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Crónicas Marcianas

Carlos Chávarry

Carlos Chávarry

Aunque no solo serán pequeñas crónicas: también se publicarán reportajes y entrevistas sobre personajes y lugares que pasan desapercibidos. Donde lo que importa no es lo más miserable o lo más sensacionalista, sino lo que no necesariamente llama la atención. Sobre lo que hacemos y soñamos: lo que somos.

En otras palabras, lo que ocurre desde lo cotidiano: precisamente lo que casi nunca es noticiable. Pero que cuando se dice, sin embargo, resulta extraño, complejo. Por eso, si tienes alguna historia qué contar –por inactual o banal que parezca–, hazlo aquí. Porque hay cosas que si no se cuentan, nunca las entenderemos.

En el desierto de lo real

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¿Hasta qué punto es soportable la vida cotidiana? Esa es la pregunta que hace un siglo formuló el dramaturgo ruso Antón Chéjov en Las tres hermanas y que ahora el cineasta Francisco Lombardi dirige en el Teatro Británico. 

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Francisco Lombardi desconfía de los actores de cine.
           
El director de La boca del lobo, La ciudad y los perros y No se lo digas a nadie no está muy seguro de la performance de los actores durante las películas.
           
En todo caso, considera que la última palabra está en el director.
           
─En el cine tú trabajas con un actor y lo puedes editar: lo puedes mostrar o lo puedes sacar, lo puedes poner en primer plano o lo puedes poner a distancia, lo puedes poner de frente o lo puedes poner de espaldas, y en general puedes hacer muchas cosas con él: es un instrumento mucho más maleable. En el teatro, en cambio, el director solo puede dar la inspiración y mostrar el camino ─dice.
            
Lo que significa, continúa Lombardi, que en el teatro el actor es el protagonista decisivo porque no hay nada más: levantas el telón y solo está él solo, al centro de todo.
            
En el escenario no están el director ni las cámaras ni los ayudantes ni existe, por supuesto, la posibilidad de un corte.
           
Por un buen par de horas el actor será el único objetivo de cientos de ojos.
           
Una situación que pone algo nervioso al reconocido cineasta, según confiesa, sobre todo en las primeras funciones y hasta que encuentra un mecanismo más estable.
           
Y entonces dice:
           
─Para actuar en el cine no necesitas ser un gran actor: solo te basta tener algunas habilidades y un buen director. Y eso, en el teatro, no sirve.
           
De esta forma es cómo Lombardi revela la cuidadosa selección del elenco para su nuevo proyecto teatral: Leonardo Torres Vilar, Jimena Lindo, Wendy Vásquez, Natalia Cárdenas, Delfina Paredes y Carlos Gassols, entre otras figuras.
           
Las tres hermanas, pieza original del célebre escritor ruso Antón Chéjov, así lo exigía.

                                           *****

«Chéjov no creía ─jamás había creído─ en una vida futura. No creía en nada que no pudiera percibirse a través de cuando menos uno de los cinco sentidos. En consonancia con su concepción de la vida y la escritura, carecía ─según confesó en cierta ocasión─ de "una visión filosófica, religiosa o política del mundo. Esta cambia para mí todos los meses, así que tendré que conformarme con describir la forma en que mis personajes aman, se desposan, procrean y mueren. Y cómo hablan"».
            
Con estas palabras Raymond Carver reseñó alguna vez a Chéjov, uno de sus autores favoritos tal como lo fuera también de Hemingway y Nabokov: todos ellos reconocían que le debían algo al maestro del relato corto.
           
Antón Chéjov (1860-1904), médico de profesión, no era muy afecto a los devaneos del romanticismo, género literario muy en boga en su época. De allí que sus obras se caractericen por escenas en las que aparentemente no ocurren gran cosa: una trivial conversación dominical, una cena tediosa, un encuentro casual en la calle o un paseo solitario en un día de sol son el marco de fondo de unos personajes que nunca parecen ir a ningún lado.
           
El drama está en los detalles de esa cotidianeidad.
           
─Chéjov es uno de los grandes revolucionarios del teatro porque creó historias conmovedoras sin necesidad de basarse en comedias ni melodramas ─dice Francisco Lombardi─. En sus obras no ves grandes acontecimientos: los sucesos importantes ─sin apariencia de importantes─ transcurren de manera subterránea, sin escándalos, en intervalos breves.
            
Como en la vida real.
           
─¿De qué manera vive el ser humano su vida diaria? Definitivamente no lo hace con espectacularidad ─explica Leonardo Torres Vilar─. Y tampoco es que en nuestras vidas estén pasando grandes cosas todo el tiempo. Ahora mismo con nosotros quizá no ocurra nada distinto a los demás días: nada realmente importante.
           
─Y sin embargo, aunque parezca que no haya nada importante en el día a día, a nivel interior de las personas algo puede estar ocurriendo y no nos percatamos ─agrega Jimena Lindo─. En verdad los grandes eventos los percibes cuando te fijas en cada personaje, en lo que hacen y dicen de manera involuntaria ─como cuando cantan o silban─: en sus detalles imperceptibles.
            
Los detalles imperceptibles que precisamente dan forma a esa historia de tres aristocráticas hermanas ─Olga, Masha e Irina─ encalladas inexplicablemente en una provincia que las aburre mortalmente y de la que buscan salir desesperadamente.
           
Así sea casándose con alguien que les ayude a salir de la casa paterna. O buscando el trabajo perfecto para sentirse realizadas. O pensando en un viaje a Moscú que nunca llega.
            
Esperando, en resumen, que algo importante ocurra en sus vidas en vísperas de la revolución rusa.
            
«No hay nada más aburrido y carente de toda poesía que la prosaica lucha por la existencia, que te quita la alegría de vivir y te sumerge en la apatía», escribió Chéjov en algún momento de su vida.
            
Esa vida que se le agotó a los cuarenta y cuatro años a causa de la tuberculosis.

                                           *****

─¿Cuál sería el tema principal de Las tres hermanas? ─se pregunta Lombardi─. Yo creo que uno de los diálogos lo resume, cuando un personaje le aconseja a otro: «Piensa que en la vida lo que tenemos que aprender es que no todo lo que deseamos lo vamos a conseguir, y hay que aceptar eso».
            
Es decir, admitir la distancia entre nuestras ilusiones y la vida cotidiana.
           
─Creo que fue John Lennon quien dijo que la vida es lo que te pasa mientras haces otros planes ─explica Leonardo Torres Vilar─. Y esa es la historia de los personajes de Chéjov y de nosotros mismos: todas las personas quieren esto o aquello, y no viven por estar pensando en cuándo van a vivir realmente. Y sin embargo, ya están viviendo.
           
Tal vez por eso Chéjov sigue siendo uno de los dramaturgos recurrentes en muchas salas de teatro del mundo: porque nos identifica con sus personajes a través de diálogos aparentemente banales y momentos intrascendentes.
            
Personajes que además no obedecen al típico esquema de los buenos y los malos y los virtuosos y los viciosos: los suyos son seres capaces de amar y odiar al mismo tiempo, víctimas y victimarios a la vez, frustrados y alegres, razonables y contradictorios.
            
Como en la vida real.
           
Chéjov lo definió así: «Se exige que el héroe y la heroína sean dramáticamente vigorosos. Pero en la realidad la gente no se suicida, no se ahorca, no se enamora ni dice cosas geniales a cada minuto. Pasa la mayor parte del tiempo comiendo, bebiendo o diciendo tonterías. La vida en la escena debe ser lo que es en realidad, y la gente, por tanto, debe andar con naturalidad y no sobre zancos».
           
─Autores como Shakespeare y Chéjov nos recuerdan que seguimos queriendo ser amados, queriendo ser admirados, queriendo vivir con ilusiones, y sin embargo seguimos dejando que el tiempo transcurra irremediablemente. En ese sentido, cualquiera de nosotros se puede sentir identificado ─dice Jimena Lindo.
           
─El público desea ver historias basadas en lo real y cotidiano ─afirma José Miguel Arbulú, uno de los actores de la obra─. No es casualidad que los reality de televisión ahora mismo tengan tanto éxito y las películas vengan con sus behind the scenes: la gente quiere ver qué hay detrás de toda la parafernalia y la pompa. Quiere ver gente real.
           
¿Un reality de otra época, quizá del siglo XIX?
           
─Salvando las distancias, imagínate que al dramaturgo ruso se le ha comparado con el Seinfeld de esta época, porque se dice que esta es una serie en la que no ocurre nada y aún así se generan situaciones. Con Chéjov es así: en el día a día se construyen y se dejan de construir cosas por el futuro.

                                           *****

Termina la obra y queda flotando una sensación de sorpresa. Porque la historia se ha hecho decisiva de manera sosegada: con vidas aplacadas. Y porque las situaciones más cruciales no necesariamente se han visto sobre el escenario: en esta solo se reflejan sus consecuencias.
            
Como en la vida real.
           
Entonces el consuelo de Chéjov.
            
«Muchas veces me reprochan que no presento personajes positivos, pero la verdad es que no sé de dónde sacarlos. Nuestra vida es provinciana, las ciudades están sin pavimentar, las aldeas son miserables y la gente anda en harapos. Yo quiero decirle a todos: miren bien. Así verán que la vida es turbadora y triste para ustedes. Pero lo que importa es que la vean. Una vez que la hayan visto, creerán en una vida mejor que la actual. Yo no la veré, pero sé qué será totalmente distinta».


            Las tres hermanas, de Antón Chéjov.
            Dirección:
Francisco J. Lombardi.
           
Actúan: Leonardo Torres Vilar, Jimena Lindo, Wendy Vásquez, Natalia Cárdenas, Delfina Paredes, Carlos Gassols, Stephanie Orué, Rodrigo Palacios, Juan Carlos Morón, Diego Lombardi y José Miguel Arbulú.
           
Dónde: Teatro Británico (Jr. Bellavista 527, Miraflores).
           
Cuándo: De jueves a lunes, a las 8 p.m.
            
Cuánto: Desde S/.35 (lunes populares) en Teleticket.

 

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