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Cómics.21

César Santivañez

César Santivañez

Soy el cómic. Laureado, a veces prohibido y otras molido a palos pero siempre con una sola consigna: entretener a millones. Yo puedo transportarlos entre mundos y hacer que pasen grandes aventuras con sus personajes favoritos.

Algunos seguidores de mi magno reino serán los encargados de transmitirles la palabra escrita, así como de digerir y responder todas sus inquietudes acerca de mí en este blog. Digan conmigo: Larga vida al cómic. ¡Larga vida al cómic!

Archivos Febrero 2016

¿Conoces a Travel Foreman?

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A pesar de que en ciertos sectores ya se le considera uno de los nombres importantes del cómic contemporáneo, lo cierto es que el talento de Travel Foreman ha pasado relativamente desapercibido para un gran número de fanáticos, por razones que no me atrevo a imaginar. No se me ocurre por qué la industria -y el público, vamos- ha decidido que un dibujante de este calibre deba seguir pagando piso y entregando su arte de manera aún discreta, mientras el foco brilla sobre otros tantos artistas que, sin tener un talento escandaloso, logran acaparar una atención masiva con cada uno de sus encargos. No digo que Foreman sea un anónimo, pero sí que su nombre debería sonarnos a la primera. Pero no hay apuro: todo indica que la carrera de este estupendo artista va en ascenso, a decir de los encargos que ha recibido durante las últimas temporadas. Con suerte, tenemos ante nosotros la oportunidad de seguir de cerca el crecimiento de uno de los futuros pesos pesados del cómic.

 

¿Quién es ese misterioso forastero?

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En la red existe poca información acerca de la carrera artística de Travel Foreman. Se sabe, sí, que publicó su primer gran trabajo en el 2004, bajo el sello Com.x y como reemplazo de Trevor Hairsine para el título "Cla$$war". Foreman dibujó solo tres números de esta serie (que serían también los últimos de la colección) antes de dar el salto a Marvel Comics, lo cual genera la sospecha de que, al menos por aquel entonces, un hada especialmente protectora revoloteaba sobre los hombros del dibujante.

Para Marvel hizo pocos números de colecciones como X-Men Unlimited y Ares, trabajos que alternó con comisiones para Dark Horse, incluyendo una colaboración con John Ostrander al guion (Star Wars: Legacy Nº 04). Pero sería en el 2011, ya  en DC Comics, donde el verdadero potencial de Foreman saldría a la luz, con su trabajo para el Animal Man de Jeff Lemire (New 52): me refiero, cómo no, a la asombrosa saga "The Hunt".

Fue en dicha saga donde muchos tuvimos oportunidad de conocer la impresionante propuesta de Foreman, dueño de un estilo visceral, orgánico, y todavía con cierto orden y movimiento. Es difícil describir con exactitud la sensación que este dibujante logra producir con cada una de las páginas de "The Hunt": podríamos llamarlo asco si no fuera tan bello, y viceversa.

¿Y luego de New 52? Las noticias más recientes de Travel Foreman tienen que ver con su colaboración en tres números de la serie Justice League United, luego de un fugaz pero comentadísimo paso por Birds of Prey y de un número de Action Cómics, con guion de Grant Morrison. Así, a juzgar por los títulos y guionistas con los que las grandes casas están vinculándolo, no es un disparate afirmar que su nombre ya está en camino a transformarse, de aquí a algún tiempo, en uno de los principales argumentos de venta de DC Comics. Mientras tanto, a nosotros nos queda el gusto de seguir su evolución título a título, y disfrutar del espectáculo.

Subcon 100-T: ficción sin mordaza

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Siempre resulta grato encontrar propuestas originales en el panorama local de la historieta: en cierto sentido, nos recuerdan que no hay un solo camino, que hay varias formas de hacer bien el trabajo. Un claro ejemplo de ello lo constituye el Grupo Ulterior, colectivo de historietistas que hizo su aparición durante el año 2015 con dos demoledores números de Subcon 100-T, una revista de cómics sin contemplaciones y donde la violencia siempre está al servicio del discurso.

Pero, ¿qué representa la publicación de Subcon 100-T para el entorno independiente peruano? ¿Cómo es que sus autores han logrado publicar contenido de calidad, a medio camino entre lo underground, lo urbano y la ciencia-ficción? A continuación, un breve repaso a sus cuatro historias principales.

 

Violencia rural, violencia urbana: violencia peruana

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Ambos números de Subcon 100-T abren con las páginas de "El Paria", uno de los trabajos de ficción más crudos de los que tenga noticia, y con "crudo" quiero decir violento y real, disfrutable casi desde la incomodidad. Guionizado por Omar Allca, cuyo estilo narrativo marca en gran parte el estilo de la publicación, y con el impecable arte de Christaan Mateo, el primer capítulo de "El Paria" se ocupa de desarrollar el miedo estático de una población campesina ante un eventual resurgimiento de Sendero Luminoso. La segunda entrega narra la consecuente invasión y campaña de reclutamiento por parte de los senderistas. No hace falta más terror. Allca y Mateo logran una historieta donde la expectación, primero, y la indignación, después, son las grandes directrices de un discurso bien pensado.

Pero, si con "El Paria" los miembros del Grupo Ulterior ya habían demostrado su brillante manejo narrativo de la violencia rural, es con "Rabia Común" donde abordan el delicado tópico de la corrupción y la justicia popular. Christiaan Mateo, su autor, propone un interesante juego psicológico donde la impotencia del peruano de a pie se mezcla con su necesidad de venganza, no contra alguien en especial, sino contra ese todo que día a día nos doblega y al cual nos referimos como "el Estado", como si "el Estado" no pudiera descomponerse en algunos cientos de rostros, todos culpables.

 

Imaginación sin contemplaciones

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En "Edén", Omar Allca  y Francisco Mendoza condensan las diferencias sociales contemporáneas y las extrapolan hacia un entorno futurista: robots, prótesis mecánicas, naves espaciales. El resultado, sin embargo, resulta extrañamente familiar. Será por la brutalidad policial o por sus personajes en constante huida, por un gobierno que actúa desde las sombras o por el miedo como forma de represión, pero las viñetas de "Edén" duelen casi tanto como las de "El Paria", sin reflejar ningún escenario conocido. Durante los dos capítulos publicados, los autores han sabido dosificar la información para presentar el contexto y establecer las partes en disputa, sin por ello perder fluidez ni traicionar la ambientación distópica que caracteriza a la serie. Por lo demás, hay momentos impagables. Rescato la frase: "En estos tiempos, se necesita mucho ingenio para cometer un pecado original". ¿Hace falta decir más?

Por último, "Jarkor el Maldito" es otro de los trabajos que se desarrollan por entregas en ambos números de Subcon 100-T. Con guion y dibujos de Francisco Mendoza, esta es otra apuesta más por desarrollar el tema de la venganza, esta vez revestida de un elemento fantástico de una originalidad que sorprende. Si bien hay ciertos momentos donde la naturalidad en los diálogos se hace extrañar, el resultado general alcanza sin problemas la calidad del resto de historias, haciendo de esta revista una de las más consistentes y parejas del mercado independiente nacional.

Subcon 100-T, entonces, es una publicación que conviene no perder de vista, pues en ella convergen tres autores con visiones propias y sin temor a urdir tramas que reten al lector, conduciéndolo a través de tópicos que van más allá del enfrentamiento físico. La urgencia narrativa de Omar Allca, Francisco Mendoza y Christiaan Mateo es evidente, y termina coincidiendo en una publicación sincera y llena de emoción. ¡A esperar la siguiente entrega!

Talento a gran escala: las esculturas hiperrealistas de Walt Wizard

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La primera impresión que uno tiene al pisar por primera vez el Museo de Esculturas Hiperrealistas de Walt Wizard es la de encontrarse en medio de aquella "Casa de Cera" acechada por un deforme Vincent Price, a principios de la década del cincuenta. Y es conveniente que así sea, pues el espíritu de la muestra recae precisamente en el amor por el cine y en la irrepetible sensación de verse rodeado de personajes cinematográficos en escala 1:1. Ahí está el siempre amenazante Jason Voorhees (Friday the 13th), compartiendo espacio con tres facetas de Rocky y con un novísimo Kylo Ren (Star Wars Ep. VII), entre otras figuras que completan una colección que suma 22 ejemplares, réplicas de asombrosa precisión.

El truco reside en echar mano del talento de algunos de los mejores profesionales del medio, entre artistas, diseñadores, sastres y museógrafos. El material utilizado, además, juega un papel preponderante en el resultado final: no es raro alcanzar a ver arrugas, lunares y cicatrices en cada una de las estatuas que conforman esta exposición.

Más aún, el equipo de Walt Wizard parece haberse esmerado en engreír a los fanáticos del cómic: Batman, Spiderman, Superman, Iron Man y el Joker (en versión Heath Ledger) son solo algunos de los personajes que en su momento dieron el salto de la viñeta a la pantalla, y que ahora se materializan gracias a esta colección que permanecerá abierta al público hasta el martes 15 de marzo.


Dónde: Biblioteca Augusto B. Leguía - Parque de la Amistad, Surco

Cuándo: Martes a Domingo - 9:00 am a 8:00 pm

Entradas a la venta en boletería


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Publica o muere

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Si cuando nos conocimos, en 1986, Hugo Espinoza y quien escribe hubiéramos imaginado nuestro futuro más allá de las aulas, estoy seguro de que el cómic no hubiera aparecido ni en nuestras fantasías más desbocadas. Y, sin embargo hoy estamos en la etapa de producción del sexto número de "Panóptica: los últimos días del futuro", historieta sci-fi que intenta ser una crónica de la extinción de la especie humana, allá por el siglo CVI.

No mentiremos. Al inicio, la idea de publicar un cómic físico fue más capricho que estrategia, más aún cuando el formato digital ya se había afianzado como el predilecto de autores y equipos independientes, y con justa razón. Pero había algo que nos impulsaba a publicar en el mundo real, a modificar la oferta tangible. Ahora, luego de algunos años ganándole la batalla (algunos dirán: poéticamente) a la adversidad editorial, nos escriben jóvenes autores con las mismas ganas de plasmar su trabajo en aquel soporte arcaico llamado papel.

Vayan las siguientes líneas, pues, dedicadas a ellos. Ojalá nuestra corta experiencia les sirva para no desistir, a pesar de tenerlo todo en contra, y justamente por eso mismo.

 

Publícalo, y ellos vendrán

Nuestro proceso creativo no es un secreto. La conceptualización de cada episodio parte de ambos. Luego me encargo de pensar en una estructura dramática, de desarrollar el guion técnico y de presentar propuestas de composición, mientras Hugo desarrolla los bocetos y model-sheets de cada personaje. Después viene la etapa compositiva, donde vamos decidiendo qué va y qué no, cuál es la mejor manera de equilibrar la página y de dotarla de la dosis adecuada de información. Sigue el desarrollo propiamente dicho, donde entra a tallar la gran habilidad de Hugo con el lápiz y la tinta china. Por último, los retoques digitales y la diagramación.

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No obstante, es después de todo eso cuando nos sobreviene la necesidad más peligrosa, aquella que nos ha comportado más de un dolor  de cabeza: ver, oler, sopesar nuestro trabajo en un formato que deje en claro nuestro amor por el cómic. Es entonces cuando, contraviniendo a cualquier catálogo de padres responsables, siempre terminamos en una imprenta, emocionados como niños. Y ¿Por qué? Porque venimos de un lugar (y con esto quiero decir: de una generación) donde las cosas, o no se hacen, o se hacen a pulso y sin permiso.

¿Y el financiamiento? Ese es tema distinto, que no tiene nada que ver con las ganas de hacer arte. No es fácil llegar a la meta cada vez, y a medida que las responsabilidades externas aumentan el tiempo entre ediciones se hace más largo. Sí. ¿Y qué? Eso poco o nada tiene que ver con nuestra determinación. Afortunadamente, durante este largo y accidentado camino hemos recibido ayuda de todo tipo por parte de amigos, tiendas o incluso lectores que en su momento optaron por subvencionar la revista a cambio de nada. Mientras más se habla del proyecto aquí y en el extranjero, más personas lo adoptan como propio. Y es que al final resulta cierto que una visión, cuando es ejecutada con buena onda y precisión, atrae a personas afines con ganas de ayudar.

Por eso, cuando las cosas vayan bien: publica. Cuando no: también. Cuando duden de tu trabajo, o cuando sientas que nada de esto vale la pena: publica aún más. A veces, hacer que las cosas pasen es la única salida posible.

 

Las bondades del futuro

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Sería absurdo enumerar cada una de las satisfacciones que nuestra decisión de autopublicar Panóptica: los últimos días del futuro nos ha otorgado a lo largo de estos pocos años. Atrás quedó la fiesta de lanzamiento de Panóptica Nº 04 en Cholo Art & Fun, el Concurso de Diseño Conceptual de Ciencia Ficción y nuestra participación en Galería Ambulante con la instalación Panóptica 3.5, todo ello consecuencia directa de tomar las riendas de nuestro propio destino como autores.

De esta manera, nuestro viaje continúa. La intención es que Panóptica no solo se haga de más lectores, sino que sirva de inspiración a otros artistas interesados en el look o el contenido argumental de la serie. Un claro ejemplo de esto es la presentación, hace poco más de una semana, de la colección "Panóptica Props" del crafter peruano Doctor Plaga. Se trata de una serie de armas de diseño propio, que toma como inspiración la estética y algunas de las características que Hugo Espinoza planeó para la serie. Visto en retrospectiva, este intercambio jamás hubiera ocurrido si los primeros números en físico de la serie no hubieran caído en manos de este asombroso artista.

Entonces, ¿Vale la pena correr el riesgo? Sí, sin lugar a dudas. Muchos se desilusionarán y hasta dejarán de escribir y dibujar, pero aquellos que persistan sabrán encontrar el lado divertido de la adversidad. Y comprenderán luego, como ya hemos comprendido nosotros, que justamente de eso va la vida.


Facebook: Hugo Espinoza

Facebook: Doctor Plaga

"Objeto a" y el arte del desencuentro

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Acaso el cómic, con su naturaleza a medio camino entre lo real y lo fantástico, sea el medio idóneo para plasmar las relaciones humanas, sobre todo las sentimentales. Tal vez sea a causa de esa contemplación nostálgica de instantes congelados como polaroids, o de esa jerarquía engañosa donde los detalles son, de pronto, lo más importante del mundo, pero lo cierto es que, en el cómic, el amor y el desamor cobran una dimensión peligrosamente real.

Esto Angelo Agüero parece saberlo como nadie. Por eso es que "Objeto a" (Madriguera, 2013), primera incursión de este joven autor en el lenguaje de las viñetas, sigue adquiriendo significados aún a tres años de su lanzamiento. A decir de su autor: "Quería hablar del paso del tiempo desde el ángulo de las relaciones: a excepción de nuestras familias, biológicas o escogidas, en cierto nivel la vida no es más que una puerta giratoria de personas."

Estamos, además, ante un caso particular: pocas veces un cómic nacional ha envejecido tan bien (se me ocurren otros casos, como "Y se me presentó en forma de bestia", de J. Pérez Ruibal, o "Islas", de R. La Hoz) como para merecer nuevas lecturas y despertar el entusiasmo de nuevos lectores. ¿Será que nuestro país ya está empezando a cocinar sus nuevos clásicos, a fuego lento y sin aspavientos?

 

Fair play

"Objeto a" es un cómic que gira alrededor de la intermitencia como eje temático: Ignacio, joven curioso y enamoradizo, engaña a su pareja, César, presa de un impulso irrefrenable. A partir de entonces, ese episodio de traición obliga a Ignacio a poner su relación en perspectiva, cuestionándose sus sentimientos y apuntando inconscientemente hacia la liberación. Son estos personajes los que, gracias a sus decisiones (e indecisiones, en la mayoría de los casos) terminan trazando un desarrollo argumental errático e impredecible, sospechosamente parecido a la realidad. Después de todo, no es un secreto que Angelo Agüero decidió dar buen uso a algunas notas biográficas para construir algunas escenas del cómic.

Uno de los puntos a favor del trabajo de Agüero es la distancia que este decide marcar entre el lector y los personajes, probablemente como un mecanismo de defensa al tratarse de una obra íntima, generada a raíz de la experiencia personal. A pesar de estar narrada en primera persona, "Objeto a" se desliga de cualquier intención de crear puentes emocionales de cualquier tipo. Es decir, no pretende echar mano del drama, sino de la profundidad de lo cotidiano. Esto hace que el lector disfrute la obra sin temor a toparse con trampas narrativas malintencionadas, que intenten contaminar sus conclusiones.

 

El rosa es mi color favorito

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"Objeto a" marca el inicio en el Perú de un cómic de temática gay maduro, complejo, de un cuidado gráfico que no deja de recordar al trabajo de Adrian Tomine. Por lo demás, los referentes de su autor no tienen punto de intersección con sus vecinos temáticos: nada hay en "Objeto a" que recuerde la crudeza del "Anarcoma" de Nazario o de cualquiera de las alocadas situaciones generadas por Ralph König. Aún así, sigue tratándose de cómic de género, narrado desde un enfoque intimista y reflexivo, que refresca desde su sencillez.

Sin embargo, cabe resaltar que Agüero se destaca no porque haga cómic de temática gay, sino porque sabe hacer cómics. Y con saber me refiero a sentir, a intentar transmitir una mirada propia nacida de una sensibilidad gráfica y textual particular. Es esta humildad la que le sigue cosechando adeptos aún tras un largo período de silencio editorial.

En definitiva, Angelo Agüero es un artista que se ha hecho reclamar. Él mismo nos comenta: "Solo publiqué un número antes de sumergirme en mis obligaciones por un tiempo. El proyecto sigue en pie, sin embargo, y ahora trabajo una versión más depurada de los siguientes números, todavía en clave cotidiana y de autoficción." Y, más: "En paralelo, tengo un proyecto menos íntimo, en plan sobrenatural y violento, inspirado en mitología preinca, con un amigo guionista. Sobre ambas cosas tendré noticias este año."

A sus lectores no nos queda más que celebrar su entusiasmo y esperar con ansias las mencionadas noticias. ¡A no perderlo de vista!

Facebook: Objeto a

El mejor cómic del mundo

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Miro hacia la calle y veo a un muchacho cruzar la pista y comprar un cómic en el quiosco de la esquina. Lo hojea mientras camina. Se pierde de vista. Lo imagino cruzando la puerta de su casa, saludando a mamá y, ya en su habitación, colocando la revista junto a otras tantas. Fin de la historia. Pienso en lo sencillo que es hoy en día ser un lector de cómics en este país: uno puede concentrarse en la parte divertida del asunto, sin pensar en cómo la última aventura de tal o cual superhéroe llegó a parar ahí, frente a nuestras narices. Más aún: uno puede darse el lujo de darlo todo por sentado, como si el cómic hubiera sido parte de nuestras vidas desde siempre.

Pero hubo un antes.

 

De vuelta a 1995 y de ahí en adelante

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Yo tenía quince años, y acababa de leer por primera vez un cómic de Batman. Se trataba de una edición norteamericana de la séptima parte de "Batman: KnightsEnd" que había encontrado refundida en la sección de revistas de un supermercado local. Quedé enganchadísimo. Por aquel entonces, no me interesaban los nombres en la portada: para mí, no existía nada más que el Murciélago y su lucha. Lo difícil vino cuando intenté averiguar cómo terminaba la historia. En ningún supermercado, en ningún quiosco habían escuchado hablar acerca de un "chiste" llamado "Batman: Knightsend".

Hablo de la era pre-internet: igual a la Edad Media, pero con televisión.

La curiosidad me llevó a embarcarme en mi primera aventura personal, a raíz de la cual coloqué un pin mental en cada uno de los quioscos de mi barrio donde aún se exhibían avejentadas ediciones argentinas de Robotech y G.I. Joe. Pero de KnightsEnd, nada. Días más tarde, después de haber atravesado dos distritos y presa de un vacío insondable, compré algunos ejemplares de El Tony, Nippur Magnum e Intervalo. Ya en casa, cuando los leí, descubrí que existía un señor llamado Robin Wood, que escribía cómics en lugar de dibujarlos: fue mi primera noticia acerca del oficio de guionista. A partir de entonces prometí poner más atención a los nombres en la portada.

Mis excursiones se hicieron más largas. La distancia me obligó a tomar buses y colectivos en busca de historias (no era consciente de que con ello también labraba la mía), que me sirvieran para evadirme del aburrimiento de ser un chico asolapadamente nerd. Llegados a este punto debo mencionar que, en la década del noventa, los amigables términos geek o friki no existían como tales, y leer cómics no te hacía precisamente interesante. Las reglas eran claras: o eras nerd, o no lo eras. Cuando me percaté de ello, ya viajaba cuarenta minutos en busca de una edición Zinco del Superman de Roger Stern o de las arrolladoras Crónicas de Atlantis de Peter David.

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El punto álgido vino más tarde, en 1997, cuando me vi a mi mismo al lado de Hugo Espinoza (hoy dibujante de Panóptica: los últimos días del futuro) tocando la puerta de una casa particular, tal como lo harían dos perversos clandestinos. Los rumores decían que, en aquella casa, los nerds (el adjetivo había empezado a cobrar en mi mente connotaciones positivas) más recalcitrantes de la ciudad iban a parar los sábados por la tarde, cuando el resto de la ciudad se entregaba al fútbol o a la televisión. Logramos entrar. Yo estaba casi seguro de que, si la octava parte del KnightsEnd estaba a la venta en algún lugar de Lima, tenía que ser ahí. Sin embargo, tras descubrir títulos como Youngblood, Witchblade y Spawn y alucinar (casi literalmente) con el arte de Sam Kieth, Michael Turner y Todd McFarlane, supe que, por extraño que pudiera parecer, mi búsqueda había terminado.

Me di cuenta de que aquel cómic, el que dejaba un hueco en mi colección y el que jamás había podido conseguir, era irónicamente mi ejemplar más preciado. Porque, gracias a todos los quioscos y tiendas que me dijeron que no, afloró en mí el hambre de investigar, gracias a la cual terminé asomando en los rincones más improbables y conociendo a amigos entrañables.

El tiempo me daría la razón. Después de todo, fue gracias a la octava parte del "Batman KnightsEnd" y a la poderosa curiosidad que despertó en un muchacho de quince años, que tuve la fuerza necesaria para dejar de ejercer el Derecho y empezar a ejercer mi pasión, y para conocer a la mujer que hoy es mi esposa y con quien tengo un hijo que dentro de pocos años observaré desde esta misma ventana cruzar la pista, comprar un cómic y hojearlo de regreso a casa, como si en nuestro país leer cómics fuera lo más normal del mundo, como si nunca hubiera existido un antes.

Un amor que se nos va: "La piel del oso"

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Cuando uno piensa en gánsteres, suelen aparecer ciertos lugares comunes, impuestos por la tiranía del imaginario cinematográfico (y literario, en el caso de los más curiosos): extorsiones, gabardinas, ajustes de cuentas, etcétera.

Cuando Zidrou, talentoso guionista belga, piensa en gánsteres, su imaginación vuela por otros rumbos: la pérdida irredimible de la juventud, la violencia como escenario para el amor, y la irracionalidad del crimen por el crimen. De esta manera se fijan los ejes temáticos de "La piel del oso" ("La peau de l'ours"), novela gráfica que representa una saludable vuelta de tuerca en el género gansteril, y que además marca el debut del dibujante Oriol en la tradición del cómic de largo aliento.

A continuación, un breve vistazo a esta impactante y conmovedora obra, ganadora del Premio al Autor Revelación, y del Premio a la Mejor Obra del Salón del Cómic de Barcelona 2012.

 

Una novela gráfica que no podrás rechazar

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"La piel del oso", a decir del propio Zidrou, no es una historia fácil de resumir. Baste con decir que la columna vertebral de los acontecimientos gira alrededor de Amadeo, un joven mandadero natural de la ciudad de Lipari, que visita todos los días a Don Palermo, un anciano solitario, para leerle el horóscopo. Es a partir de esta situación que los principales acontecimientos de la trama empiezan a desgranarse, a través de un flashback que resume la juventud azarosa de Don Palermo. "La piel del oso" es, entonces, una historia que se desarrolla magistralmente en dos líneas temporales paralelas, que escalan progresivamente hasta formar un todo orgánico e indesligable, que apunta a reafirmar una misma sensación: la nostalgia.

Es así que la trama se remota a finales de los años 30, en los Estados Unidos, donde un joven don Palermo (entonces Teofilio) traba amistad con Don Pomodoro, pez gordo de la camorra italiana.  Ya desde entonces, Zidrou y Oriol sientan sus reglas: esta no es una novela de gánsteres, sino de un mundo plagado de crueldad, visto desde los ojos de un personaje que pierde la inocencia a cada página, con cada crimen. Es este mismo personaje quien encuentra el amor en Mietta, sobrina del inmisericorde asesino. De esta manera termina de urdirse el conflicto que servirá de motor al resto del cómic.

Quizás sea este el juego de opuestos que enriquece la obra: el amor idealizado (Mietta visita cada noche al joven Teofilio para leerle fragmentos de la hermosa "The grapes of wrath", de John Steinbeck, en escenas de alta carga erótica) y, por otro lado, el salvajismo de Don Pomodoro (un hombre a quien le es imposible llegar a casa si antes no ha manchado de sangre su impecable traje blanco). Como toda gran novela, "La piel del oso" nos narra la vida en contrapunto, a través de relaciones tan impredecibles e inclasificables como las que día a día mueven al mundo.

 

Oriol: la decisión inteligente

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Una de las cosas que sorprende al entablar un primer contacto con el trabajo de Oriol es su elección del estilo gráfico y, más aún, de la paleta de color, para una historia tan cruda como la que propone el guion del experimentado Zidrou: formas rígidas y alargadas, como extraídas de un libro de cuentos infantiles, y colores de marcada saturación.

No obstante, si el mood de la novela es de por sí arriesgado, el tratamiento de cada viñeta asombra por la precisión técnica: la separación de planos, la alternancia entre lo general y el detalle y los ángulos aberrantes crean verdaderas estampas dignas de recordar.

En fin. Cuando se habla de "La piel del oso", se habla al mismo tiempo de riesgo gráfico y de control narrativo. Quizás sea esta combinación la que la llevó a colocarse entre una de las novelas gráficas más sonadas de los últimos tiempos, y entre las favoritas de los amantes del cómic europeo. Como sea, el trabajo en su conjunto es impecable. Vale la pena visitarlo (y revisitarlo a discreción) para entender lo que se hace en otras latitudes.

Se acabó el suspenso: Superman, Batman y Supergirl protagonizan el nuevo lanzamiento de Cómics.21

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¡La espera terminó! ¡Tras un período de suspenso, Cómics.21 anuncia la primera serie a publicarse durante la temporada 2016! Coincidiendo con el mes  del estreno mundial de "Batman Vs. Superman: Dawn of Justice", a partir de marzo la serie "La Superchica de Krypton" llegará a los quioscos. ¡Uno de los arcos argumentales más sonados de la serie Superman/Batman, al fin en manos de todos los fanáticos del cómic!

"Batman ha descubierto algo extraño en el fondo de Gotham Bay, lo cual lo lleva a conocer a una misteriosa y poderosa adolescente empeñada con destruir Gotham City. ¿Cuál es su conexión con Superman? ¿Por qué Wonder Woman quiere esconderla del mundo exterior? ¿Logrará Darkseid reclutarla para que ejecute sus propósitos?"

"La Superchica de Krypton" es el segundo arco argumental de Superman/Batman, después de "Enemigos Públicos". Corresponde a los números 8 al 13 de la colección USA, y representa el regreso de Supergirl a la continuidad DC. Por si fuera poco, dicho arco no solo cuenta con Jeph Loeb (ganador de cuatro premios Eisner por "Batman: The Long Halloween" y "Batman: Dark Victory", entre otros) en el guion, sino que tiene al prematuramente fallecido Michael Turner como dibujante. Es la primera vez que Cómics.21 publica el trabajo de Turner, uno de los más notables artistas norteamericanos de principios del presente siglo.

En resumen: Batman, Superman y Supergirl, juntos y con la participación especial de Wonder Woman, en una historia guionizada por Loeb y dibujada por Turner. ¡Vaya lujo, y vaya banquete para los fanáticos!

Ya es un hecho. ¡A partir de marzo, "Superman/Batman: la Superchica de Krypton" gracias a Cómics.21, siempre a través de Perú.21!