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Castellano Actual

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Esta es una bitácora creada por un grupo de docentes del área de Lengua y Literatura de la Universidad de Piura, expertos en temas relacionados con la gramática, literatura y ortografía castellana.

Buscamos que este espacio permita actualizar continuamente nuestros conocimientos lingüísticos, establecer un diálogo frecuente con nuestros lectores y favorecer el intercambio de información. Para ello, ofrecemos variados artículos, la recomendación del día y estamos dispuestos a resolver cualquier duda que tengan.
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Guaype o guaipe

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waype_vaype

Carlos Arrizabalaga

En junio de 2014, las fuerzas armadas realizaron un importante operativo en la lucha contra la minería ilegal; intervinieron las operaciones en una zona conocida como "la Pampa" en Madre de Dios donde decomisaron bombas, motores, dragas, mangueras, motos y, entre otras cosas, "galones de lubricante y mil kilogramos de guaipe". En efecto, en el Perú con este anglicismo designamos unas hilachas de trapo empleadas en la limpieza industrial por su utilidad para aplicar disolventes o lubricantes.

Es una de las varias palabras tomadas del inglés muy probablemente ya desde el siglo XIX, en la época de los ferrocarriles. Entraron de forma discontinua al español americano y algunas se desconocen en España: chompa, breque, guachimán, guacha... La norma culta se ha mostrado hasta hace poco remisa a aceptarlas y por ello estas voces ni siquiera contaban con una forma ortográfica establecida en nuestro idioma. Así pasa con guaipe, del inglés wiper (derivado del verbo to wipe, 'limpiar'), que se define en el diccionario académico así: "Masa de hilachas de algodón o de trozos de tela, que se utiliza para limpiar maquinaria, herramientas o pisos." (DLE, 2014).

Es vocablo poco usual; pero algo frecuente, como señalara el embajador Álvarez Vita (1990), en Perú y Chile. Son peruanos dos de los tres casos que registra el corpus de la Real Academia Española. También se utiliza en Ecuador, Bolivia y Guatemala. El Diccionario de americanismos (2010) también lo registra en Honduras y entre los hispanos de Estados Unidos con la forma guaiper. En Puerto Rico nombran así al parabrisas. El diccionario registra dos formas: guaype y guaipe, pero la más aconsejable, según la norma académica, es escribir guaipe, puesto que en diptongos y triptongos (como en este caso), se aconseja el uso de la i latina. Ciertamente que en la ortografía antigua del español era hasta el siglo XX muy común escribir con ye la vocal en palabras indígenas o patrimoniales como: aymara, virreynato, y así también en préstamos extranjeros: geyser, que hoy en día se deben escribir con i latina: aimara, virreinato, géiser (Ortografía de la lengua española, pp. 76-79).

Miguel Ángel Ugarte Chamorro (1997) registra también la forma huaipe, pero con buen sentido recomienda la ortografía guaipe, porque desde los años 50 se prefiere escribir tal como se pronuncian comúnmente en español los términos que proceden de lenguas que poseen la semivocal en inicial de palabra, aunque aquí la norma es más flexible y permite igualmente huaca y guaca, huincha y güincha, huacha y guacha (Ortografía, p. 83).

Algunos indigenismos como huairuro se acomodan también a esta norma, aunque por muchos años estas palabras se escribían con ye o y griega. En cualquier caso, no se debe escribir uaype ni huaype y mucho menos vaype o waype, como aparece en sendas estanterías de reconocidos centros comerciales, que lo han escrito un poco "a la inglesa". La norma puede aceptar las formas huaipe y guaipe, porque en definitiva son vocablos instalados en el idioma, aunque entre las dos hay que preferir, como se dijo, la forma guaipe, por acomodarse mejor a la ortografía castellana.

La notable vacilación que se percibe en la escritura de este vocablo demuestra la importancia que tienen los diccionarios en la normalización del idioma y la manera callada pero persistente con que nos ayudan a escribir con total seguridad. En este caso el vocablo aparece registrado recién en la última edición del Diccionario académico, que se presentó en 2014 y desde mediados de 2015 puede consultarse en línea. No ha habido apenas tiempo para fijar la norma.

Las palabras no dejan de existir por no estar en el diccionario, pero sin duda quedan sin un respaldo que autorice o consagre su uso y su correcta ortografía.

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