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Crónicas Marcianas

Carlos Chávarry

Carlos Chávarry

Aunque no solo serán pequeñas crónicas: también se publicarán reportajes y entrevistas sobre personajes y lugares que pasan desapercibidos. Donde lo que importa no es lo más miserable o lo más sensacionalista, sino lo que no necesariamente llama la atención. Sobre lo que hacemos y soñamos: lo que somos.

En otras palabras, lo que ocurre desde lo cotidiano: precisamente lo que casi nunca es noticiable. Pero que cuando se dice, sin embargo, resulta extraño, complejo. Por eso, si tienes alguna historia qué contar –por inactual o banal que parezca–, hazlo aquí. Porque hay cosas que si no se cuentan, nunca las entenderemos.

Crónica de una muerte anunciada

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Jorge Alí Triana revisita el clásico del Premio Nobel colombiano. Su historia ya no es solo el crimen de una sola persona, sino el de toda una sociedad. ¿Acaso sabemos por qué nos encanta enterarnos de las desgracias de los demás?

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 Lo mataron por desvirgar a una joven. Aunque en realidad nadie podía afirmar si esto era cierto o no. Queda la duda. Puede que la joven perdiese la virginidad en un accidente. O que quizá nunca fuera virgen.
           
Ni siquiera el actor que interpreta a Santiago Nasar, el asesinado de la historia, está seguro de si realmente fue él quien sedujo a la muchacha.
           
Lo cierto es que lo mataron solo porque la joven ─aturdida por golpes y gritos─ dio su nombre cuando el esposo la devolvió a casa de sus padres la mañana siguiente de su boda. Solo porque en las sábanas matrimoniales no constaba el reguero de sangre que había de exponerse en un cordel frente a los vecinos.
            
No existía la señal pública del acto consumado con una doncella.
           
Nadie en ese pequeño pueblo se cuestionó si lo que ella había dicho era verdad. Y a nadie se le ocurrió detener a los vengadores de esa deshonra ─y mucho menos de advertir a Santiago Nasar lo que se venía─. El victimado ni siquiera llegó a saber por qué se le atacó con esos oxidados cuchillos de carnicero que terminaron troceándole el hígado y los riñones y vaciando el contenido de su vientre.
            
El hecho realmente ocurrió en un villorio de Colombia hace más de medio siglo y Gabriel García Márquez lo reporteó con su conocido estilo.
           
Lo más recordado de esa crónica: que empezara contando la historia desde atrás. Es decir, desde el desenlace, desde del clímax del conflicto: a partir de la muerte de la víctima. Tras su lectura, una inquietante sensación quedaba en el aire: ¿Por qué habría de interesarnos una historia de la que, desde las primeras líneas, se nos dice lo que ocurrió al final?
           
Jorge Alí Triana, el reconocido dramaturgo colombiano, mantiene esa premisa en la puesta en escena de esa crónica.
           
Aún más, la simplifica hasta este punto: ¿Por qué nos interesa conocer las desgracias si no se hace nada por evitarlas?
           
Como en los noticieros televisivos de cada día, por ejemplo. 

                                            *****

            ─Siento que en García Márquez está muy presente el elemento trágico del hombre, como alguien que no se puede sustraer a su destino, y esa perspectiva es muy griega ─dice Jorge Alí Triana tratando de explicar el carácter coral de su obra─. Pero en nuestra época no es el destino lo que nos atrapa, sino más bien la misma cultura, la religión, el entorno social y sus prejuicios: todos ellos configuran la tragedia.
           
Y agrega:
          
─Entonces el coro griego de la obra existe para hablarnos de la conciencia y la participación del pueblo en varios niveles. Porque la participación no es solo hablar en términos de involucrarse en algo, sino también en dejar de hacer algo, sea por indiferencia, olvido o machismo.
          
Por coro griego entendamos a todos los personajes del pueblo narrando y juzgando al mismo tiempo lo ocurrido.
          
Personajes que incluso nada tienen que ver en la historia del crimen pero que no pueden evitar pronunciarse sobre ella, saltando entre distintas versiones ─algunas contradictorias─, cambiando los sucesos para hacerlas encajar mejor, retrocediendo en el tiempo una y otra vez, y anticipando lo que podría suceder a futuro, siempre mezclando las opiniones ─intercambiando subjetividades─ sin saber exactamente lo que ocurrió.
          
Es decir, un coro griego que describe y condena a la vez, que encuentra culpas en cualquier lado y coloca al ser humano en una posición casi utilitaria para justificar esquemas culturales caducos.
          
Un tanto como la reacción que suscitan los crímenes en la prensa actual.
         
─Somos casi treinta personajes en escena pero en realidad damos vida a un solo gran personaje: el pueblo ─dice Carlos Mesta, uno de los actores del montaje─. Un pueblo que en un momento dado pierde cuerpo, se fragmenta para hacer posible el crimen, y luego vuelve a corporeizarse en un todo y se autoinculpa pero que, mientras lo hace, también se censura. Eso es el coro: la memoria colectiva de un pueblo entero.

                                           *****

─¿Te digo algo? Yo le encuentro mucha religiosidad a la obra ─una religiosidad bastante latinoamericana─, y al mismo tiempo mucho misticismo, muchos elementos mágicos. Por ejemplo en esas frases tan comunes a nosotros como «Yo fui la última persona que lo vio», o «Precisamente esa noche soñé que tal cosa iba a ocurrir»: esas historias que vamos creando de manera casi inconsciente pero que nos grafica como si fuésemos una especie de pitonisa que advierte lo que está por venir. Desde esa perspectiva, Santiago Nasar es como un sacrificio ante todo lo que ese pueblo hace para razonar y cambiar: lo intentó Cristo, por ejemplo.
           
Emanuel Soriano, el joven actor que interpreta al personaje principal ─al victimado─, continúa:
           
─No es casual que en la obra el crimen ocurra dentro de una plaza de toros. El ruedo implica un animal a sacrificar, alguien a quien de todos modos se va a matar, un ser a quien se ha de angustiar hasta volver loco para luego desaparecerlo. Eso te dice hasta qué punto nosotros tenemos ya asumida la violencia dentro de nuestra sociedad: una violencia normalizada.

                                                        *****

Santiago Nasar no es la única víctima de Crónica de una muerte anunciada. También lo son sus victimarios, entrampados en hacer algo que no quieren.
           
─Los hermanos Vicario tratan de llamar la atención sobre su propia tragedia cuando anuncian a gritos lo que van a cometer. Son como el loco que circula por la calle diciendo que se va a matar ─dice Óscar López Arias, uno de los criminales en la pieza─. El que va a asesinar o se va a suicidar simplemente lo hace: no lo pregona. Anunciarlo a gritos es pedir ayuda. Y los hermanos están desesperados porque quieren que los detengan y nadie lo hace.
          
Es allí cuando cobra importancia ese pueblo que deja que las cosas sigan su curso tal cual están advertidas.
          
Que condena a los hermanos desde antes que cometan el crimen.
          
Porque están comprometidos a asesinar a su mejor amigo de la infancia por un entorno que propugna de manera equivocada valores como el orgullo y el honor. Empeñados de por vida a un falso entendimiento de la dignidad.
           
Predeterminados por los prejuicios.
          
─Esta obra no habla de la tragedia de una sola persona, sino más bien de todo un grupo de personas ─dice la actriz Claudia Dammert─. Habla de un sistema corrompido y reprimido en simultáneo, de una sociedad envenenada con una religión pacata y ciprianesca, de una mentalidad autoritaria muy agresiva y terrible que en realidad no sabe lo que es la compasión.
         
─Más que tragedias personales, la obra muestra una gran tragedia de las convenciones, donde las víctimas lo son por culpa de las conformidades sociales a las que ellos mismos están sujetos, a escenarios que ellos mismos ayudan a existir ─agrega Carlos Mesta.
         
─Yo no creo que podamos decir que estas cosas solo ocurrían hace cincuenta años. Hoy mismo sales a la calle y te ocurren situaciones similares ─explica el actor Gonzalo Molina─. Por ejemplo, cuando vemos que algo malo le ocurre al otro y no hacemos nada por evitarlo, cuando nos quedamos como meros espectadores, y solo tras la desgracia te preguntas en el fondo de ti mismo por qué no hicimos algo, por qué no le dimos vuelta a la situación.
          
Y dice:
          
─Cuando actuamos así, no sé si estamos condenados de antemano o somos nosotros mismos los que nos condenamos.
          
Al final, la tragedia convertida en un espectáculo voyeurista.

                                              *****

─¿Matar por un himen? Eso es desproporcionado. Lo peor es que quien lo pide no son solo hombres sino también mujeres. Por último, si esa joven hubiese manchado con mercurio cromo las sábanas de su cama la noche de bodas ─tal cual se lo habían aconsejado sus amigas─, nada de eso hubiera pasado.
           
Así se explica Ebelin Ortiz, quien interpreta a la monja y a la prostituta de la obra: guiños ambivalentes del director.
           ─No sé si Santiago Nasar fue el desvirgador culpable de la historia. A veces creo que sí ─sobre todo cuando lo ves coqueteando y seduciendo a todas las mujeres que se le cruzan─. Lo único cierto es que en la obra el pueblo actúa como actuamos todos nosotros: le gusta ver las marañas que se tejen alrededor de una muerte. Porque no nos basta con saber el resultado, sino también cómo se originó. Nos interesa el cómo.

                                              *****

¿Cómo hacer atractiva en el teatro una historia tan conocida y narrada magistralmente desde la literatura?
           
─Son dos cosas distintas ─dice Jorge Alí Triana, el director─. El libro existe, es maravilloso y no necesita que se le agregue o quite nada. El riesgo consistía en traducirlo a otro lenguaje ─el del teatro─, y ese fue mi desafío. En el montaje uno encuentra todos los elementos fieles al espíritu de la novela, a sus personajes y sus conflictos, pero lleva en sí una interpretación y una lectura particular ─tal como hace un lector cuando lee algo─ que es la perspectiva que hemos tenido a través de un lenguaje distinto al literario.
           
De por sí, Crónica de una muerte anunciada es una historia compleja porque en ella intervienen distintas perspectivas y versiones de cada uno de los integrantes del pueblo. Todas contadas, además, desde el pasado, el presente y el futuro: una serie de retrocesos donde los actores narran en tiempo actual lo que ocurrió y se van anticipando, a la vez, a la consumación del crimen.
           
La obra teatral está estructurada a partir de pequeños episodios de la novela original: hiladas entre sí, solo provocan más suspenso. Algo paradójico cuando se supone ya sabes el final de todo.
            
Gonzalo Molina ─quien interpreta a un juez, a un general y al padre de la joven desvirgada─, dice:
           
─Normalmente las adaptaciones de novelas para teatro y cine suelen ser muy complicadas. Y sin embargo, en esta encuentras una adaptación muy ágil, donde nada se complica y todo el tiempo entiendes lo que está ocurriendo. Pese a su complejidad, nunca te confundes por la manera cómo está narrada.
           
─Ok, es verdad: acá no podemos mostrar los arbolitos colombianos ni las ciénagas caribeñas ni el buque del obispo que visita el pueblo ─dice Claudia Dammert con su eterna soltura─. Pero hay que pensar en esto: lo difícil que es poner en carne y hueso lo que te imaginas cuando lees algo. Y sobre eso, utilizar todo un lenguaje de teatro para plasmar nuestra imaginación. Es muy osado, sí, pero también es muy enriquecedor.
           
Para todos.

            
           
Crónica de una muerte anunciada, de Gabriel García Márquez.
           
Director: Jorge Alí Triana.
           
Elenco: Nidia Bermejo, Claudia Dammert, Franklin Dávalos, Leslie Guillén, Oscar López Arias, Carlos Mesta, Gonzalo Molina, Sebastián Monteghirfo, Ebelin Ortiz, Stephanie Orúe, Tommy Párraga, Víctor Prada, Emanuel Soriano, Gabriela Velásquez y Carlos Victoria.
           
Horario: De jueves a lunes a las 8 p.m.
           
Lugar: Teatro Británico (Jr. Bellavista 527, Miraflores).
           
Entradas: De venta en Teleticket (de Wong y Metro) y boletería. Lunes populares.

2 comentarios

Muy buena obra. La he visto y quiero volver a verla. Los actores hacen un muy buen trabajo, cada personaje lo definen muy bien.

Muy interesante la reseña, da ganas de ver esa obra de teatro. Muy interesante el tema que trata me hace pensar en como se portan las barras bravas que ahora parecen estar de moda entre las clases altas limeñas y las cadenas de odio racista que surgen cada vez en las redes sociales, aun entre gente que supuestamente tiene acceso a educacion y tienen un nivel economico alto.

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