Crónicas Marcianas

Carlos Chávarry

Aunque no solo serán pequeñas crónicas: también se publicarán reportajes y entrevistas sobre personajes y lugares que pasan desapercibidos. Donde lo que importa no es lo más miserable o lo más sensacionalista, sino lo que no necesariamente llama la atención. Sobre lo que hacemos y soñamos: lo que somos.

En otras palabras, lo que ocurre desde lo cotidiano: precisamente lo que casi nunca es noticiable. Pero que cuando se dice, sin embargo, resulta extraño, complejo. Por eso, si tienes alguna historia qué contar –por inactual o banal que parezca–, hazlo aquí. Porque hay cosas que si no se cuentan, nunca las entenderemos.

La picadura del escorpión [pt. 1]

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La ideología neoliberal tiene fecha de caducidad: la reciente crisis mundial lo ha demostrado. Sin embargo, en Perú se insiste en ella pese a los conflictos sociales que empieza a provocar. A decir del ex ministro Fernando Villarán, este 2013 podría ser crucial para su replanteamiento.

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La fábula es harto conocida: un escorpión debe cruzar un río pero sabe de sobra que, de intentarlo, se ahogará. Entonces le pide ayuda a una rana saltarina y esta, naturalmente desconfiada, pacta con el bicho: lo llevará sobre su lomo a cambio de que por nada del mundo le clave el mortífero aguijón. Sin embargo, cuando ambos llegan a la otra orilla, el arácnido rompe su palabra y en un fugaz movimiento envenena a la crédula ranita.
           
«Lo siento, no lo pude evitar, es mi instinto», se justifica el escorpión.
           
A decir de Fernando Villarán, esta misma historia se ha repetido entre ciertas corporaciones ─financieras─ y unos Estados norteamericanos y europeos que las rescataron en la crisis económica mundial desatada en 2009.
           
Eso, sin considerar que el modelo neoliberal dominante podría aparecer ahora como una amenaza ante los Estados al pretender desactivar sus políticas de bienestar social y cualquier otra forma de equilibrio para seguir favoreciendo a sectores empresariales cada vez más ambiciosos. Y sin importar que algunos agentes desbocados de ese modelo sean los que ocasionan los conflictos sociales de muchas partes del mundo: desde desempleo masivo hasta protestas de comunidades enteras.
             
Ex asesor de Economía de Alberto Fujimori, ex ministro de Trabajo del gobierno de Alejandro Toledo y ex funcionario del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), el ingeniero y economista Fernando Villarán ha publicado un libro donde no solo explica con una prosa envidiablemente didáctica el origen de la última crisis mundial, sino también los riesgos de un dogmático enfoque neoliberal norteamericano ─que en Perú ciertos personajes mediáticos profesan con devoción─, la necesidad de modificar la ineficaz política del «chorreo» ─la distribución de la riqueza de «arriba hacia abajo»─, y una desmitificación de las grandes empresas como la única solución a la pobreza y el desempleo.
            
Ese libro se titula La picadura del escorpión.

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            En una entrevista usted menciona que vivimos la época de mayor crecimiento económico del Perú en los últimos cien años...
           
Es verdad considerando este periodo de diez años de crecimiento económico desde 1922, el primer año del que se tiene cifras oficiales de la economía.
           
¿Lo verá así también esa población que en el Perú sobrevive con un sueldo de 250 soles, es decir, con menos de cien dólares mensuales?
           
Es que con este crecimiento no todos participan ni se benefician de la misma manera: el modelo económico vigente no es igualitario en ningún país del mundo. Explico el caso peruano: los sectores más dinámicos, por lo menos durante los primeros cinco o seis años de esta década, fueron los de exportación de minerales, de pesca y agricultura: las dos primeras actividades, por sí solas, no son muy intensivas en mano de obra, y ese auge se concentra en pocos propietarios y, por tanto, en pocos trabajadores. La agricultura apenas implica un poco más que los otros.
           
¿Y en la segunda mitad de esta década?
            
Se desarrollaron más los sectores de demanda interna como construcción, comercio, finanzas, servicios y hasta restaurantes. De hecho, han sido estos sectores los que han liderado el crecimiento del país en los últimos años, y como sí son muy intensivos en mano de obra, permiten distribuir las ganancias en muchas manos.
           
¿Significa que debería apoyarse más a ciertos sectores que otros?
           
Significa que la distribución de la nueva riqueza generada dependerá de los sectores que lideran el crecimiento: si son intensivos en mano de obra y cuán concentrada esté la propiedad.
           
¿Y en esa distribución influye la famosa política del «chorreo de la riqueza» o «trickle down»?
            
Es curioso: somos unas de las pocas naciones en todo el mundo que hemos logrado crecer económicamente pese a este modelo. Y lo digo así porque los más grandes exponentes del chorreo son los Estados Unidos ─que lo diseñó y aplicó por primera vez─, Inglaterra ─donde lo impuso Margaret Thatcher hace treinta años─, Irlanda, España y el país que mejor lo aplicó y más extensamente, Islandia.
            
Y ahora son países que la están pasando muy mal en el mundo...
           
Mal, muy mal, malísimo, al punto que ha provocado que Estados Unidos pierda su hegemonía y lleve a que China se perfile como la primera potencia mundial. Es más, Inglaterra también está completamente retrasada en comparación a Francia y Alemania ─sus dos rivales históricos─, países que siguieron otros modelos económicos. Y España, que era líder de la zona sur europea y de América Latina, también ha colapsado.
           
¿Las potencias se equivocaron de recetas?
            
Así es, los países que aplicaron fielmente el modelo neoliberal y la política del trickle down ahora están mal. En cambio, los que no lo aplicaron como China, India, Brasil, Corea, Alemania y Francia están muy bien, y hasta han salido fortalecidos de la crisis económica. De hecho, son los que en estos momentos están sosteniendo la economía mundial: si no fuera por China, el Perú no tendría el crecimiento de ahora.

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En realidad, el modelo del chorreo no sería más que una estrategia de desarrollo destinada a favorecer a las empresas más grandes y poderosas del mundo.
           
La conocida reducción de los impuestos sería uno de sus principales rasgos.
           
O la promulgación de leyes que buscan beneficiarlas directamente a fin de que obtengan más ganancias y se consoliden y crezcan más y amplíen sus actividades e inviertan más y terminen produciendo ─casi como quien no quiere la cosa─ empleo.
            
Algo que también es muy practicado en el Perú: a veces con su cuota de corrupción.
            
«Con seguridad, la primera parte del modelo se cumplió a cabalidad: las grandes empresas se hicieron aún más grandes, obtuvieron mayores ganancias, adquirieron cuantas empresas estuvieron a su alcance, se volvieron más influyentes, y los ricos hicieron mucho más dinero ─anota Fernando Villarán en el libro─. Pero la segunda parte no se cumplió: la riqueza no se expandió ni se transfirió a los de abajo, el empleo fue escaso, los sueldos y salarios se estancaron o retrocedieron, y en general las clases medias, los trabajadores y las pequeñas empresas no recibieron ni un céntimo de los beneficios otorgados a los más poderosos».
           
Y esto ha sido así no solo en Perú sino en el mundo entero, empezando por Estados Unidos: allí, hoy en día el 1% de la población de ese país ─los privilegiados de siempre─ posee el 40% de toda la riqueza nacional, cuando hace cuatro décadas atrás solo concentraba el 9%: una demostración de cómo se ha ido ahondando la diferencia económica entre la clase adinerada y las mayorías.
           
Esa «estrategia» es el principal componente de la actual ideología neoliberal.

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En el libro usted dice que el sistema neoliberal no garantiza el futuro del mundo...
            
Exacto, y eso se aplica también al Perú: es muy notorio, se percibe...
            
Pero usted ayudó a implementar ese sistema económico en el país...
            
Efectivamente, en los años noventa yo fui uno de los siete samuráis cercanos a Fujimori que le ayudaron a incluir este sistema en su plan de gobierno, y hubo un apoyo masivo de los organismos internacionales ─como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional─ para que lo promoviera en el país. Ahora estoy convencido de que ese modelo nos ayudó a salir del caos del gobierno de Alan García I. El principio fundamental del modelo neoliberal era ordenar la macroeconomía, y ese fue su gran aporte con nosotros.
            
En una nota al pie de página del libro usted aclara que esa medida fue muy ortodoxa para el Perú...
           
Es verdad. El modelo se aplicó al pie de la letra cuando bien pudo incluir algunos elementos diferentes de acuerdo a las características del país. El gran pecado que cometimos con su implementación fue que con ello reafirmamos nuestro carácter primario-exportador. Ahora estamos pagando el precio de ese error, y lo vemos en la gran cantidad de conflictos sociales que se ha generado. 
            
¿Por qué?
            
Es que nosotros, a diferencia de Brasil, Corea o China, no tenemos una industria fuerte muy empleadora. Entonces en el Perú el crecimiento económico ocurre solo para algunos sectores: no se reparte equitativamente para todos. En la década de 1990 comenzó el germen de violencia de este modelo, que en aquella época no hizo crisis porque estábamos en los quintos infiernos, pero ahora que ya estamos en mejor situación, empezamos a notar las limitaciones del modelo.
           
Alguien le podría decir: «Sr. Villarán, qué hipócritas somos hoy de hablar en contra del modelo neoliberal cuando fue este el que nos sacó de la crisis»...
           
Lo sé. Pero es que no se trata de arrojar la bañera con el niño: hay que hacer cambios por partes y dosificarlos. La gran herencia del neoliberalismo en Perú es la estabilización macroeconómica, las cuentas ordenadas, la prudencia fiscal y monetaria, y el fortalecimiento de entidades como el Banco Central de Reserva y el Ministerio de Economía y Finanzas. ¡Por dios, eso es algo que el Perú ha ganado y se va a mantener, no es negociable! Pero ahora se trata de ir hacia un modelo nuevo mucho más incluyente, que conserve lo ya avanzado.
            
Entonces, ¿ya superamos ese modelo que nos sacó del agujero?
            
Correcto. El modelo ya cumplió su ciclo, y ahora necesitamos otro para el siglo XXI. Y tenemos muchos de dónde inspirarnos. Están el modelo chino, el brasilero, el coreano, el alemán, el finlandés: países que casi ignoraron las recetas del Banco Mundial. Lo que sí ya no debe gustarnos: el modelo norteamericano.

                                                                 *****

Detalles sobre la desconfianza hacia el modelo neoliberal: en principio, que es completamente falso que los mercados se autorregulen por una mano invisible.
           
O que asignen los recursos con eficacia.
           
O que sean intrínsicamente estables.
            
La reciente crisis financiera de 2008 originada en Estados Unidos y la consecuente recesión mundial de 2009 que el ex ministro describe y analiza en su investigación es el mejor ejemplo de esa falacia.
            
El otro gran ejemplo es que en la actualidad estas ideas son cuestionadas en la mayor parte de los países desarrollados.
            
Y en ellos no son cuestionados por simples «intelectuales antisistema» con ánimos de figurar: en Norteamérica, Joseph Stiglitz ─ex asesor de Clinton, vicepresidente en el Banco Mundial, catedrático en Yale, Stanford, Oxford y Princeton─ es el más conocido de ellos, por ejemplo. O también Paul Krugman ─columnista en el New York Times, catedrático en el MIT, Yale, Stanford y Princeton y ganador de un premio Nobel─, o el ya desaparecido Paul Samuelson ─otro economista premio Nobel salido de las canteras de Harvard y el MIT y que asesoró a sucesivos gobiernos norteamericanos desde John F. Kennedy─.
            
«Alimentadas por los resultados económicos, la ideología y las políticas neoliberales sobreviven en Perú, pese a que las lecciones de la crisis dejaron en claro que no garantizan el crecimiento de largo plazo ni aseguran la sostenibilidad social», anota Fernando Villarán en La picadura del escorpión.
            
Y sin embargo todos los días recibimos doctrinas en forma de editoriales y noticias que nos dicen que el sector privado siempre es eficiente y nunca se equivoca, que el Estado es un mal administrador y jamás debería intervenir en la economía, que mientras más poder y riquezas acumulen las empresas mejor será para los ciudadanos pobres, que las políticas de promoción hacia las pequeñas empresas son un despilfarro de dinero y esfuerzo, y que el consumo y el crédito son más convenientes que la producción y la ganancia a largo plazo.
           
Nos dicen y nosotros creemos.

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¿Qué podríamos aprender de la crisis norteamericana?
            
En esencia, el desequilibrio que provocó la predominancia de un grupo de poder ─en este caso, de la banca─ y la ausencia del Estado. El mercado es muy importante porque son las empresas las que originan el empleo y la riqueza, pero debe existir un Estado que las regule. Esta crisis mundial y la de 1929, la Gran Depresión, demostraron que el mercado por sí solo se desboca. Es un mito creer que el mercado se autoregula: en ninguna parte del mundo y en ningún momento de la historia ha sucedido eso.
            
¿Y por qué son modélicos China, Brasil o Alemania?
            
Precisamente porque son países exitosos con Estados muy fuertes y reguladores. ¡Sus propias instituciones financieras estatales son poderosas y agresivas! Un ejemplo: el Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (BNDES) de Brasil es más grande que el Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Yo, que trabajé en el BID, confieso que sentíamos celos por el BNDES porque mostraba más atribuciones que nosotros.
           
Es decir, un miembro de América Latina era más poderoso que el banco para todo el continente...
            
Estos países han demostrado que el Estado puede ser dinámico, eficiente y regulador del sector privado: no se le enfrenta. Recordemos que la estatización de Velasco Alvarado y los intentos de Alan García I provocaron más bien su retraimiento y la caída de la inversión: el Estado por sí solo no puede generarlo todo. La fórmula del éxito está en que ambos se entiendan: el mercado y el Estado.
            
Eso de forjar un Estado fuerte suena bien, pero el problema es que el Perú se caracteriza por tener instituciones débiles...
            
Sí, pero eso es ya un tema político.
            
Pero a cambio está el rol de la sociedad civil...
           
Exacto, y en el libro menciono que necesitamos una sociedad civil con ciudadanos organizados que regulen al Estado y las empresas. Al primero le pide cuentas y le dice «Oye, no malgastes mi dinero de los impuestos, no te la robes», y a las empresas le dice «Oye, no me pongas estos precios, no me estafes». Así, cuando una empresa se porta mal, se le denuncia y el Estado reacciona y la sanciona.
            
Pero para la derecha peruana ─y aquí sí tiene que ver la política─, una idea así es casi un insulto para la defensa tendenciosa que hace del modelo neoliberal...
            
Exacto, vivimos dentro de una estructura muy ideológica atravesada de propaganda. Cualquiera que se salga un poco de ese sistema es atacado y satanizado, calificado de terrorista o izquierdista rojo o caviar...
            
¿Usted encuentra un sector privado que a la larga pueda ser un influyente grupo de poder en el Perú, tal como la banca en Estados Unidos?
            
Creo que en Perú el desequilibrio podría darse entre el sector minero y el resto de los sectores económicos: con el apoyo interesado de algunos grupos poderosos ─incluso mediáticos─, las corporaciones mineras podrían ganar una enorme preponderancia y con ello reforzar nuestro modelo económico primario-exportador ─que como ya dije, es poco generador de empleo y por tanto proclive al descontento social─, con los resultados que ya vemos.
           
¿Quién podría detener esas aspiraciones?
            
Debería existir un Estado que dijera: «Un momento: minería sí pero también industria y también turismo y también pequeña empresa, porque eso va a generar empleo y crear una situación social mucho más estable».
            
Pero eso no ocurre...
            
No, porque hay algunos sectores que prevalecen y dicen que no se les discuta. Eso, advierto, no es bueno para el país. Necesitamos reequilibrar al Estado con el mercado.

                                    ***** Continúa Parte 2 *****

1 comentarios

Es verdad, lamentablemente se repite y en muchas pasajes de la vida y no solo en los ejemplos que nos ponen

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