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Esta es una bitácora creada por un grupo de docentes del área de Lengua y Literatura de la Universidad de Piura, expertos en temas relacionados con la gramática, literatura y ortografía castellana.

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Las inquietudes de Shanti Andía, de Pío Baroja

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Manuel Prendes Guardiola
Universidad de Piura

España practicó el colonialismo antes que la novela. Tal vez por ello no llegara luego a florecer en castellano la novela de aventuras, género que a partir del siglo XIX cuenta en inglés con clásicos como Stevenson, Rider Haggard o Conrad, y en francés como Verne o Pierre Benoit. Aunque en la actualidad se vaya compensando esta carencia, lo cierto es que en nuestra lengua apenas disponemos de ficciones clásicas sobre viajes a tierras vírgenes, exploraciones, naufragios...

El vacío lo suplió en cierta manera, a principios del siglo XX, el novelista Pío Baroja (1872-1956). Un escritor prolífico, pre-existencialista, desaliñado en su estilo pero muy exitoso en su día y admirado por autores del renombre de Camilo José Cela o Ernest Hemingway. Miembro de la llamada "generación del 98", sería por su rechazo al estatismo y aburguesamiento de la sociedad española de su tiempo que se fijó en otras tradiciones literarias y, también, en la España romántica de principios del siglo XIX. Aquella época de conspiraciones, revoluciones y guerras civiles le pareció rica en hechos novelescos y aventureros, y a ella dedicó una copiosa producción narrativa entre la que podríamos destacar Zalacaín el aventurero o sus series Memorias de un hombre de acción y El mar.

A esta última pertenece Las inquietudes de Shanti Andía (1911), novela que refleja la mencionada tensión entre la monotonía cotidiana y el dinamismo de la vida viajera. El protagonista es un aventurero... retirado, y parece que más bien tímido: aunque es un capitán de barco que ha navegado hasta el Extremo Oriente, las aventuras marítimas en que más se demora son las de su infancia en el pueblecito de Lúzaro, vividas o narradas por adultos fantasiosos como su tía Úrsula o el viejo Yurrumendi. Más tarde, sus turbulentos amores de juventud (duelo incluido) en Cádiz le ocuparán menos espacio que el comparativamente plácido noviazgo con su futura esposa Mary.

La vida del "hombre de acción" de Shanti se reduce, como vemos, a lo imaginado o recordado. Para el cuerpo principal de la novela, el protagonista se reserva sin embargo una función investigadora: la de reconstruir por diversos testimonios la vida de su misterioso tío Juan de Aguirre. Este se erige en el verdadero aventurero de la historia, que abandona Lúzaro en la niñez de Shanti y se verá envuelto en una turbulenta historia de amores desgraciados, cambios de identidad, tráfico de esclavos, reencuentros, motines, piratería y enfrentamientos con indígenas. Una vida salvaje y amoral, en suma, con su cierto atractivo dentro de los terribles episodios que narra... precisamente por ser narrados. Lo cierto es que Shanti, en cierto momento, se encuentra con la oportunidad de partir en busca del tesoro ocultado por Aguirre, pero rehúsa. Incluso arroja al mar, muy significativamente, las dos perlas que le obsequian como parte del botín.

El capitán don Santiago de Andía prefiere siempre ser, en definitiva, el plácido Shanti, alter ego de muchos lectores y tal vez del propio autor (que lo convirtió de hecho en imaginario narrador o editor de otros relatos suyos). Es decir, arquetipo de un soñador que disfruta de la rutina de su hogar y de su aldea, pero que deja a una parte de su alma imaginar peligros y nuevos horizontes. En este sentido, Las inquietudes resulta un libro inesperadamente poético: el proverbial descuido estilístico de Baroja aquí es más bien un ejemplo de prosa sobria y que sabe a sinceridad.

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