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Castellano Actual

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Esta es una bitácora creada por un grupo de docentes del área de Lengua y Literatura de la Universidad de Piura, expertos en temas relacionados con la gramática, literatura y ortografía castellana.

Buscamos que este espacio permita actualizar continuamente nuestros conocimientos lingüísticos, establecer un diálogo frecuente con nuestros lectores y favorecer el intercambio de información. Para ello, ofrecemos variados artículos, la recomendación del día y estamos dispuestos a resolver cualquier duda que tengan.
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Archivos Abril 2013

Las comillas y sus usos

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Susana Terrones Juárez
Docente de la Universidad de Piura


Ante las dudas que a veces nos planteamos sobre el uso de las comillas en los textos, hoy nos referiremos a este signo de puntuación doble, cuya función principal es la de enmarcar la reproducción de lo que alguien ha dicho: «La paz no es un bien ya logrado, sino una meta a la que todos debemos aspirar», dijo Benedicto XVI.


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En español se emplean tres tipos: las comillas angulares, también llamadas latinas o españolas (« »), las inglesas (" ") y las simples (' '). Según la Ortografía académica, las comillas inglesas y las simples deberán escribirse en la parte alta del renglón, mientras que las angulares se escriben centradas. Asimismo, se recomienda que en los impresos se utilice «en primera instancia las comillas angulares, reservando los otros tipos para cuando deban entrecomillarse partes de un texto ya entrecomillado. En este caso las comillas simples se emplearán en último lugar» (2010: 380): «María dijo: "¡Que tal 'carro' que se ha comprado Pedro!"».

Como vemos, usamos las comillas, principalmente, para enmarcar citas textuales o enunciados en estilo directo de cualquier extensión. En textos de varios párrafos, antes era habitual colocar comillas de cierre (») al principio de cada uno de ellos para indicar que continuaba la cita; hoy, se reproducen con sangrado respecto del resto del texto y con tamaño de letra menor o en cursiva.

Si introducimos un inciso, no es necesario cerrar las comillas para volverlas a abrir después: «Es importante --señaló el médico-- hacer deporte con frecuencia», y si en un enunciado en estilo indirecto se reproducen palabras textuales, estas se encierran entre comillas: Guerrero aseguró que jugará «hasta cojo» contra Venezuela y Argentina.

Con las comillas también señalamos una palabra o expresión impropia, vulgar, irónica: Últimamente solo se dedica a sus «asuntos», o de otra lengua: En Cuzco hicimos un «tour», aunque para estos casos la Academia recomienda usar cursiva (tour); reproducimos los pensamientos de los personajes en textos narrativos: «¡Tonterías, tonterías!», se limitó a decir la señora Bennet (Orgullo y Prejuicio); citamos los títulos de artículos, reportajes, poemas, piezas musicales, capítulos de un libro, etc.: Claudia publicó el artículo «¿Días singulares?». En cambio, los títulos de libros, revistas y periódicos se escribirán en cursiva. Solo si, por algún motivo, esto no es posible, pueden entrecomillarse.

Finalmente, cuando en un texto se comenta una palabra en particular, esta se escribe entre comillas: Hoy conjugaremos el verbo «temer» y, cuando se cita el significado de una palabra, este aparece, generalmente, entre  comillas simples: «temer» significa 'tener a alguien o algo por objeto de temor'.

Intimidar e intimar

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La palabra intimidar significa 'infundir miedo, atemorizar'; en cambio, intimar se refiere al hecho de estrechar relaciones con una persona; es decir, congeniar, fraternizar, simpatizar: La actitud déspota del director intimida a los alumnos. Se conocieron el primer día de clases y han logrado intimar rápidamente.

Así pues, no nos dejemos intimidar por el parecido que tienen estas dos palabras tanto en su escritura como en su pronunciación. Ahora que ya conocemos su significado, podremos intimar con ellas y usarlas correctamente.

Evidentemente: "evidencia" no es lo mismo que "prueba"

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El término "evidencia" no debe utilizarse con el significado de "prueba", pues no son lo mismo. Evidencia es la 'categoría absoluta que no admite dudas' o la 'certeza clara y manifiesta de la verdad o realidad de algo': "Ante la evidencia de que mis objeciones anteriores ya no tenían fundamento, preferí renunciar" (Diccionario Panhispánico de Dudas, 2005); mientras que prueba es la 'forma, argumento, instrumento y otro medio con que se pretende mostrar y hacer patente la verdad o falsedad de algo' o 'indicio, señal o muestra que se da de algo': "El testigo tiene pruebas del delito" (DRAE, 2001).

Según el Diccionario panhispánico de dudas (2005), el empleo indiscriminado en español de la voz "evidencia" como sinónimo de "prueba" o de "indicio", se debe al "calco censurable del inglés evidence. En inglés, evidence es toda prueba (circunstancial, testimonial, material, documental, etc.) que se alega en un proceso judicial; en español, solo sería aceptable como sinónimo de prueba evidente, esto es, prueba clara y manifiesta; así, no resultan apropiados usos como los siguientes: «Las evidencias que se han aportado no parecen en todo caso muy convincentes» (Ninyoles Idiomas [Esp. 1977]); «Las circunstancias y las evidencias eran claras en contra del Dr. Sittón» (Siglo [Pan.] 12.5.97)".

¿Los *standards?

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Como muchas otras, la palabra inglesa standard forma parte ya del léxico español. Según el Diccionario (2001), con esta voz, que funciona como sustantivo o adjetivo, se designa lo que se emplea como 'tipo, modelo, patrón, nivel'. Así, por ejemplo, se habla del "español estándar", del "estándar de vida", de los "estándares de calidad", etc.

Sin embargo, esta palabra ha dejado de ser un extranjerismo crudo y ha acomodado su forma a la de las palabras en español. Entonces, como en español no se puede empezar una palabra con el grupo st-, se le antepuso la e-, -que refleja su pronunciación en inglés-; se eliminó la -d final, por ir precedida de otra consonante, lo que en español solo ocurre con voces tomadas de otras lenguas (inglés y francés, básicamente). Además, tuvo que ajustarse al sistema de acentuación, por lo que lleva tilde en la vocal a de la segunda sílaba, por ser palabra grave. Por lo tanto, la forma correcta en castellano es estándar, con e inicial, r final y tilde.

En cuanto a su plural, se desaconseja pluralizarlo en inglés (standards) o emplearlo como invariable, marcando el cambio de número con el artículo (los estándar), así como la forma híbrida *estándars. Se recomienda, pues, formar el plural a partir de la forma adaptada (estándar), mediante la adición del sufijo -es: estándares, manteniendo la tilde.

Una familia peculiar: calza, calzar, calzado, calceta, calcetín, media, calzón, calzoncillo y calzoneta

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Claudia Mezones Rueda - Docente de la Universidad de Piura

Al leer este título es muy seguro que se haya preguntado qué tienen que ver las palabras "calcetín", "calza", "calzado", "media" y "calceta" con "calzón", "calzoncillo" y "calzoneta" si se refieren a realidades muy distintas. Aunque parezca impensable, todas son el resultado de una serie de cambios lingüísticos asociados con una misma palabra.

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El término "calza" es de origen latino: 'del latín vulgar calcea, y este del latín calceus, zapato'. Con esta etimología se relaciona con "calzar" ('cubrir el pie con calzado', 'medir una talla de zapato') y "calzado" ('todo género de zapato que sirve para cubrir y resguardar el pie'). El Diccionario de la Real Academia Española (2001), además, define "calza" como 'prenda de vestir que, según los tiempos, cubría, ciñéndolos, el muslo y la pierna, o bien, en forma holgada, solo el muslo o la mayor parte de él' y lo asocia también con "calzones" y "medias". Es esta acepción la que también nos servirá para explicar su parentesco con las palabras mencionadas al inicio.

En el español actual, el término "calza o calzas" -aunque no es usual en Perú, sí lo es en otros países como Argentina y España- designa lo que nosotros llamamos "pantalonetas" (cortas, a media pierna o hasta el tobillo de material elasticado). Por otra parte, resulta poco común el uso de "calceta". Este término se creó como diminutivo de "calza" (con el sufijo -eta: calc + -eta, así como en avioneta, pantaloneta y calzoneta), y en su uso actual es sinónimo de "media" 'prenda que cubre el pie y la pierna'.

La palabra "calcetín" es el diminutivo de "calceta", formado con el sufijo -ín: calcet + -ín, como pequeñín y banderín. Su significado refiere a las medias cortas de punto, equivale a decir que son "calcetas cortas" porque cubren el pie y solo una pequeña parte de la pierna, siempre por debajo de la rodilla. Asociada con esta palabra está "medias", que proviene de la expresión "medias calzas", creada para llamar así a las "calzas" que no llegaban hasta la cintura. En el uso bastó el término "medias" para referirse a ellas, por lo que se eliminó el término "calzas". Su autonomía léxica llegó a ser tan grande que hoy los hablantes comunes desconocemos su relación con "calzas" y ha dado lugar a otros términos como "medias pantis" o simplemente "pantis".

Ahora bien, si las "calzas" se acortaron de las rodillas hacia arriba para dar paso a "medias" y "calcetines", también se acortaron de las rodillas hacia abajo dando como resultado los "calzones". Aunque en Perú nos referimos con esta palabra a la prenda de ropa interior femenina, en otros lugares hispanohablantes los "calzones" son también la ropa interior masculina equivalente a lo que nosotros denominamos "calzoncillos largos". "Calzón" es el aumentativo de calza (con el sufijo -ón: calz + -ón) y es definido por la Academia como 'prenda de vestir con dos perneras, que cubre el cuerpo desde la cintura hasta una altura variable de los muslos'. En oposición a los "calzones", se ha creado el diminutivo "calzoncillo" (con el sufijo -illo: calzón + -c + -illo) para designar a los calzones pequeños, es decir, a los que cubren hasta el inicio de los muslos y para especializar en el uso la denominación de la prenda interior solo masculina. Asimismo, en el ámbito deportivo tenemos la palabra "calzoneta", diminutivo de "calzón" (calzón + -eta) que los peruanos utilizamos para referirnos al short tipo calzoncillo o calzón que usan los deportistas para moverse con más comodidad.

Podría seguir explicando la extensión genealógica de la familia "calza", pero debo concluir, así evito que este articulito no "calce" en el espacio asignado a esta columna.

Un, una y uno

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Los determinantes (sean artículos o sean numerales) van delante de un sustantivo (un libro, unos libros, una mesa, unas mesas, una manzana, dos manzanas...). Ahora bien, la forma "uno" solo será pronombre indefinido en Uno es feliz haciendo lo que le gusta; Compré un vestido, pero me acabé poniendo uno viejo. Nunca será un artículo indeterminado.

Los numerales, en cambio, me indican cantidad (una manzana, no dos ni tres: Se comió una manzana, no dos; Había un solo invitado en la cena), mientras que, los artículos indefinidos nos dan idea de imprecisión (de algo no precisado): Unas alumnas me contaron que estuviste enfermo.

Es importante contar con el contexto, pues en la mayor parte de usos ayuda a determinar si se trata de un artículo indeterminado (referencia imprecisa) o de un numeral que indica la unidad (referencia de cantidad precisa): Encontré esta ropa en un cajón / Toda esta ropa no cabe en un cajón. No obstante, se pueden hacer algunas precisiones.

Un/una no es numeral cuando se utiliza para introducir un nuevo referente en el discurso: Mi perro tuvo un terrible accidente (luego en el discurso diré: el accidente lo ha dejado nervioso, porque ya sabemos a qué accidente me refiero). Tampoco cuando se usa con sustantivos no contables, sean concretos o abstractos: ¿Nos tomamos un café?, He comprado una harina buenísima, Tengo un hambre voraz, Se maneja una paciencia de tortuga. Además, no lo son cuando se acercan a la interpretación de los indefinidos algún/alguna/ningún: Dame una/alguna pista, Si sabes de un/algún trabajo me avisas. No he leído un/ningún libro en verano.

"Unos" y "unas" no admiten interpretación numeral, puesto que no forman parte de la serie dos, tres, cuatro... La cuantificación que indican siempre tendrá valor de imprecisión y aproximación, es decir, siempre serán artículos indeterminados: Han llegado unos pocos, Esto tendrá unas dos semanas de guardado, Tardó unos diez minutos en salir.

 

El hipocorístico Pepe

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Si alguien ha tenido un tío de nombre José, seguro que durante su infancia lo ha llamado, con naturalidad, tío Pepe, y jamás se le pasó por la cabeza el porqué de este apelativo hasta que de pronto otra persona del mismo nombre dice: "No me llamo Pepe, sino José".

Tenemos, pues, que Pepe es un antropónimo, del tipo de nombres de pila y de una clase especial llamada hipocorístico; que según la Nueva gramática de la lengua española. Manual (2010: 219) es "una forma abreviada que se usa en la lengua familiar como designaciones afectivas": Lola, Paco, Pili, Tere; sin embargo, aquí no se dice nada respecto al origen de dicha palabra.

La versión más difundida es la que explica que cuando se leía el Nuevo Testamento al referirse a San José, los lectores añadían la frase "Pater Putativus" (palabra derivada del latín "putare" que significa 'pensado', 'considerado'; a este se le añadía el sufijo "ivus" que forma los adjetivos de posibilidad pasiva); por ende, la frase latina antes mencionada, sería  "supuesto padre" y se usaba para aclarar que San José no era el padre biológico de Cristo. Con el tiempo esta frase se simplificó a P. P. y en la liturgia se leía "Santus Iosephus P. P. Cristhi" y las personas que no conocían tal significado identificaron el "Pepe (P-P)" con el segundo nombre de San José.

Aparte y a parte

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Aparte puede ser un adverbio (en otro lugar, separadamente), un adjetivo (diferente, distinto o singular) o un sustantivo (relacionado con la representación escénica): Lleva aparte esa ropa blanca a la lavandería (adverbio); Ese alumno es un caso aparte (adjetivo); Hizo un aparte en esa escena; Esa comedia tienes muchos apartes (sustantivo).

A parte es la suma de la preposición a seguida del sustantivo parte: Si te sigues comportando así no te llevaré a parte alguna (a ninguna parte); Crucé la Plaza de Armas de Lima de parte a parte.

Garcilaso Inca de la Vega (1539-1616) Comentarios reales de los incas

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Para conocer la primera historia del Perú, abundan en nuestros días los competentes historiadores. Ahora, para entender cómo el mundo interpretó al Perú durante tres siglos, y cómo en aquel tiempo los peruanos se conocieron a sí mismos, nada mejor que regresar, de principio a fin, a los Comentarios reales. El lector de hoy, como el de ayer, encontrará en la prosa del Inca Garcilaso de la Vega una de las mejores que se hayan escrito en español, por su claridad y por su elegancia (que significa falta de adorno pero no falta de cuidado). Por eso ha envejecido tan poco y su lectura aún resulta amena, llena de episodios variados entre los que Garcilaso conduce amablemente a sus lectores: cosas grandes y chicas ("desde lo más ínfimo del ejercicio de los vasallos hasta lo más alto de la corona real"), anécdotas y vivencias propias que convierten esta crónica en un documento más personal que cualquier otra "crónica de Indias". Ello se aprecia especialmente en la segunda parte de los Comentarios, mal llamada a veces Historia general del Perú, donde el anciano escritor mestizo pasa de testimoniar los vestigios de la gloria de los incas a presentarse como testigo, personaje y hasta víctima personal de los eventos posteriores a la Conquista. Garcilaso escribe la historia de un país que identifica con su propia estirpe real y, en última instancia, con su propia vida y personalidad: su talante de artista, así, le asegura una pervivencia más larga que la que hubiera podido obtener como historiador.

La conjugación verbal tiene sus trucos

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En artículos anteriores hemos tratado las variaciones formales que, en diferentes tiempos, presentan algunos verbos como haber, caber, tener, poner, etc. En esta ocasión nos centraremos en las irregularidades o variaciones formales que se dan en la raíz de otros verbos cuando son conjugados. Es el caso de apretar, derretir, dormir, pudrir, conducir y otros.

Para asegurar su uso correcto brindaremos una serie de pistas o trucos, no sin antes identificar la estructura interna del verbo. Como sabemos, este presenta una base léxica (raíz o lexema) y morfemas, como en apret- y -é, respectivamente. Al ser conjugado el verbo en distintos tiempos y personas gramaticales, muchas veces la raíz sufre cambios. Estas variaciones suelen responder a una serie de leyes fonéticas, que en nuestro caso se convertirán en la clave de los trucos que facilitaremos a continuación.

Si queremos conjugar verbos como apretar y acertar, la posición del acento en la raíz condicionará la irregularidad. Si la raíz de la forma verbal -que corresponde a un tiempo y a una persona gramatical determinados- es átona, esta se mantiene invariable. Así, de apretar: apretaba, apreté, apretaré, apretaría, apretara(se), apretare...; de acertar: acertaba, acerté, acertaría, acertara(se), acertare... En cambio, si la mayor fuerza de voz recae en la raíz misma, se da una irregularidad, una diptongación i/ie: aprieto (no *apreto), apriete, acierto, acierte... Esta herramienta la podemos aplicar a los verbos alentar, arrendar, cimentar, mentar, herrar, plegar, etc.

Los verbos pedir y derretir, sin embargo, nos exigen aplicar otras pistas. Si a la raíz del verbo conjugado le sigue una -i-, se mantendrá invariable, como en pedías, pediste (no *pidiste), pedirás, pedirías, derretías (no *derritías), derretiste (no *derritiste), derretirás, derretirías... Todo lo contrario ocurre si el elemento próximo a la raíz no es una -i- o si se trata del diptongo -ie- (también -io-); en ambos casos se dará una variación vocálica en el lexema (e/i).  De pedir: pido, pides, pide, pidieron, pidas, pidieran...; de derretir: derrito, derrites, derrit (no *derretió), derritieran... Podemos contar con este truco para otros verbos como rendir, concebir, expedir, adherir, etc.

De forma similar podemos conjugar aquellos verbos con terminación en -orir y -ormir, como dormir y morir: dormí, dormimos (no *durmimos), durm (*no dormió), durmiéramos; y morí (no *murí), morías, murieron... Vemos, pues, que en algunos tiempos y números gramaticales los verbos la raíz ha sufrido una variación de o/u.

Y en cuanto a los verbos aducir y conducir, se trata de palabras que al ser conjugadas en pretérito indefinido (o pretérito perfecto simple) sufren cambios consonánticos en la raíz c/j. Los pretéritos de estas formas, llamados pretéritos fuertes, se caracterizan por que la vocal del morfema o desinencia no es tónica como en sentí o viv, sino átona. Por lo tanto, debemos decir aduje y conduje (no *aducí ni *conducí), y por extensión adujiste, adujo, adujimos (no *aducimos), adujeron y condujiste, condujo, condujimos (no *conducimos) y condujeron. En efecto, en estos casos, podremos distinguir el tiempo presente del pasado o pretérito, pues las formas aducimos y conducimos expresan que la acción está ocurriendo en el momento actual, mientras que adujimos y condujimos nos señalan una acción propia del pasado.

Sin duda, en nuestra lengua, la morfología del verbo presenta una riqueza tal, que son comprensibles las dudas respecto de su uso. No obstante, como hemos visto, siempre podemos contar con una serie de trucos para superarlas.

Inés Arteaga Campos

INÉS ARTEAGA CAMPOS

(1973 - 2009)

Trabajó en la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad de Piura desde marzo de 1996 hasta diciembre del 2009. Licenciada en Educación por la Universidad de Piura, máster en Artes Liberales con mención en Pedagogía por la Universidad de Navarra (España) y doctoranda en el programa de doctorado en Lingüística y Filología Hispánica en la Universidad de La Coruña, (España).

Impartió cursos de capacitación y diplomados en comprensión lectora y gramática textual; y publicó algunos manuales de didáctica y gramática para el Sistema de Educación Semipresencial SEAD.

Alinearse

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En la conjugación de este verbo el acento recae en la raíz aline-, la vocal tónica es la -e-: alineo [alinéo], alineas [alinéas], alinea [alinéa], alinee [alinée], etc. Por influjo del sustantivo línea se  desplaza el acento a la -i- siendo esta pronunciación incorrecta: *alíneo, *alíneas, *alínea, *alínee, etc.; también es incorrecta la pronunciación con cierre de la /e/ en /i/: *[alínio], *[alínias], *[alínia], *[alínie], etc.; pronunciación que a veces llega a reflejarse en la escritura. Los mismos errores deben evitarse en el resto de los verbos acabados en -linear, como delinear, desalinear, entrelinear, interlinear y linear.

¿Es antidiluviano o antediluviano?

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Cuando nos queremos referir a personas muy mayores, a objetos o sucesos muy antiguos, en el lenguaje coloquial utilizamos el adjetivo antediluviano: Fulanita es antediluviana; es decir, nació antes del diluvio universal.

Este adjetivo está formado por el prefijo ante- que denota 'anterioridad' en el tiempo o en el espacio' (DRAE, 2001). Es incorrecto pues, la utilización del prefijo anti- que significa 'opuesto' o 'con propiedades contrarias': Anticatólico, antihistamínico.

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De mente eficiente a eficientemente

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A lo largo de la historia de una lengua muchas palabras van cambiando su forma, su significado o dejan de ser palabras para convertirse en afijos, con las cuales poder crear otras palabras. Tal es el caso de -mente en fácilmente o en cortésmente, que sirve para crear adverbios, los cuales, con frecuencia, se emplean para explicar el modo en que se desarrolla la acción expresada por el verbo, como en "Juan saludó cortésmente".

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No obstante, los adverbios creados de esta forma no solo modifican el significado del verbo, sino que, en muchos casos, pueden también dar una idea de la postura afectiva del hablante ante lo que está diciendo, como en "Juan preparó un cebiche sorprendentemente rico", donde el hablante muestra su inicial desconfianza ante las habilidades culinarias de Juan.

También es frecuente crear estos adverbios tomando como base adjetivos espaciales. En ese caso, el resultado final tiene un valor más figurativo o metafórico. Al escuchar que alguien resulta "altamente peligroso", estará claro que su peligro no se aplica tan solo a las personas de más de un metro ochenta, sino que su comportamiento ofrece peligro. Asimismo, en "profundamente significativo", dotaremos a la noción de profundidad una dimensión más bien abstracta.

En otras ocasiones, este tipo de adverbios sirve para expresar el alto o bajo grado de posesión de una característica, como en "esencialmente necesario", "fundamentalmente político" o en adverbios de significado contrario, del tipo "difusamente necesario" o "vagamente aceptado". También pueden señalar el punto de vista o perspectiva desde la que se analiza una realidad, física o mental, del tipo "económicamente inaceptable", "técnicamente confuso". Por último, contamos con los que dan una idea de temporalidad e incluso de frecuencia: "actualmente vigente", cuando aún tiene validez; o "mensualmente recibido" cuando algo se recibe todos los meses. La lista, una vez más, se podría ampliar largamente.

Como vemos, en todos los casos, estos adverbios se han creado tomando como punto de partida la forma femenina del adjetivo y añadiéndole el sufijo -mente. Pero, ¿por qué no será correcto *solomente o *lentomente? ¿Por qué nos "suenan" tan mal? Esto se debe, en realidad, a su origen latino, pues se empleaba el sustantivo mente acompañado de adjetivos para expresar intención o modo. Ya entonces mente era femenino y solo podía acompañarse de adjetivos femeninos. Con el tiempo, terminó perdiendo su significado y su uso se generalizó tanto que en todas las lenguas derivadas del latín terminó convirtiéndose en una partícula: -mente en español e italiano; -ment en francés y catalán.

La condición de mente como palabra independiente se ha perdido para nosotros, aunque no del todo, pues en la actualidad, cuando dos o más de estos adverbios se suceden, solo el último de ellos aparece completo, mientras que por lo general los demás muestran la forma apocopada, para evitar expresiones que suenan mal y que le quitan agilidad a nuestro discurso. Por ello no diremos *sabiamente, correctamente y claramente sino "sabia, correcta y claramente". En cuanto a su tildación, esta se aplicará siempre y cuando también se haga sobre el adjetivo del que procede: fácilmente, porque fácil se tilda, pero no en sutilmente, pues sutil no se tilda.

Como hacemos semanalmente, hemos visto, una vez más, las posibilidades expresivas que ofrece nuestra lengua. Estará en nuestras manos emplearlas feliz y eficientemente.

 

Crisanto Pérez Esáin

Crisanto Pérez Esáin es doctor en Literatura Hispánica y Teoría Literaria por la Universidad de Navarra (España). Es profesor de la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad de Piura desde el año 1999.

Ha publicado, entre otras cosas, Los trazos en el espejo: identidad y escritura en la narrativa de Julio Ramón Ribeyro, Pamplona (España): Editorial de la Universidad de Navarra-EUNSA, 2005; y  La narrativa de Julio Ramón Ribeyro: una guía de lectura, en autoría compartida con Javier de Navascués (Universidad de Navarra), Madrid: Cenlit.

Apegado o pegado

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Al escuchar la frase "El hijo es más apegado a la madre y la hija, al padre", un alumno se planteó la siguiente pregunta: ¿Es correcto decir "apegado" o debe sustituirse por "pegado"? En principio, podría pensarse que "apegado" se habría formado erróneamente como *abajar en lugar de bajar o *ahuele por huele; sin embargo, el término "apego" y "apegarse" (y "apegado" como participio de este último) sí están incluidos en el DRAE (2001). El primero, se refiere a una 'afición o inclinación hacia algo o alguien' y el segundo, a 'cobrar apego'. En consecuencia, su uso está aceptado y es correcto, en la frase anterior y en otras como: "Ella está muy apegada a su novio" o en "No hay que apegarse demasiado a los juegos de play station".

Por otra parte, al utilizar la palabra "pegado" en ejemplos como: "Ustedes, más pegados al monumento", "Esos autos están muy pegados", puede identificarse una gran diferencia: "pegado" expresa una cercanía física o espacial, no emocional, como "apegado". Por tanto, "pegado" no podría sustituirse por "apegado" en la frase inicial, pues ambas poseen significados distintos, aunque se escriban de manera parecida.

El Triduo Pascual

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Carola Tueros
Docente de la Universidad de Piura


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El pasado 31 de marzo, Domingo de Resurrección, terminó el Triduo Pascual, tiempo en que se celebra la Pasión, la Muerte y la Resurrección de Jesucristo. Empieza el Viernes Santo, continúa el Sábado Santo, tiene su culmen en la Vigilia Pascual y acaba con las vísperas del Domingo de la Resurrección.

Fíjese, estimado lector, que en el párrafo anterior hay varias palabras con letra inicial mayúscula. Esto se debe a que hemos citado nombres de festividades religiosas y de periodos litúrgicos. La Ortografía de la lengua española (2010) señala que los sustantivos y adjetivos que forman parte del nombre de dichas celebraciones, de órdenes y ciclos religiosos se escriben con mayúscula inicial: la Cuaresma, Viernes de Dolores, Domingo de Ramos, Semana Santa, Jueves Santo, la Pascua, Pascua Florida, Domingo de Pascua, Domingo de Gloria, la Orden de San Agustín, la Orden de Frailes Menores, la Compañía de Jesús, el Adviento, la Navidad,  etcétera.

Pero si el nombre de una festividad, generalmente en plural, se emplea no para designar la festividad en sí, sino el periodo en que tienen lugar las celebraciones, es también válido el uso de minúsculas: En los "triduos pascuales" los católicos practican diversas devociones; Mi madre pasará estas "navidades" en California.

De igual manera, los sustantivos que distinguen los días de la semana, los meses y las estaciones del año deben escribirse con minúscula si no corresponden a expresiones denominativas: La fecha de la Pascua varía entre el 22 de "marzo" y el 25 de "abril". En el 2014 se celebrará en el periodo comprendido entre los "domingos" 13 y 20 de "abril", también será "otoño" como en este año.

Asimismo, irán con inicial minúscula algunas palabras vinculadas al ámbito religioso, siempre y cuando no formen parte de alguna celebración, como vigilia, sagrario, custodia u ostensorio, eucaristía, misa, liturgia, confesión, comunión, procesión, vía crucis, sanedrín, ascesis, antífonas, letanías, etcétera.

Los apelativos antonomásticos como las advocaciones, por otra parte, deben llevar mayúscula inicial: el Señor, el Creador, el Todopoderoso, el Gran Arquitecto, el Salvador, el Cautivo, el Cristo de la Agonía, etcétera.

Nos despedimos aclarando que si bien el "Triduo Pascual" hace referencia a las contemplaciones que se practican durante tres días; la "Semana Santa" es la última "semana" de la Cuaresma, desde el Domingo de Ramos hasta el de Resurrección y con su fin nos renovamos en la fe de Cristo.


 

Demás y de más

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Demás es un determinativo o pronombre indefinido. Equivale a otro, otros, otras. Puede ir con o sin artículo: Lo demás lo pago yo, así que no se preocupen (lo: artículo neutro); Los demás llegarán en el avión de la medianoche (los: artículo plural); Fueron a la boda sus padres, sus tíos y demás familia (sin artículo).

De más es una locución adverbial formada por la preposición de + el adverbio de cantidad más: No quiso hablarme de más rumores; Este saco tiene dos botones de más. También forma parte de locuciones verbales como hablar de más (en exceso), estar de más (sobrar): No hables de más porque después te ignoran; Estaba de más en tu fiesta, por eso me fui.

Ahora bien, con la forma neutra "lo", la expresión lo de más significa 'lo más importante' y se opone a lo de menos: Lo de menos es que no me hables; lo de más, que me calumnies.

 

Semana de reflexión

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Lady Olivares Mauricio
Docente de la Universidad de Piura


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La "Semana Santa", denominada también "Semana Grande" o"Semana Mayor", por la importancia que tiene para los cristianos el misterio de la Redención de Cristo, comenzó el Domingo de Ramos en que conmemoramos la entrada triunfal de Jesús a Jerusalén,en medio de palmas, y culminó ayer Domingo de Pascua, en que se celebró la Resurrección del Señor.

Durante esos días, hemos recordado los momentos de la Pasión y Muerte de nuestro Señor Jesucristo; entre ellos, el Viernes Santo revivimos la "crucifixión". Lingüísticamente hablando, conviene aclarar que el término correcto para designar la 'acción de fijar o clavar en la cruz a alguien' es "crucifixión" y no "*crucificción" ni "*crucificación". El hablante de español usa incorrectamente la palabra *crucificción por cuestiones fonéticas; es decir, la pronunciación de la "x" le suena igual a "cc"; y al pronunciarlas así, las remplaza en su escritura. También "crucificación" es un término erróneo cada vez más usado en nuestro medio y, probablemente, se forma por la analogía que hace el hablante con palabras como "adjudicación" (de "adjudicar") o "implicación" (de "implicar"); por lo tanto, "crucificación" derivaría de "crucificar".

Sin embargo, lo importante de este tiempo no es el recordar con tristeza lo que Cristo padeció, sino entender por qué murió y alegrarnos por su "Resurrección" que es precisamente lo que se celebró ayer "Domingo de Pascua" o "Domingo de Resurrección". La palabra "resurrección" proviene del latín "resurrectio" y fue creada por la Iglesia católica a finales del siglo XIII, para referirse al misterio por el cual Cristo venció a la muerte y volvió a la vida. "Pascua", por su parte, es un vocablo que se origina en el latín "pascha" que a su vez proviene del hebreo "pesah", y conmemoraría el "éxodo judío" o lo que es lo mismo, la fiesta en memoria de la liberación del pueblo judío de la esclavitud en Egipto. En la religión católica, Jesús le dio otro significado: el paso de la muerte a la vida.

Para terminar esta pequeña reflexión lingüística sobre Semana Santa, hablaremos del significado de la expresión "INRI" que aparece en la parte superior del crucifijo. La palabra "Inri"corresponde a las iniciales de la frase que mandó a colocar Poncio Pilato sobre la cabeza de Jesucristo en la cruz: "Iesus Nazarenus, Rex Iudaeorum" que en español significa "Jesús de Nazaret, Rey de los Judíos". Hay que añadir además, que inri (escrito así en minúsculas) suele aparecer en la locución "y para más inri" con una intención enfática para marcar que algo negativo ocurre por añadidura: Pierdo el trabajo y, para más inri me roban la cartera al salir de la farmacia = Pierdo el trabajo y, encima, me roban la cartera.