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Castellano Actual

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Esta es una bitácora creada por un grupo de docentes del área de Lengua y Literatura de la Universidad de Piura, expertos en temas relacionados con la gramática, literatura y ortografía castellana.

Buscamos que este espacio permita actualizar continuamente nuestros conocimientos lingüísticos, establecer un diálogo frecuente con nuestros lectores y favorecer el intercambio de información. Para ello, ofrecemos variados artículos, la recomendación del día y estamos dispuestos a resolver cualquier duda que tengan.
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Archivos Marzo 2013

¿Es represarias o represalias?

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Es común escuchar a algunas personas decir frases como: "No quiero tomar represarias contra ti" o "No me gusta tomar represalias", e incluso puede hallarse en un noticiero virtual colombiano el titular "Uniformados sienten temor por posibles represarías de Merlano (senador)". Estos ejemplos nos muestran formas distintas de escribir una sola palabra: represarias, represalias y represarías; sin embargo, no nos aclaran acerca del uso correcto. Pues bien, si la palabra que se quiere usar se refiere a una 'respuesta de castigo o venganza por alguna agresión u ofensa'  o 'medida o trato de rigor que, sin llegar a ruptura violenta de relaciones, adopta un Estado contra otro para responder a los actos o determinaciones adversos de este' (DRAE, 2001), la forma correcta de escribirla es "represalia", la cual presenta género femenino y puede usarse en singular y plural. Aunque también puede formar el verbo "represaliar" que significa 'castigar o  tomar represalias' y que no tiene nada que ver con los verbos "represarías" ni "represaría" que más bien aluden al condicional simple de la primera, segunda y tercera persona del verbo "represar" que significa 'detener, contener el agua'.  Así que de ahora en adelante tengamos cuidado con esta palabra, pues podríamos terminar expresando algo incorrecto o simplemente distinto a lo que queremos.

Domingo de Ramos, Jueves Santo y Sábado de Gloria

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Las fechas del tiempo de Cuaresma y de la Semana Santa incluyen en su denominación los nombres de los días de la semana; por ejemplo: Miércoles de Ceniza, Domingo de Cuaresma, Viernes Santo, Lunes de Pascua, etc.  ¿Es correcto en este caso escribir  los nombres de los días con mayúscula?

Según el Diccionario Panhispánico de Dudas (2005) se escriben con minúscula «los nombres de los días de la semana, de los meses y de las estaciones del año: lunes, abril, verano. Solo se escriben con mayúscula cuando forman parte de fechas históricas, festividades o nombres propios: Primero de Mayo, Primavera de Praga, Viernes Santo, Hospital Doce de Octubre». Por lo tanto, siendo las fechas de la Cuaresma y de la Semana Santa festividades religiosas, es correcto escribir con mayúsculas los nombres de los días de la semana que aparecen en la denominación de estas fechas; independientemente de la posición que tengan en el texto (al inicio, en medio o al final) y del signo de puntuación que les preceda (después de coma, punto, punto y coma, etc.).

Siempre hay que conducir con sumo cuidado

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Eliana Gonzales Cruz
Docente de la Universidad de Piura


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Quedé terriblemente sorprendida cuando oí a un personaje de la televisión decir "conducí Zoombate". ¿Por qué está vacilación entre conducí y conduje? ¿Por qué se siente como correcta la forma conducí cuando no lo es? ¿Qué hay en verbos como deducir, conducir, reducir, entre otros, que provocan que el hablante dude del pretérito indefinido?

Como sabemos, el pretérito perfecto simple o pretérito indefinido es un tiempo verbal del indicativo que expresa hechos acaecidos en una unidad de tiempo que ya ha pasado para el hablante; así, las formas bailé, bailaste, bailó... corresponderían al verbo regular bailar. Las dificultades aparecen con los llamados irregulares: ¿cabí o cupe?, ¿andó o anduvo?, ¿satisfació o satisfizo?, ¿sabo o supe?, ¿conducí o conduje?, etc. Obviamente son correctos: cupe, anduvo, satisfizo, supe y conduje. Todos reciben el nombre de pretéritos fuertes porque llevan la tonicidad en la penúltima sílaba, a diferencia de los regulares que son llamados pretéritos débiles porque la tonicidad está en la última sílaba (canté). 

En los verbos terminados en -cir (conducir, traducir...) se produce un cambio consonántico (c/j) en la raíz o lexema: conduje, tradujiste, produjo, redujeron... en el pretérito indefinido; pero esta irregularidad aparece también en el pretérito imperfecto (condujera o condujese, tradujera o tradujese) y en el futuro imperfecto (produjere, redujere), ambos del modo subjuntivo. Este cambio consonántico no se daría en verbos como lucir y traslucir que también son irregulares. En estos casos se mantiene la consonante en el pretérito indefinido (lucí, luciste, lució...), así como en el pretérito imperfecto (luciera o luciese) y en el futuro imperfecto (luciere) del subjuntivo.

Es probable que lo que origine la confusión entre conducí y conduje sea precisamente la consonante "c" que sí aparece en algunas personas del modo indicativo: en el presente (conduces), en todas las del pretérito imperfecto (conducía), en el futuro (conduciré) y en el condicional (conduciría). En cambio, la primera persona del presente de indicativo y todas las del presente del subjuntivo marcan su irregularidad añadiendo el fonema /k/ y cambiando la "c" por la "z" como en produzco y luzco (del indicativo) así como en produzca y luzca (del subjuntivo).

Sé que la irregularidad verbal puede llevarnos a cometer errores, pero hay que saber evitarlos, de ahí que haya empezado advirtiendo que hay que "conducir" con sumo cuidado.

 

Entrando o adentrándonos

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Las formas verbales "entrar" y "adentrarse" se usan de manera distinta. Así, en algunos cuentos leemos expresiones como "Poco a poco fuimos adentrándonos en la selva" o "Nos adentramos silenciosamente en aquella mina de plata". En estos casos, la forma "adentrarse" suele ir acompañado de un complemento circunstancial de lugar, introducido por la preposición "en", que se refiere a un espacio cubierto, pero extenso e incierto (incluso inexplorado o extraño: "en la selva", "en aquella mina de plata"). En cambio, "entrar" generalmente se acompaña de complementos circunstanciales de lugar, introducidos por la preposición "a", que aluden a lugares cerrados, conocidos y más comunes: "Entré al restaurante de Gastón Acurio", "No pude entrar a mi cuarto", "Entramos a la casa de César sin que nos escuchara".

Asimismo, al tratar de combinar los usos de ambos verbos puede identificarse que son poco frecuentes frases como: "Estamos adentrándonos en mi casa" o "Estoy adentrándome a mi cuarto"; mientras que, el verbo "entrar" sí puede usarse en oraciones como: "Poco a poco fuimos entrando a la selva", "Entramos silenciosamente en aquella mina de plata"; sin embargo, el enfoque narrativo varía considerablemente, pues pierde el matiz de sorpresa, misterio o incertidumbre dado por la forma pronominal "adentrarse".

Salpullido o sarpullido

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El Diccionario (DRAE, 2001) llama así a la erupción leve y pasajera en el cutis, formada por muchos granitos o ronchas. El "sarpullido" o "salpullido" se produce por el exceso de sudor que dificulta el paso normal en los conductos de las glándulas sudoríparas, presión que ocasiona la ruptura de los conductos y el taponamiento de los poros, provocando la inflamación de la piel y una picazón intensa.

Sobre el origen de estas voces, el Diccionario académico consigna "sarpullido" como un préstamo del gallego portugués, sin dar más datos. Por su parte, el Diccionario de uso del español de María Moliner (2007) considera que quizás sea una voz proveniente del latín "serpuculus", que a su vez proviene de "serper" que significa 'propagarse'.

Aunque las dos formas son aceptadas, el Diccionario parece preferir la forma con -r-, pues a ella remite la entrada "salpullido". Esta última, sin embargo, parece ser la más antigua, pues la incluye el Diccionario crítico etimológico de la lengua castellana, de Joan Corominas (1954), tomada del romance satírico de Góngora "Murmuraban los rocines", de 1593:

(...)

mirándome a mí los pajes,

esto salen murmurando:

-Juro a Dios que en el comer

es, el dueño deste haco,

sabañón en el invierno,

salpullido en el verano.

(...)

En conclusión, tanto "sarpullido" como "salpullido" son correctas; su elección dependerá de la región en que se emplee una u otra con preferencia. En Perú, ambas son usadas indistintamente y ahora en verano, mucho más.

Acerca de la digresión en los textos

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Susana Terrones Juárez
Docente de la Universidad de Piura


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La digresión es un término poco conocido entre los hablantes, sin embargo el saber en qué consiste podría ser de gran utilidad para la producción y comprensión de nuestros textos. Entendemos por digresión el efecto de romper el hilo de un discurso oral o escrito para introducir en él un tema que no tiene conexión con aquello de lo que se está tratando. Así, los receptores de los textos se ven obligados a desviar su atención hacia ese nuevo tema que aparece, suscitado en general por un término mencionado anteriormente.

Fijémonos, por ejemplo, en el fragmento de una entrevista que le hicieron a Mario Vargas Llosa (programa "Hoy por hoy", Cadena Ser España, 1999): --¿Qué está escribiendo ahora Mario Vargas Llosa? / --Estoy escribiendo una novela situada en la República Dominicana, "donde, dicho sea de paso, se habla en un español muy rico" o en el enunciado: Algunas palabras tienen la capacidad de abrir puertas. "Son, por cierto, palabras "mágicas" en tanto nos dan pistas sobre el contenido de un texto", observamos que las partes entrecomilladas de estos discursos son comentarios secundarios acerca de la República Dominicana y de las palabras que tienen la capacidad de abrir puertas, respectivamente.

En este sentido, expresiones como "por cierto", "a propósito (de)" y "a todo esto", conocidos como marcadores discursivos de digresión, sirven para introducir un comentario lateral en relación con el tema principal del que se está tratando en el discurso o la conversación (Portolés, 1998; Martín Zorraquino y Portolés, 1999; Nueva gramática de la lengua española, 2009) y, particularmente, se usan para dar información que en un determinado momento del discurso ya se debería conocer: No creo que vea a Juan en el acto académico. "A propósito", me han dicho que será a las doce, no a las once, como estaba previsto; --Hoy juega el Grau... / --"A todo esto", ¿qué hora es? He quedado con Julio a las cinco.

Otras expresiones digresivas como "dicho sea", "dicho sea de paso", "entre paréntesis", "(dicho)/(dicho sea) entre paréntesis" y "otra cosa" son menos gramaticalizadas, es decir, son más coloquiales y de uso más frecuente en la lengua oral. Además, se emplean para introducir un comentario digresivo atenuado o evitar cierta responsabilidad sobre lo que se está diciendo: Juego al fútbol con mis amigos los domingos, "entre paréntesis", bastante mal.

¿La revocatoria o la revocación?

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Ante las noticias de los diferentes medios de comunicación peruanos que emplean indistintamente los términos revocatoria y revocación, usted se estará preguntando cuál es la forma correcta: ¿La revocatoria de la alcaldesa de Lima o la revocación de la alcaldesa de Lima?; ¿Revocatoria en Lima o revocación en Lima? Sepa, estimado lector, que ambas formas son correctas. En España se emplea revocación, sin embargo, en amplias zonas de Hispanoamérica se emplea el término revocatoria.

Ambas palabras pertenecen a la familia léxica de "revocar", del latín revocāre, que ―según el DRAE (2001)― significa "dejar sin efecto una concesión, un mandato o una resolución".

Coaster, couster, cúster

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Con estas palabras se designa al vehículo empleado como medio de transporte que tiene una capacidad de entre 20 a 30 pasajeros. El nombre proviene de un modelo de auto de la marca Toyota que, sin embargo, ha pasado a convertirse en nombre común.

Este anglicismo, incorporado al español, aún está en proceso de adaptación, de ahí que existan tres variantes en su escritura, como se aprecia en estos titulares: "Dos coasters chocaron por correteo en Surco dejando 5 heridos"; "Tres heridos tras choque de camión y couster"; "Cúster se incendia en Av. Javier Prado".

De estas tres, coaster es la forma original en inglés, de tal manera que escribirlo así sería simplemente incorporarlo como extranjerismo crudo, lo cual genera, además, dudas en su pronunciación (/koáster/?, /kóuster/?, /kúster/?, /ˈkəʊstəʳ/[inglés] ) y en la formación de su plural, que resulta anómalo en español: *coasters.

La segunda, couster, parece tratarse de una ultracorrección, esto es, que el hablante considera que, por como se pronuncia la palabra, esta sería la forma en que debería ir escrita, siguiendo modelos ya presentes en la lengua en los que /-ou-/ se pronuncian como /u/: "courier" /kuriér/, "bouquet" /buké/, "gourmet" /gurmé/, etc. Esta opción presenta las mismas dificultades que la anterior.

Por último, la tercera opción es cúster que, simplificando las dos vocales en una "ú" tónica, se acomoda a la ortografía castellana, permitiendo la formación del plural normativo para las palabras españolas o extranjeras terminadas en -r: agregar -es (cústeres).

De estas tres, la tercera sería la opción más recomendable, pues evita dudas y complicaciones en su escritura y pronunciación.

 

Te quiero "demasiado"

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Shirley  Yanuaria Cortez González

Docente de la Universidad de Piura

 

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Cada generación tiene su propia "jerga" o modo de hablar que la caracteriza. Los niños hablan de una forma diferente a la de los jóvenes y estos a la de los adultos. Con ello se afianzan las relaciones sociales mediante un código compartido que les permite a su vez identificarse como parte de un colectivo determinado y diferenciarse de los otros.

En la jerga juvenil, tan cambiante, no es raro el recurso de emplear palabras que en origen tienen sentido negativo para denotar lo contrario, como sucede, por ejemplo, con los ya cada vez menos frecuentes "mostro" y "maldito", que pueden funcionar como interjecciones que comunican aceptación: "―¿Vamos al cine? ―¡Mostro!" o como adjetivo con valoración positiva: "¡Qué mostra tu camioneta!" (= excelente); "¿Qué tal estuvo el concierto? ―¡Maldito!" (= fenomenal). Esto es, "mostro" y "maldito" dejan de tener una valoración negativa y asumen una positiva e, incluso, ponderativa. Lo mismo sucede con "mal" en "Me divertí, ¡pero mal!", que pasa a significar "me divertí un montón/ muchísimo/ bastante".

En este sentido, se puede escuchar a los jóvenes decir "Te quiero demasiado" en lugar del tradicional "Te quiero mucho", lo cual provoca un conflicto interpretativo entre generaciones, pues para los adultos la primera forma puede resultar negativa si nos atenemos al significado de "demasiado".

Según el Diccionario (DRAE, 2001), "demasiado" significa 'Que es en demasía o tiene demasía' y 'excesivamente', por lo que asume un valor negativo, pues se supone que se sale de lo permitido, de lo normal, de lo recomendable: "No fumes demasiado"; "He comido demasiado"; "Habla demasiado"; "Hace demasiado calor". En todos estos casos el hablante indica que le parece excesiva la realidad que cuantifica con "demasiado".

Sin embargo, el habla juvenil ha ampliado el significado de esta palabra y le atribuye un valor positivo, es decir, "demasiado" indica un exceso que no se considera malo, sino más bien adopta un valor superlativo, como el que tiene "muy" o "muchísimo", como en "El concierto estuvo demasiado bueno"; "Las olas estaban demasiado buenas"; también puede equivaler a "excelente", "lo máximo": "Esta banda es demasiado".

En conclusión, no se asuste si su hijo le dice que lo quiere "demasiado" o que la comida está "demasiado buena", pues en realidad lo que le está diciendo es que lo quiere "mucho" o que la comida le ha parecido "muy buena".

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¿Dunlopío o dunlopillo?

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En el Diccionario de Peruanismos de Martha  Hildebrandt (1994) aparece el término "dunlopillo" como "espuma de látex para colchones y muebles". El Diccionario de Americanismos (DA) (2010) consigna "dunlopillo" como peruanismo sinónimo de "gomaespuma".

Dunlopillo es el nombre de una marca comercial que ha pasado a usarse como nombre común para referirse al tipo de material de ciertas esponjas o colchones y, debido a su uso cotidiano, ha sufrido una deformación, frecuente en el español americano, por la que en las palabras sufren una pérdida de /y/ al lado de "i" y se convierte en hiato, como sucede en [gaína], [botéa], etc. De este modo, ha llegado a pronunciarse y escribirse "dunlopío", forma considerada incorrecta.

 

Entre el indulto y la amnesia

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Karent Urízar Gonzáles
Docente de la Universidad de Piura


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¿En qué consiste el "indulto" del que últimamente se habla tanto? Indulto  es 'la potestad del Presidente de la República para adoptar la renuncia al ejercicio del poder punitivo del Estado respecto de los condenados'. Este y otros términos relacionados aparecen regulados en el artículo 118.21 de la Constitución Política del Perú  y en el Reglamento Interno de la Comisión de Gracias Presidenciales del Perú. La palabra "indulto" está claramente vinculada a "indulgencia"; de hecho, las dos comparten  la misma raíz, el verbo latino "indulgere": ser benevolente, es decir, tener "indulgencia" con otras personas o ante ciertas situaciones. Así pues, un indulto es un acto derivado de esa benevolencia, aunque la palabra solo se use en contextos legales y jurídicos, como el que hoy día anda en boca de todos.

En el campo semántico de lo religioso podemos hablar de "las indulgencias, en plural". Como recuerda el Catecismo de la Iglesia Católica, "la indulgencia es la remisión ante Dios de la pena temporal por los pecados, ya perdonados en cuanto a la culpa, que un fiel dispuesto y cumpliendo determinadas condiciones consigue por mediación de la Iglesia (...) La indulgencia es parcial o plenaria según libere de la pena temporal debida por los pecados en parte o totalmente". Dichas condiciones van unidas a prácticas de devoción bien conocidas, como peregrinaciones en fechas señaladas, y un firme propósito de enmienda.

En nuestro idioma, fuera del ámbito jurídico al que nos hemos referido, hay unos cuantos sinónimos o casi sinónimos de "indulto". El de uso universal y "doméstico" es "perdón", que dentro de su sencillez tiene historia: une el prefijo "per-" (acción completa y total) y "donare" (regalar); originalmente significaba regalar definitivamente a un acreedor aquello que debía. Para deudas y asuntos económicos, en cambio, hoy tiende a usarse la palabra "condonación", con el mismo origen pero cambiando el prefijo (cum-/con-: enteramente): el significado en definitiva es el mismo, o sea, se perdona el pago debido de una deuda.

Por último, la palabra "amnistía", tan famosa en asuntos tributarios gracias al SAT, podemos considerarla como una fórmula más radical que el indulto, ya que implica el "olvido legal de delitos, que extingue la responsabilidad de sus autores". No es de extrañar, en esta época en que tanto se reivindica la memoria de la violencia política reciente, que la palabra "amnistía" evoque demasiado a una pariente etimológica cercana: "amnesia".

 

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"Pasajeros viajando con niños"

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Si ha abordado un avión, seguramente habrá escuchado el llamado en que se pide a los pasajeros que viajan con niños abordar de forma preferente. Sin embargo, el uso del gerundio (viajando) no es correcto en este caso; más parece un calco del inglés "Passengers flying with children".

En español, el gerundio tiene valor explicativo, mas no especificativo. Por eso, si modifica a un sustantivo diferenciándolo del resto de su clase, su empleo no es correcto; en su lugar debe usarse una construcción de relativo o un complemento con preposición. Así, en lugar de "pasajeros viajando con niños", se pueden emplear dos opciones: a) pasajeros que viajan con niños (no cualquier pasajero: solo los que viajan con niños), o b) pasajeros con niños.

Lo mismo se aplica a expresiones tipo "*Se busca cocinero teniendo experiencia" (que tenga.../con); "Volcó camión conteniendo material inflamable" (que contenía/ con), etc.