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Cómics.21

César Santivañez

César Santivañez

Soy el cómic. Laureado, a veces prohibido y otras molido a palos pero siempre con una sola consigna: entretener a millones. Yo puedo transportarlos entre mundos y hacer que pasen grandes aventuras con sus personajes favoritos.

Algunos seguidores de mi magno reino serán los encargados de transmitirles la palabra escrita, así como de digerir y responder todas sus inquietudes acerca de mí en este blog. Digan conmigo: Larga vida al cómic. ¡Larga vida al cómic!

Un amor que se nos va: "La piel del oso"

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Cuando uno piensa en gánsteres, suelen aparecer ciertos lugares comunes, impuestos por la tiranía del imaginario cinematográfico (y literario, en el caso de los más curiosos): extorsiones, gabardinas, ajustes de cuentas, etcétera.

Cuando Zidrou, talentoso guionista belga, piensa en gánsteres, su imaginación vuela por otros rumbos: la pérdida irredimible de la juventud, la violencia como escenario para el amor, y la irracionalidad del crimen por el crimen. De esta manera se fijan los ejes temáticos de "La piel del oso" ("La peau de l'ours"), novela gráfica que representa una saludable vuelta de tuerca en el género gansteril, y que además marca el debut del dibujante Oriol en la tradición del cómic de largo aliento.

A continuación, un breve vistazo a esta impactante y conmovedora obra, ganadora del Premio al Autor Revelación, y del Premio a la Mejor Obra del Salón del Cómic de Barcelona 2012.

 

Una novela gráfica que no podrás rechazar

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"La piel del oso", a decir del propio Zidrou, no es una historia fácil de resumir. Baste con decir que la columna vertebral de los acontecimientos gira alrededor de Amadeo, un joven mandadero natural de la ciudad de Lipari, que visita todos los días a Don Palermo, un anciano solitario, para leerle el horóscopo. Es a partir de esta situación que los principales acontecimientos de la trama empiezan a desgranarse, a través de un flashback que resume la juventud azarosa de Don Palermo. "La piel del oso" es, entonces, una historia que se desarrolla magistralmente en dos líneas temporales paralelas, que escalan progresivamente hasta formar un todo orgánico e indesligable, que apunta a reafirmar una misma sensación: la nostalgia.

Es así que la trama se remota a finales de los años 30, en los Estados Unidos, donde un joven don Palermo (entonces Teofilio) traba amistad con Don Pomodoro, pez gordo de la camorra italiana.  Ya desde entonces, Zidrou y Oriol sientan sus reglas: esta no es una novela de gánsteres, sino de un mundo plagado de crueldad, visto desde los ojos de un personaje que pierde la inocencia a cada página, con cada crimen. Es este mismo personaje quien encuentra el amor en Mietta, sobrina del inmisericorde asesino. De esta manera termina de urdirse el conflicto que servirá de motor al resto del cómic.

Quizás sea este el juego de opuestos que enriquece la obra: el amor idealizado (Mietta visita cada noche al joven Teofilio para leerle fragmentos de la hermosa "The grapes of wrath", de John Steinbeck, en escenas de alta carga erótica) y, por otro lado, el salvajismo de Don Pomodoro (un hombre a quien le es imposible llegar a casa si antes no ha manchado de sangre su impecable traje blanco). Como toda gran novela, "La piel del oso" nos narra la vida en contrapunto, a través de relaciones tan impredecibles e inclasificables como las que día a día mueven al mundo.

 

Oriol: la decisión inteligente

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Una de las cosas que sorprende al entablar un primer contacto con el trabajo de Oriol es su elección del estilo gráfico y, más aún, de la paleta de color, para una historia tan cruda como la que propone el guion del experimentado Zidrou: formas rígidas y alargadas, como extraídas de un libro de cuentos infantiles, y colores de marcada saturación.

No obstante, si el mood de la novela es de por sí arriesgado, el tratamiento de cada viñeta asombra por la precisión técnica: la separación de planos, la alternancia entre lo general y el detalle y los ángulos aberrantes crean verdaderas estampas dignas de recordar.

En fin. Cuando se habla de "La piel del oso", se habla al mismo tiempo de riesgo gráfico y de control narrativo. Quizás sea esta combinación la que la llevó a colocarse entre una de las novelas gráficas más sonadas de los últimos tiempos, y entre las favoritas de los amantes del cómic europeo. Como sea, el trabajo en su conjunto es impecable. Vale la pena visitarlo (y revisitarlo a discreción) para entender lo que se hace en otras latitudes.

Se acabó el suspenso: Superman, Batman y Supergirl protagonizan el nuevo lanzamiento de Cómics.21

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¡La espera terminó! ¡Tras un período de suspenso, Cómics.21 anuncia la primera serie a publicarse durante la temporada 2016! Coincidiendo con el mes  del estreno mundial de "Batman Vs. Superman: Dawn of Justice", a partir de marzo la serie "La Superchica de Krypton" llegará a los quioscos. ¡Uno de los arcos argumentales más sonados de la serie Superman/Batman, al fin en manos de todos los fanáticos del cómic!

"Batman ha descubierto algo extraño en el fondo de Gotham Bay, lo cual lo lleva a conocer a una misteriosa y poderosa adolescente empeñada con destruir Gotham City. ¿Cuál es su conexión con Superman? ¿Por qué Wonder Woman quiere esconderla del mundo exterior? ¿Logrará Darkseid reclutarla para que ejecute sus propósitos?"

"La Superchica de Krypton" es el segundo arco argumental de Superman/Batman, después de "Enemigos Públicos". Corresponde a los números 8 al 13 de la colección USA, y representa el regreso de Supergirl a la continuidad DC. Por si fuera poco, dicho arco no solo cuenta con Jeph Loeb (ganador de cuatro premios Eisner por "Batman: The Long Halloween" y "Batman: Dark Victory", entre otros) en el guion, sino que tiene al prematuramente fallecido Michael Turner como dibujante. Es la primera vez que Cómics.21 publica el trabajo de Turner, uno de los más notables artistas norteamericanos de principios del presente siglo.

En resumen: Batman, Superman y Supergirl, juntos y con la participación especial de Wonder Woman, en una historia guionizada por Loeb y dibujada por Turner. ¡Vaya lujo, y vaya banquete para los fanáticos!

Ya es un hecho. ¡A partir de marzo, "Superman/Batman: la Superchica de Krypton" gracias a Cómics.21, siempre a través de Perú.21!

"Nuestros Muertos": la nueva Chola Power (II)

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Diciembre del 2015. "Nuestros Muertos" ya contaba con un argumento aprobado, un guion en desarrollo y las tintas del incansable Martín Espinoza. Sin embargo, en el equipo aún se hacía notar la falta de un colorista capaz de agregar su propio planteamiento cromático de la historia o, lo que es lo mismo, su propia personalidad. Esto, como sabrán los artistas y los lectores más acuciosos, es primordial al momento de definir la ambientación de una serie (siempre he creído que una de las cosas más hermosas de hacer cómics es ver cómo el guion, el dibujo y el color, tres visiones particulares y personalísimas, se mezclan para formar un lenguaje decididamente más grande y complejo que la suma de sus partes).

Pues, bien. Lo cierto era que el tiempo se acortaba, y con este las opciones. No es una exageración decir que en nuestro país la oferta de oficios ligados a la historieta está poco menos que desatendida: si bien la cantidad de dibujantes va en aumento, aún escasean los guionistas, entintadores y coloristas, en gran medida porque el mercado no suele convocarlos a menudo. Dicho de otra manera: una vez más, el camino se hacía cuesta arriba.

Quién diría que la buena estrella nos llegaría esta vez desde Arequipa: Diego Rondón se sumó rápidamente al proyecto, y con ello la estética de "Nuestros Muertos" quedó sellada de una vez por todas.

 

En inglés se dice mood

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Conocí el trabajo de Diego Rondón alrededor del año 2004, a través de "Drak", una novela gráfica autoeditada y hoy prácticamente inconseguible. Ya desde entonces, y  a pesar de tratarse de un cómic impreso en blanco y negro, la capacidad narrativa y el gran olfato de Rondón para generar atmósferas impresionaba, y mucho. Recuerdo los comentarios halagadores que la publicación suscitó entre los lectores de entonces: algo nos decía que estábamos frente al nacimiento de un sólido artista de cómics, y eso no solo por su instinto y buen hacer, sino porque en cada una de las páginas de "Drak" Rondón demostraba ese afán expresivo propio del historietista de vocación.

Al cabo de algunos años me enteré acerca de su incursión en el mercado español, precisamente como colorista, de la mano de Hernán Migoya y César Carpio. Juntos desarrollaron "Chiqui ¡Bang! ¡Bang!" (2010), una fantasía narrativa que tiene como eje central a Chiqui Martí, figura clave de la escena catalana del strip tease.

Y así, por el estilo. Luego vendrían (siempre estuvieron, en realidad) sus colaboraciones con el colectivo Pandemia. Recuerdo con especial cariño una historieta corta: "Sí señor" (2011), hecho a partir de un guion de Miguel Ángel Cabanillas.

En fin. Luego de tantos y tan felices resultados, quiso el destino que Diego terminara sumándose al equipo de "Nuestros Muertos". Cabe resaltar una vez más que su participación es esencial, pues es en el color donde recae gran parte de la intención gráfica y emocional (en inglés se dice mood) de un cómic. Viendo las páginas terminadas del proyecto, puedo decir que de la suma de su trabajo y el de Martín Espinoza resulta una estética propia, muy llamativa. Ya juzgarán por ustedes mismos.

 

Un lenguaje, un discurso

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A la larga, pretendemos que "Nuestros Muertos: la nueva Chola Power" sea mucho más que la simple reinterpretación de un personaje. La intención es acercarnos a la realidad histórica de nuestro país, siempre desde un enfoque fantástico. Así, la corrupción y la violencia política coexisten con las luchas (las de poder, las ideológicas y las otras), mientras los personajes se esfuerzan por superar las distancias creadas por sus diferencias económicas y culturales. Y ello, porque soy un convencido de que el entretenimiento no es más que una mirilla por donde es posible observar la realidad, a veces de manera más directa y descontaminada que en los noticieros. Somos así, y no hay por qué forzarnos a calzar en trajes que no han sido diseñados a nuestra medida.

Esperen acción, sí, pero una acción derivada no de factores externos, sino de nuestra propia idiosincrasia. El verdadero motor que hace funcionar el argumento de "Nuestros Muertos" no son los superpoderes, sino el contexto. Hay peleas, sí, pero todas son representaciones de conflictos que solo un peruano puede ver en las calles, cuando la historieta se cierra. Como autores hemos elegido ese camino, y hemos de asumir las consecuencias que nos puedan acarrear el hecho de redefinir episodios trágicos de nuestra historia para insertarlos en un medio (aún) tan controversial como el cómic.

Lo importante es que el mensaje llegue fuerte y claro: somos una consecuencia directa del lugar donde hemos nacido. Afortunadamente.

"Nuestros Muertos": la nueva Chola Power (I)

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Corría el mes de noviembre del 2015 cuando recibí una llamada de Hernán Migoya, coordinador del proyecto Cómics.21. Me ofrecía el encargo de desarrollar el guion de una miniserie de cinco episodios a publicarse a través de Perú.21, con la Chola Power como protagonista. El dibujante iba a ser el propio creador del personaje: Martín Espinoza (para entonces, Diego Rondón aún no se sumaba al equipo).

No voy a mentir: durante un segundo, dudé. Y dudé, porque durante aquel segundo yo también fui parte de esas miríadas de lectores que pegan el grito en el cielo apenas escuchan hablar de superhéroes peruanos, desmereciéndolos a priori y menospreciando el potencial narrativo de nuestro imaginario (que lo tiene, y mucho), mientras ensalzan a transnacionales que no paran de vendernos su folklore (europeo, gringo, nipón) camuflado bajo la etiqueta de lo fantástico.

Me vi, entonces, teléfono en mano y delante de una disyuntiva puntual: hablar y destruir, o callarme y hacer. De más está decir que la decisión fue una de las más fáciles de mi carrera. A partir de entonces empezó el verdadero trabajo para Martín Espinoza y quien escribe: reinventar a la Chola Power, ajustar guion y dibujo para desarrollar una serie capaz de superar el examen del gran público lector de cómics, que no es poco y ha resultado ser bastante exigente. Así empezó la gesta de "Nuestros Muertos"

Otra misión surgió en el camino: liberarnos de las fórmulas narrativas extranjeras y hurgar en nosotros mismos en busca de personajes que no terminen siendo un calco forzado del american way of life o cualquier otro sistema de costumbres. Necesitábamos superhéroes que no solo vistan como peruanos, sino que piensen y actúen como nosotros, en nuestro entorno y de acuerdo a nuestros códigos.

Al cabo de empezar, ocurrió lo lógico. Nos dimos cuenta de que nos habíamos embarcado en un viaje creativo más parecido a un laberinto que a un recorrido en línea recta. Empezaban  a activarse las trampas, ya desde la etapa de pre-producción.


La gran herencia norteamericana

Resulta paradójico que mi primer gran escollo para desarrollar el guion de "Nuestros Muertos" haya sido también la razón que me motivó a asomar las narices en el universo del cómic. Me refiero, cómo no, a los superhéroes made in USA, los cuales, gracias a la habilidad de sus dibujantes y guionistas (y a alguna que otra treta editorial) supieron trascender los límites geográficos  de su país hasta transformarse en íconos de validez universal. De pronto sentí el peso de las grandes historias que ya desde niño me hacían alucinar, y tuve miedo. No obstante, después de muchas tazas de café, logré dar con la clave: no se trata de copiar, sino de crear un personaje hecho a nuestra medida, con una idiosincrasia combativa, ingeniosa y un tanto calculadora, con algo de la distancia que a veces solemos marcar los peruanos cuando nos vemos envueltos en una situación que nos supera.

De plano comprendí que una heroína que luchara por "la justicia", "la moral" y cualquier fin abstracto resultaba poco creíble para un lector (me incluyo) acostumbrado a personalidades complejas, llenas de reveses y, por qué no, de sinsentidos. Fue así que descarté cualquier referente impreso y opté por salir a la calle, a tratar de entender cómo funciona el peruano, cuál es su concepto del éxito y del fracaso, cómo forja sus relaciones interpersonales. Llegué a una conclusión: nuestro país es el caldo de cultivo perfecto para conflictos que ya quisieran los yanquis. De esta manera llegué a una primera conceptualización de la nueva Chola Power. Lo siguiente era escucharla hablar. Si era capaz de imaginármela interactuando con cualquier individuo de la ciudad, de igual a igual, mi esfuerzo no había sido en vano. Y no lo fue.


Martín Espinoza y la reconstrucción del personaje propio

No conocía a Martín personalmente, al menos no a profundidad, hasta que abordamos juntos el proyecto "Nuestros Muertos". Sabía, sí, acerca de su inagotable cruzada por la reivindicación del superhéroe peruano (mejor: de la superheroína, lo cual tiene aún más mérito en un país como el nuestro) y de los tantos logros que lo habían llevado a posicionarse como uno de los dibujantes comerciales de mayor difusión en un medio tan problemático como el de la historieta nacional, inundada por títulos extranjeros y con pocos espacios para la difusión de propuestas propias.

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Apenas tras conversar algunos minutos con él, me vi frente a un dibujante con una determinación a prueba de balas. Él era consciente del gran esfuerzo que comportaba rediseñar un título que (para beneplácito de unos y a pesar de los berrinches de otros tantos) ya se había asentado en el mercado local como uno de los casos de éxito de la historieta peruana. Hubiera sido comprensible, pienso hoy, si él mismo no hubiera visto con buenos ojos la idea alterar a un personaje que ya había encontrado su estilo con el paso de los años. Sin embargo, grande fue mi sorpresa cuando lo vi tomar el lápiz sin el menor gesto de incomodidad y empezar a dibujar sus primeras ideas. El resultado fue, desde un primer momento, revelador.

Fue emocionante ver los primeros bocetos de la nueva Chola. En cada uno de ellos, Martín supo plasmar una atmósfera salvaje, primitiva. El rostro del personaje se endureció, y en su piel aparecieron heridas y esas heridas cobraron un realismo siniestro, como si ella misma hubiera  aceptado frente a su creador que todo cambio implica una dosis de violencia. En aquel momento, viendo aquellos primeros bocetos, recordé por qué había elegido este camino.

Siguió la conceptualización de los personajes que completan una larga lista de protagónicos, secundarios e incidentales. A veces usando como referentes personalidades de la vida política real, y otras  veces creándolos de la nada, nuestras ideas empezaron a tener rostro, una mirada, un lenguaje corporal. El crédito íntegro va para Martín Espinoza y su buen hacer, a pesar de (y estimulado por) la complejidad de la situación.

Así, después de sortear las primeras dificultades, nos vimos encaminados hacia la realización de "Nuestros Muertos", y sin embargo aún nos faltaba la tercera pieza del equipo: un colorista que insuflara intención y personalidad al proyecto.

De él, es decir, de Diego Rondón, me ocuparé en el siguiente artículo. Su trayectoria y talento bien merecen un apartado exclusivo. ¡Además, esperen un adelanto del nuevo diseño de la Chola Power!

¡Nos leemos el viernes!

Continuará...

Batman somos todos

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Miércoles por la mañana. Preparo un café y me siento frente al televisor, con la mejor intención de robarle (al menos) unos cuantos minutos de tranquilidad a la mañana. Está el canal de noticias. Dice:

Detienen a sujeto que cortó el rostro a policía. Balacera en plena tarde dejó un muerto y cuatro heridos. Sicarios asesinan a dos dentro de vivienda.

Y así.

Casi sin querer, en mi mente va cobrando forma la imagen de una ciudad que grita a través de las gargantas de sus víctimas. Imagino una Lima cuya única solución es el conflicto, y donde la justicia no se imparte, se comete. En resumen, una Lima que se parece demasiado a la Gotham City de Frank Miller y Lynn Varley en "Batman: The Dark Knight Returns". Y con eso, ya está: si buscaba paz matutina, podía irme olvidando de ella.

Acción, represión y viceversa

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"The Dark Knight Returns" es una obra que bien podría desestabilizar a cualquier turista proveniente de las típicas historias comerciales, y eso no solo por el guion descaradamente violento (algunos dirán: fascistoide) de Miller, sino porque esta aventura del Caballero Oscuro está a medio camino entre el cómic y el ensayo social. Quien se enfrente a sus páginas quedará a merced de una característica indesligable del cómic de la década del ochenta: el discurso político. Sí. Hubo un tiempo donde el superhéroe era el símbolo de un ideal moral que se estrellaba de bruces contra el sistema. Y los autores hablaban de ello, y lograban que una pelea fuera al mismo tiempo una confrontación ideológica.

Visto desde ese enfoque, lo que Miller nos ofrece es una premisa esencial: todo es consecuencia. El héroe y el villano no son más que dos necesidades sociales que se satisfacen la una a la otra, en una eterna espiral humana. La ciudad (Gotham, Lima, qué más da) es un inmenso tablero donde las piezas son retiradas y repuestas todo el tiempo, para lograr una sensación de equilibro. Me pregunto, a la luz de los titulares: si el panorama ya no puede ser peor, ¿cuánto tardará Lima en obligar a un ser humano a perder la cordura y a tomar la justicia como su estandarte? Pienso otra vez en esta, una de las versiones más oscuras del Murciélago, y confundo causa y efecto con el mismo terror.

Justicia popular

Una de las figuras más interesantes de "The Dark Knight Returns" es la de "Los Hijos de Batman". Cada aparición de este personaje colectivo, que opta por tomar las riendas del problema sobrepasando cualquier medida racional, es otra forma de decir que la justicia no es más que un abstracto-relativo, un ideal que puede cobrar métodos inofensivos, salvajes o sencillamente pintorescos, dependiendo de la mente que lo albergue y de las manos que lo ejecute. Quien diga que las cosas tienen un solo rostro, miente. Y Frank Miller no miente jamás.

Pero "Los Hijos de Batman" son más que eso: representan a la población harta de quejarse y con poco que perder. Son jóvenes, están furiosos y, lo más peligroso de todo, tienen un símbolo. Sucede en el universo milleriano, como sucede en la vida real con Anonymous y el imperecedero "V" de Alan Moore. Basta la indignación, un propósito y una bandera. La diferencia radica en que, mientras Moore deposita su fe en el pueblo identificado con "V", para Miller "Los Hijos de Batman" constituyen un fenómeno marginal. De ahí la sensación de desesperanza.

 Regreso a sentarme frente al televisor. Las ideas son muchas, y vienen de golpe. Otra vez el canal de noticias. Dice:

Asesinan a joven de varios disparos en Fundo La Chalaca.

Pienso: "alguien debería hacer algo, alguien debería tener el coraje". Y me sorprendo a mí mismo justificando el lado más violento del orden y me da miedo saber que, en cierta medida, en nuestros días más oscuros, Batman somos todos.

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"Ghost World", o la mirada del otro

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"Odio todo lo que soy"

Daniel Clowes, en la voz de Enid Coleslaw

 

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Hace casi dos meses, Perú.21 apostó por la publicación de "Ghost World", uno de los cómics independientes más importantes de la historia norteamericana. Durante tres semanas consecutivas, la escena local experimentó una saludable dosis de diversidad, y muchos lectores descubrieron con alegría que, así como existen diversos acercamientos a un mismo arte, existe "otro" cómic, tan estimulante como cualquiera si se recibe con la mente abierta y el ánimo desprejuiciado. De manera tangencial, la publicación sirvió también para sacar al fresco la cuestión de los modismos locales: lo que solemos entender por "español neutro" a menudo no es más que otra jerga, la española o la mexicana, que se ha establecido en silencio entre nosotros gracias a la difusión constante y masiva de los gigantes exportadores del doblaje y la traducción. Tal parece que aún nos duele ver impresa nuestra habla cotidiana, y eso debería ser motivo de reflexión.

Pero hay más. Gracias a "Ghost World", un público injustamente desatendido por el mercado del cómic pudo sentirse identificado con los personajes de Clowes: me refiero al público femenino, quien irrumpió de pronto y con actitud demoledora, para reclamar el lugar que por derecho les corresponde entre la fanaticada del cómic independiente. Fue una lección para todos. Bravo por eso.

Y, bien: ¿qué es en realidad "Ghost World", y a guisa de qué tantos aplausos? Particularmente, quiero creer que no existe una única respuesta a esta interrogante. Y eso, porque hablamos de una obra que es una y a la vez muchas historias superpuestas, camufladas, que tienden a entrelazarse hasta terminar pareciéndose escandalosamente a la realidad. Aquí no hay estructura ni progresión que valga: aquí hay vida, y punto.

Pero no solo eso. Estamos hablando de una obra capaz de mutar con cada lectura. A continuación, dos ejemplos.

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1. "Ghost World": el cómic de terror


Y no me refiero al terror de atmósferas y abominaciones, sino al de verdad, al que termina pareciéndose a nosotros mismos delante del espejo. En ese sentido, Enid y Rebeca resumen la terrible realidad del extraviado, de quien compensa con sorna y sarcasmo su falta de identidad. A menudo, quien cuenta el chiste no es uno mismo, sino nuestra inseguridad en busca de aprobación.

A lo largo de cada una de las escenas de la obra, Clowes deja en claro que el miedo a perder(se) es propio del ser humano en general, y del adolescente en especial. Más aun: en aquel pueblito ficticio, son pocos los personajes que parecen saber quiénes son en realidad. Al final del día, "Ghost World" termina siendo un hermoso discurso acerca de la búsqueda colectiva, del desconocido de al lado.


2. "Ghost World", el drama social

Hay algo, sin embargo, que nos enseña la obra más popular de Clowes y que, visto desde la actualidad, cobra plena vigencia: el ser humano es, en gran medida, la cara que muestra al mundo. Todos, sin excepción, somos sujetos de crítica y todos, sin excepción, somos caretas en constante cambio. El peligro radica que, después de tanta despersonalización tecnológica, terminemos por olvidar quiénes éramos antes de nuestro yo virtual. A eso se le llama enajenación.

Pienso qué pasaría si Enid y Rebeca fueran dos millennials con cuentas en facebook. Seguramente tendrían los perfiles llenos de imágenes extravagantes y memes irónicos. Serían de las que defienden las causas más ofensivas y crearían perfiles falsos para enamorar a los tipos más tristes del mundo. Con eso estarían demostrando que entienden mejor que cualquiera lo absurdo del mundo moderno, que están varias millas por delante en la carrera.

En conclusión, demostrarían que no son fantasmas.

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Lo que está por comenzar en Cómics.21

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Mi nombre es César Santivañez. Para quienes no me conocen, baste decir que llevo algunos años viviendo de mi mejor decisión: dejarlo todo a favor de narrar. Mi viaje empezó en el 2008, con artículos de crítica y difusión de cómic, y continuó algún tiempo después, ya en el terreno del guion. Actualmente comparto esta afición con la labor docente en los cursos de narrativa, guion y storyboard para futuros profesionales de la animación digital. Visto en retrospectiva, he narrado utilizando viñetas, espejos, fotografías, instalaciones, personajes vivos y todo cuanto me haya servido para demostrar que el mundo no es más que un gran coro de historias entrelazadas.

A partir de hoy sumo a mis responsabilidades la de llevar las riendas del blog Cómics.21.

Ahora, la tradición me obliga a continuar mi presentación con una frase hecha. Pienso en algo como:

"Inicia un nuevo año, y con este, una nueva etapa de Cómics.21".

Sin embargo, decido tomar una vía distinta. Y eso, porque soy un convencido de que, para escribir acerca de un medio tan imaginativo como el cómic, hace falta optar por lo nuevo e inesperado. El crítico, el lector y el guionista: todo debe confundirse cuando la pasión es determinante.

A fin de cuentas, el cómic es un arte y el arte no divide, y con esto quiero decir que no debería dividir, pero a su vez pienso en las ociosas dicotomías superhéroes/historieta de autor, mainstream/underground, cómic/manga y tantas otras, que también enarbolé en su momento como si discriminar fuera indicio de buen gusto, cuando en realidad es un claro síntoma de estrechez.

En lo particular debo decir que, luego de tantos años, decidí quemar todas mis banderas y aceptar que el buen cómic se mide a través de criterios más complejos que el estilo gráfico o el lugar de procedencia. Entendí que las mejores viñetas, es decir, las que importan, se dibujan con la tinta de la sinceridad. Es por ello que parte de mi labor aquí será la de escribir menos acerca de estilos y más acerca de autores, menos acerca de peleas y más acerca de ideas, menos acerca de macro-sagas, mega-eventos y demás términos acuñados en el departamento de publicidad, y más acerca de la realidad vista a través del arte que nos apasiona.

Sucede que, a diferencia de algunos, considero que el entretenimiento no es molde ni evasión, sino búsqueda de identidad. Al respecto también escribiré, cuando la ocasión lo amerite, acerca de mi trabajo como guionista de la nueva versión de la Chola Power, personaje de Martín Espinoza que ya está experimentando una cirugía conceptual y narrativa a puertas cerradas, gracias a la apuesta de Hernán Migoya. Embarcarme en este proyecto, ya desde antes de su publicación, me ha valido para conocer a una nueva generación de aficionados, todos con muy buena salud lectora y que no escatiman oportunidad para expresar sus expectativas y temores sin adornos ni prejuicios, y, lo que es mejor, sin dejarse seducir por el discurso pontificador del que a menudo adolecemos los lectores con más recorrido (es que a veces el legendario friki de convención se apodera de algunos, y ahí empieza el carnaval).

En resumen: la idea es cruzar hacia la orilla opuesta, aunque nos mojemos las rodillas en el camino.

Y, ahora sí:

¡Inicia un nuevo año, y con este, una nueva etapa de Cómics.21!