RSS

Crónicas Marcianas

Carlos Chávarry

Carlos Chávarry

Aunque no solo serán pequeñas crónicas: también se publicarán reportajes y entrevistas sobre personajes y lugares que pasan desapercibidos. Donde lo que importa no es lo más miserable o lo más sensacionalista, sino lo que no necesariamente llama la atención. Sobre lo que hacemos y soñamos: lo que somos.

En otras palabras, lo que ocurre desde lo cotidiano: precisamente lo que casi nunca es noticiable. Pero que cuando se dice, sin embargo, resulta extraño, complejo. Por eso, si tienes alguna historia qué contar –por inactual o banal que parezca–, hazlo aquí. Porque hay cosas que si no se cuentan, nunca las entenderemos.

Una lucha [fotográfica] contra el azar

Compartir:

Clasificado en el World Press Photo 2013, un corresponsal peruano de Associated Press explica por qué en medio de crímenes y conflictos la vida de un fotoperiodista depende de algo más que de su habilidad.

EFX129-ed01.jpg

Si alguien le pregunta a Esteban Félix Alfaro si un fotógrafo de agencia es mucho más hábil y profesional que uno que trabaja para un diario local, lo primero que deberá esperar por toda respuesta es una alegre y cavernosa risotada.
           
Solo después de eso, el fornido peruano de casi metro noventa de estatura y acento a medio camino entre caribeño y chileno se tranquilizará y responderá que no, que el trabajar para una agencia internacional como Associated Press no necesariamente significa que eres más talentoso que muchos otros compañeros del reporterismo gráfico.
           
Que eso es un mito dentro del oficio.
           
─Lo que sucede es que el fotógrafo de un diario trabaja en equipo y no todos los días participa en una cobertura importante. En cambio, al estar destacado en un país exclusivo, el fotógrafo de agencia obtiene el encargo de la nota importante con mayor frecuencia, y entonces su trabajo será más visto por todo el mundo: de allí la percepción de que sus fotografías son más sustanciales.
           
Y dirá:
           
─No es que un fotógrafo de agencia sea mejor fotógrafo que el de un diario: es solo que tiene más oportunidades para hacer imágenes relevantes.

                                                     *****

Lleva ya doce años de carrera continua dentro de esa agencia de noticias norteamericana fundada hace más de siglo y medio. Un día de julio del año 2000 recibió una llamada telefónica donde le dijeron que se había abierto una plaza vacante de AP en Honduras, y que tenía un solo día para decidir la oferta.
           
Esteban Félix, quien acababa de ingresar al diario El Comercio luego de estar desempleado durante seis meses y que hasta ese momento solo había trabajado por temporadas cortas para los desaparecidos revista Oiga y diario El Sol, dudó.
           
─Me asustó pensar en dejar mi casa, mi país ─dice─. Se lo conté a mi madre y ella me dijo: «¿Y qué crees?». Yo le respondí que no sabía. Me soltó: «Pero no te lo pienses mucho». Entonces me animé y cogí el teléfono.
           
No había pasado más de cinco minutos de que recibiera la invitación.
            
Ahora, siempre entre risas, el hombretón recuerda: «Creo que mi madre quería que me vaya».
           
En Honduras estuvo tres años. Luego lo destacaron a Nicaragua, donde ya lleva residiendo diez años. En ese periplo le tocó estar encerrado dos meses en la embajada de Brasil en Tegucigalpa con el ex presidente hondureño Manuel Zelaya durante el golpe de Estado que sufrió: Esteban Félix, equipo al hombro, esperaba que en algún momento entraran a la residencia a aprehenderlo. Y no hace mucho, además, fue secuestrado durante unas horas por el ejército de un país centroamericano tras realizar la cobertura de un enfrentamiento callejero entre militares y civiles. Ahora hace algunos reportajes de investigación en zonas donde otros fotoperiodistas no quieren ir. Y viaja por varios países de Latinoamérica retratando situaciones violentas como protestas callejeras, crímenes entre sicarios y narcotraficantes y regiones en alguna eterna forma de conflicto.
            ─Muchas veces el fotoreportero es tildado de ser un tipo duro e inescrupuloso, un gallinazo que no respeta a los muertos, que se regodea en ellos como si fuera carroña ─responde cuando se le pregunta por su énfasis en este tipo de imágenes con personas fallecidas o en trance de estarlo─. Más bien, yo creo que es alguien que a diario siente un poco todas las emociones humanas posibles: alguien a quien cada acontecimiento lo va marcando de por vida: alguien a quien le resulta difícil esconder sus sentimientos frente a lo que observa.
           
En el trayecto, sus imágenes podrían aparecer hoy en algún diario de Pekín y Sidney, y mañana en Helsinki, y pasado mañana, en Ciudad del Cabo y Beirut.
           
Solo cuando siente que no tiene noticias para cubrir, el fotógrafo visita el zoológico de Managua.
            
─Retrato animales. Me paso mucho tiempo haciéndolo. Luego coloco las fotografías en el servidor de la agencia y de pronto se publican en más diarios de los que yo podría haber creído jamás. Ni siquiera necesito ponerlas en contexto: solo son imágenes de animales. La fotografía mía de un león se publica cientos de veces más que la de un presidente de importancia mundial.
           
Y nuevamente risas.
           
En esas estaba en febrero de este año cuando apareció la noticia en los principales medios de comunicación: la organizadora de la World Press Photo 2013 decidió que Esteban Félix merecía el segundo lugar en la categoría Temas contemporáneos por la imagen de dos individuos acribillados en un billar de San Pedro Sula, la segunda ciudad más grande de Honduras.
           
Y entonces de nuevo a seguir empuñando la cámara.

EFX103-ed02.jpg                                                                    *****

Esteban Félix desconfía de la cámara digital. La utiliza pero desconfía de ella. Dice que con esa máquina se ha perdido el ojo entrenado que tenía el fotoreportero para no desperdiciar sus imágenes más que en dieciséis o veinticuatro tomas: las que contenían los antiguos rollos de negativos.
           
─Al pasar a la nueva tecnología, te sumerges en una orgía de imágenes: ratatatatata, derrochas clicks como loco, registras todo lo que se te ocurre, y obtienes una cantidad impresionante de imágenes que luego te rompes la cabeza tratando de editar. Ahí es cuando sabes que debes cambiar: pensar más, disparar menos.
            
El fotógrafo opina que esa es la cruel ironía de las cámaras de última generación: una tecnología que hace infinita la realidad.
           
─He registrado tantas fotografías con mi equipo digital que sé que nunca podré verlas todas y archivarlas. Son imágenes inasibles. En cambio, con las cámaras analógicas yo me permitía tener un archivo de negativos que sí podía manejar en mis manos, revisar en el momento que quisiera. Eso me daba la sensación de que las fotografías me pertenecían.
           
Antes uno podía ver cómo se degradaba una fotografía en el tiempo y eso la embellecía: la hacía más auténtica y valiosa. Hoy, las imágenes digitales siempre siguen siendo las mismas: nítidas, coloridas, perfectas en cada reproducción.
           
Es el deslucido paso del negativo al código binario.
            
─Los fotógrafos más jóvenes no saben de esa magia que tenía el proceso de la fotografía analógica ─dice Esteban Félix─. No conocen el romanticismo de estar en un laboratorio en penumbras, de experimentar con la luz, de ver aparecer la imagen dentro del líquido químico.
           
Y agrega:
           
─Hoy los jóvenes tienen relaciones sexuales con la fotografía de manera muy directa: simplemente van y la penetran. En cambio, con el negativo nosotros primero le besábamos el cuello, le mordíamos la oreja, la olíamos, la acariciábamos y solo después la penetrábamos. Era una experiencia que, cuando uno la recuerda, no sé, hasta se te eriza la piel.
           
Y más risas.

                                                         *****

Hace más de veinte años, el fotoreportero peruano de AP no sabía qué hacer. Mientras estudiaba diseño gráfico y publicitario, llevó un curso de fotografía y eso lo confundió más: sabía que la fotografía era lo único a lo que quería dedicarse desde ese momento, pero no sabía en qué rama.
           
Se fue a Chile para especializarse. No pudo terminar. Le faltó dinero.
           
─Un día, viendo las noticias por televisión, me enteré de que iban a conmemorar el golpe de Estado de Pinochet en Santiago. Yo sabía que ese evento sería turbulento, pues como todos los años se enfrentarían los que estaban a favor y en contra del ex dictador. Me dije que sería genial hacer imágenes de eso. Decidí ir. Me guardé cinco rollos fotográficos vírgenes en el bolsillo. Era un 11 de setiembre.
           
En cuestión de horas la celebración se convirtió en un desigual enfrentamiento entre policías y activistas.
            
Esteban Félix recuerda:
           
─Me zambullí en la protesta y toda la mañana traté de imitar los movimientos de los fotógrafos de prensa. Me fijaba en lo que hacían, en cómo se desplazaban. Corrí, esquivé piedras, tragué algo de gases lacrimógenos. Pero cuando salí de la movilización, me dije: «Definitivamente esto es lo que quiero hacer el resto de mi vida. Nada de estudios fotográficos, nada de fotografía experimental ni de modas. Esto es lo que quiero hacer: la calle».
           
Ahora, una vez al año, el fotógrafo peruano regresa a Lima para visitar a sus dos pequeños hijos durante todo un mes. Y solo en su hogar es cuando se desprende de su cámara: para respetar el corto tiempo que tiene con los niños.

EFELIX01-ed03.jpg                                                                     *****

─En las agencias de prensa, el principal cambio es que uno mismo es su jefe: toma decisiones para sí mismo, decide sus coberturas.
           
El reportero gráfico explica que, claro, se trata de un proceso de aprendizaje muy duro. Sobre todo cuando se proviene de la redacción de un diario, donde los fotógrafos, si bien conocen la coyuntura noticiosa, están acostumbrados a seguir solo la pauta de sus cuadros de comisiones.
           
─En una agencia cambia tu mentalidad de fotoperiodista. No existe ese funcionalismo que obedece a un contexto específico. Uno debe proponer hasta lo que no aparece en los diarios ─dice Esteban Félix─. Y es que muchas veces existen situaciones que nadie cubre: por intereses de su empresa, por cuestiones políticas. Mi experiencia ahora me dice que lo que no aparece en los diarios es mucho más interesante de lo que sí.
           
Y agrega:
            
─Porque la gente común ─la gente que es invisible de alguna forma─, tiene muchas cosas importantes qué contar, tiene mucho para hacernos conocer.
           
Y explica que no es casual que hoy sienta un impulso que le hace advertir y registrar imágenes inesperadas en la calle, llegar a su oficina, subirlas al servidor de su agencia, y verlas publicadas si es que le interesan al editor de cualquier medio de comunicación del mundo.
           
─Tiene sus ventajas trabajar para una agencia. Si estás en una protesta, no pierdes tiempo buscando hacerle retratos al líder de la manifestación, y a todo aquel a quien tu redactor y tu editor del diario te digan que es necesario fotografiar: te concentras en la fotografía de lo que te interesa, de lo que crees relevante.
           
Y dice:
           
─Dejas de hacer un trabajo para tres o cuatro personas más. Tus fotografías ya no las deciden otros.

                                                     *****

Esa lógica de buscar lo que realmente acontece y no es reflejado por los medios de comunicación es lo que ha llevado a Esteban Félix a realizar sus propios reportajes de investigación. Por ejemplo, el de cientos de cortadores de caña de un pueblo de Nicaragua que se enferman y mueren con la misma intensidad de una epidemia: un fenómeno que hasta ahora las autoridades de ese país insisten en negar. E investigar.
           
─La primera semana que llegué a la zona acababan de inaugurar un nuevo cementerio: el anterior estaba lleno ─dice el fotógrafo─. En la segunda semana pude ver carretadas de muertos. Fallecían de manera fulminante.
            
La causa: desconocida. Solo se sabe que los campesinos mueren por cuadros de insuficiencia renal, que son generaciones enteras de familias que desaparecen con estos síntomas, y que hoy está atacando incluso a los niños.
           
─Es interesante que en un país ocurra una desgracia demasiado grande y sin embargo no se maneje de manera pública ─agrega.
           
Otro de sus trabajos que dieron la vuelta al mundo es su historia de niños con cáncer, en especial la serie de 2011 que realizara de una adolescente que sufre de leucemia y que quiso celebrar sus quince años.
            
Una crónica que un diario peruano quizá nunca publicaría.
           
─Me sorprendió que existiera un grupo de padres que se preocupara en que la enfermedad sea menos dolorosa tanto para sus hijos como para ellos mismos: tienen un albergue donde les aseguran que reciban su tratamiento a tiempo, y los llevan a la playa y les celebran sus cumpleaños, entre otras cosas.
           
En esos meses, el fotógrafo no pudo evitar observar el proceso de deterioro de algunos de esos niños y hasta su agonía y entierro: todo lo registró con el permiso de sus padres. Pero, aclara, nunca piensa mostrar esas fotografías.
           
─Quizá haya quienes vean este trabajo como algo cruel pero para mí, por el contrario, es un elogio a la vida: es una manera de gritar que se quiere vivir y que uno puede ser fuerte ─dice─. La intención no es hacer un alarde de la enfermedad de alguien, sino más bien hacer un alarde de la fortaleza de niños enfermos. Una fortaleza que muchas veces ni siquiera los adultos tenemos.
           
Y dice:
           
─Es probable que esto pueda resultar chocante para quienes no han vivido de cerca un proceso de una enfermedad como esta. Pero para quienes sí, tal vez lo interpreten de una manera distinta y noten el respeto que existe por personas en esa condición.

EFX115-ed04a.jpg                                                                     *****

Al final de la entrevista, Esteban Félix reconoce que no está muy seguro de cómo es que llegó a Associated Press con tan poca experiencia en su haber: ¿Qué criterio, habilidad, atributo o virtud encontraron en él y no en las otras decenas de fotoreporteros de todo el mundo que diariamente buscan ser elegidos para laborar en una reputada agencia de noticias?
            
─Como en la fotografía, creo que lo que influyó en ello fue el factor suerte ─responde─. Como en la fotografía, no todo es capacidad e intuición: también es azar.
            
Y entonces risas.
            
Luego dice que piensa en la suerte porque ahora hay muchos fotógrafos de diarios peruanos que le sorprenden por la calidad de su trabajo. Y que quizá alguna vez deberían tener una oportunidad en las agencias de noticias. Porque en su profesión, dice, siempre hay algo más que aprender.
           
─Si a estas alturas pensara que lo sé todo, estaría perdido. Yo siento que cometo errores en mis coberturas, y cuando edito calculo cómo habría resultado de haber enfocado de otro modo: siempre encuentro detalles por mejorar en mis imágenes.
           
Y sentencia:
            
─Una vez una editora de agencias me dijo: «No solo se trata de que exista una buena composición y una correcta exposición de luz en la imagen. Eso no basta. Se trata también de que exista un factor sorpresa que haga la diferencia con las imágenes de todos los demás fotógrafos que están contigo en el campo». Y ahora sé que esa diferencia, ese grado de sorpresa, es la suerte.
           
Y deja de reír.


                                               * Publicado en la revista Fotógrafos, edición número tres, Los rituales nuestros de cada día, junio de 2013.
                                                  www.facebook.com/RevistaFotografos

 
IRC179-ed04b.jpg

1 comentarios

Maravillosa y fantástica entrevista.

Escribir un comentario


Introduzca los caracteres que ve en la imagen de arriba.