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Cómics.21

César Santivañez

César Santivañez

Soy el cómic. Laureado, a veces prohibido y otras molido a palos pero siempre con una sola consigna: entretener a millones. Yo puedo transportarlos entre mundos y hacer que pasen grandes aventuras con sus personajes favoritos.

Algunos seguidores de mi magno reino serán los encargados de transmitirles la palabra escrita, así como de digerir y responder todas sus inquietudes acerca de mí en este blog. Digan conmigo: Larga vida al cómic. ¡Larga vida al cómic!

El mejor cómic del mundo

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Miro hacia la calle y veo a un muchacho cruzar la pista y comprar un cómic en el quiosco de la esquina. Lo hojea mientras camina. Se pierde de vista. Lo imagino cruzando la puerta de su casa, saludando a mamá y, ya en su habitación, colocando la revista junto a otras tantas. Fin de la historia. Pienso en lo sencillo que es hoy en día ser un lector de cómics en este país: uno puede concentrarse en la parte divertida del asunto, sin pensar en cómo la última aventura de tal o cual superhéroe llegó a parar ahí, frente a nuestras narices. Más aún: uno puede darse el lujo de darlo todo por sentado, como si el cómic hubiera sido parte de nuestras vidas desde siempre.

Pero hubo un antes.

 

De vuelta a 1995 y de ahí en adelante

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Yo tenía quince años, y acababa de leer por primera vez un cómic de Batman. Se trataba de una edición norteamericana de la séptima parte de "Batman: KnightsEnd" que había encontrado refundida en la sección de revistas de un supermercado local. Quedé enganchadísimo. Por aquel entonces, no me interesaban los nombres en la portada: para mí, no existía nada más que el Murciélago y su lucha. Lo difícil vino cuando intenté averiguar cómo terminaba la historia. En ningún supermercado, en ningún quiosco habían escuchado hablar acerca de un "chiste" llamado "Batman: Knightsend".

Hablo de la era pre-internet: igual a la Edad Media, pero con televisión.

La curiosidad me llevó a embarcarme en mi primera aventura personal, a raíz de la cual coloqué un pin mental en cada uno de los quioscos de mi barrio donde aún se exhibían avejentadas ediciones argentinas de Robotech y G.I. Joe. Pero de KnightsEnd, nada. Días más tarde, después de haber atravesado dos distritos y presa de un vacío insondable, compré algunos ejemplares de El Tony, Nippur Magnum e Intervalo. Ya en casa, cuando los leí, descubrí que existía un señor llamado Robin Wood, que escribía cómics en lugar de dibujarlos: fue mi primera noticia acerca del oficio de guionista. A partir de entonces prometí poner más atención a los nombres en la portada.

Mis excursiones se hicieron más largas. La distancia me obligó a tomar buses y colectivos en busca de historias (no era consciente de que con ello también labraba la mía), que me sirvieran para evadirme del aburrimiento de ser un chico asolapadamente nerd. Llegados a este punto debo mencionar que, en la década del noventa, los amigables términos geek o friki no existían como tales, y leer cómics no te hacía precisamente interesante. Las reglas eran claras: o eras nerd, o no lo eras. Cuando me percaté de ello, ya viajaba cuarenta minutos en busca de una edición Zinco del Superman de Roger Stern o de las arrolladoras Crónicas de Atlantis de Peter David.

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El punto álgido vino más tarde, en 1997, cuando me vi a mi mismo al lado de Hugo Espinoza (hoy dibujante de Panóptica: los últimos días del futuro) tocando la puerta de una casa particular, tal como lo harían dos perversos clandestinos. Los rumores decían que, en aquella casa, los nerds (el adjetivo había empezado a cobrar en mi mente connotaciones positivas) más recalcitrantes de la ciudad iban a parar los sábados por la tarde, cuando el resto de la ciudad se entregaba al fútbol o a la televisión. Logramos entrar. Yo estaba casi seguro de que, si la octava parte del KnightsEnd estaba a la venta en algún lugar de Lima, tenía que ser ahí. Sin embargo, tras descubrir títulos como Youngblood, Witchblade y Spawn y alucinar (casi literalmente) con el arte de Sam Kieth, Michael Turner y Todd McFarlane, supe que, por extraño que pudiera parecer, mi búsqueda había terminado.

Me di cuenta de que aquel cómic, el que dejaba un hueco en mi colección y el que jamás había podido conseguir, era irónicamente mi ejemplar más preciado. Porque, gracias a todos los quioscos y tiendas que me dijeron que no, afloró en mí el hambre de investigar, gracias a la cual terminé asomando en los rincones más improbables y conociendo a amigos entrañables.

El tiempo me daría la razón. Después de todo, fue gracias a la octava parte del "Batman KnightsEnd" y a la poderosa curiosidad que despertó en un muchacho de quince años, que tuve la fuerza necesaria para dejar de ejercer el Derecho y empezar a ejercer mi pasión, y para conocer a la mujer que hoy es mi esposa y con quien tengo un hijo que dentro de pocos años observaré desde esta misma ventana cruzar la pista, comprar un cómic y hojearlo de regreso a casa, como si en nuestro país leer cómics fuera lo más normal del mundo, como si nunca hubiera existido un antes.

5 comentarios

Buen artículo, felicidades. A mi me pasó con un ejemplar de la Legión de Superheroes de los 80s. El comic era rarísimo para mi pues no lo entendía. Aparecían cientos de personajes y muertes de los mismos. Creo que era el medio de una saga que quizás rebooteaba todo pues no le encontré ni pies ni cabeza. Quizas se relacionaba con la Crisis o quien sabe pues no recuerdo el número y ya no conservo el ejemplar. Pero eso sí, me dio mucha curiosidad por encontrar la saga completa, lo cual nunca pude, pero sí fui coleccionando todos los comics que encontraba. Hoy a mis 36 años, nada me da más alegría que hojear un comic con mi hijita de dos años al lado.

Tremendo articulo. A muchos nos paso lo mismo antes que llegara este pozo sin fondo llamado interent y es que apesar de estar en el mismo continente el peru el comic usa estuvo ausente por 28 años, se tuco que esperar hasta el 2008 para que aparesca comics 21 y hasta el 2012 para que aparecieran editoriales que los tradujeran aca. Claro que ya en internet estaban para leer online y/o descargar. Pero señores les pregunto otra vezy Marvel?, bueno el rumor dice que prensa popular no puede publicar sus titulos, por eso el 2015 hubo problemas para publicar A Vs X, pero hasta la fecha no han hecho una declaracion oficial asi que les pregunto que tanto hay de cierto con esto.
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Que buena crónica, con poco tiempo en esto del cómic, lo único que tengo que reconocer es: LARGA VIDA AL COMIC!

Muy buen articulo, la verdad yo comence a leer comics muy pequeño, en mis casi semanales citas al oftalmologo, neumologo, otorrinolaringolos y etc... para no aburrirme mi mama, me compraba comics de Disney, Spiderman y/o de cualquiera que encontrase, era genial porque cada vez que iba a alguna cita, le pedia a mi mama uno.
Cuando creci, deje de lado los comics, porque justamente era muy dificil encontrarlos, recien cuando tuve 24 años aproximadamente empece nuevamente a adquirirlos.

Cuando era niño mi prima tenía chistes de Archie, Periquita, Susy, Disney, Picapiedras etc, y allí empezó a leerlos, luego mi madre me llevaba a visitar a su amiga y sus hijas - mayores q yo - tenían chiste de superheroes y me los prestaban, allí comenzó mi gusto y conocí a la JSA, JL y a todos los superheroes q las conformaban y sus historias. Luego comencé a comprar con mis propinas a leer en los mercados donde los alquilaba y así llegue hasta el parque universitario hasta q todos esos points desaparecieron, yo crecí y tuve otros intereses y responsabilidades hasta q en los 90's frente al CCCR (Camino Real) en una galería de cómica y afines reconocí a un compañero con quien había estudiado en el colegio, el me dateo sobre las Crisis y todo lo q había sucedido en 20 años de ausencia comiquera, pensé q ponerme al día seria imposible pero luego apareció el internet, los precios se sinceraron, y al final llegó Comics21 e hizo q las cosa cambie y pueda retomar un antiguo hobie. Gracias

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