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Castellano Actual

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Esta es una bitácora creada por un grupo de docentes del área de Lengua y Literatura de la Universidad de Piura, expertos en temas relacionados con la gramática, literatura y ortografía castellana.

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Los hijos no son idénticos a su madre: sintaxis latina y sintaxis castellana

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Para producir un enunciado funcional, es decir, con verdadero sentido, el hablante de determinada lengua realiza distintos y complejos procedimientos. Pese a que los usuarios no siempre son conscientes de ello, ya solo producir una palabra supone algo más que juntar una cadena de sonidos. Así, aunque existe /kása//skaa/, que combina los mismos sonidos, no posee un significado aproximado a casa; de hecho, ni siquiera posee significado en castellano. Del mismo modo, estructurar una frase u oración implica algo más que sumar palabra tras palabra. Por ejemplo, lo siguiente solo es una cadena de voces desarticuladas:

Mañana la comer comprar pizza tú.

Un verdadero enunciado, entre los muchos que se pueden formar con ese grupo de palabras, sería el siguiente:

Comeré mañana la pizza [que] compraste tú.

De este modo, para generar una cadena con sentido, las palabras necesitan marcar relaciones mutuas por medio de distintos aspectos, las cuales determinan la función de cada una en la oración. En este caso, primero, fueron reacomodadas, pues el orden también puede indicar la función; pero el cambio más profundo ha sido morfosintáctico, una alteración interna: comprar ˃ compraste, comer ˃ comeré; particularmente estas son flexiones verbales, las cuales traban un nexo entre el verbo y su sujeto. La flexión de compraste, al indicar segunda persona singular, liga comprar al pronombre .

Asimismo, la adición del pronombre que señala que compraste tú es una característica especificativa de pizza. Es una marca externa de relación. En lengua castellana, existen distintos grupos de palabras de este tipo: son los morfemas libres, entre los que se cuentan las preposiciones, las conjunciones, los determinantes y algunos casos de pronombres. Pese a que no tienen un significado independiente, estos morfemas son muy útiles. Por ejemplo, entre los nexos que aportan las preposiciones están los siguientes:

  • Posesión: El auto de Luis es moderno.
  • Objeto indirecto: Dale el chocolate a tu hermano.
  • Complemento preposicional de finalidad: Lucho por mi patria.

Sin embargo, no en todas las lenguas es necesario el uso de morfemas libres para señalar tales funciones. Es este un rasgo que distingue el castellano del griego, del alemán, del islandés, del rumano y, curiosamente, del latín, su lengua madre. En dichas lenguas, esas y otras funciones se señalan por medio de un cambio interno, morfológico, de la palabra. Se trata de procedimientos regulares y, por tanto, sistemáticos, se conocen como declinaciones o casos de una palabra y afectan a los sustantivos, adjetivos y pronombres. Es interesante abordar el tema de las declinaciones del latín, dada su ya expuesta cercanía con nuestra lengua. Su sistema de declinaciones ofrece la posibilidad de expresar las mismas relaciones mostradas pero sin morfemas libres:

  • Posesión (genitivo): Filius amici ˃ El hijo del amigo
  • Objeto indirecto (dativo): Amicus dat librum puellae ˃  El amigo dio un libro a la niña.
  • Finalidad (dativo): Deo pugnant ˃  Pelean por

Pero las declinaciones presentan todavía más posibilidades. De hecho, en total, existen seis casos por palabra (y cinco formas diferentes de declinar, dependiendo del tema de la palabra). El siguiente cuadro muestra las declinaciones de amicus (amigo):

Nominativoamic -us
Vocativoamic -e
Acusativoamic -um
Genitivoamic -i
Dativoamic -o
Ablativo[cum] amic -o

El caso nominativo se usa cuando la palabra es sujeto de la acción. El segundo señala el vocativo, cuando en castellano solo se hace por medio de la pausa (y la coma respectiva en la escritura): Amic˃ Oye, amigo. El ablativo permite que la palabra tenga la compañía de preposiciones más específicas: Cum amico profectus sum ˃ Partí con mi amigo. El acusativo, por su parte, señala el objeto directo de la acción; en un ejemplo anterior, se decía que Amicus dat librum puellae, donde libroes el objeto directo de dar.

Cabe detenerse en el acusativo para definir otra distancia entre nuestra sintaxis y las de lenguas con declinaciones. El objeto directo en castellano no tiene una marca especial, salvo en los casos de objetos directos animados que son antecedidos por la preposición a (He golpeado al ladrón), por lo que en ciertas ocasiones el orden sujeto-verbo-objeto directo (SVO) debe procurarse. Y es que al no haber marcas de función sintáctica dentro de las palabras, su orden en castellano es relativamente menos libre que en el latín (aunque más libre que en el francés). De hecho, el verbo del latín solía ir al final de enunciado pero podía ocupar cualquier posición, lo que multiplicaba de forma natural las posibilidades de énfasis y matices sin llegar a la ambigüedad. Posibilidades que aprovecharon sus retóricos y poetas.

A propósito de esta diferencia, es inevitable que broten de la mente los siguientes versos de Lied II de José María Eguren:

Y el viento en la marisma entonaba
la canción de Schumann vesperal.

Donde no queda claro si vesperal afecta a vientocanción o Schumann. En latín no habría sido posible la confusión, porque el adjetivo se declinaba con el mismo caso del sustantivo de que dependía, y en esta oración cada sustantivo tendría un caso diferente: viento es nominal; canción, acusativo; y Schumann, genitivo. Sin embargo, es menester reconocer que el poeta en realidad buscaba aprovechar esa inexactitud que produce el desliz de un orden usual en castellano: no quiere calificar un nombre, sino ofrecer un tono a la escena.

Todavía más inevitable es recordar a Luis de Góngora y Argote, cuya escritura poética supuso una elaboración sobre la sintaxis que resultó torcida y complicada para la norma y los lectores de la época. Esto porque Góngora se basó en la flexibilidad propia del latín para lograr efectos imaginativos y melódicos nunca antes oídos en Roma o España. De hecho, además de los cultismos léxicos, adoptó directamente del latín el ablativo como forma absoluta que, yuxtapuesta a la oración principal, y evitando el verbo conjugado, funciona como complemento de tiempo con carga verbal:

Mudo la noche el can, el día dormido,
de cerro en cerro y sombra en sombra yace.

Aunque diferentes, cada lengua tiene mecanismos con la misma finalidad de establecer relaciones entre palabras y producir así un enunciado con sentido. De la misma forma, es interesante e indispensable conocer y valorar esas distancias que hacen de nuestro castellano una lengua única incluso respecto de su lengua madre, y cómo es que los poetas las asumen y aprovechan estéticamente y, de ese modo, logran expandir nuestras posibilidades de significar.

Renato Guizado Yampi

Referencia de la imagen: http://www.solesmes.com/why-latin

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