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Cómics.21

César Santivañez

César Santivañez

Soy el cómic. Laureado, a veces prohibido y otras molido a palos pero siempre con una sola consigna: entretener a millones. Yo puedo transportarlos entre mundos y hacer que pasen grandes aventuras con sus personajes favoritos.

Algunos seguidores de mi magno reino serán los encargados de transmitirles la palabra escrita, así como de digerir y responder todas sus inquietudes acerca de mí en este blog. Digan conmigo: Larga vida al cómic. ¡Larga vida al cómic!

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"Objeto a" y el arte del desencuentro

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Acaso el cómic, con su naturaleza a medio camino entre lo real y lo fantástico, sea el medio idóneo para plasmar las relaciones humanas, sobre todo las sentimentales. Tal vez sea a causa de esa contemplación nostálgica de instantes congelados como polaroids, o de esa jerarquía engañosa donde los detalles son, de pronto, lo más importante del mundo, pero lo cierto es que, en el cómic, el amor y el desamor cobran una dimensión peligrosamente real.

Esto Angelo Agüero parece saberlo como nadie. Por eso es que "Objeto a" (Madriguera, 2013), primera incursión de este joven autor en el lenguaje de las viñetas, sigue adquiriendo significados aún a tres años de su lanzamiento. A decir de su autor: "Quería hablar del paso del tiempo desde el ángulo de las relaciones: a excepción de nuestras familias, biológicas o escogidas, en cierto nivel la vida no es más que una puerta giratoria de personas."

Estamos, además, ante un caso particular: pocas veces un cómic nacional ha envejecido tan bien (se me ocurren otros casos, como "Y se me presentó en forma de bestia", de J. Pérez Ruibal, o "Islas", de R. La Hoz) como para merecer nuevas lecturas y despertar el entusiasmo de nuevos lectores. ¿Será que nuestro país ya está empezando a cocinar sus nuevos clásicos, a fuego lento y sin aspavientos?

 

Fair play

"Objeto a" es un cómic que gira alrededor de la intermitencia como eje temático: Ignacio, joven curioso y enamoradizo, engaña a su pareja, César, presa de un impulso irrefrenable. A partir de entonces, ese episodio de traición obliga a Ignacio a poner su relación en perspectiva, cuestionándose sus sentimientos y apuntando inconscientemente hacia la liberación. Son estos personajes los que, gracias a sus decisiones (e indecisiones, en la mayoría de los casos) terminan trazando un desarrollo argumental errático e impredecible, sospechosamente parecido a la realidad. Después de todo, no es un secreto que Angelo Agüero decidió dar buen uso a algunas notas biográficas para construir algunas escenas del cómic.

Uno de los puntos a favor del trabajo de Agüero es la distancia que este decide marcar entre el lector y los personajes, probablemente como un mecanismo de defensa al tratarse de una obra íntima, generada a raíz de la experiencia personal. A pesar de estar narrada en primera persona, "Objeto a" se desliga de cualquier intención de crear puentes emocionales de cualquier tipo. Es decir, no pretende echar mano del drama, sino de la profundidad de lo cotidiano. Esto hace que el lector disfrute la obra sin temor a toparse con trampas narrativas malintencionadas, que intenten contaminar sus conclusiones.

 

El rosa es mi color favorito

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"Objeto a" marca el inicio en el Perú de un cómic de temática gay maduro, complejo, de un cuidado gráfico que no deja de recordar al trabajo de Adrian Tomine. Por lo demás, los referentes de su autor no tienen punto de intersección con sus vecinos temáticos: nada hay en "Objeto a" que recuerde la crudeza del "Anarcoma" de Nazario o de cualquiera de las alocadas situaciones generadas por Ralph König. Aún así, sigue tratándose de cómic de género, narrado desde un enfoque intimista y reflexivo, que refresca desde su sencillez.

Sin embargo, cabe resaltar que Agüero se destaca no porque haga cómic de temática gay, sino porque sabe hacer cómics. Y con saber me refiero a sentir, a intentar transmitir una mirada propia nacida de una sensibilidad gráfica y textual particular. Es esta humildad la que le sigue cosechando adeptos aún tras un largo período de silencio editorial.

En definitiva, Angelo Agüero es un artista que se ha hecho reclamar. Él mismo nos comenta: "Solo publiqué un número antes de sumergirme en mis obligaciones por un tiempo. El proyecto sigue en pie, sin embargo, y ahora trabajo una versión más depurada de los siguientes números, todavía en clave cotidiana y de autoficción." Y, más: "En paralelo, tengo un proyecto menos íntimo, en plan sobrenatural y violento, inspirado en mitología preinca, con un amigo guionista. Sobre ambas cosas tendré noticias este año."

A sus lectores no nos queda más que celebrar su entusiasmo y esperar con ansias las mencionadas noticias. ¡A no perderlo de vista!

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