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Crónicas Marcianas

Carlos Chávarry

Carlos Chávarry

Aunque no solo serán pequeñas crónicas: también se publicarán reportajes y entrevistas sobre personajes y lugares que pasan desapercibidos. Donde lo que importa no es lo más miserable o lo más sensacionalista, sino lo que no necesariamente llama la atención. Sobre lo que hacemos y soñamos: lo que somos.

En otras palabras, lo que ocurre desde lo cotidiano: precisamente lo que casi nunca es noticiable. Pero que cuando se dice, sin embargo, resulta extraño, complejo. Por eso, si tienes alguna historia qué contar –por inactual o banal que parezca–, hazlo aquí. Porque hay cosas que si no se cuentan, nunca las entenderemos.

Astronautas

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Antes que soviéticos y norteamericanos, los peruanos fuimos los primeros en llegar a la Luna. Este es el descubrimiento del Colectivo VíaExpresa en el que se demuestra que la fantasía puede mejorar la autoestima de todo un país. Al fin y al cabo, ¿acaso una identidad nacional no se construye también con mitos e ilusiones?

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            ¿Qué habría ocurrido si los peruanos hubiésemos sido los primeros en caminar sobre la Luna?
           
Por un momento Pietro Sibille se queda pensando en la pregunta.
           
Luego sonríe un poco.
           
─Nos habría ayudado mucho, ¿no? Todo habría sido más fácil ─responde.
            
Pietro Sibille, el actor, el protagonista de Días de Santiago ─aclamada en por lo menos cuatro festivales internacionales de cine─ interpreta ahora a un esforzado capitán del Ejército Peruano que recibe una insólita pero obligada misión: ser el primer hombre en aterrizar sobre el satélite.
           
No viaja solo: lo acompañan un distraído físico-matemático ─Manuel Gold─ y un inflexible piloto de la Fuerza Aérea Peruana ─Eduardo Camino─. Ellos se encargarán de que nuestro país sea el que lidere la carrera espacial en 1968: meses antes que los norteamericanos y los soviéticos.
           
Los tres serán compañeros de esa aventura que la historia oficial nunca quiso revelar aún cuando los tripulantes cumplieran su cometido: tal vez el hecho de que nunca regresaran a la Tierra hizo que el proyecto permaneciera en secreto.
            
Un secreto que ahora se devela en Astronautas.
           
─Jugando ya con la idea, un hecho así habría servido para que haya menos discriminación en nuestra sociedad ─continúa Pietro Sibille─. Imagínate un equipo de peruanos de distintas procedencias y condiciones económicas que realiza un acto único como este: llegar a la Luna antes que nadie. Seguro nos hubiese unido más como país.

                                           *****

Una serie de documentales televisivos sobre el periplo del Apolo XI fue la primera inspiración para que el director de la obra comenzara a hacer conjeturas sobre cómo habría cambiado la historia universal si esa nave espacial hubiese sido peruana.
            
Se imaginó todas las fases del vuelo. Los preparativos para la misión. El duro entrenamiento de los astronautas. La capacidad de concentración en momentos de máximo riesgo. La superación mental al terror de lo desconocido.
           
Los dramas de la vida íntima al tener que separarse de quienes más se quiere.
           
─Fue allí, al ver todas esas situaciones de tanta exigencia y autocontrol, de tanta motivación y fe, que se me ocurrió la pregunta: ¿cómo pasarían por esto tres astronautas peruanos con su propia mentalidad, con la idiosincracia que nos caracteriza? ─dice el director Jorge Castro Fernández, miembro del Colectivo Teatral VíaExpresa.
           
La respuesta está en la historia que re-escribió con cuatro personas más: los cineastas Héctor Galvez y Gerardo Ruiz Miñán, y los dramaturgos Mateo Chiarella y Gino Luque.
           
Para que sea más convincente, situaron la obra en el contexto de la Guerra Fría: los norteamericanos calculaban llegar a la Luna recién en 1969 ─gracias al ofrecimiento de Kennedy─, y los soviéticos a duras penas podían hacer flotar un satélite sin tripulantes sobre la superficie lunar: la mayoría de sus sondas espaciales se extraviaban o explotaban apenas salían de la atmósfera terrestre. Para que pase desapercibida la desesperación por ganar la carrera espacial ─y evitar la impopularidad de los fracasos─, la Unión Soviética decidió lanzar sus cohetes desde Latinoamérica, aprovechando las buenas relaciones con ciertos presidentes sudamericanos.
           
En ese mismo momento, Velasco Alvarado daba su golpe de Estado en Perú y establecía un modelo socialista.
           
Al final, Astronautas es una comedia de situaciones antes que de gags y chistes sueltos: el humor de lo absurdo y la ironía atraviesan el montaje sin decaer siquiera en los momentos más dramáticos.
           
Saltando de lo ridículo a lo sensato y de lo farsante a lo serio, y viceversa.
           
Como nuestra identidad nacional.

                                           *****

─Indirectamente, en la obra retratamos la peruanidad como esa dificultad para entendernos, vernos como iguales y funcionar como equipo ─dice el director─. Sobre todo en asuntos como este, donde se ponen en juego toda una serie de peligros. Porque, o nos comprometemos en una meta en común, o terminamos peleándonos entre nosotros sin conseguir nada.
           
Pietro Sibille también tiene su propia postura, algo más crítica.
           
Astronautas es un reflejo muy claro de lo que ha sido nuestra historia como país: nuestros gobernantes siempre nos han enviado ─a su pueblo, a sus propios hijos─ a guerras y misiones de las que había muy pocas probabilidades de ganar, de salir con vida.
            
Y agrega:
            
─Lo peor es que nos enviaban solo por una idea de patriotismo falso que buscaba enaltecernos y hacernos quedar como héroes y mártires, sin importar que perdamos a nuestros soldados, que queden niños huérfanos y mujeres viudas y un pueblo desconsolado en general. Nada de eso importaba con tal de alcanzar la supuesta «gloria».
           
No es casualidad, entonces, que la obra se basara dentro de un gobierno militarista: uno de carácter autoritario y dictatorial, que no tuviera que rendir cuentas sobre sus planes, que reuniese el control y el poder absoluto, y que propugnase ambiciones «revolucionarias» sobre el nacionalismo de los peruanos.
           
El terreno perfecto para darle mayor verosimilitud a esta broma.

                                           *****

¿Por qué nos hace gracia la sola idea de pensar que un peruano pudiese llegar a la Luna?
           
Quizá porque esas hazañas parecen destinadas a las grandes potencias, a las naciones poderosas. Quizá porque no creemos que somos lo suficientemente responsables para proyectos de envergadura. Quizá porque nuestros recursos tecnológicos y económicos suelen ser tan elementales y mínimos para cualquier iniciativa: pequeños detalles que casi convierten en un absurdo la sola idea de que los peruanos seamos los primeros en algo.
            Que hacen que esas
proezas estén fuera de nuestras posibilidades.
            
─Si tuviéramos que pensar que en verdad llegamos a la Luna en algún momento, tal vez nos hubiera hecho bien a la autoestima ─dice Jorge Castro─. Tan bien como ahora lo hace esos datos de que nuestra economía marcha bien o que nuestra gastronomía es admirada en otras partes del mundo.
            
Luego agrega:
           
─Eso no significa que tengamos resueltos nuestros problemas estructurales como país, pero al menos ayuda a obtener voluntad para iniciar proyectos. El optimismo por sí solo no resolverá nuestras carencias, pero si lo ponemos en una balanza, esa esperanza hace mucho más bien que si no la tuviéramos.
            
Pero Pietro Sibille cree que ningún crecimiento será completo si antes no existe una unión como peruanos: el otro gran tema de Astronautas.
            
─En la obra se observa cómo los gobernantes se aprovechan de las identidades desconcertadas y la escasa autoestima para construir sus discursos políticos. Y por el otro lado, está el racismo y esa rivalidad malsana que busca cuestionarte solo por envidias y prejuicios. Si superásemos todas esas diferencias estúpidas, seguro que podríamos hacer cualquier cosa que nos propusiéramos.
           
Y entonces, didáctico, el actor empieza a contar la anécdota de las langostas. Esa donde un pescador cubre con una tapa hermética solo el balde de las langostas japonesas y se olvida del balde de las langostas peruanas. Cuando alguien pregunta por qué tiene tanto cuidado con los bichos nipones, el pescador responde que si uno de esos quiere escaparse, la otra langosta lo ayudará y se trepará encima y al final formará una cadena y logrará escapar de su prisión.
            
─En cambio las langostas peruanas, cuando una logra trepar, la que está detrás la jala y la hunde hasta el fondo, y así hasta que se cansan ─dice Pietro Sibille─. Al final no sale ninguna.



Astronautas, de Jorge Castro Fernández.
Producción: Colectivo VíaExpresa.
Elenco: Eduardo Camino, Manuel Gold y Pietro Sibille.
Lugar: Museo de Arte de Lima (MALI), en el cruce de Av. Paseo Colón y Av. Garcilaso, Cercado.
Funciones: De viernes a lunes a las 8:00 p.m., y domingos a las 7 p.m. Va hasta el 6 de febrero.
Entradas: S/.15 (viernes y lunes populares) y S/.30 (sábado y domingo). De venta en Tu Entrada de Plaza Vea y Vivanda y en la boletería del MALI.

 

1 comentarios

Hola Carlossss! que grata sorpresa encontrarte por aqui =)
Espero que todo muy bien.
Buena tu columna, un gusto saludarte.
Un abrazo.

Mili

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