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Crónicas Marcianas

Carlos Chávarry

Carlos Chávarry

Aunque no solo serán pequeñas crónicas: también se publicarán reportajes y entrevistas sobre personajes y lugares que pasan desapercibidos. Donde lo que importa no es lo más miserable o lo más sensacionalista, sino lo que no necesariamente llama la atención. Sobre lo que hacemos y soñamos: lo que somos.

En otras palabras, lo que ocurre desde lo cotidiano: precisamente lo que casi nunca es noticiable. Pero que cuando se dice, sin embargo, resulta extraño, complejo. Por eso, si tienes alguna historia qué contar –por inactual o banal que parezca–, hazlo aquí. Porque hay cosas que si no se cuentan, nunca las entenderemos.

Sueños de un seductor

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O la obra de las dos alternativas: sentarte al lado de las chicas guapas y esperar a que los tipos malos les rompan el corazón, o ser sincero contigo mismo y dejar que los demás disfruten de tu singularidad. Un clásico de Woody Allen.

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Sobre el escenario, en un instante definitivo de la obra, Allan-WoodyAllen-HumphreyBogart-ManuelGold toma en sus brazos a Linda-DianeKeaton-IngridBergman-AlinaFerrand y le dice: «Si ese avión se marcha sin ti, te arrepentirás. No quizá hoy ni mañana pero sí muy pronto y para toda la vida».
           
La frase es de Casablanca, esa famosa película a la que el semiólogo y escritor Umberto Eco alguna vez calificara como el arte maestro de lo kitsch: una suerte de cómic de celuloide que resumía todos los mitos y valores occidentales en un punto geográfico no-occidental.
           
En Sueños de un seductor, una pareja de esposos decide ayudar a un amigo que acaba de divorciarse a la fuerza: su mujer lo ha abandonado. En el afán de distraerlo y sacarlo de sus penas, le buscan una cita con todo tipo de jóvenes. Sin embargo, quien se termina fijando en él es la esposa ajena, lo que genera un triángulo amoroso que en cierto momento los obligará a arrancarse las máscaras que han llevado toda su vida.
            
En ese contexto Humphrey Bogart, el sacrificado y duro héroe de Casablanca, aparece con su gabardina y sombrero de los años cuarenta como el arquetipo masculino a quien habría de imitarse para conquistar a todas las mujeres del mundo: de hecho, siempre surge de la nada para darle consejos al protagonista debilucho y de grandes anteojos sobre cómo proceder con la improvisada amante y el marido celoso y despechado.
           
Lo irónico es que Woody Allen escribió esta obra matizada en Casablanca para hablar del valor de la autenticidad de cada hombre.
           
Una autenticidad en la que reposaría la clave de toda seducción.

                                                                 *****

─¿Que si tendemos a proyectarnos en personajes al estilo Bogart? Yo creo que sí. A todos nos gustaría tener ese poder de conquista, esa capacidad en la que donde pones el ojo pones la bala ─dice Manuel Gold, el actor protagónico─. Y sí, en principio seguro que todos podríamos lograrlo si nos lo propusiéramos, pero es que en la vida diaria no solemos estar muy seguros de eso.
            
Como un modo de vencer su natural timidez, su personaje invoca imaginariamente a Humphrey Bogart en los instantes más críticos para preguntarse cómo actuaría él de estar en su lugar.
            
Por ejemplo, cuando se trata de besar a la joven que tiene sentada a su lado.
            
O cuando debe enfrentar las burlas hirientes de su ex mujer.
            
En su cabeza, Bogart es el arquetipo de ese lado viril y enérgico pero también machista y cínico que todo hombre conoce. De allí que no solo lo evoque como un casanova, sino también como el tipo duro que actúa fríamente para afrontar una realidad hostil.
           
Para hacer llevadero un mundo muy complejo y cambiante.
           
─La obra fue escrita en 1968, la época de las grandes revoluciones sociales en Estados Unidos: la sexual y la química ─dice David Carrillo, el director.
            
Y explica que Woody Allen conjuró a Humphrey Bogart como el icono de un hombre que, hasta hacía poco, era admirado como el-individuo-convencido-de-su-lugar: alguien sexy más por su practicidad varonil que por su belleza física.
           
Un personaje que siempre estaría lejos de esos actores bien peinados y maquillados y acicalados de los años sesenta como Peter O'Toole o Michael Caine.
           
─Era un tipo de hombre que se estaba quedando atrás, desfasado, que no estaba preparado para la liberación feminista. Y eso lo vemos en Allan: su mujer lo abandona porque quiere irse de juerga y hacer lo que las mujeres de su generación hacen.
           
─Definitivamente Allan necesita de Bogart: este no le habla de amor ni relaciones ─incluso le llega a decir que ya es hora de que olvide esas fantasías─. Bogart está allí para demostrarle que él puede seducir, conquistar y llevarse a la cama a quien él quiera siendo solo él mismo, sin tener que fingirse ni pretender ser otra persona.
            
Pietro Sibille, el actor que interpreta al célebre personaje de Casablanca en una de sus mejores caracterizaciones en el teatro ─maquillaje de hora y media incluido─, agrega:
           
─Desde esa perspectiva, el objetivo de Bogart es rescatarlo, animarlo e instruirlo. Porque aunque el machismo haya dejado de ser atractivo para las mujeres, siempre existirá una cierta fascinación por alguien que se desenvuelve tan bien dentro de un ambiente corrupto y peligroso, y que al mismo tiempo sabe manejar a las mujeres.

                                                     *****

Hace setenta años no era escándalo que un hombre abofeteara a una mujer en una película. Bogart solía hacerlo en las suyas.
           
─Quizá todavía haya mujeres a las que les gusta la rudeza, pero a mí no: la imagen de macho de Bogart no me parece nada seductor ─dice Alina Ferrand─. Al contrario, nuestra época privilegia a los «hombres distintos»: hombres que no tienen problemas en mostrar su lado femenino o en hacer cosas que antes se consideraban exclusivo de mujeres.
           
Según la actriz, no existe más un arquetipo único del hombre seductor. Que al menos para ella, y entre varias opciones, un espécimen de galán contemporáneo mediático bien podría ser George Clooney.
            
─Tiene aplomo, seguro de sí y sereno: no se despeina mucho por las mujeres.
           
─Yo tampoco tengo una idea muy clara sobre cómo debería ser un hombre hoy ─dice Vania Accinelli, otra de las actrices de la historia─. Hay hombres muy diferentes entre sí y sin embargo encuentras detalles en ellos que los hacen interesantes.
           
─Definitivamente los galanes cambian en el tiempo ─dice Manuel Gold─. Es más: ya se ha perdido la idea del hombre imponente, matón y autoritario: ahora gustan aquellos que no hacen nada para parecer seductores. Johnny Depp, por ejemplo.
            
Y aún así, el atractivo de los tipos malos persiste: esos sujetos que hoy día coquetean con una mujer y mañana la ignoran: esos hombres a los que ninguna novia abnegada podrá redimirlos nunca.
            
─Es un misterio: una va hacia donde sabe que no debería ─dice Vania Accinelli─. Sabes que son malos, tus amigas te lo repiten todo el tiempo, y aún así insistes con ellos. ¡Y luego hasta pretendes sorprenderte de lo que suceda!
           
─Yo creo que en el fondo las mujeres solo buscan experiencias inusuales con los chicos malos ─dice David Carrillo─. No olvidemos que nos han vendido la idea romántica de que amor y sufrimiento van juntos.
           
La ambivalencia del sentimiento: si no sufres no sabes qué quieres.
           
─O tal vez solo sea una cuestión de supervivencia: tratas de buscar el mejor ejemplar, el que te puede proteger más ─dice Alina Ferrand.
           
─En el colegio, las compañeras nunca se fijaban en los tipos flacos y de lentes que estaban a su lado: solo lo hacían en los más avezados ─rememora Manuel Gold─. Pero cuando esos chicos malos les rompían el corazón, se les daba por probar cosas nuevas: recién allí estaban con los tipos flacos y de lentes.
           
Y luego el actor se sonríe ante sus recuerdos.

                                                     *****

Llega el momento en que la atractiva y escultural Linda-DianeKeaton-IngridBergman-AlinaFerrand se enamora de Allan-WoodyAllen-HumphreyBogart-ManuelGold.
           
Ella siente que su atlético y apuesto marido, absorto en su empleo de bienes raíces y sus constantes viajes de negocios, la tiene abandonada. En contraste, el amigo frágil y nervioso sí conversa con ella. Y la escucha.
            
Quizá porque es como es.
           
─Allan es un tipo sensible e inteligente, con sentido del humor ─muy gracioso en su torpeza─ y atento ─dice Alina Ferrand─. Esos son rasgos que a cualquiera gustan.
           
Hasta el hecho de verle tratando de fingir personalidades para otras jóvenes y fracasar con ineptitud la enternecen: ella puede saber cómo es él realmente, con sus miedos e inseguridades. La seduce tanto su vulnerabilidad como su transparencia: no está acostumbrada a que un hombre se deje ver así. Ni siquiera intenta impresionarla.
           
Todo lo contrario a su esposo, que siempre está hablando de su trabajo y de sus movimientos de compra y venta y de sus horarios y de sus tiempos y de sus responsabilidades: solo reacciona cuando se percata de que nada de eso le servirá sin alguien amado a su lado.
           
David Carrillo dice:
            
─Cuando seducimos a una mujer, los hombres siempre solemos vender nuestras proyecciones a futuro. Decimos: «Voy a hacer una maestría», «voy a hacer una empresa», «voy a graduarme de abogado», «voy a montar un obra de teatro». Las mujeres, en cambio, siempre se venden en su momento actual: te hablan de lo que quieren ahora.
           
De allí que muchas veces no coincidan: porque un hombre que habla de su futuro en realidad estaría mostrándose como un hombre incompleto, en proyecto, sin terminar: inmaduro.
           
Bogart, por el contrario, nunca parecía aspirar a nada.
           
Ni siquiera decía nada de sí.
           
─Y esa es una lección para los tiempos modernos, esta época en la que todo el mundo quiere tener éxito y venderte la idea de que está logrando algo, en especial los hombres, que suelen tener la necesidad de mostrarse en competencia ─dice el director. Tiempos de exitocracia.
            
Vania Accinelli sentencia:
           
─En todo caso, si un hombre es sincero consigo mismo, ya está siendo atractivo.

                                                     *****

En su ensayo sobre la célebre cinta de Ingrid Bergman y Humphrey Bogart, Umberto Eco decía: «Casablanca no es una sola película: son muchas películas. Es una antología de ellas».
            
Igual que una acumulación de máscaras: capas superpuestas.
           
─Pues sí, Sueños de un seductor es como Casablanca en el sentido de que en ambos, como decían los antiguos anuncios, encuentras «¡Drama! ¡Romance! ¡Suspenso!». Y es que tocan asuntos diversos como la amistad, el amor, la lealtad, el heroísmo, la traición, la guerra ─dice David Carrillo─. Ambas son historias que tienen temas para todos los gustos.
           
─Más que pensar que Sueños de un seductor es un homenaje o una parodia de Casablanca, yo diría que es una inspiración: una cinta que le permitió a Woody Allen recrear una comedia a estas alturas también clásica ─dice Manuel Gold.
           
Y explica que solo así cabe entender esa fórmula de «Ok, yo soy un perdedor pero, ¿quién podría ser mi contraparte? Quizá el tipo más seductor de la historia: Bogart». Y de allí los referentes a la película de 1942.
           
─En Casablanca descubres que en realidad Bogart tiene un corazón muy tierno que por situaciones políticas ha tenido que endurecer y hacer cínico. Al final es un personaje cínico pero tierno ─dice David Carrillo─. Creo que de allí el mensaje de Sueños de un seductor: en algún momento uno debe ser práctico con lo que siente.
            
─Woody Allen es un cinéfilo, y esta obra es más una reinterpretación suya de lo que es el amor y el romance en nuestras sociedades: es una parodia de esos idilios hollywoodenses al estilo Casablanca ─dice Alina Ferrand─. Es como si con Sueños de un seductor te diera un guiño y te dijera: «No, chico, la vida es más sencilla que eso».
            
Y dice:
           
─Ya lo vemos: el tipo neurótico y descalabrado también puede conseguir a la chica que le gusta.


            Sueños de un seductor de Woody Allen
           
Dirección: David Carrillo.
            
Producción: Plan 9.
           
Elenco: Pietro Sibille, Manuel Gold, Alina Ferrand, Joaquín de Orbegoso, Vania Accinelli y Emily Yacarini.
           
Lugar: Teatro Larco (Av. Larco 1036, Miraflores).
           
Funciones: De jueves a lunes a las 8 p.m. y domingos a las 7 p.m.
            
Entradas: S/. 50 (general) y S/. 25 (estudiantes). Lunes populares (S/. 40 y S/. 20). De venta en Teleticket y la boletería del teatro.

1 comentarios

“Play it, Sam”, le pidió la seductora Ingrid Bergman al pianista negro, en el casi mítico film de M. Curtiz, “Casablanca”(1942), en tiempos en que haber imaginado a un presidente Obama habría hecho reír de incredulidad a la gente, en tiempos de guerra mundial. Y “Play it again, Sam”, con un añadido “again” lleno de significado y de proyectos artísticos seriamente incubados, es el título original de esta pieza temprana de Woody Allen, cuyo buen éxito en Broadway llegó a gozar de casi 500 representaciones, en tiempos en que estaba fresca la aureola de Mayo del 68, en tiempos en que afloraba el amor pasajero entre el autor y Diane Keaton.
A no faltar a esta puesta en escena, se ha dicho. Sin dudarlo y sin prestar demasiada atención a lo que, a propósito de la misma, declaran sus actores y sus actrices.

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