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Crónicas Marcianas

Carlos Chávarry

Carlos Chávarry

Aunque no solo serán pequeñas crónicas: también se publicarán reportajes y entrevistas sobre personajes y lugares que pasan desapercibidos. Donde lo que importa no es lo más miserable o lo más sensacionalista, sino lo que no necesariamente llama la atención. Sobre lo que hacemos y soñamos: lo que somos.

En otras palabras, lo que ocurre desde lo cotidiano: precisamente lo que casi nunca es noticiable. Pero que cuando se dice, sin embargo, resulta extraño, complejo. Por eso, si tienes alguna historia qué contar –por inactual o banal que parezca–, hazlo aquí. Porque hay cosas que si no se cuentan, nunca las entenderemos.

La epifanía del Capitán Memo

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Sobre cómo un aparentemente inofensivo músico de canciones infantiles puede provocar una auténtica performance colectiva de los recuerdos.



            
            
Debe ser sintomático que la canción de cierre del concierto del Capitán Memo haya sido la de El Capitán Futuro.
            El futuro.
            Y debe ser igual de sintomático que la única canción repetida dos veces a pedido del público haya sido la de La Pequeña Lulú.
            Esa cuya frase final dice: «Lulú no crezcas, no cambies jamás».
            Pero también debe ser sintomático que la canción más celebrada de la noche haya sido la de Candy: esa historia de la niña que solo espera que pase el tiempo para conocer el verdadero amor.
            Espera. Tiempo. Amor.
            La ilusión.
            O que la canción que no fue tanto cantada como sí aullada -de pena- haya sido la de Marco: la de aquel niño que viaja por todo el mundo con la expectativa de poder encontrar a su madre.
            Buscando. Hallando.
            Otra vez la ilusión.

                                           *****

A mi lado derecho un tipo obeso que está abrazado de su pareja grita: «¡¡Memo no se va!!«, «¡¡Memo es peruano!!». Y a mi lado izquierdo un tipo de casaca de cuero y una botella de cerveza en cada mano protesta: «¡¡Toca Capitán Futuroooo!!». Y luego: «¡¡O Candy, ya qué chuchaaaa!!».
            Sobre el escenario y con un chaleco negro de soldadito de plomo y lentes negros está el Capitán Memo, el chileno que musicalizó casi todas las series de dibujos animados que se vieron en Latinoamérica a principios de los años ochenta.
            Y aunque ya ha estado en el país en otras ocasiones, el hombre acaba de venir de una gira por todo el continente desde hace un año y medio. Una gira que empezó en Lima y que termina en Lima. Y lo acompañan dos guitarristas y un baterista que lucen y se mueven como metaleros -aunque tocan canciones infantiles de apenas algo más de dos minutos- y su esposa, una guapa mujer a la que conoció precisamente musicalizando temas para series de niños.
            Ella aparece en el escenario como una doncella, con medias largas y una falda vaporosa y corta de color rojo. Como la pudorosa bailarina del cuento del soldadito de plomo.

                                           *****

En este tipo de presentaciones, que el artista se haga esperar no es una falta de respeto: es toda una estrategia. La demora solo aumenta la ansiedad. Pero cuando aparece el Capitán Memo e intenta conversar y bromear con el público, casi no se entiende lo que dice, y él lo comprende: la empatía con su gente solo es musical. Y entonces se lanza a lo que más sabe.
            En un momento dado, la epifanía -la manifestación- empieza: las personas levantan las manos, las balancean, se mecen enteras, miran hacia arriba -hacia las tres pantallas- y cantan en coro. El tiempo parece desacelerarse y retrotraerse hacia una época en la que todos creemos haber sido felices sin conciencia de haberlo sido: la verdadera felicidad.
            Visto en perspectiva, no hay mucha diferencia entre este concierto y un acto evangélico.
            Solo que la palabra divina toma aquí otras formas: la amistad, la inocencia, las promesas de no separarse nunca. Y también la de la energía y la vitalidad asociada a la justicia, las ganas de hacer siempre el bien, la satisfacción ante los buenos pensamientos, la recompensa samaritana: las letras de las canciones de Memo están matizados con estos ideales candorosos.
            Cosas que probablemente ya no creemos pero en las que quisiéramos creer.
            Un retorno a la ingenuidad.

                                           *****

En esta discoteca, el concierto no sería igual si no fuera por las pantallas que penden sobre nuestras cabezas. Porque Capitán Memo podrá tocar y ser muy aplaudido, pero la gente se queja cada vez que se cortan por error -y ocurre con mucha frecuencia- las imágenes de esos dibujos animados donde jóvenes cuasi-adolescentes se convertían en robots o niñas de ojos muy redondos y cristalinos buscaban siempre algo: desde una flor hasta un amigo, pasando por valores como la bondad y la verdad.
            Dibujos animados que hoy ya no se ven en la televisión.
            Dibujos animados que solo se pueden apreciar en recónditos canales de cable sin un cierto espíritu vintage. Sin esa especie de gustito retro y curiosidad por un pasado muerto.
            Y por eso es que cuando la pantalla pasa a azul-video, el concierto pierde su magia: el Capitán Memo no es más que una voz flotando en el aire sin el trasfondo de la infancia.

                                           *****

Mucho después, un periodista metalero de casi cuarenta años y cabello largo me dirá: «No está mal que la gente regresione a su infancia de vez en cuando. No está mal a menos que lo haga todo el tiempo. Que se quede colgado de sus regresiones».
            Y me explica que cuando juega con su hija de nueve años es donde saca a lucir aquello que se niega a morir de él: sus recuerdos, su imaginación de la infancia, las travesuras permitidas. Lo que el cliché popular llama 'el niño que todos llevamos dentro'. Y que se siente bien, y que su pequeña lo disfruta tanto como él.

                                          *****

El concierto ya es un éxito desde antes de que comience: en la calle dos enormes filas que desembocan en la puerta saturan más de media manzana. Pero dentro no hay mucha gente disfrazada.
            Solo una señorita vestida con falda corta y pantys altas como alguna glamorosa adolescente de colegio nipón.
            Solo un niño con una impresionante casco-cabeza de Astroboy -y cuyos ojos de aluminio plateado iluminan como linternas-.
            Solo dos hombres de barba afeitada vestidos uno como Mazinger Z -sus ropas no son más que papel lustre de colores semejando la armadura de metal del robot-, y otro como El Gladiador -no tan distinto al anterior pero con una espada de plástico rojo: una espada de policía de tránsito-.
            En la hora y media que dura el concierto, algunas máquinas no dejan de drenar humo con aroma de fresa: curiosamente no lo hacen sobre los músicos, sino sobre las pantallas donde se proyectan mini-videoclips caseros de He-Man, El Vengador, Ángel, Mujer Araña, Sport Billy, Los Cuatro Fantásticos, La Abeja Maya, Capitán América, Heidi, Los Caballeros del Zodiaco.
            Así es como se crea un clima nebuloso y onírico sobre las imágenes.
            Porque si los recuerdos pueden explotarse, este es uno de los mejores ejemplos.

                                               *****

El colombiano Héctor Abad Faciolince escribió hace algunos años: «Uno recuerda lo que está más cerca de su corazón. En inglés la expresión es literal: by heart significa de memoria. Y en español también: recordar viene del latín cor cordis, corazón, porque los romanos habían descubierto que el corazón era la sede de la memoria. Tenían razón en un sentido muy especial: uno solo recuerda lo que quiere».
            La pregunta es: ¿Qué es lo que queremos?

 

13 comentarios

Interesante (snif... creo que tengo algo en el ojo). Buen primer post

Hola.

A la legua te diferenciaste del resto. Ya se necesitaba algo así por aquí. Una personal ventana abierta al mundo de los demás. Ese patético ojo tuyo abierto sobre el patético mundo nuestro de todos los días. Yo también odio al maravilloso Memo.

Fab.

Gracias por tu comentario. Aunque la verdad es que no fue por razones de simpatía por lo que escribí esto (de lo contrario, ni siquiera habría ido al espectáculo). Me interesó más ver cómo era un concierto con música de dibujos animados. Y cómo se producía la conexión con el público. Simple curiosidad. Felices fiestas.

Y tú, ¿qué sentiste?
El capitán Memo revive recuerdos pero hay otros eventos -relacionados a 'dibujos animados'- que convocan muchas más emociones. Te las recomiendo.

He llegado a pensar que tu eres un dibujo desanimado jajaja, felicitaciones por el nuevo "hijo" ¿Que seguirá despues?

Buscando. Hallando.
Otra vez la ilusión.

Hay que ir a Marte de cuando en vez.

Y me pregunto? Si en el diario, en impreso digo, tus textos eran bajados de webs o volteados de algún lado, comercio digo, xq te premian con un blog?

Hola, me temo que hay un malentendido. Ni el blog es un premio (es una colaboración) ni mis notas en el impreso eran copiadas de alguna nota de prensa institucional. Y menos volteadas. Si les hubieras prestado más atención, habrías notado que yo generaba mis propios contenidos (a veces es bueno diferenciar sección por sección). Lo mismo estoy haciendo con este blog: generar información propia. Lo cual es siempre un poquito más difícil porque significa que no te quedas con lo primero que te viene a mano. Dale, puedes verificarlo en el archivo mismo del diario con los artículos que tengan mi nombre. De todos modos, gracias por compartir tus suspicacias. Buen año (en lo posible).

Hola EL YO.

Es bien fácil decir tal o cual barbaridad con un simple YO como identidad. Un consejo de año nuevo: si vas a lanzar una puya que esperas sea tomada como seria, usa tu nombre real. Y sobre todo prueba lo que afirmas... O eres alguien que quiere esconder la cara? Si así empiezas el 2011, no será nada raro que lo acabes igual. No sigas el mal ejemplo de tantos otros.

Pásala bien.

vaya,la gente estuvo animada entonces...cuando fuí a su primer concierto la gente estaba a media caña al principio,como con roche de estar cantando esas canciones,después ya agarraron valor....simpatico tu posteo. Y con respecto a la "denuncia" de El Yo,Tu,El,Ellos......bueno,hay gente que suelta sus bravatas ocultandose tras un nick para decir las cosas de frente.
Feliz Año y que tu blog prospere!!!!

Buen comienzo Chávarry Valiente. Escribe seguido y no pierdas esa agudeza.

Muy "original" el nombre de tu blog, ¿cómo se te ocurrió?, ¿leíste a Bradbury o de plano veías el programa español?

Hola: ni lo uno ni lo otro. Hay nombres que, a estas alturas, ya no son de sus autores ni de quienes lo usan (y reúsan). Pero no te quedes en el título del blog. Mejor lee todo el post. A ver si lo comentas. Saludos.

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