"Odio todo lo que soy"
Daniel Clowes, en la voz de Enid Coleslaw

Hace casi dos meses, Perú.21
apostó por la publicación de "Ghost World", uno de los cómics independientes
más importantes de la historia norteamericana. Durante tres semanas
consecutivas, la escena local experimentó una saludable dosis de diversidad, y
muchos lectores descubrieron con alegría que, así como existen diversos acercamientos
a un mismo arte, existe "otro" cómic, tan estimulante como cualquiera si se
recibe con la mente abierta y el ánimo desprejuiciado. De manera tangencial, la
publicación sirvió también para sacar al fresco la cuestión de los modismos
locales: lo que solemos entender por "español neutro" a menudo no es más que
otra jerga, la española o la mexicana, que se ha establecido en silencio entre
nosotros gracias a la difusión constante y masiva de los gigantes exportadores
del doblaje y la traducción. Tal parece que aún nos duele ver impresa nuestra
habla cotidiana, y eso debería ser motivo de reflexión.
Pero hay más. Gracias a "Ghost World", un público injustamente desatendido por el mercado del cómic pudo sentirse identificado con los personajes de Clowes: me refiero al público femenino, quien irrumpió de pronto y con actitud demoledora, para reclamar el lugar que por derecho les corresponde entre la fanaticada del cómic independiente. Fue una lección para todos. Bravo por eso.
Y, bien: ¿qué es en realidad "Ghost World", y a guisa de qué tantos aplausos? Particularmente, quiero creer que no existe una única respuesta a esta interrogante. Y eso, porque hablamos de una obra que es una y a la vez muchas historias superpuestas, camufladas, que tienden a entrelazarse hasta terminar pareciéndose escandalosamente a la realidad. Aquí no hay estructura ni progresión que valga: aquí hay vida, y punto.
Pero no solo eso. Estamos hablando de una obra capaz de mutar con cada lectura. A continuación, dos ejemplos.

1. "Ghost World": el cómic de terror
Y no me refiero al terror de atmósferas y abominaciones, sino al de verdad, al que termina pareciéndose a nosotros mismos delante del espejo. En ese sentido, Enid y Rebeca resumen la terrible realidad del extraviado, de quien compensa con sorna y sarcasmo su falta de identidad. A menudo, quien cuenta el chiste no es uno mismo, sino nuestra inseguridad en busca de aprobación.
A lo largo de cada una de las escenas de la obra, Clowes deja en claro que el miedo a perder(se) es propio del ser humano en general, y del adolescente en especial. Más aun: en aquel pueblito ficticio, son pocos los personajes que parecen saber quiénes son en realidad. Al final del día, "Ghost World" termina siendo un hermoso discurso acerca de la búsqueda colectiva, del desconocido de al lado.
2. "Ghost World", el drama social
Hay algo, sin embargo, que nos enseña la obra más popular de Clowes y que, visto desde la actualidad, cobra plena vigencia: el ser humano es, en gran medida, la cara que muestra al mundo. Todos, sin excepción, somos sujetos de crítica y todos, sin excepción, somos caretas en constante cambio. El peligro radica que, después de tanta despersonalización tecnológica, terminemos por olvidar quiénes éramos antes de nuestro yo virtual. A eso se le llama enajenación.
Pienso qué pasaría si Enid y Rebeca fueran dos millennials con cuentas en facebook. Seguramente tendrían los perfiles llenos de imágenes extravagantes y memes irónicos. Serían de las que defienden las causas más ofensivas y crearían perfiles falsos para enamorar a los tipos más tristes del mundo. Con eso estarían demostrando que entienden mejor que cualquiera lo absurdo del mundo moderno, que están varias millas por delante en la carrera.
En conclusión, demostrarían que no
son fantasmas.
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