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Castellano Actual

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Esta es una bitácora creada por un grupo de docentes del área de Lengua y Literatura de la Universidad de Piura, expertos en temas relacionados con la gramática, literatura y ortografía castellana.

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Hablemos, «no hay moros en la costa»

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moros

En nuestra lengua contamos con un conjunto de palabras que indican la procedencia geográfica de las personas. A estas voces, que cumplen tanto la función de sustantivo como de adjetivo, se les conoce como gentiliciosAquel piurano nos enseñó a bailar tonderoLos italianos celebraron el triunfo de su selección; La película Un americano en París fue estrenada en 1951; El escritor peruano Mario Vargas Llosa presentó su última novelaEl deportista sudafricano sufrió una lesión en plena competencia; A los costeños les encanta el clima de la sierra.

No obstante, los gentilicios no se emplean únicamente para denotar la relación con un lugar geográfico. Debido a los diversos matices en sus acepciones, pueden connotar otros significados; por ejemplo: No hay moros en la costa. Esto quiere decir que los gentilicios presentan una naturaleza semántica compleja, cuyos sentidos están determinados por distintos factores. Herrera Santana (citada por García y Morera en Gentilicios y lexicografía, 2015: 87) afirma que los gentilicios suelen cargarse de significados colaterales muy diversos debido a las creencias religiosas y a las circunstancias históricas, sociales, culturales, políticas y económicas. A continuación, revisaremos algunos gentilicios que se emplean con frecuencia para referir realidades distintas a las de su sentido primario.

El primero que revisaremos es chino. Este término designa a la persona natural de China. En la expresión «El Presidente del Consejo no dice más que embustes, y a todo el que coge le engaña como a un chino» de Benito Pérez Galdós (La incógnita, 2003: 107), el significado del gentilicio chino se deriva al de 'persona engañada o que le han tomado el pelo'. Asimismo, la locución de chinos, que recoge el Diccionario combinatorio práctico del español contemporáneo (2006), se emplea con el sentido de 'mucha paciencia': decir que es un trabajo de chinos es destacar la paciencia con la que uno se dedica a un meticuloso y largo quehacer o tarea. Gracias al procedimiento de la metonimia, el gentilicio chino pasó a designar una nueva realidad; es el caso de la expresión el chino de la esquina: «Esta frase de nuestra lengua familiar que designa una modesta pero surtida tienda de abastos, está hoy en extinción. Ya parece no haber chinos instalados en bodegas y pulperías en las esquinas», señala la lingüista peruana Martha Hildebrandt (El Comercio, 1 de junio de 2014).

El segundo que veremos es gitano. Término proveniente de egiptano, pues en el periodo clásico se creyó que los gitanos provenían de Egipto (Breve diccionario etimológico, 2008). Según el Diccionario de la lengua española (2014), se le llama gitano a la persona que proviene de 'un pueblo originario de la India, extendido por diversos países, que mantiene en gran parte un nomadismo y ha conservado rasgos físicos y culturales propios'. En relación con algunos rasgos de su sentido denotativo, este gentilicio se emplea también para señalar el modo de vida errante de algunas personas: Me cuentan que vivieron mucho tiempo como gitanos. Asimismo, el significado primario del gentilicio se ha derivado en otros de connotación peyorativa, como el de la frase No te dejes engañar por este gitano. En ese contexto, el gentilicio alude a una persona 'trapacera' (que obra con engaños); acepción que recoge el DLE y que señala como ofensiva y discriminatoria. No menos desfavorable es la connotación de gitano en el dicho popular Entre gitanos no nos leemos las manos, donde el gentilicio encierra el sentido de 'astuto, mentiroso'; por lo tanto, se desprende de la frase anterior que las personas conocedoras de trucos y mañas no podrían engañarse entre sí.

Otro término es moro. Este gentilicio proviene del latín Maurus 'habitante de Mauritania' (Diccionario crítico etimológico castellano e hispano, 2007), y este del griego Maũρoς. La voz latina Maurus, ya en los siglos XII y XIII, se empleaba con el sentido de 'color oscuro' por alusión al color de la piel (Breve diccionario etimológico, 2008). Actualmente, y en relación con el sentido anterior, en Cuba se emplea el adjetivo moro para señalar a la persona de tez oscura y cabello negro. Por otro lado, y en su sentido primario, el gentilicio moro nombra a la persona natural del África septentrional frontera a España; y también al musulmán que habitó en España desde el siglo VIII hasta el XV (DLE, 2014): Los moros invadieron la península ibérica en el año 711. El dicho popular No hay moros en la costa (expresión que indica que el lugar está libre de todo riesgo o amenaza) se desprende del sentido denotativo de moro, pues (recurriendo a la historia) cuando un poblador europeo pretendía aproximarse a las costas mediterráneas, primero debía constatar que estuviese despejado de morosCon el tiempo, en España, se aplicó a todos los mahometanos, y de ahí pasó a significar 'gentil, pagano no bautizado' (Diccionario crítico etimológico castellano e hispánico, 2007). En la actualidad, en algunas zonas del norte del Perú, todavía es popular decir que un niño es moro cuando aún no ha sido bautizado, tal como aparece en el texto de Edmundo Arámbulo (Diccionario de piuranismos, 1995: 183): «Haz bautizar a tu hijo que está moro, para que no lo asuste el duende».

Finalmente, nos ocuparemos de judío. Este gentilicio designa a la persona natural de Judea, país del Asia antigua. Asimismo, se le llama judío a quien profesa la ley de Moisés, el judaísmo. Este gentilicio también es empleado con el sentido ofensivo de 'persona avara, usurera': Es un judío, no hagas negocios con él. El Diccionario de americanismos (2010) recoge la palabra judío con el significado de 'comerciante que vende muy caro': Es un judío, no te va a hacer ningún descuento.

A partir de lo expuesto, se puede afirmar que la variedad de significados de los gentilicios constituye una pequeña muestra del extraordinario carácter polisémico de las palabras de nuestra lengua, lo cual pone de manifiesto la riqueza expresiva del castellano. Sin embargo, esta abundancia expresiva no debe descuidar la ética del lenguaje. Los gentilicios judío y gitano, por ejemplo, no encierran ningún sentido negativo en sí mismos, pero adquieren un significado discriminatorio y despectivo en las frases No te dejes engañar por este gitano y Es un judío, no hagas negocios con él. En consecuencia, a pesar de que toda lengua es viva, y que por tal razón se modifica (como hemos visto en los casos anteriores), debemos prestar atención a sus usos, de modo que no incurramos en la deshumanización. No olvidemos que, y tal como señala Manuel Casado (Lenguaje, valores y manipulación, 2010: 89), «la actividad de hablar comporta una serie de exigencias éticas».

Cynthia Briceño Valiente

Referencia de imagen: MITXEL (7 de febrero de 2016) Dicho popular: "Hay (o no hay) moros en la costa" [Figura]. Recuperado de http://www.recursosacademicos.net/web/dicho-popular-hay-o-no-hay-moros-en-la-costa/

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