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Crónicas Marcianas

Carlos Chávarry

Carlos Chávarry

Aunque no solo serán pequeñas crónicas: también se publicarán reportajes y entrevistas sobre personajes y lugares que pasan desapercibidos. Donde lo que importa no es lo más miserable o lo más sensacionalista, sino lo que no necesariamente llama la atención. Sobre lo que hacemos y soñamos: lo que somos.

En otras palabras, lo que ocurre desde lo cotidiano: precisamente lo que casi nunca es noticiable. Pero que cuando se dice, sin embargo, resulta extraño, complejo. Por eso, si tienes alguna historia qué contar –por inactual o banal que parezca–, hazlo aquí. Porque hay cosas que si no se cuentan, nunca las entenderemos.

Criadero

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Aunque suene paradójico, la maternidad y la crianza de los hijos se han complicado en esta época de tanta tecnología e información. O quizá por eso mismo. La dramaturga Mariana de Althaus propone otro camino: un aprendizaje a partir de la revisión del propio pasado. Es decir, comprender a los padres. Y a los padres de los padres.

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─En otras épocas, la única polémica que se podía desatar sobre la crianza de los hijos era las que provenía de las recomendaciones de tu suegra y tu propia madre. Hoy, sin embargo, apenas sales embarazada todo el mundo te trae un libro sobre cómo criar a tu hijo. Y no solo es eso: los medios de comunicación, incluyendo Internet, se convierten en un mar interminable de información contradictoria.
            
Mariana de Althaus, la guionista y directora de Criadero: Instrucciones para [no] crecer, continúa:
            
─Entonces una se olvida de su propia voz, de su propia intuición e instinto natural como mujeres, y ya no sabe qué cosas habría hecho en ciertas circunstancias. Se nos olvida la espontaneidad a la hora de criar a nuestros hijos. Por eso creo que la maternidad provoca ahora más intranquilidad: porque se ha alejado precisamente de lo instintivo.
           
En la obra, tres madres jóvenes explican no solo la relación que tienen en la actualidad con sus hijos, sino también la que tuvieron ellas mismas como hijas con sus padres y la que tuvieron como nietas con sus abuelos. A eso se agrega la relación actual que tienen como esposas con sus maridos, la que tienen como profesionales con su trabajo personal, y también la que tienen como ciudadanas de una sociedad en constante ─y terrible─ transformación.
            
Sus personajes (reales) monologan a partir de sus recuerdos (reales): se re-construyen a sí mismas a partir de un pasado que alterna alegrías y penas.
           
Mariana de Althaus ─dramaturga peruana, literata y profesora de la Universidad Católica, miembro del Colectivo Teatral VíaExpresa y orgullosa madre de una niña─ cree que hoy en día la maternidad y la crianza de los hijos se han complicado al punto de convertirse ─contradictoriamente─ en procesos inquietantes.
           
─Si no doy de lactar a mi hijo por un mínimo de seis meses, automáticamente soy una mala madre. Ese es uno de los ejemplos de que hoy todo está muy predeterminado, con excesivas instrucciones de uso. Hay demasiadas voces que te ordenan lo que debes hacer y lo único que generan es que una se llene de angustias y, peor, de culpas.
            
Porque surge la culpa de abandonar al hijo por algunas horas para irte a trabajar o estudiar, y porque no puedes atenderlo como te dicen, y porque también dejas de lado al esposo, y porque este de la noche a la mañana decide irse de casa y desconectarse de todo.
           
Uno llega a preguntarse si antes ─las madres, las abuelas─ no la tuvieron más fácil.
            
Criadero, en todo caso, no es un recetario para señoritas que desean ser madres o para mujeres que lo acaban de ser ─incluso para las que no pudieron evitarlo─.
           
─Me parece que esta obra hasta podría disuadir a las mujeres de pensar en tener hijos. Al menos algunas amigas me lo han comentado de ese modo ─dice la directora entre sonrisas─. Pero bueno, yo quería que se supiera que esto es así, porque a mí nadie me explicó cómo sería.
           
Y agrega:
           
─Porque yo antes pensaba que criar a los hijos iba a ser siempre una maravilla.

                                                               *****

Durante los seis meses que la directora preparó la obra, una insistente pregunta rondó en su cabeza: ¿por qué debería importarle al público los recuerdos de tres desconocidas?
           
─Cuando alguien tiene un hijo suele empezar a revisar su propia historia, su crianza y sus relaciones con su madre, su padre, sus hermanos y abuelos. De esa retrospección saldrán detalles que resultarán determinantes para entender ciertas cosas a futuro ─dice Mariana de Althaus─. Empiezas a ver el pasado con otra mirada, quizá una más indulgente porque comprendes lo difícil que es ser madre o padre.
            Donde r
etrospección es el arte de mirar hacia atrás y ordenar el pasado.
            Y donde e
l pasado es una acumulación vertiginosa de eventos, personas y sentimientos.
           
Para que la reconciliación con el pasado sea notoria y sugerente, la dramaturga decidió que los relatos debían ser verdaderos: no inventados sino evocados. Se abocó a un minucioso trabajo de investigación de los recuerdos de sus tres jóvenes actrices: Alejandra Guerra, Lita Baluarte y Sandra Requena ─también cantante─. Por semanas enteras las sometió a cuestionarios con re-preguntas desconcertantes y les pidió profundizar en detalles específicos de una infancia que el público pudiera imaginar y conmover.
            
Como, por ejemplo, que alguien recordara que su abuela solía ofrecerle un plátano que guardaba en la guantera de su Volkswagen Escarabajo.
           
O que alguien se enterase de que su nacimiento fue tan inesperado que su primer baño se lo dieron en un recipiente para asar pollos.
            
Por supuesto, el proceso de recordación no fue nada fácil. Con frecuencia y entre lágrimas, las actrices debían encontrarse con momentos dolorosos y situaciones irresueltas.
            N
o ser reconocida por el padre, por ejemplo.
           
Al menos, hasta que la hija también se convirtiese en madre.
           
─Estamos hablando de sentimientos que en muchos casos aún no han sido superados y que siguen existiendo desde su pasado. Eso se siente cuando ellas hablan. Todo es tan intenso que cada función es un harakiri emocional aún ahora.
           
Con todo, la directora también cree que la obra sirvió de terapia para que las actrices encontrasen un poco de sentido a sus recuerdos.
           
─Teníamos claro que no queríamos hacer una pornografía del dolor. Tratamos de plantearnos, más bien, temas donde suelen surgir preguntas ─dice Mariana de Althaus─. Y si bien esas preguntas muchas veces resultaban dolorosas, también eran muy graciosas, con mucho humor, precisamente por sus contradicciones o sus niveles de absurdo. Eso nos ayudó a evitar que la obra se convirtiera en un drama espantoso.
           
No debe ser casual que el titulo de la obra ─Criadero─ suene a la terminología científica de algún etólogo: ese especialista dedicado a estudiar el comportamiento animal.

                                                                *****

En un momento de la obra se proyecta esta frase:
           
«La OMS estima que la tasa de cesáreas en los países desarrollados está entre el 10% y el 15%.
            
En el Perú, el 50% de los partos que se atienden en establecimientos privados de salud se realizan a través de cesáreas. La tasa sube al 70% si las parturientas cuentan con un seguro privado de salud.
            
Cada año, más de 13 mil mujeres sufre una cesárea injustificada en clínicas privadas».
            
─Estos datos te muestran una situación que es un escándalo en nuestro país y del que, sin embargo, no se habla mucho ─dice Mariana de Althaus─. A mí me resulta indignante porque lo he visto en una buena cantidad de mis amigas y porque yo misma casi viví la experiencia: al dar a luz, un doctor quiso hacerme una cesárea y felizmente otro doctor me ayudó a tener un parto natural.
             C
omo si el universo, de alguna forma, también complotara contra las madres. Porque al considerarlo una forma oportunista de obtener más dinero ─el bebé visto como una mercancía más─, el nacimiento de un hijo se convierte en algo mucho más traumatizante: la condena reiterada de dar a luz a vientre abierto.
            
En otras palabras, la maternidad y la crianza de los hijos no dependerá solo de la historia personal y la formación individual de cada flamante madre, sino también de su contexto social y económico: de la sociedad en la que le tocó vivir.
           
De allí que Criadero esté salpicado de este tipo de cifras y estadísticas que hablan de divorcios, familias disfuncionales, niños pandilleros, políticas de Estado y esas alertas médicas que, precisamente, hacen que el solo pensamiento de traer a un niño al mundo sea considerado como un potencial conflicto en todo sentido.
          
Como que en toda familia nuclear, por lo menos uno de los integrantes tendrá elevadas probabilidades de sufrir desórdenes mentales en algún momento de su vida.

                                                               *****

─He conocido a mujeres que eran muy inseguras y que tuvieron hijos como una manera de obtener seguridad ─dice la directora─. Es una creencia muy común suponer que un hijo va a llenar el vacío que sufres. Y es muy delicado porque hace que le coloques una enorme responsabilidad a un niño. Una responsabilidad que no le compete.
           
Y agrega:
           
─Lo peor es que cuando el niño crece te percatas de que ese vacío que supuestamente iba a llenar se quedó intacto. Por eso uno debería entender que un niño no es una garantía para resolver lo que tú no pudiste por cuenta propia.
           
Con todo, Mariana de Althaus también reconoce la ambivalencia de una maternidad: que tener un hijo ayuda a desprenderse del ego: ya no te estás mirando todo el tiempo, ya no eres tan importante. Que las cosas que antes parecían interesantes dejan de serlo. Que tus prioridades cambian, y por lo general son para mejor. Que un niño ayuda a centrarte en lo que deseas.
           
Aunque para ello tengas que rozar la locura.
           
─Es que si de por sí ya no eres un poco loquita, te vuelves un poco loquita criando un hijo: implica mucha responsabilidad y es una batalla diaria, porque todo el tiempo estamos cometiendo errores, sea estando demasiado presentes o demasiado ausentes. Lo único que sé es que cada niño exige una madre diferente, y entonces encontrar qué tipo de madre es la que le conviene a tu hijo es la tarea sin fin.
            
Eso, sin contar las «voces autorizadas» que advierten que, pese a seguir las fórmulas que ellas mismas proporcionan, siempre habrá un gran riesgo.
           
Por ejemplo, que demasiado cariño terminará convirtiéndolos en seres pusilánimes.
           
O que si dejas que tu hijo duerma en tu cama, nunca querrá bajarse de ella. Incluso de adulto.
           
En medio de su denuncia a la vulnerabilidad de la maternidad ─y sus excesos─, Criadero también rescata la importancia de la paternidad masculina:
           
─Si bien en esta época las mujeres se han independizado más y deciden por sí mismas, también es cierto que por eso mismo creemos que podemos prescindir de la pareja masculina. Caemos en la tentación de creernos autosuficientes ─dice Mariana de Althaus─. Sin embargo, deberíamos volver a recordar que construir una familia implica un padre y una madre. Y ambos deberían estar muy involucrados con sus hijos.


Criadero: Instrucciones para [no] crecer, de Mariana de Althaus.
Elenco: Alejandra Guerra, Lita Baluarte y Sandra Requena.
Horario: De jueves a lunes a las 8 p.m.
Lugar: Centro Cultural de la Pontificia Universidad Católica del Perú (Av. Camino Real 1075, San Isidro).
Entradas: De venta en Teleticket (de Wong y Metro) y boletería.
Temporada: Del 16 de febrero al 5 de marzo.

 

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