazan estrellarse contra el tuyo.
           
La pregunta es: ¿realmente puedes garantizar que eso te ocurre?

                                                      *****

            ─Ficcionamos. Todo el tiempo ficcionamos y no nos damos cuenta.
           
La ficción no está solo en el recomendado libro de literatura o en la última película de cartelera o en la serie de televisión que suele entretenernos cada noche.
           
─Mezclar la ficción con la realidad en la vida cotidiana es una manera de entender los acontecimientos que siempre nos están sucediendo. Cuando nos decimos «Ah, esto tuvo que ocurrir seguro porque A llevaba a B y tal motivo a ese otro» estamos apelando a ese mecanismo de crear nuestra propia explicación de lo que sucede a nuestro alrededor ─dice Gonzalo Tuesta, director adjunto de Lo que sabemos─. Es una manera de protegerse ante lo inexplicable o lo que no se puede predecir.
            
Y es una manera de que el mundo conserve cierto equilibrio: ese balance tan ficticio y precario que genera la creencia compartida de que una línea amarilla en un carril puede protegernos de un accidente automovilístico. O que un aro de metal implica una cierta sujeción espiritual: una predictibilidad de los sentimientos.
            
Convenciones. Acuerdos. Compromisos. Representaciones.
           
Ficciones.
           
En la obra, dos jóvenes se reúnen para caracterizar como actores de teatro una historia en la que un hombre mayor se entera, de pronto, con qué facilidad se puede desplomar todo lo que él creía era su estabilidad. Para hacerlo más verosímil le agregan cierta dosis de sus experiencias y recuerdos personales, sin percatarse de que al final la historia terminará significando más de lo que ellos creían inicialmente.
            
El relato se convierte en un pretexto para narrarse a sí mismos.
           
En especial a uno de ellos.
           
─Y sí, es muy común mezclar la ficción con tu vida real o crear algo según tu conveniencia solo para que puedas darle sentido a las cosas y sentirte mejor de alguna manera ─dice Sergio Gjurinovic.
           
El actor agrega:
           
─Desde esa perspectiva, existen tantas realidades como mentes en el mundo.

                                                       *****

            En un intento por aprender a desprenderse de algo y desapegarse de lo que le rodea, uno de los dos personajes de la obra dice: «Para qué hablar de finales si algunas cosas se terminan y otras solo se detienen».
            
─Suelen ocurrir sucesos que nunca podríamos haber controlado y mucho menos prevenido ─explica Sergio Gjurinovic─. Siempre habrá cosas a las que no podrás ponerle un fin específico: algo más te quitará ese poder y lo hará de manera abrupta.
           
─Y por eso mismo no tiene sentido tratar de buscarle el sentido al fin de todo lo que nos pasa ─dice el actor Nicolás Galindo─. No hay necesidad de romperse la cabeza tratando de pensar por qué terminó una relación en un determinado momento: habrá muchos factores externos ─salud, relaciones personales, sentimientos─ que no podremos controlar y que van desgastando los vínculos.
           
─Es que los finales no son necesariamente el tope de algo ─aclara Gonzalo Tuesta─. Me explico: el concepto de final suele relacionarse con la muerte ─y por supuesto, como sujetos de carne y hueso, ese es nuestro verdadero final─, pero con lo demás, ¿por qué tenemos que pensar que hay un fin ya predeterminado?
            
El final de cierto proceso no es la muerte definitiva de ese proceso. O lo que es lo mismo: que olvides a alguien no significa que haya desaparecido.
           
El director adjunto continúa:
            
─No hay por qué obstinarse en los finales: algunas cosas simplemente suceden y otras simplemente dejan de estar.

                                                        *****

En el programa de mano de Lo que sabemos se lee un fragmento de la última novela de Rosa Montero:
           
«Como no he tenido hijos, lo más importante que me ha sucedido en la vida son mis muertos, y con ellos me refiero a la muerte de mis seres queridos. ¿Es lúgubre, morboso? Yo no lo veo así. Al contrario: resulta tan lógico, tan natural, tan cierto. Solo en los nacimientos y en las muertes se sale uno del tiempo, la tierra detiene su rotación y las trivialidades en las que malgastamos las horas caen sobre el suelo como polvo de purpurina. Cuando un niño nace o una persona muere, el presente se parte por la mitad y por un instante deja atisbar la grieta de lo verdadero: monumental, ardiente e impasible».

                                                                    *****

En la obra se despliegan varios momentos que podrían ser los finales: los personajes dejan de hablar, las luces se apagan, los aplausos estallan. Así en tres escenas distintas.
           
El público puede elegir el final definitivo que desea: el que considere el más apropiado para la historia que ahora tiene en mente.
            
Ficciones.
            
─In on it ─el nombre original de la obra─ es una expresión en inglés intraducible al castellano ─dice Gonzalo Tuesta─. Pero alude a ese juego de palabras en el que dos personas saben algo en complicidad y, por diversión o broma, tratan de hacérselo saber a los demás solo con guiños.
           
El primer nivel de la obra muestra a los dos jóvenes ─los actores─ que tratan de contar una historia. El segundo nivel es la historia de ficción representada por ellos. El tercer nivel: los recuerdos que los personajes «reales» y de «ficción» mantienen con los personajes secundarios de sus vidas. El cuarto nivel: los espectadores que observan cómo se atraviesan todas estas vivencias y deciden cerrar una historia que siempre será circular y que alternará entre lo vivido y lo inventado.
           
─Un espectador llegó a comentarme que en verdad la historia era contada por los personajes secundarios, de esos que nunca se ven, que no tienen cuerpo ─dice Sergio Gjurinovic─. Él decidió creer que sus historias eran más importantes que todo lo demás.
           
Quizá porque se intuye que a veces somos los personajes secundarios de terceros. O tal vez porque las ficciones que nos inventamos hablan más de cómo nos relacionamos con el mundo.
           
─Sin dudas somos los personajes secundarios de otros en la vida real. Y nosotros también elegimos a los protagonistas, y elegimos a los extras, mientras que a la vez para otros no somos nada, y así vamos intercambiando roles conforme pasa el tiempo ─dice el actor.
            
─A mí no me parece ilógico ficcionar la realidad ─dice Nicolás Galindo─. Eso va más allá de estar bien o mal: es un acto natural de los seres humanos, una herramienta que les sirve para reafirmar su presencia y justificar sus actos.
           
─Tampoco tiene nada de malo ser los personajes secundarios ─insiste Sergio Gjurinovic─. Es más, a veces cuando pasamos por ciertas situaciones tormentosas, nosotros mismos nos convertimos en personajes secundarios de nuestra vida, donde adquieren más importancia otras personas.
           
Y agrega:
           
─En todo caso, uno no tiene por qué ser siempre el personaje principal.


            
Lo que sabemos [In on it] de Daniel MacIvor.
            
Dirección: Adrián Galarcep.
            
Dirección adjunta: Gonzalo Tuesta.
            
Traducción de guión: Gonzalo Rodríguez Risco.
           
Elenco: Sergio Gjurinovic y Nicolás Galindo.
           
Lugar: Teatro del Centro Cultural El Olivar (La República 455, San Isidro, Bosque de El Olivar).
            
Funciones: De jueves a domingo a las 8 p.m.
           
Entrada: S/. 25 (general) y S/. 15 (estudiantes y jubilados y jueves popular) en LaBoletería.pe y boletería del teatro.
            
Temporada: Del 12 de setiembre al 20 de octubre de 2013.

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