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Crónicas Marcianas

Carlos Chávarry

Carlos Chávarry

Aunque no solo serán pequeñas crónicas: también se publicarán reportajes y entrevistas sobre personajes y lugares que pasan desapercibidos. Donde lo que importa no es lo más miserable o lo más sensacionalista, sino lo que no necesariamente llama la atención. Sobre lo que hacemos y soñamos: lo que somos.

En otras palabras, lo que ocurre desde lo cotidiano: precisamente lo que casi nunca es noticiable. Pero que cuando se dice, sin embargo, resulta extraño, complejo. Por eso, si tienes alguna historia qué contar –por inactual o banal que parezca–, hazlo aquí. Porque hay cosas que si no se cuentan, nunca las entenderemos.

Más allá de los cuentos

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En medio de velas, susurros y proyectores, mundos desconocidos se materializan bajo la arena y vuelven a desaparecer con facilidad. Porque en estas historias de suspenso, las imágenes son tan efímeras como las palabras que las invocan.


            Era difícil de creer. La mujer, desde hacía varios días, no hacía más que languidecer sobre esa cama, víctima de una enfermedad que ningún médico podía diagnosticar.
           
A esas alturas, las sábanas sobre su rostro demacrado ya semejaban una mortaja.
           
Hasta que murió. Y fue recién en esos instantes que el esposo, al ordenar lo que había sido su habitación, se percató de que la almohada en la que había descansado la cabeza de su mujer estaba salpicada de pequeños puntos rojos: manchas de sangre. Su sorpresa aumentó cuando levantó esa abultada almohada de plumas ─que se supone debía ser liviana─ y notó que un peso irregular se desplazaba en su interior.
           
Algo había allí dentro.
            
Sin esperar más, el desesperado hombre cogió un cuchillo para abrir sus costuras. Sea lo que fuere que encontrara, sabía que eso explicaría la repentina muerte de su esposa.
           
Y entonces, en ese momento, las manos de Svetlana Chekanova se despliegan sobre su tablero de luz, y con un rápido y preciso reguero de arena, trazan una figura que nos hace pensar que sí, que muy probablemente así es como lo vio la imaginación de Horacio Quiroga, ese extravagante escritor uruguayo que vivió hace un siglo y que gustaba de ser comparado con Poe por sus oscuras historias de amor, locura y muerte.
            
Ahora el proyector muestra el contenido de la almohada. Y parece latir.

                                                                 *****

             ─Si vieras nuestra casa, te darías cuenta por qué nos hacemos llamar Colectivo Barajolka, cachivachería en ruso.
            
Svetlana Chekanova, la artista plástica nacida en Moscú y esposa del clown peruano Alexei Quiroz Chelnokov, explica con una orgullosa sonrisa por qué sus espectáculos de música y animación en vivo han ocasionado que su hogar esté lleno de objetos inimaginables.
            
En especial, con decenas de frascos con arena.
           
─De forma conceptual, lo que hacemos se denomina sand art ─dice Alexei Quiroz─. Pero ese calificativo suele confundirse un tanto con las esculturas de arena que se moldean en la playa.
            
En el resto del mundo, lo que realiza el Colectivo Barajolka tiene otro nombre, sobre todo entre los cineastas que utilizan la técnica del stop motion para darle vida y movimiento a los objetos: sand animation. Este arte consiste en desplegar arena sobre la superficie de un retroproyector casero ─un tablero con un sistema de luces incorporado desde abajo, similar al que utilizaban los fotógrafos para revisar los negativos traslúcidos─ para que la imagen dibujada en ella sea proyectada en una pantalla gigante a través de una pequeña cámara de video colocada desde lo alto.
           
En sentido estricto, la sand animation es un juego de sombras.
            
─Yo pinto desde niña pero trabajo esta técnica desde hace dos años y todavía me falta descubrir nuevas facetas ─dice Svetlana Chekanova─. Y es que no es muy sencillo: la arena es un material muy ambiguo, poco sólido, y cada trazo puede salir diferente.
           
Se refiere a imágenes que se van construyendo con capas de arena: una más gruesa, otra más delgada, y así. El ritmo de sus dibujos lo define la voz de la narradora de cuentos que la acompaña sobre el escenario y la música instrumental que resuena desde algún lado.
            
La artista rusa dice:
            
─Lo más complejo es cuando tienes que pasar de una imagen a otra. Con tus dedos debes armar imágenes simultáneas todo el tiempo: como jugando van apareciendo siluetas de arena que te sorprenden. Por ejemplo, de un árbol puedes hacer que aparezca un rostro.
           
O de una puerta, un hombre que cuelga ahorcado de una viga.

                                                     *****

─¿Por qué en los teatros casi nunca se cuentan historias de suspenso? Eso es algo que siempre me he preguntado ─dice Yeniffer Díaz, la narradora del espectáculo Más allá de los cuentos─. Y creo que es por un factor muy especial: a que se debe tener una muy buena voz tétrica que genere el suficiente sobresalto entre el público.
           
Luego explica que eso no es todo: que la voz tiene que mantenerse todo el tiempo con la misma vibración y que las palabras ─calculadas con mucho cuidado pero al mismo tiempo pronunciadas con espontaneidad─ deben ser las exactas, pues lo peor que podría suceder es que una idea se tergiverse y termine convertido en un chiste que atente contra el espíritu de la narración.
           
Y en el escenario, cuando estás solo frente a un gran público, una sola frase mal dicha puede echar a perder el clima íntimo generado.
           
─Svetlana, Alexei y yo decidimos unirnos para este espectáculo: yo desde mis cuentos, ellos desde las ilustraciones en vivo de mis cuentos ─dice Yeniffer Díaz─. Y sí que fue complicado: yo primero debía contarles cada una de las historias de mi repertorio para saber qué imágenes extraer de ellas.
           
Las de amor fueron las primeras en ser rechazadas: sugerían escasas escenas, cuando no clichés.
            
Luego siguieron las historias dramáticas. Y tampoco resultó.
           
Al final llegaron a los cuentos de Horacio Quiroga, el escritor latinoamericano que solía enamorarse de adolescentes y que se mató con un trago de cianuro mientras estaba internado en una clínica.
           
Esas resultaron ser las historias visualmente más prolíficas para Barajolka.

                                                      *****

Para la sand animation se pueden utilizar los dedos y cualquier cosa ligera que sea capaz de dejar rastros sobre una delgada película de arena: desde un palillo para recoger el cabello ─el delineador preferido de la artista rusa─ hasta conchitas de mar y peines de plástico, cuando no diminutos moldes de jebe fabricados para imprimir «efectos especiales».
            
Como huellas de pies.
            
El material tampoco tiene que ser necesariamente arena: puede ser ceniza volcánica, café, sal o harina.
           
Todo dependerá de lo que se quiera lograr en el espectáculo.
           
─Es curioso: Lima está rodeada de desiertos de arena, tiene playas de arena, y sin embargo, debemos comprar nuestra propia arena para las presentaciones ─dice Svetlana Chekanova con más sonrisas─. Y es que no se puede trabajar con arena que presenta muchas impurezas, pequeños residuos.
            
A eso se agrega el hecho de que la arena, sea de las orillas del mar, un lago o un río, siempre tiende a solidificarse: la sal de su composición química absorbe las partículas de agua del medio ambiente.
            
Llegó un momento en que la pareja se aburrió de cocer arena en una sartén para deshumedecerla.
            
─Esta vez compramos arena procesada de Rusia ─dice Svetlana Chekanova─. Si bien sigue siendo de sílice, no está mezclada con sal, tiene un grano parejo y un color distinto.
            
─De hecho, solemos experimentar con la arena de varios lugares: cada una tiene una textura diferente, porque el grosor y el peso del grano influyen mucho ─dice Alexei Quiroz─. Así que ahora, cada vez que nuestros amigos salen de viaje por cualquier parte del mundo, les decimos que no nos traigan souvenirs: solo arena.
            
De esta forma es como ambos han logrado obtener una colección de más de treinta botellas llenas de arena de países como Brasil o Estados Unidos: todas les sirven para diferentes tipos de ilustraciones.
           
─Pero además, hay que considerar esto: cada arena le corresponde a distintos tipos de manos ─dice Alexei Quiroz─. Y uno debe buscar cuál es la más apropiada para sí mismo.

                                                      *****

─Me lo han dicho: «Lo tuyo debe ser fácil, ¿no? Solo te sitúas sobre un escenario y lees un libro y listo».
           
Por lo general, el público nunca se entera de la complejidad que existe detrás de cada narración.
            
─Todavía nos falta promover más espectáculos de narraciones de cuentos en nuestro país ─agrega Yeniffer Díaz─. Suele asumirse que el teatro es solo para ver a un gran elenco, con actores conocidos, con una escenografía muy bien montada, y con un guión que busque provocar risas.
           
Pero narrar un cuento para otros tiene una magia distinta, explica. Porque se trata de otro tipo de función: uno que no busca necesariamente transmitir un mensaje directo o una historia recitada con parlamentos retóricos y repetidos.
           
─Haces muchas cosas con tal de que no decaiga nunca el interés de los espectadores: los estudias, evalúas qué tipo de personalidades están frente a ti, analizas la duración que deben tener tus historias según su grado de fascinación, tratas de agregarle tónicas diferentes, y adaptas de improviso la historia para hacer énfasis en lo que más podría llamar su atención.
           
Y dice:
           
─Pero la idea fundamental no es contarles nada muy aparatoso: solo se trata de remitirlos a ellos mismos, a sus propias sensibilidades. En eso consiste la riqueza de cada historia narrada: en el contacto que estableces con cada ser humano a través de las palabras, y en las emociones que puedes provocar en él.


            
Más allá de los cuentos.
           
Dirección: Colectivo Barajolka.
            
Producción: Tiempo de Cuentos y Patuca Eventos.
           
Lugar: Teatro del Centro Cultural Cafae-Se (Av. Arequipa 2985, San Isidro, a tres cuadras de la avenida Javier Prado).
            
Funciones: Miércoles a las 7.30 p.m.
           
Entradas: S/. 20 (general), S/. 10 (estudiantes, niños y jubilados) y S/. 6 (miembros activos y cesantes del sector educación) en boletería del teatro.
           
Temporada: Días 3, 10, 17 y 24 de julio de 2013.


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1 comentarios

He leido Más allá de los cuentos - Crónicas Marcianas | Blogs | Peru21 con mucho interes y me ha parecido util ademas de claro en su contenido. No dejeis de cuidar este blog es buena.

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