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Crónicas Marcianas

Carlos Chávarry

Carlos Chávarry

Aunque no solo serán pequeñas crónicas: también se publicarán reportajes y entrevistas sobre personajes y lugares que pasan desapercibidos. Donde lo que importa no es lo más miserable o lo más sensacionalista, sino lo que no necesariamente llama la atención. Sobre lo que hacemos y soñamos: lo que somos.

En otras palabras, lo que ocurre desde lo cotidiano: precisamente lo que casi nunca es noticiable. Pero que cuando se dice, sin embargo, resulta extraño, complejo. Por eso, si tienes alguna historia qué contar –por inactual o banal que parezca–, hazlo aquí. Porque hay cosas que si no se cuentan, nunca las entenderemos.

Perú, país nuclear [pt. 2]

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                                 ***** [continúa] *****

            Altera sus funciones. La radiación altera las funciones más elementales de las células. Unos rayos de más, y estas dejan de hacer lo que se supone están programadas por naturaleza. Adiós ADN. Adiós descendencia.
            Es como si de pronto tus pulmones y tus intestinos bombearan sangre. Como si tu cerebro se dedicara a absorber oxígeno. Como si tu corazón no fuera más que el desagüe de todo tu cuerpo. Eso es lo que le ocurre a las celulas.
            Miles de años de evolución y en segundos todo se vuelve hacia atrás. Solo por una energía vibrátil que eres incapaz de ver.
            Un enemigo invisible.
            Uno que se deposita en el cuerpo y en cuestión de minutos u horas comienza a producir catástrofes a nivel de médula ósea, sistema cardiovascular o gastrointestinal. Casi todos estragos sin cura.
            Léase ulceraciones del esófago, estómago e intestinos, hemorragias internas con sangre contaminada que pugna por salir por cualquier agujero y escoriaciones de una piel que intenta regenerarse sin éxito. Eso, si es que en el camino no se avería el mismo sistema inmunológico ─a través de los linfomas─, o se debilitan las arterias, o cualquier pequeña bacteria que pasa a reproducirse atiborrando el cerebro, hígado o riñones, o se producen daños irreversibles en los cromosomas, o se desarrollan cáncer de pulmones, útero, colon y tiroides ─la glándula responsable del metabolismo humano─.
            Síntomas: como mínimo, vómitos, deshidratación, fiebre y pérdida de conocimiento ─más cercano al coma que al desmayo─. Como máximo, una agonía dolorosa que solo terminará cuando las células del cuerpo fallen al momento de reproducirse.
            Nada que alguien desearía a su peor enemigo.
            Todo dependerá de la cantidad de radiación recibida. O más bien dicho, del tiempo de exposición a la radiación.
            Los hijos de los infectados podrían nacer con una serie de malformaciones. Si es que logran sobrevivir a sus propias mutaciones sufridas como embriones.
            Los adultos no la tienen más fácil: si alguno sufriera náuseas y vómitos dentro de los primeros cincuenta minutos de haber sido irradiado, es que ha de fallecer en las próximas horas.
            Ni siquiera tendrá tiempo de ver caer su cabello por mechones.
            Por lo demás, nada que alguien no pudiera coger respirando el mismo aire contaminado de todos los días. O almorzando la misma cantidad de grasas y compuestos químicos una y otra vez. Nada que no se pueda pescar libremente en la playa o el campamento en un esplendoroso día de sol o fumando tranquilamente un cigarrillo. Nada que no se pueda ir incubando lentamente dentro del organismo hasta que ya no se pueda reprimir al invasor.

                                           *****

Pionera por sus estudios de la radiactividad, Madame Curie quizá fue la primera víctima por radiación directa: murió de anemia aplásica en 1934.
            Su hija Irene, también investigadora, murió de leucemia.
            Lo cierto es que luego de las primeras pruebas científicas, los reactores nucleares comenzaron a construirse desde principios del siglo XX. Y no necesariamente para usos pacíficos. En 1945 ya existían centrales que no se usaban para producir energía sino plutonio: el insumo esencial de cualquier arma nuclear.
            Hoy se supone que existen más de 450 centrales nucleares de uso militar en el mundo. Se supone porque la cifra exacta sigue siendo un misterio.
            La razón: por estrategia, en la cifra oficial no se incluyen los submarinos nucleares que son nucleares no solo porque llevan torpedos nucleares, sino también porque son propulsados por reactores nucleares. Y en la cifra tampoco se incluyen los portaviones, que se movilizan a partir de la energía de dos reactores nucleares internos.
            Reactores de uso civil, en cambio, hay menos: solo 400 por todo el mundo.
            Un par le pertenecen al Perú.
            RP-0 y RP-10 son sus nombres. Uno está en San Borja y el otro en Carabayllo: distritos nucleares. Los dos reactores dependen del Instituto Peruano de Energía Nuclear (IPEN) y no sirven para generar energía eléctrica: mientras que con el RP-0 se realizan experimentos científicos, con el RP-10 se produce material radioactivo. Es decir, radioisótopos que se utilizan en la medicina y agricultura dentro del país.
            Si las cosas van bien, se espera colocar ese material radiactivo made in Peru en el extranjero.
            Y pensar que cuando el RP-10 fue inaugurado en 1988 por el ex presidente Alan García, la obra estaba inconclusa: faltaban equipar varios laboratorios. Los gobiernos siguientes lo hicieron operativo.

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─Se llama energía nuclear porque proviene de la manipulación del núcleo del átomo, algo que se puede lograr de dos formas: fragmentándola en un proceso llamado fisión, o uniendo muchos pequeños núcleos en algo llamado fusión ─dice Rolando Páucar.
            Por ahora la fusión es lo que está en plena experimentación en Europa. La fisión ha pasado a un segundo plano porque los reactores que se hicieron famosos por sus accidentes eran de este tipo: Chernobyl y Fukushima, por ejemplo. Ambos eran de segunda generación y ya no se construyen más porque son tecnología antigua: de la década de los años cincuenta.
            Ahora estamos llegando a la cuarta generación.
            ─Con estas nuevas centrales ya no tenemos que estar midiendo manualmente los niveles de temperatura y presión durante las 24 horas del día ─dice el investigador─. Si uno solo de estos factores entrara a una fase peligrosa, el núcleo del reactor se apagaría de manera automática.
            Otras novedades: la tecnología para contener las emisiones de gas y radiación de los núcleos en caso de accidente. O que los desechos de uranio ahora son almacenados en contenedores de grafito que luego se funden: al mezclarse con este mineral, el uranio queda inservible y ya no puede ser usado como arma nuclear.
            Entonces la pregunta: pese a todos los avances de la ciencia, ¿pueden ser muy peligrosos los reactores nucleares?
            Rolando Páucar vuelve a su tema de las probabilidades y explica que si consideramos las probabilidades de desastres naturales ─como un terremoto─, estos nos matarían con más frecuencia antes que la explosión de un reactor nuclear.
            ─Sí hay un peligro y es innegable, pero la posibilidad de que ocurra un accidente con una central nuclear es muy baja si lo comparamos a nivel de algún fenómeno natural.
            Luego agrega que incluso un terremoto no afectaría directamente las instalaciones de un reactor. Que así la pared se rajara no implicaría un accidente. Que el riesgo mayor ─la peor situación pensada─ es que el núcleo se quebrase y se escape a la atmosfera. Y que, sin embargo, en este tipo de reactores modernos, el inventario radioactivo es tan pequeño y mínimo que si se dispersa podría haber un daño de irradiación pero solo dentro de las instalaciones.
            ─Hay que pensarlo así: para que pueda ocurrir un accidente de magnitudes dentro de un reactor nuclear deben pasar muchas desgracias juntas como para provocarlo ─dice el científico peruano─. Insisto: ¿Cuántas probabilidades hay de que ocurran varias catástrofes en simultáneo para que todo salga mal?

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            Ahora se sabrá por qué Rolando Páucar tiene tanto apremio para que se levante un reactor nuclear de producción energética en Perú. 
            Primera razón: por ahora Brasil produce uranio enriquecido de 3% y 5%. Pero cuando logren construir su submarino nuclear, necesitarán uranio enriquecido al 97%. Con una producción así, tendrán suficiente material para fabricar una bomba nuclear. La primera en el continente sudamericano.
            Aunque eso es una preocupación para Estados Unidos y varios países de la región, Brasil tiene claro el objetivo: su submarino nuclear servirá para evitar que se apoderen de sus territorios ricos en petróleo y gas.
            ─La pregunta es: si nosotros somos vecinos de Brasil y significamos una llave de acceso al Océano Pacífico, ¿por qué no tenemos políticas exteriores que impliquen alianzas energéticas con este país y les podamos vender material radiactivo? ─dice el científico─. Hace 50 años y según documentos desclasificados de la CIA, un presidente norteamericano le recomendó a Getulio Vargas que construyera una carretera interoceánica que le permitiera salir al Pacífico a través de Perú. Y lo mismo: le sugería poner hidroeléctricas en los andes peruanos. Eso no es ningún secreto. Mira en lo que resultó.
           Una segunda razón: solemos preocuparnos de nuestras fronteras con Chile, y sin embargo estas son minúsculas comparadas con las que tenemos con Brasil, por ejemplo. ¿Acaso se piensa en ello?
           ─Con Brasil deberíamos fijar una orientación que nos lleve al beneficio mutuo y no a la conflictividad. Hay que aprender a negociar, sin guerras. Porque ahora solo existe un ejército que gana grandes batallas sin necesidad de armas: los empresarios. Las guerras ya pasaron de moda.
            Y el científico agrega:
            ─No necesitas un escuadrón de soldados: envías un escuadrón de empresarios que compran puertos, centrales hidroeléctricas y carreteras en otras naciones. Esa es la nueva forma de penetración. Y nosotros, como país, deberíamos formar esos nuevos ejércitos. Para eso hay que darles vida, apoyarlos.
            Tercera razón: cada accidente nuclear que ocurre es un problema internacional. No es un problema de un solo país. Por ejemplo, lo de Japón espantó a China y demás naciones vecinas. Entonces se establecieron mecanismos de seguridad nuclear entre varios países asiáticos.
            Cooperación es la palabra.
            ─Simplemente respondamos a esto: si una central brasilera sufriera un accidente, ¿los efectos llegarían hasta nuestro país? Y si eso fuera cierto, ¿por qué no puede existir una alianza de estrategia nuclear entre ambos países? ─se pregunta Páucar.

                                          *****

Solo para que quede constancia.
            Mientras que en Brasil se planifican megaproyectos energéticos para las próximas cinco décadas, en Perú el RP-10 solo se enciende dos veces a la semana.
            ─Tenemos un reactor nuclear capaz de producir material radiactivo para exportar y, sin embargo, Brasil tiene que comprárselo a Canadá porque no hay nadie más cercano que se lo venda. La paradoja es que tenemos acuerdos comerciales con China y Rusia, pero no Brasil, que es un vecino nuestro ─dice Rolando Páucar.
            El RP-10 funciona de esa manera porque solo está trabajando al 10% de su capacidad instalada: su cuota de producción es demasiada alta para un mercado nacional que no necesita de mucho material nuclear.
            Y sin embargo, pocos países en la región tienen una central como el RP-10, dice el científico. Ni siquiera Chile tiene una parecida, pues acaba de perder un reactor nuclear que construyeron sobre una falla geológica. Salvo Argentina, ningún otro país latinoamericano tiene un reactor como el nuestro: la envidia sudamericana, casi un lujo para el continente, en palabras del físico peruano.
            ─El bienestar de la vida contemporánea depende de lo que se utiliza cotidianamente ─dice.
            Como cuando uno carga el celular y las baterías para el MP3, por ejemplo. O se estudia más horas y por lo tanto se mantiene encendidas la computadora y la portátil por más tiempo, o se utiliza más agua caliente en las duchas y grifos, o se observa prolongadamente la televisión para informarse y distraerse. 
            ─El desarrollo de un país se mide por su consumo de energía ─dice Rolando Páucar─. Porque el indicador siempre es: ¿Cuánto consumes y cuánto es tu desarrollo?

3 comentarios

buen post !!!
Espero que las autoridades leyeran este artículo.... y luego lo hicieran realidad...
saludos .......

Muy buen articulo, me parece que ya es hora de poner a trabajar ese reactor y sacarle el provecho maximo para el bien de todos y proveernos y ser proveedores de energia nuclear. y de ser necesario construir mas reactores con la seguridad el caso, y no una oportunidad mas para robar sobreestimando el costo y haciéndolos de materiales de baja calidad.

Saludos.

Osea que si se malogra nuestra central nuclear no hay que preocuparse externalizamos la catástrofe y que la paguen los vecinos o se verán afectados... buena Don paucar todo un empresario equivoco la profesión ..

Por cierto la energia Eolica no es mas cara que la nuclear, construir un parque eólico es mucho mas barato que construir un central nuclear o un proyecto solar, pero sobre todo estas se pueden mover sin gran aspaviento y nunca causaran años permanentes a medio ambiente.

Dice la ley de Murphy, si algo sale mal saldrá de la pero forma posible, y si eso pasa, no importa si las posibilidades son de una en un millon, el daño al ambiente sera permanente por que lo que genera las centrales nucleares (cesio, americio, neptunio) desechos radioactivos que duran cientos, miles y cientos de miles de años sin que su peligrosidad disminuya un ápice, eso soltado en el medio ambiente o en contenedores representa una hipoteca muy alta, un gasto muy grande para las generaciones futuras, Así que gastemos ahora toda la energía que podamos, en el futuro nuestros nietos pagara el recibo.

Por que dije antes que el costo de la energía eólica solar son menores a la energía nuclear? por que nunca suman el costo de la gestión de los residuos, (residuos que aun no saben que hacer con ellos) Claro seguimos las políticas corporativas de externalizar las perdidas y privatizar los beneficios, así es fácil , así siempre hay beneficios y nunca hay perdidas, que tal marisco!!!

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