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Crónicas Marcianas

Carlos Chávarry

Carlos Chávarry

Aunque no solo serán pequeñas crónicas: también se publicarán reportajes y entrevistas sobre personajes y lugares que pasan desapercibidos. Donde lo que importa no es lo más miserable o lo más sensacionalista, sino lo que no necesariamente llama la atención. Sobre lo que hacemos y soñamos: lo que somos.

En otras palabras, lo que ocurre desde lo cotidiano: precisamente lo que casi nunca es noticiable. Pero que cuando se dice, sin embargo, resulta extraño, complejo. Por eso, si tienes alguna historia qué contar –por inactual o banal que parezca–, hazlo aquí. Porque hay cosas que si no se cuentan, nunca las entenderemos.

Madrugada

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En Lima las fiestas ya no son necesariamente sinónimo de placer y alegría: ahora son desesperados intentos de fuga de la realidad. Tal vez el goce agresivo y perverso ayude a olvidar una sociedad contradictoria y anuladora. En esta obra ni los quinceañeros, las bodas y las peras de colegio se salvan.

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           En una discoteca en algún lugar de Lima, una joven de vestido mínimo y largas piernas es piropeada por un improvisado galán. Ella lo mira con arrogancia y en medio de la música de baile le suelta un calla, cholo de mierda. Su amiga, visiblemente mortificada, le reprocha el insulto.
           
─¿Pero es que acaso no lo has visto? ─le responde la supuesta agraviada─. Es un cholo...
           
─Sí, claro ─le dice la amiga─. Pero eso se piensa, no se dice. ¡Qué racista eres!
            
En la sala de teatro algunos espectadores se ríen.
           
Otros no.
            
Madrugada es la búsqueda del amor de un joven cusqueño en medio de ocho distintas fiestas ─cada una más desatada que la otra─ en Lima. Cual Ulises provinciano, en su urgente periplo de veinticuatro horas no solo recorre toda la capital sino que observa ─padece─ la manera cómo la población se divierte en polladas, conciertos 'subtes', quinceañeros, matrimonios, 'peras malogradas', discotecas de balnearios, incursiones reguetoneras y fiestas infantiles ─con Barney y animadora compulsiva incluido─.
           
Un viaje dentro de ocho decadentes universos.
           
A decir del guionista Gilberto Nué Palma, con la escena de la discoteca pretendía resolver el dilema de una actriz que alguna vez le preguntó por qué en las historias de la televisión peruana los cholos y pobres eran automáticamente buenos y los blancos y adinerados eran automáticamente malos.
           
─Me parece que situaciones así dentro de las fiestas resumen todo lo que somos ─explica─. Al igual que esas señoras que van a la Iglesia a rezar por los necesitados y sufridos y luego discriminan y maltratan a todos los necesitados y sufridos que encuentran a su paso. En el fondo no es más que hipocresía, un doble discurso.
            
Pero entonces surge otra duda: ¿Y si el racismo en el Perú no fuera un acto conciente de hipocresía sino el entrecruzamiento de varios discursos contradictorios?
           
Todos legitimados por nosotros mismos. Sin saberlo.

                                                                *****

─Si bien por un lado Madrugada señala ciertos obstáculos sociales como el racismo, el clasismo y otros complejos que impiden aceptarnos como individuos, por el otro lado muestra que somos capaces de divertirnos festivamente: que tenemos un espíritu alegre que, sumado a las migraciones de los últimos cincuenta años, ha propiciado múltiples formatos de celebración. Eso no lo ha borrado la pobreza ni el terrorismo.
            
Diego López Francia ─profesor de Filosofía en la PUCP y miembro del Colectivo Teatral VíaExpresa─ es el director de la obra.
           
─¿Cómo podemos divertirnos con nuestros complejos a flor de piel? Creo que esa es otra característica de los peruanos: que podemos convivir con varias cosas incompatibles y opuestas al mismo tiempo. Y eso es un reflejo de la diversidad cultural con la que nos desenvolvemos en el día a día.
           
Es el caso de esas cabinas de Internet que a la vez funcionan como juguerías.
            
O ese bazar que también vende videos de películas y es pollería.
           
O esa farmacia que también ofrece ropa y es heladería.
            
Esa manera de vivir que hace que en el país se mezcle todo y que en una calle de construcciones de hace un siglo irrumpa un restaurante o un casino o un centro comercial con luces de neón y vidrios metalizados.
           
Modernidad-Tradición. Foráneo-Local. Democracia-Autoritarismo. Religión-Laicismo. Legalidad-Impunidad. Responsabilidad-Corrupción. Minería-Agricultura. Neoliberalismo-Estado de Bienestar.
           
Educación-Televisión.
            
Lo curioso es que en esa superposición de múltiples discursos, cada uno niega al otro: igual que como se buscan negar las distintas culturas y los intereses de las poblaciones que viven en la sierra y selva peruana.
            
La cuestión racial es la parte más evidente.
           
Últimamente también la cuestión empresarial ─la industria minera─ en pueblos alejados.
            
─No existe la idea de unidad o armonía en lo que hacemos y tenemos. Quizá porque no son parte de nuestra cultura, porque no son temas que nos preocupen mucho. Es la falta de coherencia de un sistema propio ─dice Diego López─. Y al contrario de lo que se suele pensar, esa carencia no es exclusiva de las clases bajas peruanas, sino también de las altas.
           
Luego el director agrega:
           
─Tal vez por eso tenemos una identidad algo bipolar y esquizofrénica. Somos medio cruzados. Usualmente las identidades en cualquier cultura se conforman a través de elementos comunes ─la raza, las creencias religiosas, las tradiciones populares, la arquitectura histórica─ y todo lo que existe alrededor de la gente. Sin embargo, en el Perú es como si hubiese demasiada 'información'. Eso nos produce esa suerte de identidad pervertida.
            
Esa conocida falta de coherencia.

                                                               *****

─¿Te has dado cuenta cómo nos divertimos la mayoría de limeños? Somos desbordados, no tenemos ninguna contención.
           
De inmediato Gilberto Nué se corrige:
           
─Aunque claro, si nos estuviéramos controlando todo el tiempo, qué aburrido sería...
           
En Madrugada alguien observa la escena de la fiesta infantil con los amiguitos de la primaria y tiene la sensación de que hasta los niños son educados para descarrillarse. Y ni qué decir de esas fiestas caseras de adolescentes que han decidido prolongar sus vacaciones en tiempos de colegio.
           
Uno se pregunta por qué las fiestas capitalinas ─desde las infantiles hasta las de bodas─ parecen mostrar una tendencia gratuita hacia la autodestrucción en medio del ruido.
           
Ya no es la ansiada transgresión del ser humano: solo diversión violentada.
            
Porque las fiestas urbanas no parecen tanto celebraciones hedonistas sino dolorosos desgarramientos donde la turbación es el objetivo a cualquier precio. Si alguna vez las fiestas fueron espacios de regocijo y reconocimiento de sí mismo y los demás, ahora son algo muy distinto.
           
Solo placer crudo y demoledor.
           
Aturdimiento-Enajenamiento-Embrutecimiento.
           
Quizá la clave esté en ellas mismas: ¿qué antiguos traumas o pesares cotidianos se quieren olvidar con estas fiestas desbocadas?
            
─Tal vez esa efusividad por divertirse esté relacionado con el hecho de haber salido de una crisis política y social como el terrorismo ─dice Diego López, el director─. Y quizá también influya el hecho de haber salido de una crisis económica que empuja a la gente a gastar su dinero en más celebraciones y espectáculos. De allí que ahora la oferta del entretenimiento se haya multiplicado.
           
─Yo quise que las fiestas limeñas fueran el eje de la historia porque nosotros nos reconocemos en cada fiesta ─dice el libretista─. Por ejemplo, una pollada. ¿Qué te sugiere? Barrio. Calle. Es un lugar donde la gente de escasos recursos necesita hacer 'caja' a través de muestras de solidaridad. ¿Tu hermano se puso mal y no tiene forma de pagar sus medicinas? Hagamos una pollada para ayudarlo.
            
Una fiesta económicamente funcional.
            
─Pero además porque las fiestas te ayudan a reflejar la realidad con todos sus contrasentidos ─dice Gilberto Nué, también guionista de La Gran Sangre y Misterio─. Por ejemplo, como que ciertas madres propongan a sus hijas a los jugadores de fútbol que asisten a las polladas, aún cuando las niñas recién tengan catorce años. Yo he conocido deportistas mediáticos que me han contado eso.
           
O el caso de esos mismos futbolistas que ─famosos e imparables─ beben cerveza en una reunión y se jactan del partido importante que jugarán al día siguiente.
           
─Es verdad: tenemos una predisposición a convertir todo ─y no solo las fiestas─ en un 'chongo'. Y lo estamos desde niños ─dice Diego López─. Por eso mismo, porque somos dispersos y no sabemos dar prioridades es que se nos dificulta enfocarnos en objetivos importantes.

                                                               *****

Quizá el mayor riesgo de una obra costumbrista como esta era caer en los estereotipos: no es fácil representar más de una veintena de personajes limeños y provincianos sin traicionarse y terminar ridiculizándolos.
            
Haciendo una caricatura de lo que son los peruanos en sí.
           
Porque en Madrugada los estereotipos están por todas partes. Pero no del modo simplista como suele venderlo la radio-televisión-prensa escrita: son estereotipos ─por así decirlo─ despojados de su connotación negativa.
           
─No queríamos hacer una historia de realismo psicológico ni una parodia ─dice el director─. Para evitar los estereotipos de siempre nos planteamos una suerte de mapeo no tanto para criticar la realidad sino para presentarla tal cual ocurre en Lima.
            
Es decir, sin emitir un juicio de valor sobre los personajes ─que implica un deber ser─: solo recoger los imaginarios y las posturas de distintas personas de todas las clases sociales.
            
Una técnica infalible para mostrar cómo nos comportamos como cultura urbana.
           
Un espejo que se ríe de su propia imagen.
           
Para esa cartografía costumbrista Diego López y Gilberto Nué se infiltraron en algunos quinceañeros, raves y matrimonios de Lima y filmaron ciertas escenas típicas para luego reproducirlas sobre el escenario. Como por ejemplo las angustiantes y predecibles palabras que los padres suelen declamar en las celebraciones familiares.
            
Uno las escucha e inevitablemente se dice ese es el viejo de mi amiga cuando se casó.
           
─Creo que vivimos una época de transición desde hace ya un buen tiempo: en Lima abundan las fiestas de personas que están cambiando económica y socialmente. Es el caso de los migrantes que se inclinaron por los negocios y el comercio pero no tuvieron estudios. De gente que se hizo a sí misma con mucho esfuerzo ─dice Gilberto Nué─. Son esos señores que lograron conseguir lo que deseaban y quieren gastar en sus hijos ahora que pueden.
            
¿Y para eso deben recurrir a proclamas poco originales y solemnes hasta el ridículo?
           
El guionista responde:
           
─Es que son padres que no están lo suficientemente instruidos como para hablar en público o expresar sus emociones. Y ellos, en su afán de querer escucharse bien y hacerse entender, pecan en «adornar» sus palabras.
            
Tan excesivos como todos nosotros.



            
Madrugada, de Diego López Francia.
           
Producción: Colectivo Teatral VíaExpresa.
            
Elenco: Ray Álvarez, Carla Arriola, Jorge Bardales, Carolina Cano, Pierina Carcelén, Natalia Cárdenas, Jeffrie Fuster, Carla Gonzales, Jaime Lozada, Marco Otoya, Diego Alonso Pérez, María del Carmen Sirvas, Óscar Ugaz, María Fernanda Valera y Edwin Vásquez.
           
Lugar: Museo de Arte de Lima (MALI), en el cruce de Av. Paseo Colón y Av. Garcilaso, Cercado.
           
Funciones: De viernes a lunes a las 8:00 p.m., y domingos a las 7 p.m.
           
Entradas: S/.15 (viernes y lunes populares) y S/.30 (sábado y domingo). De venta en Tu Entrada de Plaza Vea y Vivanda y en la boletería del MALI.
           
Temporada: Del 13 de abril al 4 de junio de 2012.

 

1 comentarios


En donde estoy, todo se repite, pero de manera màs mezclada y brutal, con ansias de vivir lo que fue y exprimir la comodida que te ofrece la vida...y siempre buscando, encontrando lo que se vive en Perú.

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