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Crónicas Marcianas

Carlos Chávarry

Carlos Chávarry

Aunque no solo serán pequeñas crónicas: también se publicarán reportajes y entrevistas sobre personajes y lugares que pasan desapercibidos. Donde lo que importa no es lo más miserable o lo más sensacionalista, sino lo que no necesariamente llama la atención. Sobre lo que hacemos y soñamos: lo que somos.

En otras palabras, lo que ocurre desde lo cotidiano: precisamente lo que casi nunca es noticiable. Pero que cuando se dice, sin embargo, resulta extraño, complejo. Por eso, si tienes alguna historia qué contar –por inactual o banal que parezca–, hazlo aquí. Porque hay cosas que si no se cuentan, nunca las entenderemos.

Tu cuerpo ya no es tu destino [pt. 2]

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                                    ***** [continúa] *****

[Dilemas (homo) sexuales]

¿De dónde viene la idea generalizada de que ahora casi todos los hombres han salido del closet, de que hay más homosexuales que antes?
           
─Se calcula que en el mundo existe un 10% de homosexuales y un 20% de bisexuales ─dice Liuba Kogan─. Estamos hablando de un 30% de la población. Es decir, que tres de cada diez personas son homosexuales o bisexuales.
            
Es posible que esta proporción siempre haya sido así a lo largo de la historia de la humanidad, explica la investigadora. Que no se sabe si se trata de una cuestión cultural o genética o la fusión de las dos. Que si en otras épocas se ocultó o controló los deseos homosexuales ─con mayor recelo y privacidad─ es porque la norma heterosexual era muy sancionadora.
           
Porque si antes te acostabas con una persona del mismo sexo, podías terminar lapidado, en la hoguera o ─como mínimo─ viviendo el resto de tus días a medio camino entre la culpa y la incertidumbre.
            
─Desde la antigüedad, las religiones judeocristianas vincularon el placer corporal con el pecado: allí nace la idea de que el cuerpo solo sirve para la reproducción. Se creía que el placer y la pasión generaban desorden y desborde social.
           
Si ya de por sí el sexo era visto desde un plano limitado, la homosexualidad era una abominación. Por tanto, el cuerpo debía ser invisibilizado: la carne era relacionado con lo desechable y efímero. Lo importante era lo de adentro: el espíritu y la razón.
            
Ese es el motivo por el cual el cuerpo ─como espacio desde el que observamos y sentimos─ estuvo sometido por mucho tiempo a un proceso de desaparición.
            
Hasta ahora.

                                           *****

            ─El hombre siempre construye su masculinidad en contraste a lo femenino: el hombre debe probar que no es mujer ni homosexual ─dice Kogan.
           
De allí que entre hombres el término de gay sea un insulto: es como decirle a un sujeto que algo está fallando en su cuerpo y que hace pensar que no está siendo lo suficientemente masculino.
            
─Es un recordatorio de que todo lo que implique salirse de límites claros y ordenados genera incertidumbre y desorden. Entonces uno siente que debe tener una personalidad definida bajo una opción sexual binaria, y creer que lo que está en los márgenes es peligroso o anormal.
           
Pero si tú te acuestas con alguien de tu mismo sexo, técnicamente no eres gay.
           
Tener relaciones homosexuales no construye necesariamente una identidad homosexual, dice la investigadora.
            
Puede también ser considerado una prueba.
           
Pone un ejemplo: esos hombres que cuando les preguntas sobre sus gustos te responden que no son gays, sino mucho más machos porque consideran que poseer a otro hombre refuerza su virilidad y poder.
            
─En esos casos podríamos decir que hay una relación homosexual y no necesariamente una identidad homosexual: se diferencia porque el acto sexual no es la identidad en sí misma. Uno puede tener un encuentro homosexual como anécdota o especie de exploración, y allí queda. Pero construir una identidad homosexual implica salir del closet, pregonarlo a los cuatro vientos, reinventarte y volver a narrarte.

                                            *****

[Cuerpos en venta]

La tecnología y la globalización han influenciado en la percepción contemporánea del cuerpo. También las imágenes de televisión y cine. Y el hecho de que las mujeres ahora sean más autónomas y puedan resolver solas los problemas de su oficina, casa y sus hijos.
           
Sobre todo en una época de muchos divorcios.
           
─Sin embargo, todavía tenemos un imperialismo corporal que nos obliga a valorar un cuerpo de rasgos caucásicos ─dice Liuba Kogan─. Olvidamos que ser peruanos también significa asumirnos racialmente, con nuestros rasgos originarios.
           
Esos ideales de belleza definidos por los programas de la televisión, los concursos de belleza y las imágenes de revistas y que en el fondo no son más que formas indirectas de modelar los cuerpos.
           
No es casual que en las oficinas del cono norte del cirujano plástico César Morillas veas a mucha gente tratando de arreglarse la nariz.
           
Suavizando sus rasgos andinos.
            
Blanqueándose.
           
─Pero tampoco cabe hablarse de «alienación» ─dice la investigadora─. Uno hablaría de alienación cuando la gente no es consciente de la influencia que está recibiendo, cuando una cultura se impone de modo subterráneo. Pero ahora notas que la gente asume estos ideales con cierta libertad y los integra a sí mismos como un proyecto de vida. Yo hablaría más de hibridación cultural, un recurso de gestión corporal.
            
Y obligados, hasta cierto punto, por las empresas.

                                           *****

Muchos empresarios aún no se percatan de que sus empleados pueden cansarse de estar todo el tiempo gestionando su cuerpo ─transformándose─ para encajar en un ámbito laboral. Y que eso repercute en el clima de la oficina.
            
Solo la idea del maquillaje mismo ya implica un disfraz. En italiano maquillaje se dice trucco: un artificio, un engaño.
           
─Las empresas hoy en día exigen cuerpos que se adecuen a la imagen corporativa, y esta aún sigue siendo rígida. Solo hay que fijarse en lo que se considera un cuerpo con alta empleabilidad: estar afeitado, cabello corto y traje, y chicas con una dosis adecuada de maquillaje y vestido recatado. Esos formalismos implican cuerpos muy gestionados por sus ansias de trabajo.
           
Y eso, sin considerar que la cuestión racial está también muy presente.
           
Ejemplos: en la recepción de un hotel de cinco estrellas no encuentras a alguien de rasgos andinos y metro sesenta de altura. A lo mucho estará para cargar maletas.
           
Y entre un joven de tez blanca y otro de tez morena que comparten las mismas credenciales académicas, adivinen quién será el elegido.
           
─Elegirán al joven blanco porque lo consideran un «capital» para la empresa. Con ese mismo término me lo han explicado ─agrega Kogan.
           
Porque si bien ahora nuestro cuerpo es un escenario donde se enfrentan discursos, instituciones, imágenes, modas y fantasías de todo tipo, también es cierto que en ellos hay pensamientos ajenos, no sospechados por nosotros mismos.
           
Y mucho menos cuestionados.


El deseo del cuerpo: Hombres y mujeres en Lima.
Autora: Liuba Kogan.
Editorial: Fondo Editorial del Congreso de la República, 2010.

 

1 comentarios

...Porque si bien ahora nuestro cuerpo es un escenario donde se enfrentan discursos, instituciones, imágenes, modas y fantasías de todo tipo, también es cierto que en ellos hay pensamientos ajenos, no sospechados por nosotros mismos.


Y mucho menos cuestionados.



Me recuerda un poco al post del caos vehicular, por aquello de la gente que prefiere juzgar a los demás antes que cuestionarse a sí misma.


Este post me trae a la mente una queja que escuché antes: esta sociedad de consumo en la que nos encontramos sumergidos!... en la que el propio cuerpo no es ahora más que un producto. El smartphone, la ropa cara, el cuerpo bien cuidado, antes símbolos de frivolidad, pasan a ser lo aceptado y lo sano. Habemos quienes nos sorprendemos del cambio (siempre súbito para el descuidado) de la sociedad. Me sorprendo de como las quejas de los viejos me parecían irreales e insensatas, y me encuentro con que ahora son mis ideas las antiguas, y los jóvenes son inculcados con nuevas ideas, más acordes para su sobrevivencia en esta sociedad actual. Uno es producto de su tiempo... ahora comprendo el significado de aquella frase. También comprendo porqué la frase todo tiempo pasado fué mejor se la escucho a los viejos. Pero aún no soy tan viejo. Diré mejor: los tiempos cambian, en algunas cosas para mejor y en otras para peor. Todo depende del punto de vista.
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Aún así espero que la discusión (si la hay) no se limite al tema del racismo.

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