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Crónicas Marcianas

Carlos Chávarry

Carlos Chávarry

Aunque no solo serán pequeñas crónicas: también se publicarán reportajes y entrevistas sobre personajes y lugares que pasan desapercibidos. Donde lo que importa no es lo más miserable o lo más sensacionalista, sino lo que no necesariamente llama la atención. Sobre lo que hacemos y soñamos: lo que somos.

En otras palabras, lo que ocurre desde lo cotidiano: precisamente lo que casi nunca es noticiable. Pero que cuando se dice, sin embargo, resulta extraño, complejo. Por eso, si tienes alguna historia qué contar –por inactual o banal que parezca–, hazlo aquí. Porque hay cosas que si no se cuentan, nunca las entenderemos.

Cielo oscuro

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Una película peruana no es solo un milagro en la cartelera: es también el final de una carrera contra el tiempo y el clímax de una aspiración. Igual, eso no garantiza que su público la entienda. O la vea en el cine.


              
   A veces ─solo a veces─, pareciera que las películas peruanas se graban no tanto para el público de su país como para el extranjero.
               Algo en los códigos, la estética, la perspectiva y los guiones los hace más atractivos para un espectador europeo o norteamericano o asiático que podría llegar a sentir curiosidad por la fórmula exotismo + latinoamericano + tercermundista: la clave del éxito de ciertos realizadores y artistas peruanos con talento y sin talento.
             
Una mirada cinematográfica donde a veces ─solo a veces─ toda una población es reducida al carácter de una colonia de insectos: de animales de laboratorio.
             
Una perspectiva didáctica.
             
Joel Calero, el director de Cielo oscuro, opina que este no es su caso y que no en vano ha esperado los dilatados ocho años de producción de su película para estrenarla directamente en la cartelera peruana, saltándose la posibilidad de presentarla en circuitos internacionales, cosechar elogios y trofeos, y recién allí exhibirla en el país de origen.
             
Es decir, el acto contrario a lo que hacen muchos directores nacionales.
             
«Estrenar una cinta en festivales de otros países es un intento de generarle pedigrí a la historia ante ciertos espectadores ─dice el director─. Sin embargo, al público masivo no le importa que se haya visto y premiado afuera. Por el contrario, creo que el atractivo de Cielo oscuro está más en su narración y sus actores, y eso no necesita de festivales».
             
Un acto contrario que, por lo mismo, podría ser suicida.

 

                                                                 *****

 

 En una escena de la película, la joven está desnuda y sentada de espaldas sobre el hombre. Cabalga sobre él. De pronto el amante, empapado en sudor y algo demacrado, se sale de ella y le pregunta por qué se ha colocado en esa postura si sabe que así no llegará al orgasmo.
             
Sin esperar a recibir respuesta, le reprocha directamente en quién está pensando.
             
Le dice que si le ha dado la espalda es para recordar al otro: a su ex novio. Que está fingiendo que no es él sino otra persona. Que lo está utilizando. 
             
La joven, desnuda y humillada, empieza a vestirse con lágrimas en los ojos.
             
─Es la lógica del celoso, lo que Ingmar Bergman llamaba los «celos retrospectivos» ─dice Joel Calero─. Es esa desconfianza e inseguridad del hombre sobre las antiguas parejas de su mujer. De eso trata la película: de lo que ocurre en la intimidad de una pareja, en los pliegues más recónditos de su relación. De cómo el sujeto celoso es, en primer lugar, la víctima de sí mismo.
              
Contado en crudo, el guión podría parecer simple y lineal: dos personajes limeños de entornos distintos ─un negociante maduro y divorciado y una casi adolescente actriz de teatro─ se enamoran y tratan de pasar un buen rato juntos hasta que el hombre empieza a imaginar que la joven sigue atraída por su anterior pareja, mucho más joven y apuesto.
             
Ella le cuenta que con su ex llegaba a tener más orgasmos.
             
Y entonces la historia de amor se convierte en una historia de celos.
             
Lo que no se puede saber hasta no haber visto la película es que lo más atractivo no es tanto lo que ocurre ante las cámaras como lo que no ocurre: lo sugerido, lo que en principio no está allí para asombrar ni espectacularizar las situaciones.
             
Por ejemplo, las calles en los que los personajes se desenvuelven, los rostros y cuerpos cotidianos, las maneras naturales de hablar y pensar, los juegos y los deseos, la forma en la que se practica el sexo, las ficciones que se inventan los enamorados, los puntos de desfogue de rabia y frustración, las expectativas mutuas, y los artificios simples para relacionarse y comunicarse entre los demás.
             
Incluso el auto del protagonista con su pegatina de Grand Prix en el parabrisas.
             
Es decir, el principio de realismo mismo: aquello que hace que una ficción que ocurre en Lima sea lo suficientemente creíble como para atrapar al espectador local a partir de detalles mínimos.
             
Como si lo que vemos fuera la historia de cualquiera de nosotros.
             
Como si nosotros, peruanos con problemas familiares, de dinero, empleo y amores, fuésemos los inesperados actores de una gran película universal.

 

                                                                      *****

 

─Medio millón de dólares. Eso es lo que he invertido en esta película ─suelta Joel Calero sin inmutarse─. Y esa cifra es lo mínimo a invertir en la cinematografía nacional: es el monto básico, elemental. Una película colombiana o argentina cuesta mucho más que eso.
             
Desde el año 2005, el flamante director fue sumando premios nacionales e internacionales para invertir en su historia: solo logró reunir cerca de 300 mil dólares: algo más de la mitad de lo que necesitaba.
             
Igual era una pequeña fortuna para un profesor universitario como él.
             
Luego comenzó a pedir préstamos por aquí y por allá hasta endeudarse.
             
─Las películas peruanas, casi siempre, deben ser multifinanciadas: primero por su organismo de cinematografía y luego por otros fondos internacionales. De lo contrario, no hay manera ─dice el realizador─. Así funciona en todo el mundo salvo en Hollywood.
             
Y explica que en Latinoamérica se aplica el mismo sistema de pasar el sombrero entre varios posibles financistas y que eso puede demorar dos, cuatro, seis u ocho años, como en su caso. Aunque ─hace la excepción─ hay ciertos países que aportan más dinero a su producción nacional. Es el caso de Colombia, por ejemplo.
             
─Por todas esas dificultades, es muy cruel que una película que demoró casi diez años en concretarse solo esté cuatro días en cartelera ─dice─. Porque en el Perú, si el público no asiste a ver la cinta durante la primera semana de su proyección, los exhibidores la reemplazarán por otra.
             
Quizá sustituida por una historia más fastuosamente irreal y romántica, de esas cuyo final feliz se adivina dos horas antes de que aparezcan los créditos. Tal vez una con George Clooney y Julia Roberts. U otra de ángeles y vampiros enamorados.
             
─Las películas peruanas no tienen una buena campaña de marketing: solo dependen del boca a boca ─dice Joel Calero─. Para cuando la gente que las vio durante la primera semana empieza a recomendarla, ya desaparecieron del circuito.
             
Y agrega:
             
─Por lo mismo, los exhibidores deberían forjarse un nivel de conciencia por sí solos, sin que nada los obligue. En el caso del cine peruano, es más un tema moral que comercial.
             
Y menciona lo de Argentina, donde por ley una película local se proyecta como mínimo durante dos semanas para proteger su cinematografía. O Francia, donde no se permite que el cine hollywoodense sature más del 49% de las salas: así garantizan que sus carteleras muestren una gran diversidad de películas de todo el mundo.
             
Lo cierto es que mientras en el Perú muchas personas sueñan con la empresa familiar y la casa propia y la camioneta 4x4 y ahorran y se endeudan todo lo posible por los próximos largos años, también hay otras que solo sueñan con producir una película.
             
Por el mismo precio y hasta más.
             
Por solo cuatro días de exhibición.

 

                                                                 *****

 

─Me interesan las relaciones de afectos, allí encuentro de todo, porque probablemente el hecho más significativo de tu vida sean los amores que has tenido ─dice Joel Calero.
             
La cuestión está en que ese tema interese al público peruano, tan acostumbrado a otro tipo de historias ─digamos─ más gratificantes.
             
Como esas películas de héroes cuyos guiones parecen libros de autoayuda.
             
Y es que quizá el riesgo de cintas como Cielo oscuro sea que no hay mucha costumbre en los peruanos para ver lo que ocurre en las relaciones interpersonales entre peruanos ─valga la redundancia. A eso habría que sumarle el ritmo acelerado de los efectos visuales y el impostado carisma de los actores hollywoodenses que predican un solo tipo de cine, por lo general desangelado y aséptico.
             
─Quizá el espectador peruano promedio espera de su cine nacional lo que él considera el paradigma y modelo de cine que suele ser Hollywood ─dice el director─. Pero en el cine local hay varias vertientes: una de tipo autoral y personal pero tal vez distanciados de lo que el público peruano espera.
             
Y aquí agrega que La teta asustada, Paraíso y Octubre serían algunas de esas historias que hicieron mucho por el cine nacional pero que no tuvieron mayor conexión con el espectador peruano.
             
─En el otro extremo están las películas estrictamente comerciales, faranduleras, sin mayor repercusión en el extranjero y que solo están destinados a darle al público los ingredientes de una ficción básica y elemental.
             
A decir de Joel Calero, Cielo oscuro debería estar a medio camino entre estas dos categorías: por un lado con una narrativa que el público masivo reconozca fácilmente, con diálogos coloquiales y para nada forzados, pero por el otro, dándole mayor fuerza a la composición visual y el trabajo actoral, tratando de hacer una película de calidad que sea cercana al público.
             
Al menos, aclara, es lo que intenta.

 

                                                                 *****

 

  Al ver la actuación protagónica de Lucho Cáceres, uno podría rogarle que no vuelva a trabajar en esos supuestos programas cómicos de señal abierta.
             
Es un actor demasiado versátil para la pantalla chica. La televisión peruana solo lo está desperdiciando.
             
Pero además, porque debe ser el primer actor limeño de cuerpo poco apolíneo y más bien abultado que se muestra semidesnudo con una familiaridad de cámara indiscreta. Y es precisamente ese estado lo que provoca complicidad: su cuerpo es el retrato de nuestros particulares cuerpos algo regordetes y barrigones.
             
Como peruano, uno logra identificarse con Lucho Cáceres en calzoncillos.
             
─¿Realismo hasta en su cuerpo? Lucho se va a enojar por esto ─dice el director entre risas─. Pero es verdad: un semidesnudo y un desnudo son parte de la sexualidad. Y los cuerpos ─el tuyo, el mío y el de los demás─, tienen un montón de imperfecciones que no nos hace feos: solo nos hace naturales.
             
Porque la idea del filme era precisamente mostrar los cuerpos en situaciones de sexualidad sin exagerar ni construir un erotismo superficial y falso.
             
Una especie de desnudez de la desnudez que, paradójicamente, pasa desapercibida durante la proyección cinematográfica: la carga dramática de lo que ocurre en la escena sexual es más fuerte que la simple exposición de la piel.
             
─La gente suele decir que el cine peruano es un cine de desnudos y groserías, como si con ese cliché quisiera estigmatizar todo lo que se graba en el país ─explica Joel Calero─. Pero si Cielo oscuro es una película de desnudos y groserías, lo es porque sin ellos pierde su esencia realista: los desnudos son el corazón dramático de la historia, y los celos aparecen cuando la pareja hace el amor.
             
Es decir, evitando la desnudez y el sexo como adornos y anzuelos para generar morbo y atraer público.
             
Algo similar ocurre con el lenguaje: los personajes reproducen esa manera de hablar tan nacional donde las cosas siempre parecen ser dichas como quejándose: de los problemas, de las preocupaciones ─como si estas existieran con independencia de los problemas─, y de las incertidumbres por sentir que nada en el país es seguro.
             
─Ese lenguaje que suena a queja existencial de ser peruano, ese mismo lenguaje, refleja lo que le ocurre a cualquier profesional hoy en día ─dice el director, y agrega─: Que, a cierta edad, consumes las mejores horas de tu vida en el trabajo, y las amistades, las salidas y la exploración vital de tu mundo quedan de lado.

 

                                                                 *****

 

  Con algunas películas peruanas, algunos espectadores suelen criticar la falta de un eje central. Es lo que sucedió con Dioses de Josué Méndez, por ejemplo.
             
Parece que extrañaran un punto de referencia que sirva no tanto para estructurar el argumento por temas sino más bien para digerirlo en sentidos y mensajes evidentes y claros. Como si una historia debiera estar visiblemente anclada en una escena para que el resto ─los sucesivos noventa minutos─ se justifique: las películas comerciales de ficción así los han habituado.
             
Se pide un solo gran núcleo ─predecible, palpable, fácil─ cuando en realidad una película también puede presentar varios microejes: pequeñas situaciones que van desplazándose y mostrando detalles de un algo que siempre está presente a la sombra.
             
Porque ocurra lo que ocurra, siempre algo más está sucediendo.
             
Es muy probable que Cielo oscuro esté en esa misma línea: una cinta donde uno no se percata cuándo ni cómo empiezan a quebrarse los protagonistas, donde todo parece transcurrir ─incluso lo enfermizo─ en una especie de normalidad.
             
Donde nada parece calculado: todo existe por sí solo.
             
De allí que por momentos sus escenas sean una mirada al horror y al vacío de cómo vivimos los peruanos, pero no desde una lectura complaciente o moralista, sino más bien despojada de opiniones y sentidos, desinteresada por generar discursos sobre lo bueno y lo malo, lo gracioso y lo condenable. Y quizá por eso mismo su efecto se multiplica: porque nos reconocemos en esas pasivas existencias y nos estremece que todo, hasta las situaciones negativas y perversas, resulten tan cotidianas.
             
Ese horror y vacío no es de la película.

 

                                                                 *****

 

  Una actriz peruana que vivió en Buenos Aires dijo alguna vez que mientras allá una parte de la población se sometía al psicoanálisis y vivía relativamente estable, aquí en Lima el estrés y la tensión nerviosa podían respirarse en el ambiente.
             
Que no teníamos una forma de realizar una introspección y despojarnos de lo que nos aturde.
             
Quizá por eso el auge de las iglesias evangélicas, entre otras cosas.
             
─También opino algo similar ─dice Joel Calero─. De hecho, el mero tránsito en Lima me parece un reflejo del alma de nuestra sociedad. ¿Sabes por qué? Porque el momento más tangible de una sociedad es la calle: mientras estás en tu casa, nadie ve lo que eres capaz de hacer. Pero en la calle, demuestras parte de lo que eres.
             
Y entonces menciona que nuestras calles están caotizadas por las reglas que impone cada conductor ─ya sea que conduzca una camioneta o un taxi─, y eso refleja la manera desconfiada de cómo nos relacionamos los peruanos en el espacio público.
              
Los celos que sufre el personaje de Cielo oscuro son una manifestación más de la desconfianza y la inseguridad esencial de los limeños. 
              
No en vano en la película gran parte de los personajes reflejan una dosis de conflictos no resueltos y una carga equivalente de responsabilidad e irresponsabilidad: cada uno de ellos sabe de qué pie cojean las cosas y nunca hacen nada por resolverlo, al punto que sus vidas se tornan casi insoportables: patológicas.
             
─Cuando la novia le dice al protagonista que sus celos no son normales y debe visitar a un psicólogo, este le responde que eso es solo para los casos extremos, los locos. Y claro, para él su machismo y sus celos están justificados ─dice el director─. ¿Cuántos peruanos no piensan de la misma manera en el día a día? Eso demuestra la poca conciencia que tenemos por la salud psicológica pública.
             
¿Y al espectador peruano le gusta verse así en el cine?
             
─Yo creo que sí ─dice Joel Calero─. A todo el mundo le gusta verse y reconocerse: lo necesita.
             
Y refiere esa anécdota imaginaria de que si algún día un extraterrestre caminara por las calles despobladas de Lima, pensaría que ha llegado a Finlandia o algún otro país europeo por los rasgos de los modelos que aparecen en los carteles publicitarios.
             
─Con esa lógica opino que los espectadores limeños deberían buscarse en sus calles, en sus barrios, en su Gamarra y su Barranco, en su ciudad ─finaliza─. Porque es necesario reafirmarse, reconstruir sus fábulas y sus imaginarios. Porque deben verse.

 

8 comentarios

No he visto esta pelicula y la verdad, este comentario rimbombante solo me espanta al momento de pensar ir a ver Cielo Oscuro. Sin embargo, haré mi esfuerzo por verla.
Pese a ello, quisiera decir algo: yo creo ser un cinéfilo dedicado, trato de asistir regularmente a las salas (cine comercial y del "culturoso"), y luego de años de ver la producción local, solo puedo decir que tengo muchos prejuicios cuando se trata una nueva pela peruana. Eso por una sola razón: NO ENTRETIENE. Y me refiero al entretenimiento en el concepto más llano, más simple...no necesariamente el de Hollywood u otros de tamaño básico. Y luego, los cineastas y sus amigos pseudo críticos del cine local se quejan de que pasaron años produciendo su pela y nadie los va a ver. Por favor...
En un país donde no tenemos cultura cinematográfica y donde casi todo lo pirateamos, resulta absurdo pretender llamar la atención del público de la mayoría (los que van al cine con su flaca, paga 15 soles por una entrada, paga otros 10 por una cancha o gaseosa, etc) con historias rebuscadas, complicadas, irreales, con narrativas complejas, complicadas, de cine club. O acaso alguien la pasó linda con las pelas de la multipremiada Claudia Llosa?
Señores cineastas: no estamos en Francia, no tenemos la ley argentina. Solo tenemos una masa de espectadores que buscan divertirse. Ese es el punto de partida en el caso peruano, y parece que eso no lo tienen en cuenta. Si quieren al menos recuperar la sufrida inversión hecha en una pela, primero piensen en el público al que se dirigen. Ejemplos sobre ese camino en la región hay muchos, no solo en Argentina, si no en Chile, Colombia, Brasil. Ok...algunos no ganarán premios, hallan su público y al menos tienen lo que no tenemos nosotros: un cine con identidad nacional.
¿Acaso creen que el que una pelicula permanezca dos o tres semanas en cartelera no garantiza que la gente la vea?
¿Ah...que tu eres un autor, un artista independiente, y tu público no es la mayoría que ve Al Fondo Hay Sitio? Entonces no te quejes si un sábado por la noche, Juan Manuel Choquehuanca va al Cineplanet de Centro Civico con su novia y toda su mancha de Zárate, y decide ver la última de Adam Samdler o (Los Indestructibles 2) en vez de Cielo Oscuro (o La Teta Asustada).

He leído atentamente las notas del director y el comentario de José y no puedo evitar estar de acuerdo con los dos, y creo que precisamente ese el punto donde nos quedamos atrapados, y hablo como quien describe a nuestra sociedad Limeña. Una parte que quiere, que necesita evadir una realidad abrumante; una parte que quiere soñar, escapar y olvidarse del dolor que es vivir una realidad como la nuestra, que para la gran mayoria es una lucha continua. Pero al mismo tiempo digo cuándo hemos de dar el paso, cuándo levantaremos una señal de protesta ante lo que nos inutiliza, nos inoptiza, nos idiotiza, nos desinforma. Cuándo diremos basta al desorden en las calles, en el trafico!! Cuándo le diremos al conductor y al cobrador que no estamos dispuestos a seguir su autoritarismo y maltrato constante y simplemente callar, y callar, y aceptar en silencio la injusticia, hasta que algun viejito diga algo.

Cuándo vamos a tener conciencia y despertar de ese sueño cotidiano y rutinario, de una genración sin voz, sin opinión, sin identidad.

No será hasta cuando interioricemos y seamos capaces de hacer una sociedad diferente, ahi donde estamos, tal cual somos y no esperar eternamente por una nueva generacion que nunca aparece y del cual politicos y religiosos predican y prometen.

Pienso que películas como Cielo Oscuro es como lanzar un mensaje al aire y quien este despierto tendra ojos para ver; pero definitivamente Joel no esperes una masiva concurrencia; “hay, hermanos, muchísimo que hacer…“

José:

Significativa tu posición pero también predecible.
Al final no llegaste a la pregunta de fondo: ¿por qué elegimos algo?
Decir que a los peruanos hay que darles lo que les gusta es una falsa respuesta:
es un simple consuelo, una evasión.
Y sobre la nota, solo dos cosas:
Uno:
Tratar de explicar una obra desde varios enfoques no es rimbombante.
Estás asumiendo que la extensión de un texto (o de cualquier cosa) ya no es argumentar nada,
sino solo hacer publicidad, cherrys. Y eso es una falacia.
Supongo que el estilo de escribir a lo Twitter es algo más que un estilo.
Dos:
He visto cintas de autores tan disímiles y opuestos como, por decir, Carlos Sorín,
Wong Kar Wai, Jim Jarmusch y Tarantino, y no por eso me considero un especialista
en cinematografía, sobre todo a la hora de calificar el cine peruano.
Mirar más películas o leer más libros no nos hace más cultos o conocedores.
Dependerá de qué es lo que eliges ver [y qué no] de todo eso.
Y nuevamente, así llegamos al primer punto: ¿por qué nos gusta lo que nos gusta?
¿Qué hace que llamemos «entretenida» a una historia?
Eso, creo, lo puede responder alguien que haya visto o no Cielo oscuro.
Saludos,
C.

Estimado Jose Mendoza por gente como tú es que este país esta como esta. Por otro lado, he visto Cielo Oscuro y para citar al cinéfilo Jose, a mi si me parecio entretenida, aunque suene tonto decir algo asi de una pelicula, pero bueno. De lo último que he visto, Octubre me parece una obra buenisima, Cielo Oscuro tambien esta ahi, tienen que verla para opinar y sacar sus conclusiones, obvio que no es para cualquier Jose Mendoza. Y finalmente para Carlos Chávarry, me parecio bueno tu post, el que hiciste de la obra Rojo fue genial. Saludos

Primero, quisiera resaltar el comentario de José Mendoza. Por momentos es directo e incluso agresivo pero no deja de tener razón. El artista no puede mirarse el ombligo y esperar que el público reconozca su trascendencia porque lo merece. Creo que muchos, incluido José Mendoza, equivocadamente piensan que lo 'entretenido' está definitivamente alejado del ARTE (así, en mayúsculas), como si la solemnidad fuera sinónimo de profundidad o grandeza. Si me pongo fastidioso les diría que ese prejuicio les viene por no tener en cuenta a los clásicos, pues estos además de su profundidad jamás dejaron de atravesar todos los estratos y entretener, sí, principalmente, entretener, al público. Y no como concesión al populacho sino como fin en sí mismo. Me gustaría pensar que la catarsis de la que hablaba Platón siga de alguna manera vigente en estos tiempos posmodernos y distraídos.
Bueno, respecto a la película. Mañana espero ir a verla, de los desnudos no me quejaré pues por la entrevista al director me entero que son necesarios en la historia. Lo que sí temo es el manejo de la oralidad, creo que es el punto flaco de los guiones peruanos: muchas veces la inserción de groserías se pretende que actúe como catalizador de realismo. Un diálogo impostado sigue siendo impostado con groserías. Me remito a la literatura y al teatro donde diálogos durísimos o cotidianos no siempre tienen necesidad de usar groserías para ser verosímiles y contundentes.
En fin, a priori del espectáculo, espero que le vaya bien a esta película pues una exploración profunda de sentimientos. Me ha interesado porque pese a que sé que es una adaptación de Chabrol (cuyo original que no he visto), en realidad, me ha remitido a la obra del escritor Moravia, otro explorador sentimental.

Finalmente, Carlos Chávarry en los comentarios hace una afirmación sobre la extensión de la nota e insinúa que del analfabetismo funcional parte el disgusto de Mendoza por la misma. Es una afirmación falaz, pues del comentario de Mendoza en ningún momento se puede desprender esto. En todo caso él podría explicar por qué le parece rimbombante. (A mí me ha gustado el análisis de Chávarry y su manera novedosa de crítica-entrevista, aunque pueda no estar de acuerdo en algunos puntos de vista.)
Saludos.

Solo para señalar el lapsus. No fue Platón el que hablaba de catarsis de la tragedia sino Aristóteles en su Poética.

Hola Braulio,

Para no complicar mucho las cosas propongo otra pregunta, quizá algo más polémica:
¿Y si los peruanos detestamos el cine nacional porque en el fondo nos detestamos a nosotros mismos?
(Y para eso a veces ni siquiera hay que ver las películas).
Por mi lado, yo prefiero detestar (e ignorar) la televisión nacional antes que el cine nacional.
Saludos,
C.

Saludos al autor de este blog, que es muy bueno y siempre lo leo. Comparto lo que dice Mendoza (pero no su agresividad...rimbombante eres tú con tu crítica inncesaria). Si los cineastas y actores peruanos reniegan de que en el Perú la gente no va al cine, y que por eso no llenan las salas cuando pasan sus peliculas, pues ese es el resultado de sus aburridas peliculas. La gente si va a cine, compra piratería, alguna algún bluray, ve cable, etc. Pero no va a ir al cine a ver La Teta Asustada pues...
Dicen que el cine es arte. Ok, de acuerdo. Pero una frase cliché por alli dice: el cine es ante todo, entretenimiento. Carlos pregunta...pero ¿qué es entretemiento? Esa es la chamba de los cineastas pues. Y los cineastas peruanos no la estan tinkando hace tiempo. Por eso sus pelas no duran una semana en cartelera. En un futuro cercano, no veo a los dueños de alguna cadena de cines en el Perú dejando de exhibir Avatar 2 (habrá?) o Torrente 8, por poner la tercera pelicula de la Claudita Llosa...jaja!
Además, el cine es negocio. Para hacer una pela no se invierten peras. Son dólares, y hartos. Por tanto, una pela también debe tener ese ángulo, porque si no, no habrán productores apostando por una pelicula peruana!. Si no tiene ese ángulo, estamos mal.
Yo creo que aqui hay gente q busca una pela con sabor nacional que les llegue, y hay posibilidades de que sea un hit masivo. Temas sobran. La gente quiere verse en la pantalla (eso de que nos odiamos y no queremos saber nada de nuestra realidad...por favor...eso fue en los 80s!!) Pero no vamos a ir al cine a que nos digan que Lima es gris, y blah blah blah..A menos que nos lo digan de manera que nadie lo ha hecho, no?

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