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Crónicas Marcianas

Carlos Chávarry

Carlos Chávarry

Aunque no solo serán pequeñas crónicas: también se publicarán reportajes y entrevistas sobre personajes y lugares que pasan desapercibidos. Donde lo que importa no es lo más miserable o lo más sensacionalista, sino lo que no necesariamente llama la atención. Sobre lo que hacemos y soñamos: lo que somos.

En otras palabras, lo que ocurre desde lo cotidiano: precisamente lo que casi nunca es noticiable. Pero que cuando se dice, sin embargo, resulta extraño, complejo. Por eso, si tienes alguna historia qué contar –por inactual o banal que parezca–, hazlo aquí. Porque hay cosas que si no se cuentan, nunca las entenderemos.

Una historia del piano [en vivo]

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La pianista y profesora rusa Marina Pavlona Ferreira ofrece un viaje en el tiempo a través de cuatro conciertos gratuitos donde se podrá apreciar, con casi 60 obras, la evolución del piano como instrumento desde hace tres siglos. De paso, sus músicos -alumnos del Conservatorio Nacional- explican la delgada línea conceptual entre una pieza de Beethoven y un reguetón. O una cumbia.

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─El piano tal como lo conocemos hoy es un instrumento que evolucionó constantemente en los últimos trescientos años. En los conciertos que hemos programado hacemos una historia musical a partir de los primeros pianos que aparecieron incluso en forma, y vemos cómo estos se fueron adaptando a los cambios de la sociedad ─económicos, culturales─, y cómo cada vez más los músicos se esforzaron en conseguirles sonoridades más expresivas y amplias.
           
Marina Pavlona Ferreira, maestra de piano en el Conservatorio Nacional, explica la razón de ser de su proyecto.
           
─Me interesa que el público conozca más sobre el repertorio que se compuso con este instrumento de acuerdo a su época y su grado de tecnología. Que se sepa hacia dónde vamos con el piano. Una especie de arqueología musical.
            
Para ello la profesora recopiló información durante tres años entre bibliotecas físicas e Internet. El resultado: más de doscientas imágenes en diapositivas y las partituras de cincuenta y cinco piezas universales de piano que abarcan el periodo barroco y el clasicismo, el periodo romántico y el periodo impresionista y moderno. Así es como está dividido su programa. Y para la cuarta y última fecha, ofrece un recital de música latinoamericana y peruana.
           
Una clase multimedia de historia de la música en piano que se hace por primera vez en Lima.
           
Marina Pavlona Ferreira, nacida en Rusia y licenciada en estudios de piano en Odessa, Ucrania, vive en Perú desde hace veinte años, ha dictado una serie de conferencias por todo Latinoamérica y es también autora de libros sobre metodología musical. A partir de ellos y su experiencia como docente reflexiona sobre cómo se enseña la música clásica y académica en nuestro país.
           
Y, en cierta manera, sobre cómo los peruanos asumimos la música en general.

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Solemos creer que los genios de la música clásica compusieron sus piezas inmortales con instrumentos similares a los que conocemos ahora. No todos saben que Vivaldi, Handel, Mozart, Schubert y Wagner nunca tuvieron los mismos pianos que hoy se tocan. O que ni Haydn, Mendelssohn y Liszt conocieron los sonidos de los pianos actuales.
           
Los acordes de piano que Beethoven imaginó escuchar en medio de su terrible sordera no sonaban igual a los que hoy se producen en cualquier recital a su nombre.
           
El piano tal cual lo reconocemos es muy reciente: de mediados del siglo XIX.
           
─Tecnológicamente hablando, los pianos de esta época son mejores porque ofrecen más posibilidades de composición ─dice Diego Saavedra Calle─. De hecho, habría sido muy interesante ver a los genios de hace dos o tres siglos tocando el piano actual. Y lo mismo: sería muy interesante escuchar ahora mismo a los virtuosos del clavicordio, un instrumento que tuvo su época y su encanto.
           
─De las versiones antiguas de piano, yo solo he podido tocar el clavecín y no sé si me identifiqué con el instrumento. Como pianista puedo tocar el clavecín porque tiene un teclado, pero como no es un piano en todo el sentido de la palabra te encuentras con ciertas limitaciones a la hora de ejecutar música en él ─dice Martín Gallegos Noya─. Aunque claro, en manos de un clavecinista de verdad, el instrumento debe sonar distinto: te debe transportar a su tiempo.
           
Martín agrega:
           
─Además, depende también del tipo de partitura destinado a este instrumento: no me imagino el Nocturno de Chopin tocado en clavecín.
           
─El piano evolucionó por la necesidad de tener más teclas y, por tanto, más sonidos. Su rango de sonidos fue quedando cada vez más pequeño para las expectativas de expresión de los músicos ─dice Diego Saavedra─. El pedal fue un tope en su perfeccionamiento.
           
─Yo antes tocaba a Bach sin pedal porque sabía que sus piezas, originalmente, fueron interpretadas en clavecín ─un instrumento que obviamente no tenía pedales─. Pero un día la maestra Ferreira me dijo que no entendía cómo era posible que yo tocara esta pieza sin utilizar el pedal ─recuerda Martín Gallegos─. «Sin pedal, estás tocando solo medio piano. El pedal es parte del piano. No estás tocando en clavecín, sino en piano. Si no vas a utilizar el pedal, mejor tócalo en clavecín», me sugirió la maestra.
            
Diego Saavedra y Martín Gallegos son alumnos del Conservatorio Nacional de Música. El primero tiene veinte años y el segundo treinta y cuatro, y ambos son parte de los nueve músicos ejecutantes de los conciertos de la historia del piano.
           
De esos cuatro recitales en los que un instrumento moderno será adaptado para transmitir música antigua.

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La profesora Ferreira llegó al Perú por primera vez en los años noventa, en plena época del terrorismo. Junto a su esposo ─el violinista cubano Alejandro Ferreira─, fueron invitados por el maestro Lucho Alva para reforzar a la Sinfónica Nacional en una temporada de ópera de Aida.
            
Ahora dice que no sabe si regresará algún día a su país, pues siente que aquí hay mucho por hacer a nivel musical.
            
─Falta mucho desarrollo en la enseñanza. Encuentro muchos conceptos que ya no funcionan y son caducos no solo desde el punto de vista técnico, sino también psicológico ─dice Ferreira─. La generación actual de jóvenes no es la misma que la anterior: su visión del mundo, sus criterios y sus aspiraciones están por delante de la enseñanza que les están dando, porque perciben de manera distinta.
           
Según la pianista rusa, los profesores de música peruanos se encuentran atrapados en postulados rígidos. Y eso provoca que falte disciplina a partir de la responsabilidad personal. Más compromiso con lo que se hace.
           
Dice que en la enseñanza hay demasiadas reglas y el ser humano contemporáneo no puede funcionar con muchas reglas: que bastan unas cuantas y sencillas. Que solo así una persona puede desarrollarse libremente. Porque muchas reglas confunden: como un niño que tiene muchos juguetes y no juega con ninguno.
           
Dar muchas reglas siempre provoca escapes, y estos escapes son los que precisamente perjudican a las personas.
           
─Yo propongo hacer las cosas más fáciles para ahorrar tiempo de estudio ─dice Ferreira─. En el Perú hay reglas musicales muy antiguas que confunden, y no sé si es por una cuestión de actualización o por sentido común. Porque a veces se han seguido las reglas sin preguntar por qué.
           
Y agrega:
           
─Solo sé que hay muchos mitos dentro de la enseñanza y estos siguen pasando de generación en generación, lo que afecta a muchas personas que quieren estudiar música. Al final las frustra.

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No falta quienes creen que la música no es más que un entretenimiento: nunca una profesión con cientos de horas de estudio y práctica.
           
Como ser doctor. O ingeniero.
           
Cuando el público asiste a un concierto de solo una hora, no se entera de la cantidad de horas de ensayo tras de sí, de los seis o doce meses de pruebas para el proyecto y de toda una vida de estudio de la música en juego.
          
─Quienes están en esto en serio necesitan años de preparación para asimilar todo lo que hay: no se trata solo de aprender partituras, sino también de aprender a utilizar instrumentos ─dice Carla Sánchez Tafur, de veinte años y con tres de música elemental─. Para que los sonidos sean naturales se requiere dedicación más allá de tus clases. Si dejas de practicar el instrumento por un momento, se te olvida: la música no es algo que aprendes y ya está.
           
Para Carla ─a quien aún falta cinco años de estudio─ la profesión de música no se puede tomar como un hobby: como alguien que toca su guitarra o su saxo por un instante.
           
No es como si alguien leyera su libro de marketing para aprobar un examen.
          
Diego Saavedra dice:
          
─A tu cuerpo le toma tiempo acostumbrarse a los requerimientos del instrumento. De saber pararte y encajar un violín entre tus dedos. De saber acomodarte frente a un piano y adecuar tus brazos a sus teclas. Son años de consejos y preparación técnica.
          
Diego debió competir contra veinticinco pianistas más en su ingreso al Conservatorio Nacional. Solo había una plaza disponible.
          
─Hay dos maneras de hacer bien las cosas: a través de la forma difícil y a través de la forma fácil. Yo me inclino por la fácil ─dice Marina Pavlona Ferreira─. Y hay que precisar: no confundamos facilidad con facilismo. Porque al cuerpo humano no le puedes hacer trampas. Somos un sistema integrado y no simples órganos ─un cerebro, un par de manos─. Y ese sistema integrado funciona con posturas verídicas.
           
Porque todo músico debe saber cómo manejar su cuerpo, explica la maestra rusa. Y para eso debe comprender su temperamento individual. Su propio límite como ejecutante. Su perfil. De lo contrario, sus sentidos y su pensamiento no podrán ser expresados: no llegará hacia donde tiene que llegar.
           
─¿De qué vive un músico profesional? En primer lugar, de la docencia en un colegio, universidad o Conservatorio mismo. También puedes tocar en orquestas para eventos particulares, y también para trabajos específicos en temporadas de óperas ─dice Martín Gallegos.
            
El mismo hombre que renunció a su carrera de Ingeniería Informática y su formación universitaria en Chile cuando ya estaba cercano a los treinta años. Solo para dedicarse por entero a la música.
            
─Cuando me preguntan si ser músico profesional es rentable hoy en día, yo respondo con otra pregunta: ¿es rentable abrir otro negocio entre todos los que ya existen? ─dice Marina Pavlona Ferreira─. Dependerá de uno mismo, de si este negocio es necesario, de si este negocio lo puedes manejar, de si este negocio es de tu nivel.

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            En el programa de los recitales de piano se incluyen interpretaciones de Martini, Scarlatti, Beethoven, Chopin, Liszt, Prokofiev y Ginastera, por ejemplo.
            
Lo más complicado de esta historia de la música es comprender los estilos por épocas.
            
Entender el tiempo en el que fueron compuestas las piezas originales.
           
─Hay partituras como las del periodo barroco que no fueron escritas para instrumentos como el piano moderno ─dice Diego Saavedra─. De ahí el reto: usar el piano actual para conseguir la sonoridad del clavecín o del piano forte.
           
Aunque no solo en lo clásico está el reto. También en lo moderno. En concebir lo que quisieron decir compositores como Schoenberg o Bartok: músicos complejos de ese siglo XX tan vanguardista como caótico.
           
Autores que todavía son cuestionados en sus propuestas.
           
─Aquellos que hoy se consideran genios de la música clásica también fueron muy cultos más allá de sus técnicas ─dice Marina Pavlona Ferreira─. Y es una regla: mientras más sabes, más transmites. Porque con la música no se trata solo de expresar, sino también transmitir.
            
¿Y qué se transmite con la música?
           
La pianista rusa suspira.
            
─Si nos preguntáramos de dónde viene la música... La música en sí transmite un mundo verídico, humano, tal cual. La música es la vida que no puede ser expresada en palabras porque estas muchas veces confunden o se malinterpretan. Sin embargo, las sensaciones no se confunden.
           
Y Marina Pavlona Ferreira explica que la música le habla directamente al ser humano obviando su posición social y su «nivel cultural». A su corazón. Que ese es el motivo por el cual muchas personas afirman no entender nada de la música clásica, pero que aún así gustan de ella.
           
─No hay mucho qué entender dentro de la música: la música existe para percibir. Para percibir y no necesariamente entender.

                                                       *****

─Una salsa o un rock de John Cougar me dan igual: las escucho como suelo escuchar cualquier otra cosa ─dice Carla Sánchez─. La música académica tiene para mí otro trasfondo: me resulta más profunda que la popular, con más emotividad y sentimiento. Con todo, para distraerme y escuchar otros estilos, disfruto la música popular.
           
─Yo sí me bailo todo, sea un reguetón o un festejo ─dice Martín Gallegos.
           
Yo toco jazz y bossa y no siento que interfiera con la música académica ─dice Diego Saavedra─. Pero tengo compañeros puristas que solo escuchan a Chopin y nada más. Yo no podría vivir así.
           
─Creo que depende de tu personalidad y la manera cómo has sido criado ─dice Moisés Porras, otro de los jóvenes del Conservatorio─. Recordemos a la actual campeona mundial de ajedrez: la peruana dijo que ella podía ser considerada una intelectual por lo que hacía, pero que le encantaba el reguetón y eso no significaba nada. Si tu modo de pensar es rígido, te cerrarás a ciertos estilos.
           
─Yo casi valoro los géneros por igual. Lo único que no me gusta es el reguetón ─dice Ximena Belmar Ramírez, alumna de Educación Musical─. Con todo, la música académica nace a partir de una profundización en la música popular. De hecho, la música clásica tal cual la conocemos surge a partir del folklore europeo.
           
─Exacto. La música académica nació de la música popular aunque es un tanto más elaborada: más pensada. Igual, eso no la hace automáticamente superior: al contrario, se nutre de lo popular ─dice Martín Gallegos.
           
Como en el caso del reconocido compositor Béla Bártok: un académico que sintetizó las danzas populares húngaras y se hizo famoso a nivel mundial.
           
Carla se defiende.
           
─Para mí la música académica expresa más que la popular. Porque hay compositores que pueden sugerirte emociones muy distintas ─a veces hasta rebeldía─ y eso lo encuentras sobre todo en los autores clásicos. Obviamente lo que hicieron obedece a las épocas en las que ellos vivieron, a lo que pasaron. Eso lo hace mucho más profundo para mí.
           
─Creo que es el contexto en el que nace cada persona ─responde Diego─. Si escuchas la Novena Sinfonía de Beethoven, sabrás que su época habla de los valores de la libertad, de la fraternidad, de todo aquello que se propuso con la Revolución Francesa. La cumbia de las radios te habla del borracho que ahoga sus penas en el alcohol o del que se lamenta la pérdida de un amor.
          
─Depende también de la preparación de la persona ─agrega Moisés, de veintiún años─. En la música académica hay una mayor cantidad de notas y variedad de sonidos y el ritmo es más complejo. Si tienes la capacidad de asimilarlas, te gustará más que la música popular moderna, porque esta se compone de tonalidades muy simples, notas sencillas y por lo general no varía de un solo tipo de ritmo.
           
Moisés agrega:
            
─Con todo, si a alguien le gusta el rock y se ha programado solo para él, puede sentir la misma euforia que el músico académico sentirá al escuchar alguna pieza de Mozart, por ejemplo.
           
Martín remata:
           
─Y también depende del momento emocional de cada persona. En mi caso, a veces se me da por escuchar música ayacuchana y encuentro en ella una gran satisfacción personal, y luego paso a un concierto de Bach y luego a un disco de metal y siento lo mismo. Al final, siempre me pregunto: ¿Dónde está la línea que divide a la música académica de la popular? A Piazzolla, por ejemplo, ¿cómo lo clasificarías? ¿Popular? ¿Académico? 

                                               *****

Se le pregunta a los alumnos del Conservatorio si creen posible una educación musical en la currícula escolar nacional.
            
Todos responden que es necesaria más que posible.
           
Moisés Porras dice que la apreciación musical de un niño no solo dependerá del colegio: también de casa.
           
Martín Gallegos pone de ejemplo lo que ocurre en las escuelas de Francia: que por horas se les enseña música a los niños, y así no sean músicos profesionales, tocan algún instrumento. Y lo tocan bien.
            
Diego Saavedra dice sentirse apenado al saber que la música no necesariamente es el ideal en un país como este.
           
─Existen otras necesidades más urgentes qué suplir y lamentablemente no se puede exigir que todos los niños aprendan a expresarse a través de la música. Además, hay otro problema: ¿cómo se puede pedir que los escolares peruanos hagan música cuando ni siquiera saben leer bien?

                                                                    
Crédito de fotografía: Nancy Dueñas.


           
Piano, breve historia, de Marina Pavlona Ferreira.
           
Primer concierto: Barroco y clasicismo (jueves 3 de noviembre).
           
Segundo concierto: Romanticismo (jueves 10 de noviembre).
           
Tercer concierto: Impresionismo y música moderna (jueves 17 de noviembre).
            
Cuarto concierto: Música latinoamericana y música peruana (jueves 24 de noviembre).
           
Lugar: Centro Cultural Ricardo Palma (Av. Larco 770, Miraflores).
           
Hora: 7:30 p.m.
           
Ingreso: Libre.
           
Auspicia: Markham College y Municipalidad de Miraflores.

 

1 comentarios

Por algunos años trabajé en un colegio de Lima en el que todos los alumnos recibían clases de flauta dulce, un instrumento barato y al alcance de prácticamente todos los bolsillos. En ese colegio había un conjunto de flautas que era compuesto por los mejores alumnos, unos treinta a cuarenta, que tocaban algunas piezas de música popular, música académica de Vivaldi, Bach y Mozart; y hasta marchas militares. Era impresionante, siempre me pregunté por qué esa experiencia no se podía repetir en todos los colegios, a los niños les gustaba y todos sabían leer y escribir música, además el hecho de practicar y perfeccionar el uso de un instrumento musical ayuda en la formación de la personalidad, en la disciplina, la perseverancia, y abre las puertas al disfrute de estilos de música más complejos.

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