RSS

Crónicas Marcianas

Carlos Chávarry

Carlos Chávarry

Aunque no solo serán pequeñas crónicas: también se publicarán reportajes y entrevistas sobre personajes y lugares que pasan desapercibidos. Donde lo que importa no es lo más miserable o lo más sensacionalista, sino lo que no necesariamente llama la atención. Sobre lo que hacemos y soñamos: lo que somos.

En otras palabras, lo que ocurre desde lo cotidiano: precisamente lo que casi nunca es noticiable. Pero que cuando se dice, sin embargo, resulta extraño, complejo. Por eso, si tienes alguna historia qué contar –por inactual o banal que parezca–, hazlo aquí. Porque hay cosas que si no se cuentan, nunca las entenderemos.

Una virgen de burdel

Compartir:

Incluso en medio de una vida sórdida dedicada a la pornografía, el amor puede ayudar a iluminar los días. O empeorarlos. Esta es la historia de La Madonnita, la obra de teatro dirigida por Mikhail Page.

IMG_4347 - ED Portada.jpg

A ciencia cierta, a nadie parece decirle mucho el nombre de «La Madonnita».
           
Es natural: ni somos argentinos ni sabemos que en ese país de descendientes de italianos a la Virgen se le conoce como La Madonna. Tampoco nos resulta conocido que ─por extensión y en su jerga popular─ una madonnita podría ser la típica chica de su casa ─una doncella, una joven puritana, una damisela─. Aunque en su uso irónico, una madonnita también podría significar todo lo contrario.
           
Con eso en mente, ya podemos entender esta obra sobre una prostituta porteña con apariencia de virgen cada vez que se entrega por amor.
           
Y en especial, la historia de dos hombres que se volvieron locos por ella. Pero por gozarla y no entenderla.

                                           *****

─Creo que en el teatro no hay obras que hablen de la pornografía desde un punto de vista sensible ─dice Mikhail Page, el director de La Madonnita─. Aquí, los personajes se dedican a la pornografía no tanto porque les encanta el sexo, sino porque es lo único que saben hacer en medio de sus carencias: es la pornografía como una forma de pagar las cuentas y como una forma de ser aceptados socialmente con virtudes y defectos.
           
En la pieza, una voluptuosa prostituta se acuesta repetidas veces con un hombre de antifaz mientras su esposo ─un viejo fotógrafo obstinado con su arte─ los va retratando. Las imágenes luego serán vendidas por un marchante en una Buenos Aires de inicios del siglo XX.
            
Sin embargo, ni el fotógrafo ni el marchante se percatan de que la silenciosa entrega de la joven es más que una pose: ella ama al actor y en eso radica la clave del éxito de sus fotografías.
            
El problema es que ni el fotógrafo ni el marchante van a permitir ese amor.
          
─El público que compra estas imágenes no solo encuentra sensualidad, sino también el cariño y la pasión que alguna vez sintieron con alguien. Obviamente no lo saben: solo lo presienten en medio de las escenas de sexo ─explica Page─. Es igual, los personajes masculinos de la trama no saben lo que es el amor: cada uno se deja llevar por el placer y sus intereses y no se preguntan por lo que le puede estar sucediendo a la mujer.
           
En ese sentido, la obra es una metáfora de las ansias de los hombres por atrapar la esencia de la mujer. Una esencia que, en este caso, es la fascinación que la prostituta provoca con sus retratos pornográficos. Una esencia que los hombres buscarán a cualquier precio. Una esencia que terminará destruyendo a la misma Madonnita.
           
─Es algo que suele ocurrir con nuestras propias actitudes. Sin querer, lo que amamos de una mujer se va transformando con lo que hacemos y ellas a su vez se van transformando en algo que se pueda adaptar a nosotros ─dice Page─. Quizá pueda ser vista como una versión machista de las relaciones, pero no escapa de lo que sucede en la vida real.

                                           *****

En un momento dado y en medio de la escenografía de época cuidadosamente diseñada, la Madonnita se llega a desnudar por completo: su labor pornográfica se lo exige, así deba ser con alguien a quien no desea ni ama.
           
─A diferencia de lo que ocurre con los actores, los desnudos a veces pueden ser una propuesta chocante para los espectadores ─dice Page─. Porque si un desnudo no es justificado, termina siendo incómodo e incluso incomprensible para el público. Pero si entiendes la razón del desnudo, te percatas de que te están contando algo más que no tiene palabras.
           
Estamos hablando de una mujer que aparenta ser muda e indiferente y que en las fotografías se convierte en todo un símbolo sexual: será precisamente ese cambio lo que dirá mucho más sobre su personaje.
           
Un cambio que además ocurre en un escenario que representa un estudio fotográfico y al mismo tiempo un hogar.
            
El hogar del fotógrafo y su esposa.
           
─Carlos Mesta ─gran escenógrafo y actor─ fue quien propuso este espacio entre real y onírico. Y no se equivocó: cuando entras al escenario, sientes el hedor de una casa a medio camino entre la seducción y la vejez: el aroma de sexo mezclado con la humedad de las paredes ─dice Page.
            
Mientras tanto, el público interactúa como voyeur: es la cámara de la cámara de la cámara.

                                            *****

 La Madonnita fue escrita en el 2003 por Mauricio Kartun, un dramaturgo argentino que alguna vez fuera profesor del mismo Mikhail Page en Buenos Aires.
            
El director peruano lo conoció mientras se preparaba en dirección y dramaturgia: había llevado cursos con Roberto Ángeles y Alberto Ísola y había estado una corta temporada en Artes Escénicas de la PUCP. No obstante, sentía que su formación no estaba en Lima. Entonces viajó y se matriculó en los cursos de Kartun y otro reputado y exigente dramaturgo: Augusto Fernández.
            
─Fernández cambió mi perspectiva del teatro: en su taller nadie podía decir simplemente «Me gustó». Había que sustentar el por qué del impacto de una obra ─recuerda Page─. «Esto no es una cuestión de gustos, sino de haber hecho el viaje. ¿Ustedes hicieron el viaje cuando leyeron el ejercicio del compañero? ¿Por qué no?», nos decía.
           
Así salían los argumentos: de una historia teatral como viaje.
           
De un desplazamiento en el tiempo y el espacio: incluso dentro de cuerpos ajenos.
           
La Madonnita fue en su momento un éxito en su país natal, lo que terminó convirtiendo a Kartun en uno de los mejores dramaturgos contemporáneos de la región. Pronto Page pronto supo que quería estrenar esa pieza en el Perú sin importarle el lenguaje cargado de extranjerismos: al fin y al cabo, si una obra es buena lo será así el argumento transcurra en Irlanda, Singapur o Argentina.
            
─Kartun adopta un lenguaje popular porteño porque no solo te lleva a otra época, sino también porque retrata a hombres que quizá son considerados la escoria de una sociedad pero cuyas vidas nos ofrecen verdades de la condición humana ─finaliza Page─. En ese aspecto, es como mirar la basura escondida debajo del sofá: una basura que te dice más cosas sobre la casa que cualquier otro detalle.
            
Es decir, una crítica humana a partir de las costumbres humanas: del amor como deseo y posesión del otro.

  Afiche01_Original ED 2 - 1 - 2.jpg  

La Madonnita, una tragicomedia de Mauricio Kantur.
            
Dirección: Mikhail Page.
           
Actuación: Alfonso Santistevan, Mariano Sábato y Daniela Baertl.
           
Dónde: Centro Cultural El Olivar (Calle La República 455, El Olivar, San Isidro).
           
Cuándo: De jueves a domingo, a las 8 p.m.
           
Entrada: S/.25 (boletería).

Escribir un comentario


Introduzca los caracteres que ve en la imagen de arriba.