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Crónicas Marcianas

Carlos Chávarry

Carlos Chávarry

Aunque no solo serán pequeñas crónicas: también se publicarán reportajes y entrevistas sobre personajes y lugares que pasan desapercibidos. Donde lo que importa no es lo más miserable o lo más sensacionalista, sino lo que no necesariamente llama la atención. Sobre lo que hacemos y soñamos: lo que somos.

En otras palabras, lo que ocurre desde lo cotidiano: precisamente lo que casi nunca es noticiable. Pero que cuando se dice, sin embargo, resulta extraño, complejo. Por eso, si tienes alguna historia qué contar –por inactual o banal que parezca–, hazlo aquí. Porque hay cosas que si no se cuentan, nunca las entenderemos.

Talleres de verano [pt. 2]

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                                     *****[Continúa]*****


            [Alternativa B]

           
Antes de pensar siquiera en abrir este taller para niños, Daniela Baertl solía unirse con sus hermanas y preparar escenas de teatro y video para sus padres. La hermana mayor les adaptaba los cuentos de los hermanos Grimm ─los verdaderos, los crueles─ y los aligeraba para la producción casera. Así era como elaboraban incipientes videos y montajes improvisados de teatro.
           
Mucho antes de imaginar este taller para niños, Daniela Baertl solía trabajar con adolescentes de los talleres de verano de la CePrePUCP: allí indicaba cómo preparar un pequeño montaje teatral, sea desde la actuación, el vestuario o la escenografía. Por esos mismos años, además, solía jugar con niños de primaria a desenterrar falsos restos arqueológicos solo para explicarles algo de la historia prehispánica.
            
Poco antes de este taller para niños, Daniela Baertl trabajó en Emma, un dibujo en el mundo real, una historia infantil sobre las bondades de la realidad en contraste con la ficción. Allí hacía de Hipota, un perezoso mamífero con acento caribeño. Y casi por la misma época, también participó en La Madonnita, esta vez una obra para adultos: su personaje era una víctima de la industria pornográfica.
            
Después de todo eso, Daniela Baertl ─25 años, egresada de artes escénicas de la Universidad Católica y egresada del taller de formación actoral de Roberto Ángeles─ se sintió lo suficientemente preparada para abrir su taller en el Centro Cultural El Olivar: uno donde el teatro sería utilizado como espacio de aprendizaje.
            
Un taller donde los niños podrán conocer su cuerpo, sus fortalezas y debilidades como personas y mejorar su comunicación con los demás: algo necesario en esta época de tanto desapego y poca empatía.

                                           *****

─No se trata exactamente de formar pequeños actores ─el tiempo es demasiado corto─ sino más bien reforzar las herramientas que los niños ya tienen para lograr una mejor sociabilidad ─dice Daniela Baertl sobre su taller Abriendo Caminos─. Porque la base para tener una buena comunicación es tener confianza en lo que se va a decir.
            
Para ello la actriz utiliza las técnicas de teatro que ayudan a desenvolver la personalidad en escena. O más bien dicho: que ayuda a exteriorizarla sin complejos.
           
Aquí, el ridículo ─o lo que se cree ridículo─ es bienvenido.
           
─En el teatro uno aprende que el error te enseña algo. Equivocarte es muy importante: de hecho, ¿cómo vas a aprender algo si nunca te equivocas?
           
La actriz agrega:
            
─Es difícil no querer hacer el ridículo, pero eventualmente lo vas a hacer: todos lo hacemos en algún momento. Entonces esa posibilidad de equivocarte que en todos los ámbitos de tu vida suelen bloquearse ─por orgullo, por comodidad, por incertidumbre─, en el teatro no se reprueba porque te puede enseñar los caminos a seguir.
            
Lo esencial, dice Daniela Baertl, es que no te detengas ante tus ideas: que las defiendas y digas que eres capaz de hacer esto o que deseas lo otro, sin temor a que se rían de ti: a que te censuren.
           
El teatro, en ese sentido, ayuda a autoevaluarse.

                                           *****

─¿Los niños tienen mucho miedo al fracaso?
           
─Creo que indirectamente los padres alimentan ese miedo ─responde Daniela Baertl─. A eso se suma toda la publicidad que nos rodea y que indica que uno debe ser exitoso. Fíjate que el discurso dominante es de un solo tipo: el éxito económico reflejado en lo académico y lo laboral, lo profesional.
           
─Es decir, el discurso te dice que tu profesión ─o tus estudios─ es un éxito en la medida en que hagas dinero con ella, sin importar si te hace sentir bien...
           
─Exacto, y quiérase o no estamos constantemente atemorizados por el fracaso. Claro, nunca nos dicen que no fracasemos: nos dicen que debemos ser exitosos. Por descarte sabes que si no has conseguido el éxito en los términos en que el discurso te lo vendió, es que eres un fracasado ─dice la actriz.
           
─¿Los adultos no entienden los miedos de los niños?
           
─Creo que los niños sufren distintos miedos: el miedo a la desaprobación de los padres, a los profesores, el miedo a los mismos niños y lo que estos puedan pensar de ti, y por eso también está el miedo al ridículo: no tanto porque te equivoques sino por lo que puedan decir de ti, por las burlas que recibirás.
           
─¿Por eso los niños son tan crueles en sus burlas?
           
─Sí, y lo son por defensa. Para evitar que te hieran, lo haces tú primero. Los niños que amenazan a sus compañeros en el colegio en realidad no saben cómo lidiar con sus propios problemas y buscan proyectarlos en los demás.

                                           *****

En un taller de técnicas teatrales, los otros son tu gran público.
           
La actuación te lleva a perder el temor frente a ese gran público.
           
La idea es que en el tiempo, frente a los demás, ni siquiera necesites actuar: que seas tú mismo.
            
─Tengo una teoría: cuando un actor de teatro recién comienza, se le hace más fácil interpretar a sus personajes antes que decir lo que uno mismo piensa de algo ─dice Daniela Baertl─. Pero en el tiempo, la facilidad de expresión que obtiene con las técnicas de teatro va calando en la vida personal, y poco a poco uno se va despojando de esas protecciones ─esas corazas─ que se colocan frente a la realidad.
            
Por supuesto, en un taller para niños ─y frente al apremio del tiempo─ estas técnicas teatrales se aprenden de la manera más efectiva posible: inconscientemente.
            
Es decir, una educación personal disimulada como juego: así los niños no se dan cuenta de que están aprendiendo algo. Sin saberlo, se fortalecen como seres humanos. La excusa de plantear un pequeño montaje al final del verano es solo eso: una excusa. Un modo de demostrar todo su trabajo personal: toda su confianza en sí mismos.
           
De paso, habrán jugado. De paso, se habrán distraído. De paso, habrán conocido a otros niños.

                                           *****

Hasta las técnicas teatrales están disfrazadas de juegos. Por ejemplo, el calentamiento corporal consiste en mover los brazos como molinos de viento, y luego, para estirarse, fingir que se crece como plantas al sol y, de allí, fantasmas amenazadores: los niños se imaginan que son seres ─de la naturaleza, de la fantasía─ para así preparar el cuerpo y la voz.
            
Luego sigue el trabajo de la gestualidad: reconocer las actitudes apropiadas para poder expresar algo.
            
Y luego el juego dramático ─o teatral, propiamente dicho─.
           
─Hay varios juegos que te permiten aplicar las técnicas de teatro: uno de ellos es El sordomudo, donde un niño cuenta una historia y el otro tiene que ir explicándola solo con gestos. Otro se llama En la selva: cada uno de los niños elige interpretar a un animal propio. Luego piensan en su personaje y crean una historia muy simple: inventan un problema y buscan una solución. Lo mismo, también hay un juego con vestuarios: los niños se ponen vestimentas distintas entre sí y a partir de ellas juegan a encontrar qué podría representar cada uno. Sin saberlo están interpretando y actuando.
           
El taller, dice la actriz, no es necesariamente para niños extrovertidos.
           
─No hay distinción: el taller es para niños extrovertidos e introvertidos al mismo tiempo. Lo que se plantea aquí es que todos los niños, desde sus propias personalidades y capacidades, puedan jugar un poco y formar parte de esta obra pequeña, ya sea con un personaje que haga mucho o poco en escena: para cada niño esos roles son pequeños desafíos que les enseñará mucho en adelante.
           
¿Pero qué pasa cuando los padres, por ese proteccionismo natural que los caracteriza, creen que un taller de técnicas teatrales podría volver extrovertido a un niño que, por introvertido, es más fácil de controlar ─o es más estudioso o más tranquilo─?
           
Daniela Baertl responde:
           
─El niño puede ser muy inteligente pero, si no sabe expresarse, de nada le servirá. Es más: es lo que suele ocurrirle a los adultos. Hay personas muy bien preparadas que ante una entrevista de trabajo no logran expresar lo que saben porque tienen miedo de decir las cosas que piensan. Al no ser como son realmente, se muestran inseguras: no logran generar confianza por sí mismos. Y ya se sabe cómo termina esto.



Taller de Técnicas Teatrales Abriendo Caminos.
Dirección: Daniela Baertl.
Horario: Martes y jueves de 12 m. a 1:30 p.m.
Edad: De 8 a 12 años.
Tiempo de duración: Dos meses.
Lugar: Centro Cultural El Olivar (Calle La República 455, San Isidro).
Informes: 513-9000 anexo 1815/1820.
 

2 comentarios

Parafraseando a Ringo Starr en los dibujitos: "Este blog es auspiciado porrrrrrrr..."

Qué bueno que se estén haciendo este tipo de experiencias para los más jóvenes de una manera tan profesional. Like!

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