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Crónicas Marcianas

Carlos Chávarry

Carlos Chávarry

Aunque no solo serán pequeñas crónicas: también se publicarán reportajes y entrevistas sobre personajes y lugares que pasan desapercibidos. Donde lo que importa no es lo más miserable o lo más sensacionalista, sino lo que no necesariamente llama la atención. Sobre lo que hacemos y soñamos: lo que somos.

En otras palabras, lo que ocurre desde lo cotidiano: precisamente lo que casi nunca es noticiable. Pero que cuando se dice, sin embargo, resulta extraño, complejo. Por eso, si tienes alguna historia qué contar –por inactual o banal que parezca–, hazlo aquí. Porque hay cosas que si no se cuentan, nunca las entenderemos.

Deseo bajo los olmos

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En esta historia, hasta las fantasías de incesto justifican lo que queremos hacer sin sentirnos culpables. ¿En qué momento las ansias de poseerlo todo se pueden convertir en la prisión de uno mismo?

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─En toda relación amorosa los hombres buscan a sus madres tal cual les parece que ella fue. ¿Tuvieron una madre víctima? Buscan una mujer víctima. ¿Tuvieron una madre luchadora y trabajadora? Buscan una madre luchadora y trabajadora. ¿Tuvieron una madre castradora? Buscan una mujer castradora. Eso, en el fondo, es una relación incestuosa: porque en el fondo están haciéndole el amor a su madre, tirándosela.
           
Tatiana Astengo, en un momento de Deseo bajo los olmos, se introduce en la habitación de la madre fallecida del receloso y dubitativo protagonista ─un recinto sagrado para él─, y le susurra que ella es la encarnación de su madre: que ella va a ocupar el lugar de su madre, que ella lo va a querer como su madre, que ella lo va a cuidar como su madre, y que ella lo va a besar con tanto cariño como su madre.
           
Por último, le pide que tenga sexo con ella imaginando que es su madre.
           
Para cuando llega a ese momento, la actriz aparece en un estado de primigenia y absoluta desnudez: un acto de entrega total de su piel que perdura varios ─muchos, demasiados─ minutos: un tiempo que solo otra mujer podría calcular con reloj en mano.
            
Tatiana Astengo dice:
           
─Sí, claro que es una propuesta muy incestuosa la que hace mi personaje: «Hazle el amor a la imagen desvestida de tu madre». Pero vamos, ¿tú que crees que hace la mujer con los hombres, con sus parejas? ¡Se comportan como sus madres!
           
Y agrega:
           
─Son sus mamás con derecho a sexo: esa es la única diferencia.

                                                      *****

            En plena época de la fiebre del oro californiano, un anciano, viudo y padre de tres hijos, contrae matrimonio con una mujer mucho más joven y voluptuosa para que le garantice placer y compañía en sus últimos años de vida.
           
Sus hijos ─los supuestos herederos de esa alejada granja del oeste norteamericano─ se enteran recién cuando el hombre lleva a la madrastra a la cabaña.
           
De los tres hermanos, es el menor quien más resiente la noticia: está convencido de que su padre expropió esa propiedad a su madre y propició su muerte con sus rudas maneras de campesino. Y ahora esta nueva mujer ─oportunista a primera impresión─ busca quedarse con el patrimonio que él está dispuesto a recuperar.
            
De hecho, ella se lo confiesa así apenas lo conoce.
           
─Mi personaje es un muchacho lleno de rencor contra todo ─dice Omar García, el protagonista─. Ahora bien, ese todo no es mucho: ha nacido en esa cabaña y ha pasado toda su vida allí. Sus únicos contactos en la realidad son sus dos hermanastros y la puta del pueblo a quien visita con cierta frecuencia. Su mundo no es tan grande.
           
El conflicto se hace aún mayor cuando el joven rebelde empieza a sentirse atraído por esta madrastra que no duda en insinuársele y proponerle que se convierta en su amante: ella piensa que solo así podrá controlar sus arrebatos y sus deseos de recuperar esas tierras.
           
─A decir verdad, no creo que mi personaje sea realmente una mujer calculadora: solo es alguien que no ha tenido la oportunidad de obtener afecto y aspiraciones concretas de la vida ─dice Tatiana Astengo─. Por eso busca asegurarse una cierta estabilidad ─al menos casa y comida─, que es lo que le propone ese anciano.
           
Y dice:
           
─Pero que calcule, no: si una mujer calcula lo hace para conseguir algo mejor, ¿no te parece?
           
Lo cierto es que en la historia los tres personajes principales muestran anhelos todo el tiempo. Y ninguno se satisface: cuando logran alcanzar lo que desean, irremediablemente lo pierden.
           
─Y es que Deseo bajo los olmos es una metáfora sobre el deseo de la posesión: de cómo el ser humano concentra sus logros y su evolución en base a lo que llega a poseer ─dice Marisol Palacios, la directora de la obra─. Porque en el mundo real del día a día, creemos que lo que nos diferencia entre una pequeña persona y una gran persona es todo lo que poseemos: eso, más que un error, me parece una cárcel.

                                                      *****

─Lo más curioso de esta historia es que todos los personajes tienen su propia verdad, a veces contradictoria con ellos mismos, a veces antagónica entre ellos mismos.
           
Omar García se refiere al argumento de su personaje para odiar a su padre: cree a ciegas lo que alguna vez le contó su madre, pese a que hay evidencias de que podría tratarse de una mentira.
            
Su madre también podría haber sido otra mujer calculadora con él tal como ahora se muestra la atractiva esposa del aborrecido padre.
           
─Es como en la vida real: en este mundo nadie es solo bueno y nadie es solo malo: todos intercambiamos roles constantemente ─dice el actor─. Por eso es que en el mundo somos víctimas y victimarios al mismo tiempo.
           
De allí que en la obra el espectador pueda comprender y hasta simpatizar por instantes con el joven, con el anciano y hasta con la mujer: con el primero por su idealismo, el segundo por su codicia y vehemencia, y la tercera por su pragmatismo: esa practicidad y conveniencia que suelen propiciar matrimonios sin amor.
           
Y de allí esas convivencias tan accidentadas. Sobre todo cuando se intenta poseer al otro.
           
─Si del viejo dependiera, se apropiaría hasta del pedazo de cielo que está sobre su granja ─dice Tatiana Astengo─. Es como si con esas posesiones se aferrara a la vida.
           
O más aún: como si con esas propiedades ocultara su gran vacío.
           
─Típico además de personas nada generosas que no saben dar y por lo mismo no saben recibir ─dice la actriz─. Por eso tienen tantos conflictos: porque no saben qué hacer con ellos mismos.

                                                       *****

Escrita en 1924, Deseo bajo los olmos muestra la sintonía y fascinación del dramaturgo estadounidense Eugene O'Neill por las teorías de los actos inconscientes: un tema tan en boga en aquellos años.
           
─Definitivamente el autor fue muy freudiano con esta obra ─dice Marisol Palacios─. No solo porque los personajes hacen el amor por primera vez en el lugar donde velaron a la madre, sino también porque la mujer le pide que la tome como si fuera ella.
            
Eso sin contar la relación edípica que el personaje sentía por su madre ─a quien incluso oía después de fallecida─, las ganas de desaparecer y reemplazar al padre ─no tanto física como simbólicamente─, y la desesperación del anciano por conservar su poder como patriarca.
          
─El joven necesita de una madre para poder entregar su amor, eso está claro. Si a eso sumamos los otros elementos psicológicos uno podría decirse «Oh sí, qué familia tan disfuncional» ─dice la directora─. Pero yo haría la pregunta contraria: ¿qué familia no lo es en cierto modo? ¿Qué es exactamente lo normal en una familia?
           
─Es verdad, hay escenas que no puede ser explicadas racionalmente. Por ejemplo, la del sexo entre los protagonistas: al principio el joven se resiste a hacerlo.
           
Omar García recuerda ese instante en que su personaje se cohíbe de acariciar a la madrastra desnuda porque cree que, de continuar, habrá traicionado la promesa hecha a su madre de recuperar la granja. Sin embargo, tras unos segundos ─o minutos─, percibe el susurro fantasmal de su madre que le indica que posea a la mujer: que tiene su aprobación.
           
─Por supuesto, yo creo que eso solo está en su cabeza. Un mecanismo que, como todo en la vida, representa esos pretextos que a veces nos inventamos para justificar aquello que deseamos hacer pero de lo que no queremos sentirnos culpables.
            
Y dice:
           
─Sí, de eso trata esa escena: de cómo nos inventamos excusas para hacer cosas que suponemos inadmisibles.

                                                      *****

De tanto jugar con el hijo y hacer que se encapriche por su cuerpo en cualquier rincón de la cabaña de madera, la madrastra se enamora de él.
           
La libertina señora se percata de que el joven satisface algo que está más allá de sus necesidades primarias y elementales como un hogar: sus carencias interiores: íntimas: pasión, amor, amistad: sentimientos en los que había dejado de creer desde hacía mucho.
           
Eso la impulsará a replantear sus objetivos al punto de cometer un crimen.
           
─A ella nunca la habían tocado como lo hacen, nunca la habían deseado de esa manera y nunca le habían hecho realmente el amor ─dice Tatiana Astengo─. En algún momento tuvo otros amantes, estuvo casada, tuvo un hijo, pero nunca pudo completarse.
            
Lo que sigue, dice la actriz, será la demostración de una naturaleza femenina primitiva y desbocada que hará que todos pierdan lo que más querían.
           
Su propio deseo se convierte en una traición a lo que más anhelaba.
           
─Pero eso siempre ocurre en el mundo real, todo el tiempo. ¡Arrasamos con lo que más queremos! Es precisamente eso que llamamos competencia lo que nos impulsa a pasar por encima de todos ─dice Tatiana Astengo─. Solo que mientras en la realidad la maquillamos y escondemos para que no parezca lo que es, en la historia la vemos en toda su crudeza.
            
─No hay que pensar mucho para percatarnos de que todos los personajes intentan poseer algo para construir una autoestima que no tienen ─dice Marisol Palacios─. Es una autoestima ganada a partir de la adquisición ─justa o no─ de algo.
           
Y agrega:
           
─Qué precarios son ellos, ¿no? Pero lo mismo sucede con nuestras vidas: vivimos corriendo detrás de un trabajo, de una mujer, de una casa, de un auto. ¡Te sientes la gran cosa cuando logras comprarte cierto modelo de teléfono! En ese sentido nosotros, más que precarios, somos ridículos.


           
Deseo bajo los olmos de Eugene O'Neill
           
Dirección: Marisol Palacios.
           
Producción: Centro Cultural Británico.
           
Elenco: Tatiana Astengo, Omar García, Alberto Herrera, Emilram Cossio y Alberick García.
            
Lugar: Teatro Británico (Jr. Bellavista 531 / Malecón Balta 740, Miraflores).
            
Funciones: De jueves a lunes a las 8 p.m. De venta en Teleticket (de Wong y Metro) y boletería.
           
Entradas: S/. 60 (general), S/. 40 (jubilados) y S/. 30 (estudiantes).
           
Temporada: Del 14 de marzo al 20 de mayo de 2013.

1 comentarios

Siempre será bueno ver, volver a ver para muchos, una obra del más importante de los dramaturgos americanos, más que Arthur Miller y demás congéneres gringos. Con esta obra entró por la puerta grande a Hollywood Sophia Loren (se puede descargar gratis por internet el viejo --más de medio siglo-- film “Desire under the elms”). Y por seguir hablando de cine, para quienes no lo sepan entre los lectores de este blog, la muy dramática e interesantísima persona que fue Eugene O’Neill, repudió y no volvió a dirigir nunca más la palabra a su hija Oona cuando ésta se unió en feliz matrimonio al genial Chaplin, ella de 18 y él de 54, lo que floreció en ocho hijos de la irregular pareja.

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