RSS

Crónicas Marcianas

Carlos Chávarry

Carlos Chávarry

Aunque no solo serán pequeñas crónicas: también se publicarán reportajes y entrevistas sobre personajes y lugares que pasan desapercibidos. Donde lo que importa no es lo más miserable o lo más sensacionalista, sino lo que no necesariamente llama la atención. Sobre lo que hacemos y soñamos: lo que somos.

En otras palabras, lo que ocurre desde lo cotidiano: precisamente lo que casi nunca es noticiable. Pero que cuando se dice, sin embargo, resulta extraño, complejo. Por eso, si tienes alguna historia qué contar –por inactual o banal que parezca–, hazlo aquí. Porque hay cosas que si no se cuentan, nunca las entenderemos.

Una noche con Groucho Marx

Compartir:

¿Qué puede resultar más gracioso que la búsqueda de certezas y respuestas categóricas? Para este personaje, el humor infinito no negaba la realidad: partía de ella. Y ese fue su legado.

gm-ED.jpg


            «¿Por qué habría de preocuparme por la posteridad? ¿Qué ha hecho la posteridad por mí?», solía decir Groucho Marx con su nariz corva, sus cejas y bigotes artificiales y su masticado puro en la boca.
           
En aquel entonces no podía saber que se equivocaba por completo: que noventa años después se le seguiría recordando tácita e indirectamente no solo en películas y programas de televisión, sino también en publicaciones ─la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos atesora sus memorias junto con la Biblia de Gutenberg, el primer libro impreso en el mundo, y el borrador del Acta de la Independencia Nacional─ y hasta en obras de teatro en cualquier parte del mundo.
            
Como esta. La de Una noche con Groucho Marx.
            
Porque antes de que Hollywood lo hiciera famoso y Woody Allen, Bugs Bunny, Al Bundy y Homero Simpson aparecieran y arrancaran millones de carcajadas bajo su sombra, Groucho Marx fue un hombre de teatro. Y con él, sus otros hermanos en la aventura y la vida real: Chico y Harpo.

                                                               *****

─Cuando revisé sus películas, me di cuenta de que los hermanos Marx fueron la influencia de toda la comedia del siglo XX ─dice Pablo Saldarriaga, el intérprete de Groucho Marx en la obra─. Sin darte cuenta, sin ser consciente, los has visto a través de otros espectáculos y otros comediantes: todas las series norteamericanas que ahora vemos por televisión han crecido bajo su inspiración.
            
Y dice:
            
─Los Marx son el referente del referente del referente.
           
─Cuando en Manhattan el personaje de Woody Allen menciona por qué hay cosas que valen la pena vivir, el primero en su lista es Groucho Marx, seguido de Thelonius Monk ─dice Gonzalo Benavente Secco, el director─. De hecho, Annie Hall comienza con un monólogo con citas de Groucho, y en Hannah y sus hermanas el protagonista no se suicida finalmente porque entra a una función de madrugada de Duck Soup ─una de las más recordadas películas de los hermanos Marx─ y se da cuenta de que la vida tiene sentido.
           
Porque hasta antes de que ellos aparecieran, lo único que se vendía en el mundo como comedia eran la farsa y la parodia: esas que celebraban con enorme talento físico las bofetadas y caídas de figuras del cine mudo como Chaplin, Buster Keaton, el dúo Laurel & Hardy de El gordo y el flaco y los primeros actores de Los tres chiflados.
           
Con su humor cáustico y cerebral, los Marx quebraron la imagen tradicional de la comedia con un vanguardismo impensable para fines de la década de 1920: en esos años a nadie se le ocurría mirar a la cámara o incluir personajes que no guardasen relación alguna con la historia ─como si acabaran de aterrizar sobre el escenario─ o soltar frases con total impunidad como «Hacer el amor con la esposa de uno es como dispararle a un pato quieto».
           
Muchos años después, sus huellas todavía pueden apreciarse hasta en Chespirito.
           
O en South Park.
           
─Hay una escena donde Groucho y Chico se encuentran en la calle y uno le dice al otro: «Hey, ¿tienes algo para mí?». Y entonces se responden que sí, y cada uno saca de su bolsillo un salame y lo intercambian entre ellos y luego siguen su camino como si nada ─explica Pablo Saldarriaga─. Así eran los Marx, en especial Groucho: buscaban confundir y se enfrentaban a lo convencional sin hacerle reverencias a nadie.
            
─Quizá su fama lo deban al hecho de que su tipo de humor se basa en una postura casi filosófica relacionada con el error, la exageración y la burla ─dice Daniel Neuman, el intérprete de Chico.
           
Luego agrega:
            
─Los Marx popularizaron una mirada que resaltaba lo que en apariencia no era importante pero que, visto en perspectiva, sí lo era.

                                                               *****

Los Marx ─en realidad Marrix, un apellido franco-germano-judío─ trabajaron en el vodevil y el teatro durante veinticinco años antes de grabar la primera película que los haría famosos en Estados Unidos.
           
Esa fue la coronación de una carrera que su madre inició por temor a la pobreza de su familia: ella influyó para que desde niños sus hijos se ganaran la vida cantando, tocando el piano, y luego actuando y contando chistes de pueblo en pueblo.
            
«¿En qué otro sitio que no sea el espectáculo pueden hacer dinero los que no saben ni tienen nada?», solía decir Minnie Marx.
           
Los hermanos rápidamente comprendieron que sus públicos siempre deseaban verse reflejados sobre el escenario: reconocerse a sí mismos. Por eso eligieron las caracterizaciones más comunes de su entorno. Groucho Marx como el judío gruñón y tacaño que no esconde su obsesión por el dinero. Chico Marx como el italiano apostador y mujeriego que siempre se mueve en el límite de lo gansgteril. Harpo Marx como el irlandés tosco e incomprensible que nadie puede predecir.
            
─Eso se debió al contexto de inmigrantes en el que se movían ─dice la actriz Graciela Paola, Grapa─. Era una Nueva York que a inicios de siglo se había levantado con enormes oleadas de inmigrantes italianos, judíos e irlandeses. Eso daba características muy marcadas y claves que los hermanos Marx supieron explotar.
           
─Harpo era un sujeto literalmente surreal, muy cerca de ser un clown: no creo que su papel tuviera algo que ver con la realidad ─dice Fernando Luque, su intérprete en la obra─. Su personaje era algo así como una creatividad azarosa que de pronto irrumpía para dejar desconcertados a todos.
           
─Chico era el oportunista que siempre está calculándolo todo solo para hacer más dinero y mujeres ─dice Daniel Neuman─. Era alguien que se colocaba en medio del estado pensante que representaba Groucho y el estado en blanco que representaba Harpo.
           
Y por último Groucho, el judío reconcentrado y ansioso de traje esmirriado y grandes gafas: la caricatura del oficinista analítico y taciturno ─el funcionario escéptico─ que nunca llegó a ser.
            
Felizmente.
            
─Groucho Marx era un auténtico transgresor que no le hacía reverencias a nadie: atacaba a todo lo que se le ponía enfrente, no respetaba nada ni se dejaba impresionar por el dinero, la autoridad o el supuesto orden ─dice Pablo Saldarriaga sobre ese personaje que recomendaba que el secreto del éxito radicaba en la honestidad y la buena conducta.
           
«Si logras fingirlos, lo habrás conseguido», remataba.
           
El mismo personaje que sabía que al final todo saldría mal y se acabaría. Y no le importaba que fuera así.

                                                               *****

─Yo creo que fue la época ─dice Gonzalo Benavente─. Más allá de renegar de temas mundanos, Groucho Marx era un existencialista muy ácido y crítico con lo que sucedía a su alrededor.
            
Y entonces el director de la obra explica que de seguro tuvo que ver el irreverente movimiento dadaísta de esos años cuyo discurso invitaba a sacudir las estructuras. Que ese manifiesto artístico propugnaba que no tenía mucho sentido lo que hacíamos: que el ser humano no debía considerarse racional después de haber hecho posible conflictos tan traumáticos y desastrosos como la Primera Guerra Mundial.
            
─El dadaísmo denunciaba, con humor, que los hombres están más cerca del ser absurdo que del ser pensante. En ese sentido, ironizaba la autoafirmación: te invitaba a no tomarte a tí mismo en serio y a burlarte de cómo somos en la vida diaria.
            
A eso se sumaban las primeras ideas revolucionarias de Freud: a partir de ese momento, la gente sentía que podía empezar a hablar de temas vedados.
           
─O que podían expresar toda la mierda que tenían dentro y antes no se podía mencionar o reconocer ─agrega Daniel Neuman.
           
─Sí, sí, surrealismo, posguerra, psicoanálisis: todo eso aparece muy mezclado en sus obras ─dice Grapa─. A partir de esas corrientes, lo que antes se consideraba anormal empezó a verse como parte de la realidad.

                                                               *****

¿Por qué a casi un siglo de su existencia alguien se preocuparía en homenajear a los hermanos Marx desde el teatro?
            
Una noche con Groucho Marx es la historia ficticia de lo que les sucedió a los hermanos Marx la noche anterior a la grabación de su primera película en 1929. Para ello el director ubicó las escenas más sorprendentes de todas las cintas que grabaran los comediantes ─como esa de Harpo imitando a Groucho como si este se reflejara ante un espejo─ y las mezcló en un cuidadoso guión que recogía ─o reelaboraba─ sus frases célebres según el tipo de acción que ocurriera en el montaje.
            
Allí están, por ejemplo, esas citas de «Nunca olvido un rostro pero en su caso haré una excepción» o «He pasado una noche maravillosa, pero no era esta».
           
De hecho, hay partes donde los fragmentos de las películas originales se funden con las escenas teatrales mismas.
           
Y hasta una sesión que recuerda los concursos radiales en los que participaba Groucho.
            
─Creo que a veces debe pasar cierto tiempo para que realmente sea valioso redescubrir algo. El hecho de que en Perú no se conozca mucho a los hermanos Marx los hace más atractivos ─dice Gonzalo Benavente─. Si no, pensemos en esto: ahora mismo no podríamos hacer una obra sobre Tarantino porque el hombre está allí, está vivo, sigue dirigiendo películas y mejor te vas al cine a verlas. Pero en cambio un homenaje a los Marx sí te permite fijarte en algo que normalmente pasa desapercibido y que siempre estuvo allí, toda la vida.
            
Como ese humor que atravesó generaciones: desde los británicos Monty Python hasta programas de estilo muy marcado como Saturday Night Live, Dinosaurs, Friends o American Dad.
           
─Se dice que su humor estaba basado en el absurdo pero no estoy seguro ─dice Daniel Neuman─. Por el contrario, creo que el humor de los Marx era muy realista, demasiado realista y literal, de esos que se apegaban al pie de la letra de las palabras. Ese giro de las frases para generar otros sentidos te hacía pensar que las cosas no son tan esquemáticas y cuadradas como normalmente se las quiere ver.
            Porque es probable que
ese humor siempre estuviera presente a lo largo de la historia de la humanidad pero solo lo pudimos conocer ─ya masificado, ya popularizado─ en el último siglo con la invención del cine sonoro, la radio y la televisión. Y los hermanos Marx estuvieron allí, en las circunstancias oportunas para aprovechar esos medios y crear una alegre revolución en contra de esa vida mecanizada y formal tan cotidiana.
            
Tan oportunas, por lo demás, como aquellas palabras de Groucho cuando trataba de explicar la convivencia y el amor: «Puede que el matrimonio sea una institución maravillosa pero... ¿quién quiere vivir en una institución?».


           
Una noche con Groucho Marx de Gonzalo Benavente Secco.
           
Producción: CCPUCP.
           
Dirección: Gonzalo Benavente Secco.
           
Elenco: Pablo Saldarriaga, Daniel Neuman, Fernando Luque, Carolina Cano, Carlos Cano, Grapa.
           
Lugar: Centro Cultural de la Universidad Católica (Av. Camino Real 1075, San Isidro).
           
Funciones: De jueves a lunes a las 8 p.m.
           
Entradas: S/.25 (general), S/.15 (estudiantes y jubilados) y S/.10 (lunes populares).
            
Temporada: Del 15 de noviembre al 10 de diciembre de 2012.

3 comentarios

QUE BUENO, ME AGRADO MUCHO, SI LE PASAS LA VOZ A GONZALO BENAVENTE, PARA QUE LA OBRA LA PRESENTE EN MI CIUDAD (AREQUIPA), SERIA UN EXITO.
GRACIAS

Una noche con Groucho Marx, nunca he visto sus monologos pero por como lo describen debe ser único, voy a buscar sobre el

Me parece muy bien un homenaje a esos grandes cómicos. Lo que no entiendo, ni suelo entender, es porqué para ensalzar a A hay que reducir a B. Los Marx eran suficientemente buenos como para que no sea necesario rebajar la calidad de otros. No inventaron lo que hacían, simplemente lo hacían muy bien. No eran mejores que Stoneface Keaton o Chaplin, ni peores, eran simplemente buenos.
Decir que antes solo había farsa y parodia y que el humor se basaba sobre caídas es una barrabasada. Antes de decir algo de pierna suelta, mejor es investigar. O llanamente evitar afirmaciones sobre terceros que no se conoce a profundidad. Pues latente, en esas descripciones de que se diferenciaron de los de su época por X e Y, está la afirmación de que Chaplin no fuese cerebral o que Keaton no jugase con el absurdo llevado al extremo. Sí, Groucho Marx era un maestro de lo absurdo a su manera (referente a lo que dice Neuman: lo absurdo, a mi parecer, justamente se basa en lo real y se construye a partir de la realidad extrema, por ello pienso que es tan real como absurdo), lo cual no le resta, ni él necesita que se le reste, un ápice al , al humor particular, al cuestionamiento sociocultural que es tan clásico en el clown etc, al absurdo diferente, y a la capacidad de influir el arte actual, de tantos otros comediantes de los inicios del cine o de las épocas anteriores. Es una historia larga y valiosa, realzar a unos es tan importante como considerar y aplaudir a los otros.
Hoy voy a ver la obra, con muchas ganas. Felicitaciones al equipo desde ya

Escribir un comentario


Introduzca los caracteres que ve en la imagen de arriba.