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Crónicas Marcianas

Carlos Chávarry

Carlos Chávarry

Aunque no solo serán pequeñas crónicas: también se publicarán reportajes y entrevistas sobre personajes y lugares que pasan desapercibidos. Donde lo que importa no es lo más miserable o lo más sensacionalista, sino lo que no necesariamente llama la atención. Sobre lo que hacemos y soñamos: lo que somos.

En otras palabras, lo que ocurre desde lo cotidiano: precisamente lo que casi nunca es noticiable. Pero que cuando se dice, sin embargo, resulta extraño, complejo. Por eso, si tienes alguna historia qué contar –por inactual o banal que parezca–, hazlo aquí. Porque hay cosas que si no se cuentan, nunca las entenderemos.

Paisaje en ruinas

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La fecha de caducidad de una casona también será la fecha de caducidad de esta exposición-instalación. César Fajardo, fotógrafo de Perú.21 y participante de la muestra colectiva, hace un recorrido por este espacio y con su obra aclara algo que con frecuencia se olvida: las ruinas, cualquiera sea su tipo, son ruinas humanas.

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Pocas exposiciones podrían terminar como esta: destruida.
            
Porque para cuando llegue mediados de mes, la casona donde se exhiben estas fotografías e instalaciones sobre distintos escenarios urbanos será demolida.
            
Y esa es la intención.
           
En Paisaje en ruinas, un grupo de fotógrafos y performers demuestran que las ruinas de cualquier cosa erigida alguna vez por los peruanos ofrecen varias claves para comprender ciertas situaciones.
            
La identidad, por ejemplo. O la historia.
            
La pobreza. La violencia. La injusticia. O la supervivencia.
            
La incertidumbre.
            
Son ruinas que, en cierto modo, hablan del futuro.

                                                                *****

─Esta muestra revela todos esos paisajes urbanos en proceso de desaparecer o en transformación ─dice César Fajardo, fotógrafo de Perú.21 y uno de los nueve integrantes de la exposición─. De alguna manera, estas obras exponen una etapa de transición hacia algo, sea para bien o mal.
            
Y agrega:
            
─Son las ruinas como un potencial estado de latencia.
           
Hans Stoll, Solange Adum, Sergio Urday, Morfi Jiménez, Ana de Orbegoso, Juan Diego Tobalina, Juan Luis Zegarra y Alessandra Rebagliati son los otros integrantes de esta exposición.
            
Curada por Carlos Caamaño, Paisaje en ruinas se justifica en un fragmento de El tiempo en ruinas, el célebre ensayo del antropólogo francés Marc Augé que propone conclusiones como esta:
            
«La historia futura no dejará ruinas: solo escombros».
           
En otras palabras: también hoy las ruinas han llegado a perder su pasado y son incapaces de producir alguna rememoración. La tiranía de la evidencia y el fanatismo por el presente puro así lo suscita.
            
En este caso, las fotografías de la muestra evocan la mirada que se desvanece.

                                                                *****

─¿Qué es lo que registra una fotografía? Creo que espacio y tiempo por igual ─dice César Fajardo─. Una imagen implica una presencia y, a la vez, una ausencia del fotógrafo. Es decir, alguien podría estar en un determinado lugar para hacer click pero luego de eso ya nada será igual: nadie podrá repetir ese instante ni podrá verlo de la misma manera ─clima, encuadre, luz─ como lo vio el fotógrafo. Por eso digo que en esa ausencia y presencia se conjugan tanto el espacio como el tiempo.
            
Con su tautológica forma de perdurar en el tiempo, no es casual que haya quienes creen que la fotografía no sea más que un fracasado intento de superar la muerte.
            
Un vano intento de trascendencia humana.
            
Desde esa perspectiva, el trabajo de este fotoperiodista manifiesta ─no sin algo de inquieta ternura─ lo que significa existir en un espacio donde se supone que no debería estar: vegetación, matas, arbustos, hierbas malas que crecieron en los resquicios de construcciones humanas: en una vereda del Rímac, en la pared de una residencia de San Isidro, en una pequeña grieta de las sólidas murallas de concreto de la Vía Expresa.
           
Es la metáfora de la naturaleza que se enfrenta a lo artificial. De allí el nombre de su serie: Plantas in-deseadas.
            
─Se veían tan obstinadas en crecer en esas duras condiciones, que cuando las registré lo hice pensando en darle ese conocido aire de inmortalidad a lo efímero y hacer perdurar su imagen ─su representación─ en el tiempo.
           
Luego dice:
            
─Además, está el hecho de que esa vegetación surgida de la nada se ha vuelto tan común de observar que casi la invisibilizamos: anulamos su imagen en nuestras vidas cotidianas. Es decir, de pronto dejamos de percibir lo que nos parece tan simple y evidente y que, sin embargo, está. La fotografía ayuda a corregir eso: tiene el don de devolver el foco de atención sobre algo por un breve instante ─segundos, minutos─ y hacerlo parecer relativamente importante.
           
Algo que no debería estar y que, sin embargo, está allí.

                                                               *****

Con La chatarrera, también Hans Stoll esboza vida ─y esperanzas y sufrimientos─ allí donde solo hay basura: el otro tipo de ruinas humanas.
           
A través de una imagen del tamaño de una pared entera y un mini-altar circular elaborado con latas de leche vacía, el fotógrafo ritualiza la dura labor de una mujer adulta ─probablemente madre de familia─ que se dedica al reciclaje en algún punto de Lima.
            
Mientras tanto, Solange Adum retrata dos lugares simbólicos: los muros de un cuartel miraflorino ya vendido como terreno comercial y una de las muchas viejas casonas de puertas tapiadas con ladrillos que proliferan en el centro de la ciudad.
            
En el primer caso, las paredes ya habían sido derribadas con anterioridad pero alguien decidió volverlas a levantar ─más bien dicho, parchar─ y, en un acto inusitado, agregarle cuatro pequeñas ventanas que luego serían bloqueadas y resanadas con yeso: habían olvidado que los exteriores de los recintos militares no poseen ventanas.
            
Uno observa la imagen y se sonríe ante la estupidez de la situación: de su torpe intento de reconstrucción.
            De s
u grado de improvisación.
            
Sobre todo cuando proviene de una institución de la cual se espera, por lo menos, cierto cálculo en sus operaciones.
            
─Es como el Perú: un país parchado, improvisado ─dice César Fajardo, convertido en una suerte de guía de la muestra─. No sé si tenga que ver con la multiplicidad de identidades en el país, pero la imagen resume nuestra manera de ser y pensar: es el pensamiento del parche que se ramifica y prolifera en otras ciudades del país. Y lo peor es que no solo sobre ruinas sino también sobre lo nuevo que se levanta, lo que se erige.
           
La situación es similar a lo que se observa en el segundo caso: los ladrillos fijados casi de manera inconclusa en las puertas de la casona dificultan ─no evitan por completo─ la entrada: intentan prohibir el ingreso de delincuentes, drogadictos, prostitutas y travestis allí donde antes debió haber vivido una familia pudiente que se mudó en algún momento.
           
Y entonces surge la pregunta: ¿por cuánto tiempo ambos lugares lucirán así?
           
Hasta los parches son defectuosos.

                                                               *****

Una ruina no solo evoca un pasado: también refleja en toda su crudeza el escenario ─el decorado─ sobre el cual ciertas personas vivieron.
           
En el caso de las imágenes de Solange Adum, estos antiguos lugares ─un cuartel, una casona─ demuestran que el poder también se desplaza en el espacio: se re-localiza. Marc Augé diría que esto se debe a la confrontación entre la riqueza y la pobreza y la expansión de una violencia política y social. En otras palabras, el choque simbólico entre poderosos y no-poderosos expande las ciudades y las reconfigura.
            
No en vano el antropólogo francés explica: «El siglo XX ha sido el siglo de las devastaciones, las destrucciones y las reconstrucciones».
           
Pero hay algo más en esa puesta: el común tratamiento despectivo hacia las ruinas o lo que está en trance de serlo.
            
Quizá porque se cree que la construcción ya perdió el objetivo para el cual fue erigida: despreciamos todo aquello que son ruinas porque no nos interesa entender el espacio que ocupan ni por qué están allí. Como si su funcionalidad lo justificase todo.

                                                               *****

Por su lado, Sergio Urday propone un doble juego de fotografía e instalación: el espacio donde expone sus imágenes también ha sido intervenido. Sus paredes se encuentran en proceso de destrucción tal como lo representan el Banco de la Nación incendiado durante la dictadura fujimontesinista.
           
─¿Por qué la imagen en ruinas del Banco de la Nación casi se convirtió en un icono? ─se pregunta César Fajardo─. Quizá porque para varias generaciones el edificio en sí fue un paisaje urbano de enormes proporciones.
            
Como diría el crítico y fotógrafo catalán Joan Fontcuberta: la construcción pasó a convertirse en un monumento y el monumento en documento. En este caso, un documento de lo que fue capaz un gobierno corrupto, pero al mismo tiempo, un registro simbólico ─y dramático─ de la caída de alguna forma de poder: la del ex presidente de la república hoy encarcelado.
            
Un paisaje en ruinas.
           
Por contraste, luego el fotógrafo muestra una chullpa prehispánica en la que también se aprecia los límites del tiempo y la razón humana: la diferencia entre una ruina envejecida naturalmente y otra devastada a propósito.
            
Un par de metros más allá, casi bajo la escalera, un televisor proyecta el deshabitado segundo piso de la casona: juega con la idea de ver la realidad a través de una pantalla. «Un recordatorio de la realidad física» lo define César Fajardo.
           
La instalación de Juan Diego Tobalina es contradictoria no solo para el espectador, sino también para los mismos fotógrafos que perciben la realidad a través de una pantalla: como si esta necesariamente debiera ser un intermediario: una forma mediadora entre lo que se observa y lo que se quiere creer.
           
¿Lo real es lo que se encuadra en una fotografía o lo que está fuera de ella?
           
─Una fotografía nunca es una realidad: es solo una interpretación de la realidad ─dice el fotógrafo de Perú.21─. Toda imagen siempre es una representación de algo y, como tal, está más cercana a la ficción que a la realidad. Por lo mismo, al ser ficcionable, se presta a la interpolación, a la variedad de lecturas e incluso a la manipulación interesada de los medios de comunicación. Mi solo acercamiento al hecho o personaje a registrar, la forma de mi encuadre, eso ya implica una carga subjetiva. Lo de la objetividad de la cámara no es más que un mito.

                                                                *****

Las ruinas no solo marcan una frontera entre el espacio y el tiempo. También ayudan a concebir la expansión de una sociedad y comprender que, como todo hecho cultural, una ciudad nunca está finalizada: siempre se está remodelando y transformando.
           
La espera de lo que podría venir es su tensión: una tensión que también se refleja en los habitantes.
           
Porque, como todo en la vida, una construcción siempre implica la posibilidad de erigir algo nuevo: diferente.
           
En su ensayo sobre el tiempo y las ruinas, Marc Augé escribe que recapacitar sobre el pasado y el futuro es una forma de re-inaugurar el tiempo: un impulso que provoca el desplazamiento y la reflexión de todo ser humano.
           
Lo contrario a la inmovilidad física y la inmovilidad de pensamiento.


            
Paisaje en ruinas.
           
Curadoría: Carlos Caamaño.
            
Expositores: Solange Adum, Hans Stoll, Morfi Jiménez, Ana de Orbegoso, Sergio Urday, Juan Diego Tobalina, Alessandra Rebagliati, Juan Luis Zegarra y César Fajardo.
            
Lugar: Casona Casimiro Ulloa (Av. Casimiro Ulloa 370, San Antonio, Miraflores, altura del cruce de la Vía Expresa y la avenida Benavides).
           
Temporada: Del 23 de mayo al 10 de junio.
            
Ingreso libre.

1 comentarios

Nuevamente un exelente articulo de Carlos Chavarry !!!
El tema de "Lima se nos va" es algo que vivimos a diario. El olvido o quizas la voluntad de borrar el pasado de una ciudad demuestra las herridas y las profundas fracturas que dejo el pasado del pais. Cuando a lo que declara César Fajardo sobre la fotografía, estoy completamente en sintonía; estamos diciendo las mismas cosas con palabras diferentes.

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